14 Ago

Armar parche: pensar, invertir, soñar

Debemos confesarles que escribir este texto ha representado para nosotros un trabajo enorme, sobre todo porque hacerlo se traduce en una manifestación pública de que hacemos parte de este parche, que más que consumir media canasta semanalmente creemos en la propuesta ética, política y experiencial de LA CANASTA. Con semejante responsabilidad iniciamos la escritura pensando en compartir con ustedes algunos eventos con los que día a día nos enfrentamos a la hora de decidir qué comemos, qué come lo que comemos o de dónde viene lo que comemos. La primera idea que tuvimos fue presentar la notícia que dio la vuelta al mundo sobre los desperdicios de carne que usan algunas fabricas de hamburguesas de Mcdonald’s, que según demostró el chef Jamie Oliver usan desechos de carne que son reprocesados con amoníaco (ver artículo) ¿Pasará algo similar con las fresas o los huevos que venden “por ahí”? Nos preguntamos. La segunda idea fue aprovechar el espacio para pensar sobre cómo es posible artícular una red heterogenea de actores que permiten que nosotros podamos consumir un tomate o desecharlo, para este caso aprovecharíamos el documental de Jorge Furtado sobre la isla de las flores. Sobre eso nos sonaba elaborar la pregunta ¿qué sostiene a una red como la de LA CANASTA? Sin embargo, aunque cualquiera de esos dos temas hubiese sido interesante, pues pone en evidencia algunas de las apuestas de este proyecto, que nos llevan a querer hacer parte de él cada semana, más aún tres veces al día, nos pareció mejor hablar de la experiencia que vivimos el fin de semana pasado en la finca de Jairo y Judith, dos productores de LA CANASTA.

Tania pendiente de su rol haciendo el bocachi

Tania pendiente de su rol haciendo el bocachi

Manuel picando tallos de maiz para el bocachi

Manuel picando tallos de maiz para el bocachi

Pensamos que aprovechar este espacio para recordar brevemente esa experiencia era una manera de traer al presente los otros temas y hacerlos pasar por nuestros cuerpos. En ese día de campo pudimos conocernos y dimensionar lo que significa alimentarse, los tiempos que implica producir una arracacha, lo laborioso que es preparar el abono para que nuestros alimentos crezcan libres de químicos (en especial cuando no hay mano de obra interesada en hacerlo), el conocimiento que se requiere para distinguir qué es una yerba y qué una zanahoria en crecimiento. Ahora bien, acercarnos a este conocimiento reafirmó nuestro interés por pensarnos con otros y otras desde nuestro día a día, pero sobre todo nos permitió soñar, en vivo y en directo, que el plan es claro: reconquistar el mundo. Pero que llevarlo a cabo requiere de tiempo y energía. Pues bien, aquí hay cuatro manos más (Con cariño Manuel y Tania)

En el enlace encontrarán la receta del dulce de papayuela de Manuelito


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