16 Ene

Las heladas y la resiliencia

Ayer, Anaís, agricultora que habita en zona rural de Usme (Ciudad Bolívar) cerca del embalse de La Regadera, nos contó que sufrió una helada que afectó su cultivo de mora y fresa. Este es un fenómeno que se presenta cuando hay altas temperaturas en la tarde del día anterior, poco viento, muy poca nubosidad en la tarde y en la noche, baja humedad relativa, poco vapor de agua en la atmósfera y descensos de temperatura del aire en las madrugadas, además de suelos con poca humedad. Todo lo cual produce un daño en los tejidos de plantas susceptibles.

El fenómeno del niño favorece estas condiciones climáticas especialmente en zonas de alta montaña por encima de los 2400 msnm. La huerta de Anaís está ubicada a 3100 msnm en zona de páramo. En los más de 10 años que lleva cultivando es la primera vez que su huerta agroecológica se ve afectada por una helada. Ha diseñado su huerta en forma de mandalas y construido un pozo profundo para tener reservas de agua. Cultiva una variedad de hortalizas y frutas de clima frío y cuenta con árboles como cerca viva. Ningún otro producto se afectó, solo la fresa y la mora, porque coincidió la helada con el periodo de floración. Y aún así, las plantas siguen vivas.

Esta historia nos lleva a reflexionar sobre la resiliencia en la agricultura que es la tendencia de un sistema de retener su estructura organizacional y su productividad tras una perturbación. La resiliencia tiene dos dimensiones: resistencia a eventos extremos y la capacidad de recuperación del sistema. Los sistemas agroecológicos diversos tienden a ser más resilientes, ya que son capaces de seguir produciendo alimentos a pesar de las condiciones adversas. Esto sucede porque se trabaja de forma preventiva haciendo una observación consciente de los ciclos naturales y las condiciones que favorecen el crecimiento de plagas o momentos de estrés, actuando constantemente antes de que se presenten. En lugar de combatir externamente las amenazas se incentiva una autorregulación del ecosistema. Esto sucede porque hay mayor biodiversidad en plantas, animales y microorganismos. Los microorganismos son muy importantes para la salud y nutrición del suelo. No se hace laboreo excesivo, se usan coberturas en el suelo, se adecúan las eras de acuerdo a la pendiente del suelo, hay árboles que actúan como barreras, hay disponibilidad o reservas de agua limpia.

La producción agroecológica también mejora la resiliencia socioeconómica. A través de la diversificación de las huertas, los productores reducen su vulnerabilidad en caso de que falle uno de los cultivos, como en el caso Anaís, donde las fresas y moras se dañaron, pero ella todavía cuenta con muchos otros productos. La resiliencia ecológica va unida a una mejor resiliencia socioeconómica; al fin y al cabo, los seres humanos también hacemos parte de los ecosistemas.

Esta semana te invitamos a probar una rica Ensalada de pepino melocotón y zucchini


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09 Ene

Bienvenido 2019

A mediados del mes pasado se realizó la reunión de cierre de año con la red de productores de La Canasta, que se hizo en la Casa Agroecológica en Bogotá. Se vivieron momentos llenos de positivismo, esenciales para fortalecer lazos de amistad y confianza. En un ambiente de camaradería nos olvidamos de la comunicación cotidiana acerca de las cantidades y productos de las cosechas de cada semana, y en contraste, se siguieron dibujando los rostros y personalidades que no son solamente un nombre anexo a una lista de productos sino personas con formas de ver el mundo que complementa la nuestra, una imagen familiar y querida, con quien podemos hablar y compartir historias.

Es lo mismo que sucede en la celebración de las fiestas de navidad y año nuevo con familiares, compañeros de trabajo o amigos. A pesar de la distancia o incluso si tenemos una relación cercana, esta época nos lleva a fortalecer lazos de amistad y amor. Se cuentan las historias y experiencias del año llevándolas más allá de los hechos, transmitiendo las sensaciones, ideas, pasiones que hay detrás de ellas. Se expresan buenos sentimientos hacia los demás, se hacen bromas, se canta y se baila.  Esto nos lleva a estar vibrando de una forma muy parecida, y por eso a comienzo de año nos sentimos recargados de fuerza y buenos propósitos para lograr todo eso que queremos hacer entre todas las personas que hacemos parte de esta Red.

Por eso es bueno volver frecuentes los espacios de encuentro que permiten fortalecer estas alianzas, relaciones y amistades. Este año se reanudarán las visitas a las fincas donde están invitados los comensales. A su debido tiempo les informaremos las fechas y los lugares, para que podamos sacar un tiempo, romper con la rutina e ir a recargarnos de buena energía y afianzar las relaciones de confianza entre comensales y productores, quienes constantemente trabajan para producir los alimentos que llegan a nuestras mesas.

Este año también empezó con fenómeno del niño, que es una época de sequía donde se disminuyen las lluvias. Hasta ahora los productores no han manifestado estar afectados por el fenómeno, pues muchas huertas se encuentran en áreas donde el recurso está bien conservado y otros se han preparado para esta temporada, almacenándolo. De cualquier forma, es una época que nos hace apreciar más ese recurso tan valioso que es el Agua. Tanto productores como comensales debemos ser prudentes en el consumo de agua, porque cada gota cuenta.

Y como todo en el mundo está conectado, lo que se consume en la ciudad afecta al campo y viceversa. Y ya que este año estamos recargados de buenos propósitos incluyamos el ahorro de agua dentro ellos.

Esta semana les recomendamos una Sopa de quinua y verduras


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19 Dic

Gracias por ser nuestro apoyo

Las palabras sobran cuando tenemos una inmensa gratitud, pero hoy queremos tomarnos el tiempo de expresar lo que sentimos. Hace 7 años, La Canasta se comprometió a acercar el campo a la ciudad siendo sostenible, incluyente, solidaria, aportando con acciones a una positiva transformación social y ambiental del campo,  generando posibilidades para el buen vivir. No ha sido un camino fácil pero somos perseverantes. Y por eso hemos logrado que los sueños que teníamos se hicieran realidad.

Por eso, estamos agradecidos por contar con una red sólida de productores a quienes hemos apoyado continuamente en su ardua labor de producir alimentos agroecológicos, basados en los principios de economía solidaria, a quienes hemos comprado durante este año más de 40 toneladas de productos y apoyado e incentivado a preservar y cultivar semillas nativas.

Estamos también agradecidos con nuestro equipo de trabajo por ser incondicionales, dedicados, por aportar con sus ideas y estar siempre ahí cuando los necesitamos.

Estamos agradecidos con todos los comensales que han hecho posible la materialización de este sueño, apostándole a una alimentación consciente y a estar conectados con la fuente de su comida. Han sido más de 3000 hogares en Bogotá los que han recibido alimentos agroecológicos, saludables y nativos, y  participado en este modelo agroalimentario sostenible. Juntos podemos seguir transformando el mundo como una gran comunidad comprometida con el cuidado y conservación de los recursos naturales; con la disminución de la huella de carbono; con una cadena corta de transporte y comercialización de alimentos donde hay cero desperdicios; con la compra de alimentos frescos, producidos por familias campesinas de la región; con la solidaridad y la alimentación consciente.

Mientras continuemos produciendo y llevando a los hogares estos alimentos, y podamos tener buena comida en la mesa, mientras veamos correr el agua limpia que riega las huertas, los montes puedan seguir haciendo sombra, evitemos el uso desmesurado de agroquímicos y sigamos sin contaminar el planeta con plásticos, así mismo perdurará el beneficio recibido de este ciclo agroalimentario.

El próximo año continuaremos con nuestra labor, los agricultores seguirán produciendo y esperamos seguir contando con tu apoyo. Te deseamos una Feliz Navidad y un bonito 2019.

Esta semana te invitamos a probar esta increíble receta: Zanahorias y rábanos al horno


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12 Dic

Las historias detrás del alimento

La alimentación es un derecho imprescindible y vital. Y, a pesar de esto, nos encontramos en un escenario mundial donde prevalece la inequidad, con presencia de obesidad y hambre al mismo tiempo, en un mismo territorio. Donde el productor es sólo el primer eslabón de una gran cadena que no lo retribuye de manera justa por su trabajo. Por eso, la misión de La Canasta se centra en el ciclo agroalimentario para que la agroecología sea una forma de vivir bien, fortaleciendo las capacidades técnicas y productivas de los agricultores que hacen parte de nuestra red, facilitando el acceso al mercado de sus productos y garantizando que reciban un pago justo: más del 60% del valor final que pagan los comensales. También trabajamos en el cuidado de la biodiversidad, la integralidad del ciclo del alimento, disminuyendo las distancias entre productores y consumidores, comunicando las historias detrás del alimento, promoviendo el consumo consciente, mejorando el acceso de alimentos agroecológicos en la ciudad y promoviendo la salud.

Así las cosas, somos un gran canasto que reúne a los diferentes actores del ciclo agroalimentario a través de relaciones de confianza, de amistad, de intercambios comerciales y de conocimientos. En este contexto, la alimentación se vuelve una experiencia que nos permite aprender cosas nuevas, vivir bien y hacer parte de una comunidad.

Son 7 años en los que hemos trabajado en el engranaje de un ciclo agroalimentario ecológico y logrado construir una red de productores, formada hoy día por más de 30 fincas ubicadas en Cundinamarca en su gran mayoría. Hemos generado espacios para compartir saberes entre fincas y, a partir de su propia iniciativa, en cooperación con la Red de Mercados Agroecológicos de Bogotá, se empezó a gestar el Sistema Participativo de Garantías (SPG) para generar confianza en toda la cadena y apoyar los procesos productivos de cada finca.

Son muchas las historias para contar y los lazos que hemos ayudado a tejer, y seguimos creyendo y trabajando en equipo para cumplir nuestra misión.  Tener una conexión a algo es parte de la naturaleza humana, así que uno de nuestros propósitos es promover esa conexión entre todos los actores del ciclo agroalimentario. Queremos que cada vez se sumen más personas y que las que ya hacemos parte, encontremos en las experiencias e historias detrás del alimento una excusa para encontrarnos, compartir conocimientos, generar posibilidades de vivir bien y hacer comunidad.

Lo más bonito de esto, es que quien pertenece a esta red, desde productores hasta comensales, se ha mantenido en ella compartiendo principios de vida similares. Y todavía nos queda mucho más por hacer.

Esta semana, los invitamos a probar una rica Ensalada de espinacas


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05 Dic

El equipo de La Canasta

Este corto texto que enviamos cada semana con las canastas es nuestra manera de visibilizar todo lo que hay detrás del mercado que llega a las casas y a las mesas de los comensales cada semana. Hacemos lo posible por contar historias sobre los productores en las fincas, los alimentos que nos llegan y hacemos reflexiones sobre las lógicas en las que se basa La Canasta. Esto, para nosotros, es parte esencial del ejercicio, ya que insistimos en que La Canasta no es solo un mercado sino que el mercado es la materialización de los esfuerzos y la dedicación de muchas personas que siembran, cultivan, cuidan, cosechan, empacan y distribuyen los alimentos, enmarcados en lógicas diferentes a las comunes en el mercado convencional: la agroecología, las cadenas cortas de comercialización y una economía solidaria.

El ciclo agroalimentario que planteamos hace que esta red de personas en el campo y en la ciudad nos articulemos y participemos de una manera o de otra en el ejercicio, bien sea cultivando, comiendo, empacando o distribuyendo.

Gran parte de la razón de ser de La Canasta es el apoyo a las familias productoras en el campo, construyendo relaciones solidarias con las familias en la ciudad, y es por esto que mucho de lo que escribimos aquí se enfoca en temas relacionados con la producción, la vida en el campo y la comercialización de los alimentos, pero no se nos debe olvidar que un muy importante paso en este ciclo los constituye nuestro equipo de logística y empaque. Don Humberto, Diego, John Freddy, Jorge, Wilson y Fabio y sus respectivos ayudantes son quienes transportan los alimentos desde las fincas hasta nuestro centro de acopio y también de éste hasta los hogares. Claudia, Rosalba, Yamile, Julio y Juan Camilo se aseguran de que todo llegue bien y empacan los alimentos en sus respectivas canastas, haciendo un control para prevenir que los productos que no estén en buen estado no sean empacados. Por último estamos Giovana, Nicolás y Daniel que hacemos toda la labor de comunicación, coordinación y administración de La Canasta.

Este equipo de La Canasta, más que un simple equipo de trabajo en cualquier empresa, funciona de manera muy fraternal. Cada fin de año hacemos lo posible por tener un encuentro entre nosotros de alguna manera, pero este año, por diversas razones, no estábamos planeando nada, y afortunadamente algunos del equipo decidieron liderar la iniciativa y organizar un asado de fin de año en la casa de don Fabio el pasado sábado. Fue un buen momento para vernos sin las canastas de por medio y disfrutar del tiempo libre entre nosotros. Al volver al trabajo el día martes, los ánimos estaban renovados y la fraternidad que caracteriza al grupo estaba reforzada. Esperamos que esto se refleje en las canastas que reciben hoy 😊.

 Esta semana, los invitamos aprobar unos ricos Panqueques de papa, remolacha y arracacha


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28 Nov

El poder del consumidor

Por más de 60 años se ha impuesto un modelo global de producción y comercialización de productos agropecuarios inequitativo, ineficiente y de alto costo social y ambiental. Este modelo ha derivado condiciones desfavorables de acceso al mercado para los pequeños productores. La no internalización de los costos y beneficios ambientales y sociales en los modelos económicos, es decir en los precios de los productos, genera pasivos para toda la sociedad, que se manifiestan en la degradación de suelos, intervención de ecosistemas estratégicos, bajos salarios y condiciones laborales deficientes para los campesinos, contaminación de fuentes hídricas y emisiones de gases de efecto invernadero, problemas de salud asociados con la alta carga de tóxicos de los alimentos, pérdida de semillas y conocimientos y desplazamiento de población rural a la ciudad.  ¿Quién asume ese costo? ¡Todos nosotros!

Ante este escenario de fracaso evidente del sistema agroalimentario global (Colombia no es la excepción), ¿podrían la agricultura ecológica y la agroecología ayudar a impulsar un crecimiento verde? La respuesta es un sí rotundo. El planeta entero se enfrenta hoy al gran reto de la sostenibilidad. En los próximos 40 años, los seres humanos tendrán que producir más alimentos de lo que hicieron en los 10.000 años anteriores juntos (The Economist). Esto nos da una idea de lo central que es la producción de alimentos en el impulso de la economía.  En el Foro Económico Mundial de 2017, se habló de un escenario llamado “sostenibilidad abierta” donde se incentiva un consumo responsable y abierto de alimentos, que sea más eficiente en términos de los recursos naturales que se utilizan, que provea dietas más sanas y donde las cadenas de valor reconozcan los servicios y costos ambientales y sociales asociados a la producción y cadenas de suministro de los alimentos que llegan al plato. Siendo Colombia un país rico en recursos naturales, puede convertirse en protagonista y jugador central de una economía enfocada hacia la sostenibilidad en torno al ciclo agroalimentario, lo que podríamos llamar Alimentación Sostenible.

Los movimientos globales basados en las preferencias del consumidor han logrado modificar esta tendencia. El poder del consumidor, cada vez más informado y consciente, es el que impulsa a los gobiernos y empresas a cambiar comportamientos. Si se promoviera la distribución eficiente de los recursos y trabajara a favor de la sostenibilidad y el bienestar se lograría tener efectos que repercutirían en toda la economía y perdurarían en el tiempo.

Con el modelo de La Canasta contribuimos para resolver este reto con las siguientes propuestas: priorizando el fortalecimiento de la economía rural agrícola; incentivando la agricultura campesina, familiar y comunitaria aumentando la participación de pequeños agricultores y evitando su desplazamiento; promoviendo alternativas de trabajo para incrementar los ingresos rurales; favoreciendo un mayor consumo de alimentos agroecológicos; permitiendo el acceso a la tierra; garantizando la sostenibilidad de los recursos; impulsando circuitos cortos de comercialización.

Esta semana, te invitamos a probar un rico Pasaboca de guatila


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21 Nov

Comida para el cambio

Un periodista español le preguntó a Carlo Petrini, fundador de Slow Food, refiriéndose al consumo de alimentos locales y provenientes de pequeños productores: “Pero, ¿no somos demasiados para poder abastecernos así? ¿No es más fácil y barato acudir al supermercado? ¿Cómo se puede llevar a cabo este cambio de paradigma?” Y él contestó: “Los productos industriales de los supermercados son más baratos, pero luego se pagan en medicinas. Los productos de los agricultores quizás sean un poco más caros, pero ayudan a la economía del territorio, a defender la propiedad pública. La educación alimentaria lleva a esto. Si pienso que todo es igual, voy al súper y no compro los productos del territorio, y llegan los productos desde la otra parte del océano, hay una insostenibilidad. Y son productos llenos de conservantes y colorantes.”

Desde La Canasta nos unimos a la campaña internacional «Food for Change» (Comida para el cambio) de Slow Food, que nace para proponer soluciones a partir de nuestras acciones cotidianas y para apoyar proyectos que fortalecen las economías locales, las cadenas de suministro justas y las producciones que forman parte de nuestro patrimonio. Para vivir la comida como un placer y para cuidar nuestro planeta.

La campaña propone una acción llamada “agradece a un productor” (#thankafarmer) y nos gusta esta manera de participar. En La Canasta estamos convencidos que la unión hace la fuerza y estamos creando cada vez más conexiones entre el campo y la ciudad. Es una buena manera de generar cambio en la agricultura en Colombia, orientándola cada vez más hacia la agroecología y hacia las cadenas cortas de comercialización. Por eso, una forma de unirte a esta campaña es agradeciendo a los productores de nuestra Red por su valentía y dedicación de continuar labrando la tierra de forma consciente para sembrar y cosechar buenos alimentos.

¿Cómo lo puedes hacer? La mejor manera es participando en La Canasta como comensal y apoyando de esta manera a las personas que nos envían sus productos desde el campo, haciendo viable de esta manera este ciclo agroalimentario sostenible, que empieza en las huertas y vuelve a ellas con tu compra. El apoyo de la red de comensales es lo que nos permite seguir adelante en la labor de generar trabajo digno, pago justo, soberanía alimentaria en el campo.

También puedes expresar tu gratitud a las familias campesinas que cultivan los productos que te llegan, publicando tu agradecimiento desde redes sociales usando #thankafarmer y #lacanastaorg y compartiendo estos agradecimientos entre tu red de amigos y familiares. Nosotros haremos lo posible para que estos agradecimientos les lleguen a los productores de nuestra red para que cultivemos juntos soluciones para el cambio climático, porque nuestras elecciones alimentarias tienen un impacto directo sobre el futuro del planeta.

Esta semana les recomendamos Chips de tubérculos nativos


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14 Nov

Nuestra alimentación y su impacto

Desde hace casi siete años, semana tras semana, excluyendo tres semanas cada año (en Navidad, Fin de Año y Semana Santa), desde La Canasta hemos pedido, recibido y empacado una increíble variedad de alimentos agroecológicos para hacerlos llegar a las casas de un gran número de comensales en Bogotá. Mirándolo en el tiempo, es mucho, y eso nos alegra. No obstante, el día a día nos hace perder perspectiva y nos enfocamos principalmente en los afanes propios del momento.

Afortunadamente, siempre hay externalidades que nos hacen salir de ese día a día y pensar en lo que hacemos. Frecuentemente nos reunimos con estudiantes, otras organizaciones y potenciales comensales que nos preguntan por diferentes aspectos de La Canasta y nos hacen recordar las razones por las que hacemos lo que hacemos y de la manera que lo hacemos, que definitivamente no es la manera convencional.

Como lo hemos repetido en varias ocasiones, La Canasta NO es un mercado, es mucho más que eso. Nuestro “negocio” sería más fácil si nos dedicáramos únicamente a comprar productos al mejor precio que pudiésemos negociar de cualquier productor y los vendiéramos, pero dado que no somos solo un mercado, sino que nuestra razón de ser es acercar el campo a la ciudad con una relación solidaria entre ambos, lo hacemos de la manera “difícil”. Facilitamos una relación lo más directa y justa posible entre familias campesinas cultivando de manera agroecológica y comensales en la ciudad. Y esto con todas sus implicaciones de la manera más coherente posible.

Yendo más allá, si bien La Canasta se materializa en una caja con alimentos, lo que viene en esta caja no es únicamente una combinación de frutas, verduras y alimentos procesados, sino que éstos alimentos traen consigo historias, dedicación, amor y respeto por la tierra y sus habitantes, tanto humanos como animales y es la materialización de una red de confianza unida por personas en el campo y la ciudad con visiones y perspectivas afines sobre el alimento y lo que hay detrás de éste. No es el fruto de una larga cadena impersonal y cargada de desbalances sino es un corto ciclo agroalimentario donde tanto productores como comensales hacemos parte del mismo sistema e interactuamos solidariamente unos con otros alrededor del alimento.

Con esto queremos invitarlos a ustedes, que están recibiendo su canasta el día de hoy a ver detrás de los ricos productos que reciben y darse cuenta que ésta decisión de participar en La Canasta recibiendo un mercado tiene un impacto muy grande en las personas cultivando en las fincas y en el cuidado del medio ambiente con las prácticas sostenibles que usamos. Con una de nuestras actividades más cotidianas, comer, estamos eligiendo un sistema agroalimentario más solidario y respetuoso con las personas y con el planeta. ¡Contémoselo a más personas y agrandemos el gran impacto que ya tenemos!

Esta semana, les recomendamos probar el delicioso Plátano maduro melado


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07 Nov

Lo que debes saber sobre los alimentos procesados

Muchas veces hemos hablado de evitar los alimentos procesados. Pero, ¿qué son exactamente? ¿Todos son malos? Pues no. En la cocina procesamos alimentos todo el tiempo. De hecho, la humanidad lo ha hecho desde hace miles de años, desde cuando éramos cazadores y recolectores.

Actualmente, las Organizaciones Mundial y Panamericana de la Salud (OMS/OPS) usan el sistema NOVA para hacer sus recomendaciones nutricionales. Este sistema, se basa en el grado de procesamiento de los alimentos. En el Grupo 1 están los mínimamente o no procesados, frutas, verduras, carnes, huevos y leche, sometidos a procesos como el limpiado, pelado, corte, secado, descremado, pasteurizado, esterilizado, refrigeración, congelamiento, embotellamiento, empaquetado al vacío. Asimismo, la fermentación siempre y cuando no genere alcohol. Muchas de éstas acciones las realizamos en nuestras cocinas para preparar diariamente nuestra comida. No contienen otros ingredientes.

El Grupo 2 está formado por los ingredientes culinarios. Los productos de este grupo no se consumen de forma aislada, son: sal de mesa; azúcar y sus derivados y similares como la panela; miel de abejas y jarabes vegetales como de agave o yacón; aceites vegetales obtenidos de aceitunas o de semillas; mantequilla y manteca; y almidones extraídos del maíz u otras plantas.

El Grupo 3 está conformado por procesados relativamente sencillos, obtenidos mediante la adición de los productos del grupo 2 -sal, azúcar, aceites, etc.- a los alimentos del grupo 1. No contienen más de dos o tres ingredientes, algunos son: las conservas de vegetales, frutas o leguminosas; los frutos secos y las semillas saladas o azucaradas; las carnes y los pescados en salazón, curados o ahumados; las conservas de pescado; las frutas en almíbar; los quesos.

En el Grupo 4 están los productos ultraprocesados, que son fabricados por procedimientos industriales complejos que generalmente no se pueden llevar a cabo en los hogares, y con presencia de derivados sintéticos e industriales que no se encuentran en las cocinas normalmente. Encontramos aquí, los refrescos de todo tipo y sabor; snacks dulces y salados; helados, chocolate, chucherías; panes envasados y panes de molde, pasteles, y galletas industriales; margarinas y otras grasas untables; cereales “de desayuno” y barritas de cereales, bebidas energéticas y muchos más.

Después de contarles todo esto, los invitamos a seguir los consejos de OPS y OMS: procura que los alimentos del grupo 1 constituyan la parte principal, más amplia y visible de tu alimentación. En especial los de origen vegetal; usa ingredientes culinarios del grupo 2 en cantidades menores que las empleadas con el grupo 1 con el fin de condimentar y cocinar; limita o controla la presencia de los alimentos procesados o del grupo 3, formando parte de otras recetas o junto a alimentos del grupo y por último, evita los productos ultraprocesados.

Esta semana te invitamos a probar este rico Batido energizante


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31 Oct

Relevo generacional en el campo

Hoy les queremos contarles algunas historias que con seguridad se repiten en otros rincones de Colombia.

Julio y Alexandra, después de trabajar en La Canasta y en el Mercado Orgánico, movidos por una fuerte convicción se fueron a vivir a una finca en Chipaque y se dedicaron a cultivar hortalizas y hierbas y especias para luego deshidratarlas. A pesar de trabajar duro, éste esfuerzo no es suficiente para vivir únicamente del campo y menos empezando. Por esto, Julio decidió volver a trabajar en el equipo de La Canasta por un tiempo para garantizar una entrada fija que les ayude a seguir con su proyecto en la finca.

Víctor y Lorena terminaron recientemente su carrera universitaria de geografía en Bogotá y se mudaron a una finca en Choachí, cerca de donde el padre de Víctor tiene su finca y donde Victor cultivaba papas criollas de vez en cuando. Ellos quieren trabajar la tierra con prácticas agroecológicas y por eso decidieron instalarse allá, pues de otra manera es difícil que otras personas lo hagan así. Ahora cultivan papas nativas, berenjenas, zanahorias y otros productos que muchas veces hemos enviados en las canastas. Ahora también, con el objetivo de diversificar sus actividades para alcanzar mayores ingresos económicos, están realizando talleres dirigidos a personas interesadas en vivir y conocer la producción ecológica y sostenible de alimentos (si deseas más información, pregúntanos).

Sebastián, un joven terminando su carrera de servicio social, comenzó con un cultivo de maracuyá en los llanos orientales, en la finca donde vive su familia. Trabajó duro y sostuvo prácticas agroecológicas en su cultivo. También este maracuyá llegó a muchos comensales de La Canasta. Al graduarse se le presentó una oportunidad laboral en Bogotá e intentó continuar con el cultivo buscando trabajadores para que le ayudaran, pero se dio cuenta que no lo cuidaban como el quería, porque lamentablemente, hoy en día, en el campo es difícil conseguir quien trabaje la tierra y menos aún de forma agroecológica. Desafortunadamente tuvo que acabar con el cultivo hasta que él mismo pueda dedicarse a este.

Estas historias nos han llevado a reflexionar sobre lo valientes y valiosas que son las personas que se quedan en el campo produciendo alimentos en pequeña escala, conservando prácticas agroecológicas antiguas, preservando semillas nativas, también los que han salido de la ciudad para apostarle a un estilo de vida distinto, cercano a la tierra, cuidando los recursos naturales, aplicando la agroecología para la producción de alimentos.

Los jóvenes nacidos en el campo no quieren relevar a sus padres, porque no es fácil vivir del trabajo del campo, requiere esfuerzo, convicción, perseverancia, pero además se requiere tener la capacidad de moverse en el mercado y tocar puertas para comercializar los productos.

Esta semana los invitamos a probar una rica Pasta con salsa roja y verde


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