14 Nov

Nuestra alimentación y su impacto

Desde hace casi siete años, semana tras semana, excluyendo tres semanas cada año (en Navidad, Fin de Año y Semana Santa), desde La Canasta hemos pedido, recibido y empacado una increíble variedad de alimentos agroecológicos para hacerlos llegar a las casas de un gran número de comensales en Bogotá. Mirándolo en el tiempo, es mucho, y eso nos alegra. No obstante, el día a día nos hace perder perspectiva y nos enfocamos principalmente en los afanes propios del momento.

Afortunadamente, siempre hay externalidades que nos hacen salir de ese día a día y pensar en lo que hacemos. Frecuentemente nos reunimos con estudiantes, otras organizaciones y potenciales comensales que nos preguntan por diferentes aspectos de La Canasta y nos hacen recordar las razones por las que hacemos lo que hacemos y de la manera que lo hacemos, que definitivamente no es la manera convencional.

Como lo hemos repetido en varias ocasiones, La Canasta NO es un mercado, es mucho más que eso. Nuestro “negocio” sería más fácil si nos dedicáramos únicamente a comprar productos al mejor precio que pudiésemos negociar de cualquier productor y los vendiéramos, pero dado que no somos solo un mercado, sino que nuestra razón de ser es acercar el campo a la ciudad con una relación solidaria entre ambos, lo hacemos de la manera “difícil”. Facilitamos una relación lo más directa y justa posible entre familias campesinas cultivando de manera agroecológica y comensales en la ciudad. Y esto con todas sus implicaciones de la manera más coherente posible.

Yendo más allá, si bien La Canasta se materializa en una caja con alimentos, lo que viene en esta caja no es únicamente una combinación de frutas, verduras y alimentos procesados, sino que éstos alimentos traen consigo historias, dedicación, amor y respeto por la tierra y sus habitantes, tanto humanos como animales y es la materialización de una red de confianza unida por personas en el campo y la ciudad con visiones y perspectivas afines sobre el alimento y lo que hay detrás de éste. No es el fruto de una larga cadena impersonal y cargada de desbalances sino es un corto ciclo agroalimentario donde tanto productores como comensales hacemos parte del mismo sistema e interactuamos solidariamente unos con otros alrededor del alimento.

Con esto queremos invitarlos a ustedes, que están recibiendo su canasta el día de hoy a ver detrás de los ricos productos que reciben y darse cuenta que ésta decisión de participar en La Canasta recibiendo un mercado tiene un impacto muy grande en las personas cultivando en las fincas y en el cuidado del medio ambiente con las prácticas sostenibles que usamos. Con una de nuestras actividades más cotidianas, comer, estamos eligiendo un sistema agroalimentario más solidario y respetuoso con las personas y con el planeta. ¡Contémoselo a más personas y agrandemos el gran impacto que ya tenemos!

Esta semana, les recomendamos probar el delicioso Plátano maduro melado


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07 Nov

Lo que debes saber sobre los alimentos procesados

Muchas veces hemos hablado de evitar los alimentos procesados. Pero, ¿qué son exactamente? ¿Todos son malos? Pues no. En la cocina procesamos alimentos todo el tiempo. De hecho, la humanidad lo ha hecho desde hace miles de años, desde cuando éramos cazadores y recolectores.

Actualmente, las Organizaciones Mundial y Panamericana de la Salud (OMS/OPS) usan el sistema NOVA para hacer sus recomendaciones nutricionales. Este sistema, se basa en el grado de procesamiento de los alimentos. En el Grupo 1 están los mínimamente o no procesados, frutas, verduras, carnes, huevos y leche, sometidos a procesos como el limpiado, pelado, corte, secado, descremado, pasteurizado, esterilizado, refrigeración, congelamiento, embotellamiento, empaquetado al vacío. Asimismo, la fermentación siempre y cuando no genere alcohol. Muchas de éstas acciones las realizamos en nuestras cocinas para preparar diariamente nuestra comida. No contienen otros ingredientes.

El Grupo 2 está formado por los ingredientes culinarios. Los productos de este grupo no se consumen de forma aislada, son: sal de mesa; azúcar y sus derivados y similares como la panela; miel de abejas y jarabes vegetales como de agave o yacón; aceites vegetales obtenidos de aceitunas o de semillas; mantequilla y manteca; y almidones extraídos del maíz u otras plantas.

El Grupo 3 está conformado por procesados relativamente sencillos, obtenidos mediante la adición de los productos del grupo 2 -sal, azúcar, aceites, etc.- a los alimentos del grupo 1. No contienen más de dos o tres ingredientes, algunos son: las conservas de vegetales, frutas o leguminosas; los frutos secos y las semillas saladas o azucaradas; las carnes y los pescados en salazón, curados o ahumados; las conservas de pescado; las frutas en almíbar; los quesos.

En el Grupo 4 están los productos ultraprocesados, que son fabricados por procedimientos industriales complejos que generalmente no se pueden llevar a cabo en los hogares, y con presencia de derivados sintéticos e industriales que no se encuentran en las cocinas normalmente. Encontramos aquí, los refrescos de todo tipo y sabor; snacks dulces y salados; helados, chocolate, chucherías; panes envasados y panes de molde, pasteles, y galletas industriales; margarinas y otras grasas untables; cereales “de desayuno” y barritas de cereales, bebidas energéticas y muchos más.

Después de contarles todo esto, los invitamos a seguir los consejos de OPS y OMS: procura que los alimentos del grupo 1 constituyan la parte principal, más amplia y visible de tu alimentación. En especial los de origen vegetal; usa ingredientes culinarios del grupo 2 en cantidades menores que las empleadas con el grupo 1 con el fin de condimentar y cocinar; limita o controla la presencia de los alimentos procesados o del grupo 3, formando parte de otras recetas o junto a alimentos del grupo y por último, evita los productos ultraprocesados.

Esta semana te invitamos a probar este rico Batido energizante


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31 Oct

Relevo generacional en el campo

Hoy les queremos contarles algunas historias que con seguridad se repiten en otros rincones de Colombia.

Julio y Alexandra, después de trabajar en La Canasta y en el Mercado Orgánico, movidos por una fuerte convicción se fueron a vivir a una finca en Chipaque y se dedicaron a cultivar hortalizas y hierbas y especias para luego deshidratarlas. A pesar de trabajar duro, éste esfuerzo no es suficiente para vivir únicamente del campo y menos empezando. Por esto, Julio decidió volver a trabajar en el equipo de La Canasta por un tiempo para garantizar una entrada fija que les ayude a seguir con su proyecto en la finca.

Víctor y Lorena terminaron recientemente su carrera universitaria de geografía en Bogotá y se mudaron a una finca en Choachí, cerca de donde el padre de Víctor tiene su finca y donde Victor cultivaba papas criollas de vez en cuando. Ellos quieren trabajar la tierra con prácticas agroecológicas y por eso decidieron instalarse allá, pues de otra manera es difícil que otras personas lo hagan así. Ahora cultivan papas nativas, berenjenas, zanahorias y otros productos que muchas veces hemos enviados en las canastas. Ahora también, con el objetivo de diversificar sus actividades para alcanzar mayores ingresos económicos, están realizando talleres dirigidos a personas interesadas en vivir y conocer la producción ecológica y sostenible de alimentos (si deseas más información, pregúntanos).

Sebastián, un joven terminando su carrera de servicio social, comenzó con un cultivo de maracuyá en los llanos orientales, en la finca donde vive su familia. Trabajó duro y sostuvo prácticas agroecológicas en su cultivo. También este maracuyá llegó a muchos comensales de La Canasta. Al graduarse se le presentó una oportunidad laboral en Bogotá e intentó continuar con el cultivo buscando trabajadores para que le ayudaran, pero se dio cuenta que no lo cuidaban como el quería, porque lamentablemente, hoy en día, en el campo es difícil conseguir quien trabaje la tierra y menos aún de forma agroecológica. Desafortunadamente tuvo que acabar con el cultivo hasta que él mismo pueda dedicarse a este.

Estas historias nos han llevado a reflexionar sobre lo valientes y valiosas que son las personas que se quedan en el campo produciendo alimentos en pequeña escala, conservando prácticas agroecológicas antiguas, preservando semillas nativas, también los que han salido de la ciudad para apostarle a un estilo de vida distinto, cercano a la tierra, cuidando los recursos naturales, aplicando la agroecología para la producción de alimentos.

Los jóvenes nacidos en el campo no quieren relevar a sus padres, porque no es fácil vivir del trabajo del campo, requiere esfuerzo, convicción, perseverancia, pero además se requiere tener la capacidad de moverse en el mercado y tocar puertas para comercializar los productos.

Esta semana los invitamos a probar una rica Pasta con salsa roja y verde


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24 Oct

¿Superalimento?

* Es el que se paga a precio justo al campesino.

* El que no contamina el agua y usa agua pura para riego.

* El que en su producción ayuda a mitigar el cambio climático

* El que viene de suelos y paisajes llenos de vida.

* El que promueve lo local y lo nativo

* El que no usa cantidades innecesarios de empaques plásticos.

En varias ocasiones hemos escrito sobre los superalimentos, incluso hace unas semanas hubo un taller en nuestra @CasaAgroecologica sobre el kale, uno de los superalimentos más populares en los últimos años. No obstante, en La Canasta, entendemos los superalimentos como algo mucho más que productos con propiedades nutritivas particulares.

Desde hace unos años se empezó a hablar de superalimentos, especialmente entendiéndolos como alimentos que tienen propiedades especiales que sobresalen en comparación con muchos otros alimentos. Desde La Canasta nos gusta también pensar en que las super-propiedades de los alimentos no están relacionadas únicamente con sus aspectos nutricionales sino que los alimentos también tienen poderes con impactos sociales y ambientales que no debemos menospreciar.

En esa línea de pensamiento nos preguntamos, ¿si un monocultivo de kale o de quinua que es cultivado de manera convencional usando grandes cantidades de insumos químicos, cultivado a grandes distancias de donde es consumido y con prácticas “laborales” injustas sigue siendo más superalimento que una papita nativa cultivada por cualquier campesino en su parcela usando técnicas agroecológicas ancestrales?

Claramente estamos exagerando “un poco” en este ejemplo, pero en realidad la comparación no es muy lejana de la realidad. Con esto queremos simplemente valorar todo lo que hay detrás de cualquier alimento. Frecuentemente pensamos en los alimentos sin tener en cuenta todo lo que hay detrás de ellos. Es fácil que se nos olvide que detrás de ellos hubo alguien (o algo) sembrándolos, cuidándolos y cosechándolos, para luego ser transportados, procesados, almacenados y empacados antes de que lleguen a nosotros. En muchos casos, los alimentos pasan por procesos innecesarios que les restan sus poderes de ser superalimentos.

En La Canasta encuentras una gran variedad de superalimentos, sembrados en tierras sanas, cultivados con amor por manos campesinas de la región, cosechados poco tiempo antes de llegar a tu casa sin cadenas largas de comercialización ni bodegaje innecesario. ¡Esos si son superalimentos!

Esta semana, disfruta una deliciosa Pasta con salsa de brócoli


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17 Oct

Por campesinas y campesinos

Ayer 16 de octubre se celebró el Día Mundial de la Alimentación. Este día conmemora la fecha de creación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en 1945. En 2018, el tema escogido para este día es #HambreCero.

Desde La Canasta queremos invitarlos a reflexionar sobre este tema haciendo hincapié en las personas que hacen posible que haya hambre cero. En el caso de nuestro país, gran parte de la producción de alimentos está a cargo de pequeños y medianos productores campesinos y en el caso de La Canasta, el 100%. Lo irónico de esta situación es que las personas más importantes para la alimentación en nuestro país son las personas que menos privilegios tienen. Por ser precisamente pequeñas producciones, el acceso a los mercados es muy difícil y estos productores dependen de cadenas de intermediarios que definitivamente no velan por sus intereses, sino por el contrario, aprovechan su posición para exprimirlos en la medida de lo posible.

En Colombia podemos decir que somos afortunados, pues mal que bien, las condiciones climáticas y tropicales permiten que en la mayor parte del país se pueda tener acceso a alimentos locales, pero el enfoque de los gobiernos tiende a ser el de buscar aumentar las exportaciones y no el de trabajar por la soberanía alimentaria en el país. Este modelo basado en la exportación deja a muchos de estos pequeños productores por fuera, pues lo volúmenes y requerimientos para acceder a estos mercados son muy difícilmente alcanzables para pequeñas producciones campesinas.

Esta situación se potencia también cuando gracias a los tratados internacionales llegan a nuestro país productos agrícolas importados a precios muy bajos que sacan del mercado las producciones nacionales de pequeños campesinos. Uno de los casos más dicientes es el de la papa, que es producida por familias campesinas en Boyacá, Cundinamarca y Nariño en su gran mayoría. La papa que se produce en países como USA, por ejemplo, en grandes producciones con subsidios, llega a nuestro país a precios por debajo de los costos locales de producción. Y ni hablar de las papas procesadas en alimentos como papa congelada para freír, que hacen que el consumo local baje por estar en desigualdad de condiciones al competir.

En últimas, la reflexión e invitación que queremos dejar hoy sobre sus mesas es que debemos seguir consumiendo, y más aún, alimentándonos con productos locales para apoyar a las familias campesinas de nuestro país y trabajar por nuestra soberanía alimentaria. De esta manera nos unimos a la campaña de #HambreCero de la FAO.

Esta semana, deléitense con una deliciosa Crema de habas


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10 Oct

Compromisos y confianza

Desde La Canasta hemos hecho siempre lo posible por ser lo más transparentes que hemos podido ser, tanto hacia las personas produciendo los alimentos en las fincas como hacia los comensales que reciben las canastas cada semana. Incluso más que únicamente transparentes, hemos hecho nuestro mejor esfuerzo por ser realistas y no comprometernos a cosas que no podemos cumplir.

En este sector es muy común que encontremos quienes que por satisfacer los deseos de sus clientes, compran productos sin estar seguros del origen de estos. También es común que compradores lleguen a donde los productores a pintarles escenarios de ventas maravillosos para que siembren más y en el momento de la cosecha, el compromiso de compra se desvanezca. De hecho, al comenzar con La Canasta sufrimos mucho para que los productores nos creyeran, pues están acostumbrados a este tipo de relaciones y fue hasta demostrarles con hechos que nos dieron su confianza, que creemos no haber quebrantado.

Don Jorge, Andres y Luis en una visita a la finca de Andres

Siempre es difícil estimar los niveles de ventas o de crecimiento que se van a tener y nosotros hemos optado por ser bastante conservadores al respecto para no hacer que los productores corran riesgos de sobreproducción por escenarios que les planteemos nosotros. Por el contrario, en los casos en que en las fincas hay sobreproducción de algún producto, hacemos lo posible por usar éste, o estos alimentos en nuestras canastas para disminuir las posibles pérdidas y desperdicios, que son el pan de cada día de los campesinos.

Nuestro trabajo va más allá de ser simples comercializadores de alimentos, hacemos un puente entre productores y comensales y facilitamos relaciones solidarias entre ambas partes.

De esta manera, entre otras iniciativas, fomentamos que los productores tengan otras salidas para sus productos, en otras palabras, que diversifiquen sus clientes para que si nosotros o alguno les queda mal, no tengan todos sus huevitos en un mismo costal.

Esta semana tenemos la fortuna de poderles enviar en sus canastas unas deliciosas arvejas dulces que vienen de la zona rural de Usme, donde doña Anaís y sus vecinos sembraron una gran cantidad de éstas por iniciativa de una institución que les prometió venderlas en supermercados de cadena a muy buenos precios. Pues infortunadamente, gran parte de la cosecha sigue en las fincas y se va a perder pues los compradores los dejaron con los crespos hechos. Doña Anaís nos llamó el viernes y nos ofreció la arveja a un precio que nos permitiera incluirla en algunas canastas y que les permitiera a ellos no perder la cosecha. Si bien ellos no recibirán el precio al que esperaban vender, por lo menos no habrá desperdicio y recibirán un pago seguro por parte de su cosecha, lo cual es definitivamente un gana-gana, pues algunos de nosotros recibiremos estas ricas arvejas que se pueden comer incluso con vainas y todo.

Esta semana te invitamos a probar un delicioso Batido de mora, banano y tomate de árbol


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03 Oct

Huerta en casa

Las huertas urbanas son cada vez más comunes, las vemos en patios, terrazas, escuelas, parques o parcelas comunitarias. Esto pasa por una sencilla razón: nada es más satisfactorio que cultivar tu propia comida. Es una experiencia que requiere de paciencia, mucha observación, instinto de cuidado, inversión de tiempo y trabajo, pero resulta en grandes recompensas. Estos son algunos de los beneficios que tiene hacer una huerta en casa.

Permite pasar tiempo en familia: todos los miembros de la familia pueden participar moviendo la tierra, regando o recogiendo los frutos.

Se comen más frutas y verduras: quienes cultivan sus propios alimentos, en especial los niños, se acostumbran más a comer frutas y verduras, toda la familia vive la experiencia de la cosecha a la mesa donde apenas hay que recorrer unos pasos para servir un delicioso plato natural.

Tener un huerto es un trabajo diario, que exige responsabilidad y dedicación, nos da la oportunidad de tener actividades y es una buena excusa para desprendernos de las pantallas que hoy en día abundan, en especial para los niños. En las huertas se viven momentos tranquilos, de actividades minuciosas, de hecho se usa como terapia para personas mayores. 

Se perciben los ciclos naturales: se aprende cómo funcionan los ciclos de la naturaleza, comprobando cómo una semilla se convierte en una planta y cómo, en su caso, de ella se obtienen los frutos. También se verá cómo los cambios del clima afectan a las plantas, si necesitan una frecuencia de riego diferente en época de lluvia o en verano. Se fomenta la conexión con la tierra, a los niños les encanta jugar con tierra y con agua. 

Por lo tanto, también es una herramienta educativa: la naturaleza es variada y casi infinita. Tiene de todos los colores y sabores. Se puede hacer un diario con anotaciones periódicas e incluso dibujos de los cambios que se producen en el semillero y la huerta. Descubrirán que es una actividad divertida y llena de novedades. Al comprender cómo funcionan las cosechas se entiende cómo es el funcionamiento de la naturaleza lo cual ayuda a conectarse con ella, en especial para los niños.

Más alimentos agroecológicos: al hacer tu propia huerta seguramente vas a preferir usar abonos ecológicos y olvidarte de los agentes químicos para proteger las plantas. 

Satisfacción personal: tanto los niños como los adultos sienten una enorme gratificación al recoger sus hortalizas y preparar la comida que ellos mismos han obtenido, al comprobar que todo trabajo tiene su fruto. 

Cuidar de la naturaleza: todo esto hará que conozcamos más la naturaleza y nos preocupemos más por cuidarla y conservarla, empezando por nuestro entorno más directo. 

Esta semana, les recomendamos un rico Molde de verduras


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26 Sep

Nuestras decisiones y su impacto

En nuestro día a día nos vemos enfrentados a un sinnúmero de decisiones que tienen impactos positivos o negativos, incluso yendo más allá de las decisiones cotidianas, también hay decisiones que podemos tomar sobre nuestro estilo de vida, o sobre nuestra alimentación más específicamente.

Podemos pensar por ejemplo que sólo por el hecho de comer frutas y verduras estamos teniendo una alimentación más sana o que tener una dieta vegetariana va a tener menos impactos en el medio ambiente. Si bien estas afirmaciones pueden ser ciertas, también debemos pensar que hay muchas variables que no podemos despreciar. Si queremos ir más allá, debemos indagar también sobre los métodos de producción y tomar decisiones que tengan el impacto que deseemos.

La agricultura convencional tiene efectos que también debemos tener en cuenta en nuestras decisiones. Los grandes monocultivos fomentan en parte la deforestación, emiten gases de efecto invernadero y no pagan precios justos a los productores, por mencionar algunos puntos.

Algunas de las razones más comunes para una dieta vegetariana por ejemplo, son contar con un mejor estado de salud, cuidar el medio ambiente, proteger la vida de los animales, promover la no violencia o ayudar a que haya menos producción de comida para animales y más para humanos. Si bien dejar de comer proteína de origen animal puede ayudar a alcanzar estos objetivos, una dieta vegetariana basada en alimentos ultraprocesados, harinas refinadas, alimentos con elevados niveles de azúcar o vegetales provenientes de largas cadenas de comercialización o de producción industrial con uso elevado de químicos, no es necesariamente el camino a seguir.

El sistema actual de producción y distribución de alimentos afecta de forma negativa al medio ambiente sin importar qué tipo de productos se consuman más. Por ejemplo, el consumo del aguacate está creciendo en todo el mundo, pero ¿qué va a pasar cuando esta tendencia cambie al aguacate por otro producto? Pues la demanda bajará y las tierras que fueron ocupadas para satisfacer la demanda momentánea y que probablemente fueron sometidas a un proceso de deforestación quedarán desperdiciadas e inevitablemente habrá aguacates que se pudran antes de siquiera poder llegar a los mercados.

En conclusión, comas lo que comas, seas vegetariano o carnívoro, eres parte de un sistema de producción y consumo que está matando al planeta en el que vivimos. Nuestras decisiones de consumo tienen un impacto mucho más grande de lo que creemos. Debemos ser conscientes y saber que tenemos un considerable poder en nuestras manos y una enorme responsabilidad sobre lo que consumimos, así generaremos un impacto grande en la manera de producir los alimentos.

Esta semana, te invitamos a probar una Pasta con ahuyama al horno


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19 Sep

Derecho humano a la alimentación y nutrición adecuadas

Todos los seres humanos tenemos derecho a una buena alimentación. Según la FIAN (fundación internacional que defiende el derecho a la alimentación) la alimentación y la nutrición son partes de un proceso complejo que involucra varios eslabones: la producción y recolección de alimentos; el intercambio de alimentos (mediado por relaciones de mercado o dentro de redes sociales); la transformación de los alimentos (dentro del hogar, en las comunidades, en las industrias); el consumo; el aprovechamiento biológico de los alimentos (nutrición); las dimensiones simbólicas, culturales y espirituales de los modos de alimentarse; y la transformación de esos alimentos/nutrientes en la energía, fuerza, pensamiento y demás elementos que se requieren para vivir sana y dignamente, y así dar comienzo al proceso de nuevo. En ese sentido, las violaciones del derecho pueden darse en cualquiera de estos niveles y no sólo cuando una persona no tiene acceso a comida. Por lo tanto, asumimos que la alimentación es un derecho de los pueblos, íntimamente ligado a sus culturas y tradiciones, que hace parte de sus construcciones y proyectos de vida digna en libertad y paz. (FIAN Colombia, 2018).

Desde La Canasta nos identificamos con estos principios y consideramos que la buena alimentación no es sólo una suma y resta de nutrientes y calorías. Es un acto biológico, cultural y social que encadena diferentes etapas, desde la producción de alimentos hasta el acceso a ellos.

Cuando nos alimentamos logramos una conexión íntima con la naturaleza pues las sustancias que vienen de ella son transformadas en energía en nuestro cuerpo pero a la vez nos conectamos con costumbres, sensaciones y afectos. De hecho, construimos todo tipo de relaciones humanas alrededor de una mesa.

La Canasta está presente, facilita y fomenta la participación de todas las personas involucradas en todo el ciclo del alimento agroecológico, desde el azadón hasta el tenedor. Por eso nuestra labor va más allá del simple hecho de comercializar alimentos saludables, lo que hacemos es visibilizar la importancia del pequeño productor en la cadena, minimizamos los desperdicios de comida, apoyamos la transformación de alimentos de forma natural, el intercambio de saberes entre productores, promovemos el consumo consciente y mejoramos el acceso de alimentos sanos, agroecológicos y locales en Bogotá.

Ustedes como comensales de La Canasta ocupan un eslabón muy importante en esta cadena y gracias a su apoyo podemos materializar nuestra razón de ser. ¡Defendamos juntos el derecho a la alimentación y nutrición adecuadas!

Esta semana los invitamos a probar nuestra Ensalada poderosa


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12 Sep

¿Qué pasa con las abejas?

El 9% de las especies de abejas están en vías de extinción. Lo que está pasando con las abejas es el resultado del daño ambiental ocasionado por la humanidad a los ecosistemas terrestres. Debemos reconocer que es un problema ocasionado por la civilización humana con acciones como: la pérdida de los hábitats de las abejas con la tala de bosques, el cambio climático acelerado, la emanación de sustancias tóxicas al ambiente como plaguicidas e insecticidas usados en la agricultura convencional.

La disminución de la población de abejas a nivel mundial tiene efectos en la reducción de la polinización y por ende en la reproducción de las plantas, es decir, menos alimentos para animales y seres humanos. Este problema, nos permite entender muy bien cómo nuestra gran casa que es el planeta tierra es un gran ser viviente o un gran ecosistema en el que cada ser vivo cumple una función y pertenece a una red de interacciones, intercambios, entradas y salidas, un gran sistema que busca una homeostasis constante.

Lo que el ser humano, como especie, ha ocasionado es un desequilibrio permanente de ese gran sistema, como si nos hubiéramos apropiado literalmente de la instrucción bíblica de que dominamos sobre las demás especies. Muchos sabemos que lo anterior no es cierto, es un hecho que somos parte del todo y el todo es parte de nosotros y por lo tanto todas nuestras acciones tienen consecuencias sobre otro ser humano, animal, planta o recurso natural y queda demostrado con el caso de las abejas. La extinción de un ser tan pequeño como la abeja, puede afectar gravemente nuestra supervivencia. Pero, como nunca es tarde para empezar y contrarrestar el efecto negativo de nuestras acciones, estas son algunas cosas que podemos hacer:

–          Dejar de usar productos que contaminen el medio ambiente, sobre todo pesticidas, plaguicidas e insecticidas químicos, y en su reemplazo usar productos naturales con el mismo efecto.

–          Apoyar más la agricultura ecológica, tanto a nivel particular como por parte de los gobiernos. Esto quiere decir que como comensal de La Canasta estás ayudando a salvar abejas. Si consumimos miel, debemos asegurarnos que sea de producción ecológica.

–          Sembrar plantas en jardines, públicos y privados, parques, fincas que sean de los tipos que atraen a las abejas. Pueden ser ornamentales, aromáticas, hortalizas o frutas.

–          Apoyar asociaciones y organizaciones que tengan proyectos de protección de estos polinizadores.

–          Construir colmenas en las ciudades o en el campo para ayudarlas.

Esta semana te recomendamos una rica Tortilla con vegetales


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