15 Nov

Nuestro fin de semana y el mortiño

Este segundo puente de noviembre fue uno bastante movido y con un par de increíbles experiencias para nosotros. El viernes fuimos invitados a participar en un evento organizado, entre otras, por una comensal de La Canasta, con la participación de doña Anaís y su esposo don Liborio. Y el domingo estuvimos visitando la finca de Alex y su familia en Subachoque con un grupo de personas en un evento organizado por nuestros amigos de Con la cuchara no se juega.

El evento del viernes fue un gran encuentro entre personas y académicos de Bogotá por un lado y campesinos y campesinas habitantes de las zonas rurales de Usme y Sumapaz por el otro lado. Dentro del marco de una beca del Instituto Distrital de Patrimonio llamada “Campos, mercados y cocinas”, nuestros amigos se han investigado sobre 5 productos típicos de la zona rural de Usme y Sumapaz. Basados en exploraciones y entrevistas a pobladores de la zona, organizaron la primera parte de un evento en el cual las personas hicieron memoria sobre las historias, los sabores, las preparaciones y los saberes recibidos de sus ancestros y entre todos cocinamos con productos típicos de la zona, olvidados en muchos casos.

La cocinada trajo increíbles discusiones sobre como cada cual recuerda cada producto y entre todos hicimos un gran almuerzo con papa corneta, cubios, hierbas silvestres, mora silvestre, mortiño y uva caimarona, entre otros. Con la presencia de cocineras, comensales y campesinos y campesinas, pasamos un día lleno de intercambios de saberes y de cooperación, rescatando sabores y prácticas ancestrales. La segunda parte del evento cambiará en su dinámica un poco, pues la batuta de la cocinada pasará de los habitantes de la región a las dos cocineras que crearán, con ayuda de todos los demás, un almuerzo con los mismos ingredientes como base.

Fue ahí que conocimos el mortiño, que Anaís y Liborio cosecharon, como lo hacían sus respectivos padres una vez al año cuando estos frutos silvestres están disponibles. Liborio se trepa a los espinosos árboles como si tuviera 20 años y baja estos ricos frutos que muchos de ustedes recibirán en sus canastas de hoy para que prueben haciendo una mermelada, un rico jugo, o comiendo así no más. Anaís recuerda que de niños comían hasta quedar con la lengua negra como un perro chau chau :).

El domingo, con las memorias del primer evento aún frescas, fuimos con un grupo de personas de Bogotá a conocer un poco más sobre el día a día de Alex en Subachoque. La primera parada fue en el punto de venta de ARAC en la plaza, donde nos contaron sobre ARAC y La Canasta al tiempo que tomábamos un rico refrigerio. De ahí seguimos para la finca de Alex, donde el, doña Paulina y María nos enseñaron a preparar un terreno para sembrarlo e incluso sembramos repollos, brócolis, lechugas y calabacines. Aprendimos a usar el azadón y a abonar con compost y minerales para preparar el suelo. Luego tomamos un rico almuerzo y concluimos la jornada aprendiendo a reconocer qué hierbas arrancar y cuáles son las sembradas para limpiar las camas y retirarle la competencia a los cultivos.

Esta semana, intenten probar el Jugo de mortiño


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01 Nov

De brujas y brujas

La Canasta, desde hace 5 años, celebra el día de las brujas compartiendo historias de calabazas, ahuyamas y otras delicias. Este año, para hacerle honor a las brujas, queremos compartir algo de la historia de estos personajes tan controvertidos. Las brujas no existen, pero de que las hay las hay… Esto depende de quién cuente la historia.

Desde la edad media, las brujas son mujeres perseguidas por la iglesia y otras instituciones, que por diferentes intereses quisieron silenciar el poder y el conocimiento que algunas mujeres tenían y ejercían a través de la sanación y el conocimiento de la naturaleza. No es tan claro por qué, pero el “poder” femenino ha sido perseguido en diferentes culturas y la imagen de la bruja, un ser malvado que quiere hacer daño y comer niños se popularizó a través de cuentos infantiles, logrando que 700 años después, sigamos de alguna manera asustados con sus caras verdes, uñas largas y malas intenciones.

Sin embargo, en muchas culturas y muchos pueblos, se sabe que ese conocimiento femenino está basado en una consciente y juiciosa relación con la naturaleza, las plantas, las comidas y sus poderes curativos. Las mujeres, en muchísimos casos, han sido las recolectoras de este conocimiento y son quienes ponen en práctica aún en muchos lugares del país, este conocimiento. Las brujas, curanderas, parteras y sanadoras, conocen los beneficios de una buena curación con cúrcuma para algunas heridas, los beneficios de una agua de canela o de anís para malestares estomacales y de las ventajas de las gárgaras de tinto con sal para salir de una gripa fuerte.

En este espacio, queremos hoy hacer honor a las brujas de esta familia y compartir con ustedes algunos de sus secretos para que puedan poner en práctica en sus casas. Si estamos haciendo este esfuerzo por alimentarnos sano, es importante poner en práctica también estas recetas que nos ayudaran a darle al cuerpo alivio cuando algún mal nos aqueja. Tomen remedios caseros, reciban los que les den en sus casas, repitan las recetas con sus familias y no olviden que lo que más rápido cura cualquier dolencia, es el amor de la mano de quien prepara el bebedizo… que disfruten Halloween, Noviembre y el fin de este año extraño…

Para inspiración, Bebidas para brujas


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25 Oct

Las historias de La Canasta

La Canasta es una Red de personas y cada persona es una historia. En este espacio hemos contado las historias de muchas de las personas que hacen parte de esta Red. La historia de hoy llega desde el Caribe, y es la primera entrega de la historia del Ñame.

Hace algunas semanas, se volvió viral en redes sociales un video (ver abajo) de un grupo de youtubers montemarianos que se lanzaron al estrellato para ofrecer un producto tradicional de la costa colombiana: el ñame. La razón por la que se lanzaron a las redes sociales es porque la sobreproducción de ñame de este año, y el poco acceso a redes justas de comercialización, generaron una acumulación de ñame nunca antes vista en los municipios de los Montes de María. Se llegó a hablar de más de 4 mil toneladas de ñame recogido acumulado en las parcelas de las familias campesinas que lo produjeron. Por más ganas de comer mote de queso, una familia no puede consumir 800 bultos de ñame. Quienes tuvieron suerte lograron vender algunos kilos en mercados locales, pero a precios irrisorios que no cubrían casi ni los costos del transporte para llevarlo a los pueblos más cercanos. Algunas familias, pagaron hasta 5 mil pesos por transportar un bulto desde sus parcelas para lograr vender a 7 u 8 mil pesos el mismo bulto en el mercado. En algunos casos el bulto se vendió a 15 mil, pero ese fue el precio más alto que se logró en el mercado local. La sobreproducción tiene mucho que ver con el precio del ñame y esto se debe por supuesto a las prácticas de no regulación de precios en el mercado, sino a la lógica de la oferta y la demanda que hace muy difícil para una familia campesina vivir de la producción agropecuaria. Lo hemos dicho y ejemplificado con diferentes casos, para el campesinado la lógica del mercado neoliberal es una condena a los ciclos de pobreza. El Estado ha intentado, en escenarios políticos y económicos distintos, intervenir en la comercialización de productos del agro para regular precios, ofrecer incentivos y reducir la intermediación, pero estas alternativas, como el extinto Idema, se convirtieron en espacios para la corrupción y el clientelismo y su función original, que era la de regular las condiciones del mercado a favor de pequeños y medianos productores, muy pronto fue distorsionada y generó más problemas. Así, una vez liquidado el Idema en 1997, las federaciones debían asumir esta labor de regulación. Sin embargo, y sin entrar en los detalles de la regulación por gremios y sus bemoles, hubo productos como el ñame que quedaron des agremiados y dependientes del mejor postor. La cantidad de ñame que se produjo en 2017 es responsabilidad en parte de los proyectos que el mismo Gobierno promovió en la región, la pregunta es: ¿Quién puede comprar tanto ñame? O mejor ¿Quién comercializa en mejores condiciones todo ese ñame para que valga la pena el esfuerzo de producirlo, transportarlo y venderlo?

Hace poco, por iniciativa de la Gobernación de Bolívar se organizó un Ñameton en Cartagena y se vendieron más de 70 toneladas de ñame en un día, entonces sí hay consumidores, lo que necesitamos son más espacios de comercio justo, así que ¡Inviten a sus amigos a comprar La Canasta!

Y para disfrutar los productos frescos de esta semana, Sopa de tomate fría

 


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20 Oct

El campesinado organizado, en Chaparral, Tolima

Esta semana conversamos con Fredy Páez, del Instituto de Estudios Interculturales de la Universidad Javeriana de Cali, para que nos cuente acerca del encuentro nacional de Zonas de Reserva Campesina -ZRC- que se hizo en Chaparral, Tolima, entre el 14 y el 16 de octubre. Que se haya hecho en Chaparral es particularmente interesante para La Canasta, ya que recibimos los productos de esa zona que cultivan y nos envían Wilson y su familia. Las ZRC son figuras consagradas en la Ley 160 de 1994, y que permiten ordenar social, productiva y ambientalmente el territorio. Permiten el acceso a tierras por parte del campesinado, buscan estabilizar la economía campesina, mejorar los ingresos y la calidad de vida del campesinado, y ordenar ambientalmente el territorio, concretando la función social y ecológica de la propiedad, tal como está consignado en la Constitución Política. Desde 1994 a la actualidad se han constituido 6 ZRC, hay 7 en proceso de constitución y decenas de solicitudes para realizar el proceso de constitución. Las ZRC que están más avanzadas en el proceso para constituirse en el corto plazo son las de Sumapaz, en la localidad 20 de Bogotá, y la de Ariari-Güejar-Cafre en el Meta.  Un dato interesante de este encuentro, que es el 6to Encuentro Nacional coordinado por la Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina –ANZORC- es que fue el 2do Encuentro de Mujeres de las Zonas de Reserva Campesina. El anterior, el año pasado, fue en Curumaní, César. En esta oportunidad, las mujeres completaron su plataforma política, posicionando los temas que muchas veces, en contextos tradicionalmente patriarcales, se pasan por alto e invisibilizan.

Otro tema clave que se trató en el encuentro, con delegaciones de todo el país donde hay procesos de conformación de ZRC o ZRC ya constituídas, fue el ambiental. Hay que tener en cuenta que la mayoría de las ZRC están en áreas de protección ambiental, como zonas de Ley Segunda, zonas de amortiguación de los Parques Nacionales Naturales u otras. Salieron varias propuestas para avanzar en el tema del ordenamiento ambiental del territorio. Por un lado, las ZRC tienen que elaborar participativamente un Plan de Desarrollo Sostenible, que contempla 4 ejes: lo productivo, lo ecológico, lo cultural y lo organizativo. Pero más allá de eso, se ha identificado la necesidad de contar con procesos de formación en temas ambientales para el campesinado que lleven a acciones concretas de cuidado del medioambiente, que se les reconozca como sujetos de protección ambiental, que se avance en procesos de reconversión productiva agroecológica, que se analice el proyecto de ley que busca modificar la Ley Segunda con la que se crearon las Zonas de Reserva Forestal, entre otras. También se discutieron temas relacionados con la sustitución de cultivos y las dificultades actuales que enfrenta lo acordado en el Acuerdo de Paz, y sobre la constitución de territorios interculturales con comunidades indígenas.

Esta semana, para aprovechar las moras que nos llegan, les sugerimos preparar un Mousse de mora


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11 Oct

Alimentación sana

Últimamente hay una tendencia bastante grande por la sana alimentación. Desde La Canasta celebramos esta tendencia, pero también queremos poner algunos puntos al respecto sobre la mesa. En general, la alimentación sana es una alimentación balanceada y creemos que ahí está la clave.

En los últimos años se han puesto de moda algunos alimentos específicos, que incluso son llamados “superalimentos”. Dentro de estos, la quinua fue una de las abanderadas. Hace unos 10 años, la quinua era un alimento bastante desconocido en la mayor parte del mundo. Era definitivamente parte de la dieta de pueblos de los Andes entre Bolivia y el sur Colombia principalmente, pero en ciudades como Bogotá no era parte de la dieta “normal” de la mayoría de la gente e incluso era difícil conseguirla en el mercado. En algún momento empezó a popularizarse y a veces es impensable que se pueda tener una alimentación sana sin incluir quinua dentro de su dieta.

Pasó lo mismo con la chía, el açai, el amaranto, el yacón la moringa y el kale, entre otros, todos con propiedades benéficas para nuestra salud. Unos de estos alimentos se han vuelto más populares y otros han incursionado con menos fuerza, pero en todo caso se han vuelto más conocidos que antes. El kale, o col rizada, ha tenido un boom similar al de la quinua y ha traído consigo algunos comportamientos particulares en el mercado.

Hace un par de años, había muy poca producción de kale en nuestra región. De un momento a otro, empezó una demanda desbordada por este “superalimento” y quienes lo sembraron empezaron a cobrar precios ridículos por el. Recordamos hace un par de años que una libra de tallos, un primo hermano del kale, que se produce de manera similar, costaba unos $900 por libra y nuestro amigo el kale se conseguía por unos $18,000 la libra, un desfase algo exagerado… Hoy en día la cosa es distinta y el kale va por unos $3,000 la libra, todavía algo desfasado, pero menos que antes definitivamente.

Nosotros estamos definitivamente de acuerdo con que es bueno comer alimentos con propiedades benéficas, pero tenemos que poner en perspectiva las cosas. Una alimentación a base de “superalimentos” principalmente también requiere el balance de otros alimentos menos superpoderosos, pero que le dan a nuestro cuerpo nutrientes benéficos también.

De cualquier manera, también promovemos que nuestra alimentación sea también sana para el medio ambiente y para las personas que producen nuestros alimentos. Para esto es necesario que haya variedad y que los precios sean justos para todas las partes.

Esta semana, los invitamos a probar una rica Sopa de verduras con quinua


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04 Oct

Acercándonos y cooperando

Este año ha sido un año especial para La Canasta. Comenzando el año, parecía que iba a ser un año de crecimiento, pues el primer par de meses tuvimos una buena cantidad de pedidos. Lamentablemente, parece que fue solo una ilusión, pues por el contrario, ha sido un año bien difícil, en términos de la cantidad de pedidos que hemos tenido. Los meses de vacaciones de mitad de año fueron críticos y pasadas las vacaciones han subido un poco los pedidos, pero todavía no han llegado por lejos a los niveles habituales para La Canasta. La situación parece ser generalizada en el país y eso es de cierta manera ingenua un pequeño alivio, pero sigue siendo complicado.

No obstante, ha sido un año en el cual nos hemos enfocado también en estrechar y fortalecer lazos con varias iniciativas afines. Los niveles de colaboración que hemos alcanzado con varios mercados por ejemplo son muy esperanzadores, pues los logros que se pueden alcanzar trabajando cooperativamente son mucho mayores que cada uno haciendo los mismos esfuerzos por su cuenta. Así, hemos logrado compartir transportes, comunicaciones, diversificar nuestra oferta y también sacar productos abundantes en cosecha que con la coyuntura actual no podríamos sacar y se perderían en las fincas.

Desde el año pasado veníamos pensando en generar este tipo de sinergias, y veníamos abriendo puertas por aquí y por allá con ese mensaje y este año se han materializado muchas colaboraciones fructíferas. Nació la Red de Mercados Agroecológicos de Bogotá – Región, donde hemos podido poner nuestro trabajo y nuestros logros en perspectiva y donde nos hemos dado la mano con otras 8 organizaciones para sacar proyectos adelante y buscar apoyo para seguir avanzando juntos. Hemos estrechado lazos con Jero el Granjero, una iniciativa similar a La Canasta y más o menos “contemporánea”, con quienes hemos querido unir esfuerzos desde nuestros comienzos y ahora estamos dando pasos para compartir procesos, conocimientos y experiencias para poder trabajar de manera más eficiente y tener un mayor impacto.

En los últimos meses hemos comenzado diálogos con otros colectivos como Con la cuchara no se juega y con Savias y Sabias y estamos buscando las mejores maneras para realizar actividades para fortalecer redes de productores en el campo y fomentar el consumo consciente y responsable en la ciudad. Quienes nos siguen en Facebook o Instagram habrán podido ver parte del increíble trabajo que están haciendo en Con la cuchara no se juega para visibilizar La Canasta y sobre todo la labor campesina.

Si los pedidos seguirán de capa caída o subirán no lo podemos decir, pero lo que si podemos asegurar es que estos lazos y redes que estamos tejiendo nos brindarán mayores posibilidades para seguir avanzando por este bello y loable camino que escogimos.

Esta semana, los invitamos a probar un rico Calentado de arroz con repollo y calabaza


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27 Sep

Lo que hay detrás de una canasta

Como hemos escrito en varias ocasiones, si bien La Canasta es un mercado que llega a nuestras casas cada semana, consideramos que hemos logrado construir mucho más que un mercado. Detrás de éste hay un grupo de personas que ha recibido los alimentos, y las ha empacado en cada caja con mucho cariño, tomando decisiones dependiendo de las cantidades de cada producto que hayan llegado de las fincas y el estado de éstos.

También están todas las personas que han ido a las fincas a recoger los productos y los han traído a Bogotá. También intervienen todas las manos que han transformado, procesado o empacado los diferentes productos, usando recetas y técnicas diversas, pensando siempre en producir alimentos saludables y ricos para los comensales. Y lógicamente están todas las manos campesinas que han sembrado las semillas o las plántulas en sus fincas, han cuidado los suelos, han regado y cuidado las plantas para cosechar los alimentos.

Detrás de cada canasta hay un mundo entero de relaciones entre personas, animales y la naturaleza, con toda la complejidad que esto conlleva. Se tejen amistades, se perfeccionan técnicas, se comparten saberes, se aprende, se hacen experimentos para mejorar, se ríe, se llora, se pierden cosechas, se alimentan muchas bocas, etc. Día tras día se construye y fortalece esta red a la que pertenecemos y que está enmarcada en lógicas como la agroecología, la economía social y solidaria y el consumo consciente y responsable.

Para no ir muy lejos está don Humberto, quien nos colabora desde su rol como transportador, tanto para traer los productos desde las fincas hasta Bogotá como para distribuirlos a sus casas los miércoles. Don Humberto está con La Canasta desde sus primeras semanas y ha ido ganándose la confianza y el cariño de la mayoría de quienes interactuamos con el día a día. Para ilustrar esto, don Humberto ya no tiene que preocuparse por su alimentación los martes, pues al llegar a La Pradera a recoger los productos que acopian allí los productores de Subachoque, siempre lo reciben con un rico desayunito para hacerle frente al frío de la madrugada en esas tierras. Hacía el medio día va a recoger productos a donde doña María, quien le tiene listo el almuercito para que pueda seguir haciéndole frente al día. Y hasta ahí sabemos, pero no nos extrañaría que en las otras paradas que hace don Humberto por aquí y por allá durante el día, le tengan también cafecito, onces o medias nueves. ¡Y muy merecidas!

Esta historia, es solo una que ilustra las relaciones positivas que se han ido construyendo con la disculpa de distribuir mercados, eso si basados en lógicas que facilitan estas relaciones. ¡Esperamos, con la participación de todas las partes involucradas, seguir construyendo esta red y generando los impactos positivos logrados hasta ahora!

Esta semana, te invitamos a probar unas ricas Croquetas de quinua y plátano


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20 Sep

Los paisajes cambiantes en el campo

La semana pasada estuvimos visitando a don Fabriciano, su hermano y su papá en su bella finca en la Provincia de Marquez, cerca del pueblo de Boyacá en Boyacá. Para llegar allá fuimos por la principal y llegando al Puente de Boyacá nos desviamos y empezamos a internarnos en los bellos campos boyacenses. Tan pronto se abandona la autopista de doble calzada y se reduce la velocidad, se logra disfrutar más de los bonitos paisajes.

Desafortunadamente, hay paisajes que nos son tan bonitos, pues prácticas de agricultura convencional tienden a quemar toda la vida que tienen los suelos para prepararlos. Se aplican productos para “limpiar” y preparar el terreno resultando en lotes erosionados que necesitan ser manejados con agroquímicos para poder producir algo. En fin, no queremos entrar en detalles con respecto a esto, pero es imposible no mencionarlo.

El caso es que si bien hace un par de meses habíamos visitado a don Fabriciano también, los puntos de referencia crecen, se cosechan, se siembran de nuevo y etc. Solamente al llegar a la finca, casi que no reconocemos la entrada, pues la parcela que estaba casi pelada en marzo, que tenía algunas siembras de cebolla, zanahoria y arracacha en abril, estaba ahora llena de matas de maíz rojo, papa, cebolla, zanahoria, ajo, etc. Y definitivamente en fases de maduración distintas.

Seguimos subiendo hacia la casa y los sembrados que la rodeaban que eran arracachas, fríjoles y algunos otros productos, estaban complementados por pepino de guiso, lentejas, maíz y muchas otras matas. Mejor dicho, el paisaje de toda la finca va cambiando permanentemente. Cambiando de tipo de matas, de color, de olor, de altura de densidad, etc. Todo esto gracias a la rotación y complementariedad de cultivos que se maneja en la agroecología.

Entre era y era de maíces se va sembrando papa, lenteja o fríjol, por ejemplo. También es interesante ver cómo ciertos cultivos se dejan secar en la mata para luego si cosecharlos, como las habas que no tienen tanta salida cuando están verdes, entonces don Fabriciano las deja secar completamente en la mata y luego las cosecha y las usa para moler y hacer harinas o simplemente las guarda y reproduce. Labor increíble y muy loable la que tienen ellos como guardianes de semillas. ¡Gracias a ellos por esto!

Para la vuelta decidimos irnos por vías pequeñas y vimos algo que nos llamó mucho la atención al pasar por la zona de Tibaná y alrededores, tierras donde se cultivan muchos frutales como durazno, ciruela, manzana y pera. En los cultivos, los árboles estaban pelados, no tenían ni una hojita… Pues resulta que les echan químicos para que suelten las hojas y toda la energía se concentre en sacar muchos y grandes frutos para maximizar productividad. Y si bien eso también hace que los paisajes cambien, qué pasa con los suelos, las personas que viven por ahí, los comensales y las fuentes de agua, qué efectos tienen estas prácticas, nos preguntamos.

En nuestra visita, nos prepararon un rico Cocido de habas


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13 Sep

“La lucha por la tierra es la defensa de la vida”

Para llegar a la casa de doña Anaís hay que coger un busesito que sube durante casi una hora por las lomas de Ciudad Bolívar. El paisaje cambia poco a poco, la carretera transita por barrios populares, pasa por el botadero de basura de doña Juana (ese lugar incómodo que pocos bogotanos conocemos y todos hemos construido), y luego se transforma en hermosas montañas verdes, llenas de neblina y cultivos de papa. Es increíble notar que dentro de la caótica ciudad de Bogotá sigue existiendo un pequeño espacio para la ruralidad, para el trabajo de los campesinos que entregan su energía vital en cuidar nuestro alimento.

Doña Anaís es una campesina particular. Ella nunca se dejó convencer por la institucionalidad que llegó desde los años 80’s a entregar químicos para ‘mejorar’ la producción de papa. En vez de apoyar la deforestación y los monocultivos, empezó a cuidar los árboles que protegen los nacederos de agua de su territorio y vive comprometida con distintas luchas que buscan el bienestar de la naturaleza. Frente a su casa está la escuela de la vereda Santa Bárbara que da la bienvenida con un mural amarillo que dice “La lucha por la tierra es la defensa de la vida”, una frase que resume el trabajo cotidiano de doña Anaís.

Actualmente su lucha está enfocada en proteger su territorio, que es una fuente de agua fundamental para todos los bogotanos. Hay diversas instituciones que están empezando a organizar actividad turística por los páramos que componen este territorio, y doña Anaís insiste en que el turismo no sólo es nocivo para los campesinos sino que empieza a poner en riesgo los nacimientos de agua que abastecen la ciudad. Todo este trabajo en el que está enfocada doña Anaís en este momento, hace que hoy no sea posible organizar una visita a su finca, como teníamos la intención de proponer para quienes quisieran conocer su trabajo y territorio. Hoy, ella está comprometida con la vida, con cuidar el agua y la naturaleza para que todos nosotros estemos bien. Su lucha por el territorio, aunque en la Bogotá urbana no seamos consciente de ello, es una lucha para mantener nuestro bienestar. Este escrito es un pequeño homenaje a doña Anaís, que aunque hoy no nos puede recibir en su casa, está entregando su trabajo por nuestra agua y nuestra vida.

Por ahora seguimos buscando la manera de organizar salidas a otras fincas de esta Red, y aunque este mes ya no podremos realizar la visita que teníamos en mente, muchas otras cosas bonitas se vienen para recordar que Con la cuchara no se juega.

Esta semana escribe una de nuestras amigas del colectivo Con la cuchara no se juega, que entre otros temas, está cooperando con La Canasta para organizar visitas grupales a diversas fincas de nuestra Red. ¡Muchas gracias!

Para aprovechar las papas que nos manda doña Anaís esta semana: Puré de papa y cubio con kale


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06 Sep

Cooperación con otras iniciativas

Tal como les hemos contado en diversas ocasiones recientemente, en los últimos meses le hemos apostado a sumar esfuerzos con varias iniciativas con trabajo y principios afines a La Canasta. De esta manera, hemos dado pasos para hacer más eficientes muchos de los procesos que realizamos, por medio de unir esfuerzos con otros que realizan procesos similares, por ejemplo. Previamente les hemos contado sobre la recientemente constituida Red de Mercados Agroecológicos de Bogotá, de donde han surgido muchas sinergias como por ejemplo hacer pedidos en conjunto para bajar costos de transporte, realizar eventos juntos, etc. Un aspecto importante de la colaboración que estamos reforzando es el de podernos apoyar mutuamente con nuestras respectivas redes de productores. Sin ir más lejos, doña Anaís y las otras fincas de nuestra Red ubicadas en la zona rural de Usme, están sacando las deliciosas papas nativas que hemos estado mandando las últimas semanas. Desafortunadamente, las últimas semanas no han brillado por la cantidad de pedidos que hemos recibido, haciendo que no podamos pedir las cantidades que nos ofrecen. Afortunadamente hemos podido ofrecerles estas papas cornetas y bandera a otros mercados para que las ofrezcan a sus comensales también, diversificando ellos su oferta y pidiendo nosotros mayores cantidades a las familias de nuestra Red para que no se pierdan estas ricas papas.

Por otro lado, en los últimos meses conocimos a un colectivo llamado Con la cuchara no se juega. Hemos tenido un par de encuentros y charlas con ellos para ver cómo podemos apoyarnos mutuamente y hace unos días se acercaron a nosotros con varias propuestas para trabajar conjuntamente. Es reconfortante recibir este tipo de propuestas concretas y poder empezar a soñar más en grande.

Por lo pronto empezaremos con una de las tareas que tenemos pendientes hace un tiempo que es la de organizar visitas a fincas de nuestra Red. Estas visitas son espacios increíbles para fortalecer esta Red entre comensales y productores, aprender mutuamente y lograr ponernos en los zapatos de los otros para comprender mejor las necesidades y restricciones de ambas caras de la moneda. Cada vez que hemos visitado alguna finca con más comensales, la satisfacción de todas las partes es muy grande y las ganas de volver son inmensas.

Sin la colaboración ofrecida por ellos, y dados los varios frentes de trabajo que tenemos, seguiríamos postergando estas visitas, así como otras actividades, por falta de tiempo principalmente. Afortunadamente nos darán una mano y les anticipamos que estaremos invitándolos pronto a que nos acompañen a visitar alguna(s) de las familias que producen los alimentos que llevamos a sus casas semana tras semana.

Esta semana, los invitamos a probar un Puré de papa bandera con espinaca y queso


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