14 Nov

Nuestra alimentación y su impacto

Desde hace casi siete años, semana tras semana, excluyendo tres semanas cada año (en Navidad, Fin de Año y Semana Santa), desde La Canasta hemos pedido, recibido y empacado una increíble variedad de alimentos agroecológicos para hacerlos llegar a las casas de un gran número de comensales en Bogotá. Mirándolo en el tiempo, es mucho, y eso nos alegra. No obstante, el día a día nos hace perder perspectiva y nos enfocamos principalmente en los afanes propios del momento.

Afortunadamente, siempre hay externalidades que nos hacen salir de ese día a día y pensar en lo que hacemos. Frecuentemente nos reunimos con estudiantes, otras organizaciones y potenciales comensales que nos preguntan por diferentes aspectos de La Canasta y nos hacen recordar las razones por las que hacemos lo que hacemos y de la manera que lo hacemos, que definitivamente no es la manera convencional.

Como lo hemos repetido en varias ocasiones, La Canasta NO es un mercado, es mucho más que eso. Nuestro “negocio” sería más fácil si nos dedicáramos únicamente a comprar productos al mejor precio que pudiésemos negociar de cualquier productor y los vendiéramos, pero dado que no somos solo un mercado, sino que nuestra razón de ser es acercar el campo a la ciudad con una relación solidaria entre ambos, lo hacemos de la manera “difícil”. Facilitamos una relación lo más directa y justa posible entre familias campesinas cultivando de manera agroecológica y comensales en la ciudad. Y esto con todas sus implicaciones de la manera más coherente posible.

Yendo más allá, si bien La Canasta se materializa en una caja con alimentos, lo que viene en esta caja no es únicamente una combinación de frutas, verduras y alimentos procesados, sino que éstos alimentos traen consigo historias, dedicación, amor y respeto por la tierra y sus habitantes, tanto humanos como animales y es la materialización de una red de confianza unida por personas en el campo y la ciudad con visiones y perspectivas afines sobre el alimento y lo que hay detrás de éste. No es el fruto de una larga cadena impersonal y cargada de desbalances sino es un corto ciclo agroalimentario donde tanto productores como comensales hacemos parte del mismo sistema e interactuamos solidariamente unos con otros alrededor del alimento.

Con esto queremos invitarlos a ustedes, que están recibiendo su canasta el día de hoy a ver detrás de los ricos productos que reciben y darse cuenta que ésta decisión de participar en La Canasta recibiendo un mercado tiene un impacto muy grande en las personas cultivando en las fincas y en el cuidado del medio ambiente con las prácticas sostenibles que usamos. Con una de nuestras actividades más cotidianas, comer, estamos eligiendo un sistema agroalimentario más solidario y respetuoso con las personas y con el planeta. ¡Contémoselo a más personas y agrandemos el gran impacto que ya tenemos!

Esta semana, les recomendamos probar el delicioso Plátano maduro melado


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14 Nov

Plátano maduro melado

Lavar bien los plátanos, cortar las dos puntas dejando la cáscara, y cocinar en agua que los cubra, agregando panela (aproximadamente 1 libra por litro de agua usada), clavos y canela en un caldero tapado a fuego bajo por una media hora. Cuando el líquido se ha reducido y queda un poco de melao, están listos. Se sacan, se les quita la cáscara y al servir se les hecha el melao encima.


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07 Nov

Lo que debes saber sobre los alimentos procesados

Muchas veces hemos hablado de evitar los alimentos procesados. Pero, ¿qué son exactamente? ¿Todos son malos? Pues no. En la cocina procesamos alimentos todo el tiempo. De hecho, la humanidad lo ha hecho desde hace miles de años, desde cuando éramos cazadores y recolectores.

Actualmente, las Organizaciones Mundial y Panamericana de la Salud (OMS/OPS) usan el sistema NOVA para hacer sus recomendaciones nutricionales. Este sistema, se basa en el grado de procesamiento de los alimentos. En el Grupo 1 están los mínimamente o no procesados, frutas, verduras, carnes, huevos y leche, sometidos a procesos como el limpiado, pelado, corte, secado, descremado, pasteurizado, esterilizado, refrigeración, congelamiento, embotellamiento, empaquetado al vacío. Asimismo, la fermentación siempre y cuando no genere alcohol. Muchas de éstas acciones las realizamos en nuestras cocinas para preparar diariamente nuestra comida. No contienen otros ingredientes.

El Grupo 2 está formado por los ingredientes culinarios. Los productos de este grupo no se consumen de forma aislada, son: sal de mesa; azúcar y sus derivados y similares como la panela; miel de abejas y jarabes vegetales como de agave o yacón; aceites vegetales obtenidos de aceitunas o de semillas; mantequilla y manteca; y almidones extraídos del maíz u otras plantas.

El Grupo 3 está conformado por procesados relativamente sencillos, obtenidos mediante la adición de los productos del grupo 2 -sal, azúcar, aceites, etc.- a los alimentos del grupo 1. No contienen más de dos o tres ingredientes, algunos son: las conservas de vegetales, frutas o leguminosas; los frutos secos y las semillas saladas o azucaradas; las carnes y los pescados en salazón, curados o ahumados; las conservas de pescado; las frutas en almíbar; los quesos.

En el Grupo 4 están los productos ultraprocesados, que son fabricados por procedimientos industriales complejos que generalmente no se pueden llevar a cabo en los hogares, y con presencia de derivados sintéticos e industriales que no se encuentran en las cocinas normalmente. Encontramos aquí, los refrescos de todo tipo y sabor; snacks dulces y salados; helados, chocolate, chucherías; panes envasados y panes de molde, pasteles, y galletas industriales; margarinas y otras grasas untables; cereales “de desayuno” y barritas de cereales, bebidas energéticas y muchos más.

Después de contarles todo esto, los invitamos a seguir los consejos de OPS y OMS: procura que los alimentos del grupo 1 constituyan la parte principal, más amplia y visible de tu alimentación. En especial los de origen vegetal; usa ingredientes culinarios del grupo 2 en cantidades menores que las empleadas con el grupo 1 con el fin de condimentar y cocinar; limita o controla la presencia de los alimentos procesados o del grupo 3, formando parte de otras recetas o junto a alimentos del grupo y por último, evita los productos ultraprocesados.

Esta semana te invitamos a probar este rico Batido energizante


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31 Oct

Relevo generacional en el campo

Hoy les queremos contarles algunas historias que con seguridad se repiten en otros rincones de Colombia.

Julio y Alexandra, después de trabajar en La Canasta y en el Mercado Orgánico, movidos por una fuerte convicción se fueron a vivir a una finca en Chipaque y se dedicaron a cultivar hortalizas y hierbas y especias para luego deshidratarlas. A pesar de trabajar duro, éste esfuerzo no es suficiente para vivir únicamente del campo y menos empezando. Por esto, Julio decidió volver a trabajar en el equipo de La Canasta por un tiempo para garantizar una entrada fija que les ayude a seguir con su proyecto en la finca.

Víctor y Lorena terminaron recientemente su carrera universitaria de geografía en Bogotá y se mudaron a una finca en Choachí, cerca de donde el padre de Víctor tiene su finca y donde Victor cultivaba papas criollas de vez en cuando. Ellos quieren trabajar la tierra con prácticas agroecológicas y por eso decidieron instalarse allá, pues de otra manera es difícil que otras personas lo hagan así. Ahora cultivan papas nativas, berenjenas, zanahorias y otros productos que muchas veces hemos enviados en las canastas. Ahora también, con el objetivo de diversificar sus actividades para alcanzar mayores ingresos económicos, están realizando talleres dirigidos a personas interesadas en vivir y conocer la producción ecológica y sostenible de alimentos (si deseas más información, pregúntanos).

Sebastián, un joven terminando su carrera de servicio social, comenzó con un cultivo de maracuyá en los llanos orientales, en la finca donde vive su familia. Trabajó duro y sostuvo prácticas agroecológicas en su cultivo. También este maracuyá llegó a muchos comensales de La Canasta. Al graduarse se le presentó una oportunidad laboral en Bogotá e intentó continuar con el cultivo buscando trabajadores para que le ayudaran, pero se dio cuenta que no lo cuidaban como el quería, porque lamentablemente, hoy en día, en el campo es difícil conseguir quien trabaje la tierra y menos aún de forma agroecológica. Desafortunadamente tuvo que acabar con el cultivo hasta que él mismo pueda dedicarse a este.

Estas historias nos han llevado a reflexionar sobre lo valientes y valiosas que son las personas que se quedan en el campo produciendo alimentos en pequeña escala, conservando prácticas agroecológicas antiguas, preservando semillas nativas, también los que han salido de la ciudad para apostarle a un estilo de vida distinto, cercano a la tierra, cuidando los recursos naturales, aplicando la agroecología para la producción de alimentos.

Los jóvenes nacidos en el campo no quieren relevar a sus padres, porque no es fácil vivir del trabajo del campo, requiere esfuerzo, convicción, perseverancia, pero además se requiere tener la capacidad de moverse en el mercado y tocar puertas para comercializar los productos.

Esta semana los invitamos a probar una rica Pasta con salsa roja y verde


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31 Oct

Pasta con salsa roja y verde

Picar cebolla y ajo y sofreírlos en aceite de oliva a fuego medio por unos minutos. Picar tomate y agregarlo a la olla, condimentar con sal y pimienta al gusto y añadir un par de hojitas de laurel que se deben sacar antes de servir. Agregar brócoli en pedazos, tapar la olla y dejar cocinar por al menos 15 minutos. Cocinar la pasta deseada y justo antes de que esté lista, agregar espinaca picada a la salsa y dejar cocinar por un par de minutos. Mezclar la pasta y la salsa y servir con queso parmesano.

 


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24 Oct

¿Superalimento?

* Es el que se paga a precio justo al campesino.

* El que no contamina el agua y usa agua pura para riego.

* El que en su producción ayuda a mitigar el cambio climático

* El que viene de suelos y paisajes llenos de vida.

* El que promueve lo local y lo nativo

* El que no usa cantidades innecesarios de empaques plásticos.

En varias ocasiones hemos escrito sobre los superalimentos, incluso hace unas semanas hubo un taller en nuestra @CasaAgroecologica sobre el kale, uno de los superalimentos más populares en los últimos años. No obstante, en La Canasta, entendemos los superalimentos como algo mucho más que productos con propiedades nutritivas particulares.

Desde hace unos años se empezó a hablar de superalimentos, especialmente entendiéndolos como alimentos que tienen propiedades especiales que sobresalen en comparación con muchos otros alimentos. Desde La Canasta nos gusta también pensar en que las super-propiedades de los alimentos no están relacionadas únicamente con sus aspectos nutricionales sino que los alimentos también tienen poderes con impactos sociales y ambientales que no debemos menospreciar.

En esa línea de pensamiento nos preguntamos, ¿si un monocultivo de kale o de quinua que es cultivado de manera convencional usando grandes cantidades de insumos químicos, cultivado a grandes distancias de donde es consumido y con prácticas “laborales” injustas sigue siendo más superalimento que una papita nativa cultivada por cualquier campesino en su parcela usando técnicas agroecológicas ancestrales?

Claramente estamos exagerando “un poco” en este ejemplo, pero en realidad la comparación no es muy lejana de la realidad. Con esto queremos simplemente valorar todo lo que hay detrás de cualquier alimento. Frecuentemente pensamos en los alimentos sin tener en cuenta todo lo que hay detrás de ellos. Es fácil que se nos olvide que detrás de ellos hubo alguien (o algo) sembrándolos, cuidándolos y cosechándolos, para luego ser transportados, procesados, almacenados y empacados antes de que lleguen a nosotros. En muchos casos, los alimentos pasan por procesos innecesarios que les restan sus poderes de ser superalimentos.

En La Canasta encuentras una gran variedad de superalimentos, sembrados en tierras sanas, cultivados con amor por manos campesinas de la región, cosechados poco tiempo antes de llegar a tu casa sin cadenas largas de comercialización ni bodegaje innecesario. ¡Esos si son superalimentos!

Esta semana, disfruta una deliciosa Pasta con salsa de brócoli


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24 Oct

Pasta con salsa de brócoli

Hacer una salsa bechamel derritiendo un par de cucharadas de mantequilla a fuego medio-bajo con un par de dientes de ajo picados finamente. Agregar unas 2 cucharadas de harina y mezclar bien. Ir agregando 2 tazas de leche poco a poco mezclando bien. Subir el fuego un poco. Cuando hierva alcanzará la consistencia final. Agregar el brócoli y sazonar con sal, pimienta y tomillo al gusto y dejar cocinar hasta que el brócoli tenga la consistencia deseada. Cocinar pasta y luego mezclar con la salsa y servir con queso paipa rayado. También se puede hacer con pollo picado en pedacitos, agregándolo antes que el brócoli.


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17 Oct

Por campesinas y campesinos

Ayer 16 de octubre se celebró el Día Mundial de la Alimentación. Este día conmemora la fecha de creación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en 1945. En 2018, el tema escogido para este día es #HambreCero.

Desde La Canasta queremos invitarlos a reflexionar sobre este tema haciendo hincapié en las personas que hacen posible que haya hambre cero. En el caso de nuestro país, gran parte de la producción de alimentos está a cargo de pequeños y medianos productores campesinos y en el caso de La Canasta, el 100%. Lo irónico de esta situación es que las personas más importantes para la alimentación en nuestro país son las personas que menos privilegios tienen. Por ser precisamente pequeñas producciones, el acceso a los mercados es muy difícil y estos productores dependen de cadenas de intermediarios que definitivamente no velan por sus intereses, sino por el contrario, aprovechan su posición para exprimirlos en la medida de lo posible.

En Colombia podemos decir que somos afortunados, pues mal que bien, las condiciones climáticas y tropicales permiten que en la mayor parte del país se pueda tener acceso a alimentos locales, pero el enfoque de los gobiernos tiende a ser el de buscar aumentar las exportaciones y no el de trabajar por la soberanía alimentaria en el país. Este modelo basado en la exportación deja a muchos de estos pequeños productores por fuera, pues lo volúmenes y requerimientos para acceder a estos mercados son muy difícilmente alcanzables para pequeñas producciones campesinas.

Esta situación se potencia también cuando gracias a los tratados internacionales llegan a nuestro país productos agrícolas importados a precios muy bajos que sacan del mercado las producciones nacionales de pequeños campesinos. Uno de los casos más dicientes es el de la papa, que es producida por familias campesinas en Boyacá, Cundinamarca y Nariño en su gran mayoría. La papa que se produce en países como USA, por ejemplo, en grandes producciones con subsidios, llega a nuestro país a precios por debajo de los costos locales de producción. Y ni hablar de las papas procesadas en alimentos como papa congelada para freír, que hacen que el consumo local baje por estar en desigualdad de condiciones al competir.

En últimas, la reflexión e invitación que queremos dejar hoy sobre sus mesas es que debemos seguir consumiendo, y más aún, alimentándonos con productos locales para apoyar a las familias campesinas de nuestro país y trabajar por nuestra soberanía alimentaria. De esta manera nos unimos a la campaña de #HambreCero de la FAO.

Esta semana, deléitense con una deliciosa Crema de habas


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17 Oct

Crema de habas

Sacar las habas de sus vainas y luego quitar la cáscara a cada grano. Mientras tanto, picar una cebolla cabezona, un par de puerros y un diente de ajo y sofreír estos en una olla con una cucharada de aceite a fuego bajo por un par de minutos y seguir agregando las habas y un par de cubios picados, subir a fuego medio. Revolver y agregar una zanahoria picada. Después de un par de minutos agregar agua tibia o caliente y dejar cocinar por unos 15 o 20 minutos hasta que todo esté blando. Dejar enfriar un poco y licuar. Volver a calentar y agregar sal al gusto.


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