20 Sep

Los paisajes cambiantes en el campo

La semana pasada estuvimos visitando a don Fabriciano, su hermano y su papá en su bella finca en la Provincia de Marquez, cerca del pueblo de Boyacá en Boyacá. Para llegar allá fuimos por la principal y llegando al Puente de Boyacá nos desviamos y empezamos a internarnos en los bellos campos boyacenses. Tan pronto se abandona la autopista de doble calzada y se reduce la velocidad, se logra disfrutar más de los bonitos paisajes.

Desafortunadamente, hay paisajes que nos son tan bonitos, pues prácticas de agricultura convencional tienden a quemar toda la vida que tienen los suelos para prepararlos. Se aplican productos para “limpiar” y preparar el terreno resultando en lotes erosionados que necesitan ser manejados con agroquímicos para poder producir algo. En fin, no queremos entrar en detalles con respecto a esto, pero es imposible no mencionarlo.

El caso es que si bien hace un par de meses habíamos visitado a don Fabriciano también, los puntos de referencia crecen, se cosechan, se siembran de nuevo y etc. Solamente al llegar a la finca, casi que no reconocemos la entrada, pues la parcela que estaba casi pelada en marzo, que tenía algunas siembras de cebolla, zanahoria y arracacha en abril, estaba ahora llena de matas de maíz rojo, papa, cebolla, zanahoria, ajo, etc. Y definitivamente en fases de maduración distintas.

Seguimos subiendo hacia la casa y los sembrados que la rodeaban que eran arracachas, fríjoles y algunos otros productos, estaban complementados por pepino de guiso, lentejas, maíz y muchas otras matas. Mejor dicho, el paisaje de toda la finca va cambiando permanentemente. Cambiando de tipo de matas, de color, de olor, de altura de densidad, etc. Todo esto gracias a la rotación y complementariedad de cultivos que se maneja en la agroecología.

Entre era y era de maíces se va sembrando papa, lenteja o fríjol, por ejemplo. También es interesante ver cómo ciertos cultivos se dejan secar en la mata para luego si cosecharlos, como las habas que no tienen tanta salida cuando están verdes, entonces don Fabriciano las deja secar completamente en la mata y luego las cosecha y las usa para moler y hacer harinas o simplemente las guarda y reproduce. Labor increíble y muy loable la que tienen ellos como guardianes de semillas. ¡Gracias a ellos por esto!

Para la vuelta decidimos irnos por vías pequeñas y vimos algo que nos llamó mucho la atención al pasar por la zona de Tibaná y alrededores, tierras donde se cultivan muchos frutales como durazno, ciruela, manzana y pera. En los cultivos, los árboles estaban pelados, no tenían ni una hojita… Pues resulta que les echan químicos para que suelten las hojas y toda la energía se concentre en sacar muchos y grandes frutos para maximizar productividad. Y si bien eso también hace que los paisajes cambien, qué pasa con los suelos, las personas que viven por ahí, los comensales y las fuentes de agua, qué efectos tienen estas prácticas, nos preguntamos.

En nuestra visita, nos prepararon un rico Cocido de habas


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13 Sep

“La lucha por la tierra es la defensa de la vida”

Para llegar a la casa de doña Anaís hay que coger un busesito que sube durante casi una hora por las lomas de Ciudad Bolívar. El paisaje cambia poco a poco, la carretera transita por barrios populares, pasa por el botadero de basura de doña Juana (ese lugar incómodo que pocos bogotanos conocemos y todos hemos construido), y luego se transforma en hermosas montañas verdes, llenas de neblina y cultivos de papa. Es increíble notar que dentro de la caótica ciudad de Bogotá sigue existiendo un pequeño espacio para la ruralidad, para el trabajo de los campesinos que entregan su energía vital en cuidar nuestro alimento.

Doña Anaís es una campesina particular. Ella nunca se dejó convencer por la institucionalidad que llegó desde los años 80’s a entregar químicos para ‘mejorar’ la producción de papa. En vez de apoyar la deforestación y los monocultivos, empezó a cuidar los árboles que protegen los nacederos de agua de su territorio y vive comprometida con distintas luchas que buscan el bienestar de la naturaleza. Frente a su casa está la escuela de la vereda Santa Bárbara que da la bienvenida con un mural amarillo que dice “La lucha por la tierra es la defensa de la vida”, una frase que resume el trabajo cotidiano de doña Anaís.

Actualmente su lucha está enfocada en proteger su territorio, que es una fuente de agua fundamental para todos los bogotanos. Hay diversas instituciones que están empezando a organizar actividad turística por los páramos que componen este territorio, y doña Anaís insiste en que el turismo no sólo es nocivo para los campesinos sino que empieza a poner en riesgo los nacimientos de agua que abastecen la ciudad. Todo este trabajo en el que está enfocada doña Anaís en este momento, hace que hoy no sea posible organizar una visita a su finca, como teníamos la intención de proponer para quienes quisieran conocer su trabajo y territorio. Hoy, ella está comprometida con la vida, con cuidar el agua y la naturaleza para que todos nosotros estemos bien. Su lucha por el territorio, aunque en la Bogotá urbana no seamos consciente de ello, es una lucha para mantener nuestro bienestar. Este escrito es un pequeño homenaje a doña Anaís, que aunque hoy no nos puede recibir en su casa, está entregando su trabajo por nuestra agua y nuestra vida.

Por ahora seguimos buscando la manera de organizar salidas a otras fincas de esta Red, y aunque este mes ya no podremos realizar la visita que teníamos en mente, muchas otras cosas bonitas se vienen para recordar que Con la cuchara no se juega.

Esta semana escribe una de nuestras amigas del colectivo Con la cuchara no se juega, que entre otros temas, está cooperando con La Canasta para organizar visitas grupales a diversas fincas de nuestra Red. ¡Muchas gracias!

Para aprovechar las papas que nos manda doña Anaís esta semana: Puré de papa y cubio con kale


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06 Sep

Cooperación con otras iniciativas

Tal como les hemos contado en diversas ocasiones recientemente, en los últimos meses le hemos apostado a sumar esfuerzos con varias iniciativas con trabajo y principios afines a La Canasta. De esta manera, hemos dado pasos para hacer más eficientes muchos de los procesos que realizamos, por medio de unir esfuerzos con otros que realizan procesos similares, por ejemplo. Previamente les hemos contado sobre la recientemente constituida Red de Mercados Agroecológicos de Bogotá, de donde han surgido muchas sinergias como por ejemplo hacer pedidos en conjunto para bajar costos de transporte, realizar eventos juntos, etc. Un aspecto importante de la colaboración que estamos reforzando es el de podernos apoyar mutuamente con nuestras respectivas redes de productores. Sin ir más lejos, doña Anaís y las otras fincas de nuestra Red ubicadas en la zona rural de Usme, están sacando las deliciosas papas nativas que hemos estado mandando las últimas semanas. Desafortunadamente, las últimas semanas no han brillado por la cantidad de pedidos que hemos recibido, haciendo que no podamos pedir las cantidades que nos ofrecen. Afortunadamente hemos podido ofrecerles estas papas cornetas y bandera a otros mercados para que las ofrezcan a sus comensales también, diversificando ellos su oferta y pidiendo nosotros mayores cantidades a las familias de nuestra Red para que no se pierdan estas ricas papas.

Por otro lado, en los últimos meses conocimos a un colectivo llamado Con la cuchara no se juega. Hemos tenido un par de encuentros y charlas con ellos para ver cómo podemos apoyarnos mutuamente y hace unos días se acercaron a nosotros con varias propuestas para trabajar conjuntamente. Es reconfortante recibir este tipo de propuestas concretas y poder empezar a soñar más en grande.

Por lo pronto empezaremos con una de las tareas que tenemos pendientes hace un tiempo que es la de organizar visitas a fincas de nuestra Red. Estas visitas son espacios increíbles para fortalecer esta Red entre comensales y productores, aprender mutuamente y lograr ponernos en los zapatos de los otros para comprender mejor las necesidades y restricciones de ambas caras de la moneda. Cada vez que hemos visitado alguna finca con más comensales, la satisfacción de todas las partes es muy grande y las ganas de volver son inmensas.

Sin la colaboración ofrecida por ellos, y dados los varios frentes de trabajo que tenemos, seguiríamos postergando estas visitas, así como otras actividades, por falta de tiempo principalmente. Afortunadamente nos darán una mano y les anticipamos que estaremos invitándolos pronto a que nos acompañen a visitar alguna(s) de las familias que producen los alimentos que llevamos a sus casas semana tras semana.

Esta semana, los invitamos a probar un Puré de papa bandera con espinaca y queso


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30 Ago

La cebada y el trigo Colombianos

Cada vez que se toca el tema de la siembra de cereales con campesinos de tierras altas de la región, la respuesta es similar. La producción de cereales como el trigo y la cebada era muy común hace unas décadas, principalmente en los departamentos de Nariño, Cundinamarca y Boyacá, en tierras entre unos 2,200 y unos 2,800 msnm. En la primera parte de la década de los 90, a raíz de la apertura de la economía nacional, se empezaron a importar cereales de USA, entre otros. Según los campesinos, hubo una campaña bastante agresiva para desprestigiar la calidad de los cereales nacionales, se decía que no eran tan buenos como los importados.

Desde otra perspectiva, los cereales importados venían a precios con los que el mercado local no podía competir, debido a los volúmenes y los subsidios que tenían estos en USA, por ejemplo. Tan pronto se terminó un convenio que existía entre la Federación Nacional de Cerealistas (Fenalce) y la industria maltera, la demanda de los cereales nacionales se vino a pique y asimismo los cultivos.

Jaime, quien ha vuelto a producir cebada y prontamente también trigo, en su finca en Ubaté y quien nos envía la cebada que recibimos esta semana, nos cuenta que es triste ver campos abandonados en la zona que hace algunas décadas estaban dedicados a siembras de cereales. Y las anécdotas de Jaime concuerdan totalmente con las que nos cuentan en Subachoque también, por ejemplo.

Jaime se acuerda que los cultivos de trigo y cebada que tenía su papá en la finca se acabaron por el desprestigio que se les dio a éstos con respecto a los cereales importados y porque las malterías de Bavaria en Tibitó dejaron de comprarles. Más de 20 años después, Jaime comenzó a sembrar cebada de nuevo. Hace dos años retomó estos procesos y hoy en día está muy contento con la decisión y los resultados. La cebada es rústica en su naturaleza y por lo tanto bastante fuerte como cultivo.

Nos cuenta que lo más importante es preparar los suelos muy bien, el los trabaja con humus de lombriz y hace lo posible porque estén libres de malezas y pasto para que la cebada pueda germinar bien. Una vez germina, con buena agua ojalá, es cuestión de esperar unos 4 meses para que esté espigado y se deja secar para cosecharse, luego se pasa por una trilladora para separar los granos y los tallos, que también usa para otros cultivos. Por último se perla el grano en una especie de molino para quitarle la cutícula.

Esperamos que las iniciativas de Jaime, de muchos otros campesinos que están volviendo a sembrar cereales, de molinos tradicionales que están volviendo a utilizarse sean fructíferas y podamos volver a alimentarnos con cereales locales.

Esta semana te invitamos a probar una rica Sopa de cebada con habas, arveja y zanahoria. Desde ahora puedes pedir cebada perlada para tus canastas. Click aquí.


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24 Ago

¿Quién decide qué comemos?

Algunos de los productos que recibimos en las canastas no son necesariamente los que vemos normalmente exhibidos en la mayoría de tiendas de cadena en grandes cantidades. De hecho, no siempre encontraremos productos como guatila, papa bandera, cubio, papayuela, limón mandarino y muchos más. Y de encontrarlos, estarán exhibidos en pequeñas cantidades probablemente. Esto nos hace preguntarnos por las razones para que esto sea así. Siendo por ejemplo la guatila un alimento tan versátil y con tantas propiedades benéficas para la salud, y además siendo un producto que se da con tanta facilidad, ¿cómo puede ser que nuestras dietas no incluyan este producto?

Hay varias respuestas que podrían dar explicación a esta pregunta. Por un lado, nuestra alimentación se ha visto influenciada en gran parte por muchas otras culturas, haciendo que los productos que no son comunes en cocinas de otros lados se vayan dejando de consumir. También podríamos pensar que el hecho que las familias no son tan cohesivas y con tantas tradiciones hoy en día en comparación con las de hace algunos años, nos ha llevado a perder muchas tradiciones y recetas que incluyen estos alimentos nativos por ejemplo. Podría ser por otro lado que es más manejable y eficiente para los mercados tener alimentos “más comunes” dentro de su oferta, así los inventarios y rotación de cada producto serán mayores.

En fin, debe haber muchas explicaciones para este fenómeno, pero desde La Canasta nos parece que el modelo no está necesariamente respondiendo a lo que nos da la tierra, cuándo nos lo da y a quienes están detrás de cada alimento. Por ejemplo, de la gran variedad de plátanos que se dan alrededor de Bogotá, el que más comúnmente se encuentra es el dominico. Pues por economías de escala, es más fácil tener grandes plantaciones de una sola variedad y estandarizar los procesos para reducir costos.

¿Qué pasa entonces con los plátanos popochos, coliceros, cachacos, etc? Lentamente dejamos de consumirlos y nos acostumbramos a utilizar una sola variedad.

No obstante, no deja de extrañarnos el hecho que gran parte de las visitas que se registran en nuestra página web son personas que llegan a ésta buscando “recetas con guatila” por ejemplo. ¿Será que la demanda por estos productos “raros” es más alta que la oferta de los mismos?

En La Canasta, definitivamente seguiremos rescatando estos olores, sabores y texturas en la medida que la tierra nos los sigan dando.

Para quienes reciban productos que no sepan qué son, o qué hacer con ellos, les recomendamos explorar la sección de recetas e historias en nuestra página, allí encontrarán ideas para preparar todos estos productos e historias sobre las particularidades de los alimentos y de quienes los cultivan.

Esta semana, prueben preparar una rica Salsa de yogurt griego y ahuyama


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16 Ago

Vogotá Mapa Veg

Esta semana cedemos este espacio a nuestros amigos de Vogotá Mapa Veg

Con la Canasta de esta semana encontrarás una copia de la primera edición de Vogotá Mapa Veg. Es un pequeño regalo de los voluntarios del colectivo Vogotá, quienes también quisieron compartir estas palabras con nosotros:

La velocidad y la complejidad de nuestra ciudad afecta la manera en la cual nos relacionamos con el entorno y con nosotros mismos. En un mar de movimiento y dinámicas impalpables es fácil perder el rastro acerca de cómo afectamos al otro, a los animales, a la tierra, a nosotros mismos. Y es difícil –en medio del ruido de la marea urbana– ser solidarios, alimentarnos conscientemente. 

Pero en nuestra ciudad y en muchas otras hay cada vez más personas que se esfuerzan por preguntarse de dónde vienen los alimentos, cómo afectan a las comunidades y a la naturaleza en su producción y en su comercio. Personas con iniciativas que buscan ofrecer una alimentación que hace conciencia frente a estas preguntas.

Por eso decidimos dibujar Vogotá Mapa Veg: para visibilizar a estas personas y sus iniciativas. Para que fuera más fácil alimentarnos en Bogotá buscando una relación respetuosa con todos los seres vivientes, apoyando la agricultura y el comercio basados en la no violencia y en la solidaridad.  La solidaridad que quisimos resaltar es integral y por eso definimos varias “guías de nuestra guía”:  la alimentación vegana (sin ingredientes de origen animal), la alimentación vegetariana con alternativas veganas, el comercio solidario, las prácticas sostenibles y la agricultura orgánica y agroecológica.

Así nació un mapa de bolsillo, organizado por localidades, con 140 publicaciones que incluyen restaurantes, tiendas, mercados, panaderías, pastelerías, ofertas a domicilio y talleres de cocina. Sus 40 páginas son un pequeño aporte a una búsqueda compleja. Pero desde su pequeñez es un paso hacia la creación de redes para que quienes nos estamos haciendo todas estas preguntas alrededor de la alimentación empecemos a interactuar y a construir colectivamente. No dudes en contactarnos para ayudarnos a dar el siguiente paso.

Desde mayo de 2017, Vogotá Mapa Veg 2017-I está a la venta por un precio simbólico ($1500 pesos) en diferentes tiendas y restaurantes de la ciudad. Puedes conocer la lista de distribuidores a través de cualquiera de estos medios:

facebook.com/vogotaveg; 305 748 2265;  o vogota@hotmail.com

Si quieres tener información digital más completa y actualizada, te invitamos a participar en los directorios en línea TodoVegano.com y HappyCow.com, con quienes nos aliamos para compartir y retroalimentar las bases de datos. Gracias por apoyar la agricultura, el comercio y la alimentación basados en la no-violencia y en la solidaridad. Vogotá Mapa Veg es una iniciativa independiente, autogestionada y sin ánimo de lucro.

Comparten con nosotros también una rica receta: Arepas con salteado de quinua, espinacas y uchuvas


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09 Ago

Las vacaciones para La Canasta

Las épocas de vacaciones, tanto a fin de año, como en Semana Santa, receso en octubre y más aún a mitad de año, son periodos duros para La Canasta. Si bien la gente no deja de comer, si se alteran las rutinas en los hogares, muchas personas viajan y en general se modifican los hábitos alimenticios en los hogares. O al menos eso creemos, porque generalmente desde La Canasta sentimos bajas considerables en los pedidos durante estos periodos. También creemos que en muchos casos hay personas que interrumpen sus pedidos por algunas semanas y luego se les olvida retomarlos.

El modelo de La Canasta está basado en un Red conformada por productores y productoras en el campo y comensales en la ciudad, que hacemos compromisos de producción y consumo, respectivamente. En la medida que la cantidad de comensales se mantenga y eventualmente crezca moderadamente, podemos mantener nuestro compromiso de compra a las fincas e incluso hacer nuevos compromisos. Claro está que esto no es una ecuación matemática y cada semana varían quienes piden, llegan nuevas personas a la Red y otras salen por diversos motivos.

Siendo fieles a nuestros principios, los esfuerzos que hacemos para buscar nuevos comensales están limitados, pues queremos que la labor de facilitación que realiza el equipo de La Canasta sea lo más eficiente posible en términos de costos, para lograr dirigir la mayor parte de los ingresos por ventas de canastas directamente a las personas produciendo los alimentos. Analizando nuestros balances e incluso comparando nuestro modelo con otras iniciativas similares, podemos estar contentos que este objetivo se está cumpliendo a cabalidad.

Para lograr esto, los márgenes que maneja La Canasta son mínimos, y es ahí donde empieza nuestra Red a tener relevancia. Cada cual desde su rol, campesinos y campesinas en las fincas cultivando alimentos diversos y de buena calidad, el equipo de La Canasta trabajando de manera eficiente y buscando balances entre todas las partes y los comensales probando nuevas preparaciones, compartiéndolas y usando el poder del voz a voz para que nuestros mensajes lleguen a muchos otros potenciales comensales, entre otras maneras de apoyar esta Red.

Todas las personas que participamos en este ciclo agroalimentario sostenible podemos involucrarnos más o menos, dependiendo de nuestras posibilidades, pero lo importante es que nos apropiemos e identifiquemos con éste modelo. Las canastas deben ser cada vez de mejor calidad, tener mayor variedad y responder más a los deseos y necesidades de los comensales, y la demanda por estas debe ser cada vez mayor para traer mayores volúmenes de las fincas y eventualmente incluir nuevas familias campesinas. Con solo estar leyendo estas líneas, estamos despertando ideas para participar más activamente en la red, probablemente. ¡Por lo pronto, bienvenido el fin de las vacaciones de mitad de año!

Ya para celebrar, una rica idea para un Jugo de tomate de árbol con naranja


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02 Ago

Reconectando con la savia

La savia es el “líquido que circula por los vasos de las plantas” es la que da la energía a las células de la planta, es un elemento vivificador. Una alimentación basada y rica en plantas nos hace sentir mejor, más saludables. Además, consumir plantas que han sido cultivadas, cuidadas y cosechadas con amor, dedicación y de una forma sostenible con el medio ambiente da otro valor agregado a nuestra alimentación. Una alimentación basada en plantas, es aquella que es enriquecida con variedad de frutas, vegetales, tubérculos, granos, legumbres. Desde la ciudad es muy poco el contacto que tenemos con el ciclo de vida de las plantas, y todo lo que implica en términos de su siembra, su cuidado, su cosecha, su transporte, de los recursos naturales que requieren las plantitas y aquellos recursos humanos como son las horas de trabajo, el involucramiento emocional, la organización entre las familias y las comunidades, que son vitales para que el alimento pueda llegar a nuestras mesas.

Pensar en los ciclos y recorridos de las plantas que consumimos nos permite hacer conexiones. A veces estamos desconectados de nuestro ser, nuestro cuerpo, nuestro territorio, nuestro entorno, de las otras personas que no hacen parte de nuestro círculo social estrecho. Esta desconexión no nos permite tener una visión compleja de nuestro mundo y de entender las conexiones ocultas que hay entre nosotros y los otros humanos y no humanos. Es por esto que, a partir de conectarnos con nuestro alimento, buscando conocer sus nutrientes, sus propiedades en nuestro cuerpo, su procedencia, los ecosistemas aledaños del lugar donde lo cultivan, conociendo a las personas que lo cultivan y la forma como lo hacen, y a las personas que dedican el tiempo para hacernos llegar el alimento, empezamos a entender que todos los medios de vida y el destino de toda clase de seres, elementos y entidades en este planeta están totalmente conectados.

Hoy les hacemos una invitación para que adopten una planta, preferiblemente que sea alimenticia. Qué sucede con su semilla, cómo es, cuándo es el mejor momento para sembrarla, cuáles son los cuidados que requiere, cuánta agua, qué suelo, poco sol, mucho sol. Una vez que nace la plántula cómo la trasplanto, cuál es el mejor momento, qué luna. Cuándo estará lista para cosechar, cuándo la coseche cómo la preparo para aprovechar sus nutrientes al máximo. Qué experiencia han tenido otras personas cultivando esa planta, qué secretos y sugerencias tienen. Algunos pensaran, y bueno… “yo vivo en Bogotá en un apartamento sin balcón, sin terraza”, pues ahí está el reto de aprender, de explorar, experimentar y de conectar ideas, prácticas y saberes que nos permitan, aunque sea tener una planta de albahaca, que además de darle muy buen sabor a nuestros platos, es muy buena para cosas como el dolor de cabeza. Esperamos que puedan reconectarse con la savia, con ese elemento vital de las plantas.

Nuestras amigas del Colectivo Savias y Sabias nos invitan a los talleres en el Jardín botánico los próximos fines de semana, en nuestra página encontrarás más información al respecto.

Del Colectivo, hoy una recomendación para hacer un rico jugo verde: Batido vegetal “frescura vital”


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26 Jul

Cálculo de cantidades de cosecha

Todas las semanas nos comunicamos con cada una de las fincas que hacen parte de esta Red para que las personas cultivando los alimentos nos digan de qué productos y en qué cantidades podremos disponer para armar nuestras canastas. Hace algunos años cuando estábamos empezando con La Canasta, nos quejábamos mucho porque el nivel de incertidumbre en este proceso era muy grande. Nos decían que había 20 libras de papa disponible, por ejemplo, pedíamos las 20 y nos llegaban solo 15 algunas veces y otras nos llamaban el día del empaque para decirnos que les habían salido 25, que si las podíamos usar.

Hoy en día la situación es muy diferente y el nivel de confiabilidad que tenemos con respecto a las cantidades que nos dan es muy alto. Por eso es fácil olvidar que el ejercicio de estimar cantidades de cosecha no es fácil y requiere mucha experiencia y suerte si se quiere. Hay muchas variables que influyen en los volúmenes que se pueden cosechar. Sin entrar mucho en detalles, el clima juega un rol primordial en esto y como bien sabemos, el clima es impredecible y cada vez más con el tema del cambio climático. Si hace sol, si llueve, si cae granizo, etc, los productos maduran o crecen más o menos rápido.

Con la experiencia que tienen los campesinos es que ellos pueden estimar qué y cuánto más o menos se podrá cosechar unos días después, pero para nosotros es un enigma de la naturaleza. Wilson se para en frente del lote donde tiene algunos árboles de mango, y con tan solo verlos se atreve a decir que hay unas 70 libras de mango listo para cosechar. Nosotros hubiésemos estimado entre 10 y 200 libras para no equivocarnos.

Ahora bien, como esto no son cálculos matemáticos, los estimados pueden fallar un poco, como fue el caso esta semana que con el verano que se está viviendo en El Boquerón, los mangos maduraron mucho más rápido de lo que Wilson pensaba. Y como nos explicó el, “usted sabe que cuando un mango se madura, eso es de una que se madura”. Es por esto que muchos de los mangos que llegan hoy en sus canastas están bien maduros y eventualmente sufrieron un poco en los transportes. ¡Les recomendamos usarlos lo más pronto posible! Pues el viernes cuando Wilson nos dijo que había 40 libras de mango disponibles, los mangos no parecía que fueran a madurar tan rápido aparentemente. Nosotros decidimos pedirle 38 libras el sábado y ayer al cosecharlos se dio cuenta que estaban maduros y ya a esas alturas reemplazar 38 libras por otra fruta era muy difícil.

En fin, parte de pertenecer a esta Red de consumo responsable, es asumir solidariamente parte de los riesgos que implica la producción de productos frescos y perecederos y que éstos no recaigan únicamente en los campesinos. La buena noticia es que los mangos están muy bonitos, un poco blanditos, pero en buen estado. De cualquier forma, estamos mandando un poco extra de otros productos que llegaron de más para compensar.

Esta semana, los invitamos a probar un rico Batido de mango con yogurt natural


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19 Jul

Cosechas y temporadas de productos

El tema de las cosechas es algo que los habitantes de lugares con estaciones tienen muy internalizado dentro de su cultura. En lugares tropicales, donde las variaciones en el clima no son tan extremas, el tema de las cosechas es algo un poco más complejo.

Si bien cada planta tiene sus respectivos ritmos, las condiciones climáticas y los suelos en cada lugar tienen también un impacto en los tiempos naturales de los ciclos de cada planta. De esta manera, una yuca por ejemplo, dura 10 meses en algunos sitios y 14 meses en otros. Entre menor altura sobre el nivel del mar, más rápido tienden a madurar los productos. No obstante, ésta no es la única variable que tiene impacto sobre los tiempos y mucho menos sobre las características de los productos. El sol, la lluvia, las temperaturas, los suelos, las otras plantas que estén creciendo alrededor, etc determinan los tiempos de maduración y características de cada producto.

También tenemos diferentes tipos de plantas. Por un lado tenemos los frutos que vienen de árboles, como la mayoría de los cítricos, las manzanas, peras, duraznos, etc que aquí en el trópico tienen 2 cosechas por año típicamente. Una grande y otra en la que no se obtienen cantidades tan grandes de frutos. Dependiendo también del clima en cada una de las etapas de desarrollo de los frutos, la cosecha será más o menos grande y vendrá un poco antes o un poco después. Y cómo mencionamos antes, éstas cosechas llegan a destiempo entre un lugar y otro y es por eso que para los comensales en las grandes ciudades pareciera que siempre hubiera cosecha de naranjas por ejemplo.

Por otro lado tenemos plantas como las moras que dan frutos de manera más constante y toca estarlas podando y alimentando sus suelos permanentemente para que den buenos frutos. También hay plantas que son enredaderas como la curuba, la guatila, el tomate, la granadilla y muchas otras que tienen ciclos, pero que no están tan definidos por las épocas del año como los árboles que mencionamos anteriormente. Estas normalmente dan cierto número de cosechas o de frutos y luego toca reemplazarlas porque bajan mucho la cantidad y calidad de los frutos que dan.

Luego existen las hortalizas que se siembran, crecen, maduran y se cosechan. De este tipo hay algunas como la cebolla, la lechuga y la espinaca por ejemplo que se siembran y cuando alcanzan su madurez, se arrancan de raíz y otras en la que la misma mata puede producir varios frutos como el calabacín o incluso que se cortan y vuelven a crecer como el apio por ejemplo.

Dentro de la producción agroecológica, es clave que en cada finca haya variedad de cultivos y que éstos se roten y complementen unos a otros. Si se tienen en cuenta entonces las múltiples variables presentes en una finca, entenderemos que es la experiencia la que permite que cada vez entendamos mejor el manejo de cada finca y logremos sembrar las cantidades y variedades en los momentos adecuados, para lograr canastas variadas y ricas. Ahora hay cosecha de naranjas donde Wilson en El Boquerón y varias de sus canastas vienen con naranja de ñapa.

Esta semana te invitamos a probar un rico Jugo de carambolo


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