19 Sep

Derecho humano a la alimentación y nutrición adecuadas

Todos los seres humanos tenemos derecho a una buena alimentación. Según la FIAN (fundación internacional que defiende el derecho a la alimentación) la alimentación y la nutrición son partes de un proceso complejo que involucra varios eslabones: la producción y recolección de alimentos; el intercambio de alimentos (mediado por relaciones de mercado o dentro de redes sociales); la transformación de los alimentos (dentro del hogar, en las comunidades, en las industrias); el consumo; el aprovechamiento biológico de los alimentos (nutrición); las dimensiones simbólicas, culturales y espirituales de los modos de alimentarse; y la transformación de esos alimentos/nutrientes en la energía, fuerza, pensamiento y demás elementos que se requieren para vivir sana y dignamente, y así dar comienzo al proceso de nuevo. En ese sentido, las violaciones del derecho pueden darse en cualquiera de estos niveles y no sólo cuando una persona no tiene acceso a comida. Por lo tanto, asumimos que la alimentación es un derecho de los pueblos, íntimamente ligado a sus culturas y tradiciones, que hace parte de sus construcciones y proyectos de vida digna en libertad y paz. (FIAN Colombia, 2018).

Desde La Canasta nos identificamos con estos principios y consideramos que la buena alimentación no es sólo una suma y resta de nutrientes y calorías. Es un acto biológico, cultural y social que encadena diferentes etapas, desde la producción de alimentos hasta el acceso a ellos.

Cuando nos alimentamos logramos una conexión íntima con la naturaleza pues las sustancias que vienen de ella son transformadas en energía en nuestro cuerpo pero a la vez nos conectamos con costumbres, sensaciones y afectos. De hecho, construimos todo tipo de relaciones humanas alrededor de una mesa.

La Canasta está presente, facilita y fomenta la participación de todas las personas involucradas en todo el ciclo del alimento agroecológico, desde el azadón hasta el tenedor. Por eso nuestra labor va más allá del simple hecho de comercializar alimentos saludables, lo que hacemos es visibilizar la importancia del pequeño productor en la cadena, minimizamos los desperdicios de comida, apoyamos la transformación de alimentos de forma natural, el intercambio de saberes entre productores, promovemos el consumo consciente y mejoramos el acceso de alimentos sanos, agroecológicos y locales en Bogotá.

Ustedes como comensales de La Canasta ocupan un eslabón muy importante en esta cadena y gracias a su apoyo podemos materializar nuestra razón de ser. ¡Defendamos juntos el derecho a la alimentación y nutrición adecuadas!

Esta semana los invitamos a probar nuestra Ensalada poderosa


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12 Sep

¿Qué pasa con las abejas?

El 9% de las especies de abejas están en vías de extinción. Lo que está pasando con las abejas es el resultado del daño ambiental ocasionado por la humanidad a los ecosistemas terrestres. Debemos reconocer que es un problema ocasionado por la civilización humana con acciones como: la pérdida de los hábitats de las abejas con la tala de bosques, el cambio climático acelerado, la emanación de sustancias tóxicas al ambiente como plaguicidas e insecticidas usados en la agricultura convencional.

La disminución de la población de abejas a nivel mundial tiene efectos en la reducción de la polinización y por ende en la reproducción de las plantas, es decir, menos alimentos para animales y seres humanos. Este problema, nos permite entender muy bien cómo nuestra gran casa que es el planeta tierra es un gran ser viviente o un gran ecosistema en el que cada ser vivo cumple una función y pertenece a una red de interacciones, intercambios, entradas y salidas, un gran sistema que busca una homeostasis constante.

Lo que el ser humano, como especie, ha ocasionado es un desequilibrio permanente de ese gran sistema, como si nos hubiéramos apropiado literalmente de la instrucción bíblica de que dominamos sobre las demás especies. Muchos sabemos que lo anterior no es cierto, es un hecho que somos parte del todo y el todo es parte de nosotros y por lo tanto todas nuestras acciones tienen consecuencias sobre otro ser humano, animal, planta o recurso natural y queda demostrado con el caso de las abejas. La extinción de un ser tan pequeño como la abeja, puede afectar gravemente nuestra supervivencia. Pero, como nunca es tarde para empezar y contrarrestar el efecto negativo de nuestras acciones, estas son algunas cosas que podemos hacer:

–          Dejar de usar productos que contaminen el medio ambiente, sobre todo pesticidas, plaguicidas e insecticidas químicos, y en su reemplazo usar productos naturales con el mismo efecto.

–          Apoyar más la agricultura ecológica, tanto a nivel particular como por parte de los gobiernos. Esto quiere decir que como comensal de La Canasta estás ayudando a salvar abejas. Si consumimos miel, debemos asegurarnos que sea de producción ecológica.

–          Sembrar plantas en jardines, públicos y privados, parques, fincas que sean de los tipos que atraen a las abejas. Pueden ser ornamentales, aromáticas, hortalizas o frutas.

–          Apoyar asociaciones y organizaciones que tengan proyectos de protección de estos polinizadores.

–          Construir colmenas en las ciudades o en el campo para ayudarlas.

Esta semana te recomendamos una rica Tortilla con vegetales


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05 Sep

Los superalimentos y la alimentación

Superalimentos, esta palabra tan pronunciada últimamente en la onda de la buena alimentación, utilizada con muchos sentidos y propósitos, es un término que nosotros hemos utilizado para promover el consumo de alimentos que nos ayudan a tener una mejor nutrición.

Este término lo empiezan a usar muchas empresas de productos saludables como una estrategia de mercadeo desde que la FAO promueve la quinua como alimento de alto valor nutritivo en el año 2013 y las legumbres en el año 2016. No obstante, la información que genera el mercadeo no es, en términos generales, la más precisa ni objetiva. Podríamos decir que cualquier alimento puede ser un superalimento, si cuenta con buenos nutrientes, especialmente si son plantas que provienen de suelos agroecológicos y diversos, si no son sometidos a procesos industriales que modifiquen sus propiedades naturales o no son elaborados a partir de la síntesis química de sustancias como ciertas bebidas, es decir, entre más naturales y frescos mejor.

En últimas, una buena alimentación es un adecuado y balanceado aporte de nutrientes: proteínas vegetales o animales, grasas no saturadas, carbohidratos complejos (granos y cereales enteros), vitaminas y minerales. En este sentido, es importante el retorno a lo natural y el privilegio a alimentos sostenibles, nativos, locales y ecológicos. Pero, alimentarse no es sólo una suma y resta de calorías, es también un acto cultural. La domesticación de los alimentos inició una era nueva en la humanidad, es la combinación de sensaciones, de olores, colores y sabores que trae el alimento, es compartir un buen momento con otros, es experimentar con la alquimia de la cocina, es mezclar y activar canales en nuestro cuerpo con lo salado, ácido, amargo y dulce, es sentirnos parte de la naturaleza. En este sentido, la alimentación también debe ser un acto de consumo consciente, a través del cual se mueva la economía local, se exija una mejor calidad de alimentos, información de los contenidos precisos de los mismos, se conozca cómo seleccionar los buenos alimentos, se promueva el valor del alimento entre nuestra red de familiares y conocidos.

Durante este mes, La Canasta en alianza con los 3 proyectos (Jero El Granjero, Sembrando Confianza y Semilla Andina) con los que compartimos actualmente la Casa Agroecológica, nuestro actual centro de operaciones, realizará un ciclo de talleres llamado ¨Alimentación Consciente¨, para compartir ideas y conocimientos sobre los temas tratados en este texto. El 10 de septiembre el tema será: ¿Por qué comer agroecológico, sano y local?; el 22 de septiembre: Kale, superalimento. Clase demostrativa de cocina; el 27 de septiembre: Comida creativa para pequeños y grandes y el 6 de octubre cierra el ciclo: Siembra en casa tus hortalizas, aromáticas y condimentarias. Si quieres recibir más información nos puedes escribir al correo.

Esta semana te invitamos a probar un rico Batido de banano y chachafruto


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29 Ago

Menos cosas, más felicidad, más consumo consciente

El consumo, materializado en la compra y venta de productos y servicios, es la fuerza que mueve la economía global. Es, por tanto, una prioridad de los gobiernos y de las grandes empresas incentivar ese consumo. Incluso si quieres tener acceso a servicios educativos y de salud de calidad debes pagar, es decir, hasta los derechos humanos se han convertido en un bien de consumo más. La economía gira entorno a trabajar para tener dinero para poder consumir. Si somos conscientes de esta realidad y queremos cambiar nuestro modo de consumir, podemos hacerlo.

Está demostrado que tener cosas no nos da felicidad, podemos tener muchas cosas pero cada vez menos tiempo para aquello que realmente nos hace felices. Por el contrario las cosas sencillas de la vida como compartir con seres queridos, tener contacto con la naturaleza y hacer cosas que ayuden a construir un mundo mejor, pueden traer felicidad a nuestras vidas. Así que consumir de forma consciente es un grano de arena más que aporta a un mundo mejor, ya que implica la consideración del impacto que el propio consumo tiene sobre la naturaleza y los demás seres con los que se convive en el planeta. Un consumidor consciente no es indiferente al hecho que su consumo puede contribuir a agotar los recursos del medio ambiente y llevarlo a su destrucción.

La Canasta ha podido construir una red de consumo consciente en torno al alimento de origen agroecológico, y ésta es una de las principales razones por la que el contenido de las canastas es sorpresa, pues es la forma de garantizar que los productos que se cultivan puedan ser comprados y llegar a los hogares de los comensales, compartiendo el riesgo y apoyando al pequeño productor. Y como somos una red, estamos interconectados, comprar y pagar un precio justo es lo mejor que podemos hacer para incentivar a quienes trabajan para ofrecernos alimentos de calidad. Si somos consumidores conscientes no sólo el precio debe mover nuestra intención de compra, ya que se encuentran precios locamente baratos en el supermercado que en realidad no son justos, es decir, alguien tuvo que pagar por eso, a veces con su propia vida y dignidad, para encontrarlo en el mercado a un precio que no es el que realmente vale. No es cuestión de  comparar los precios de un productor industrial con los de una producción artesanal o familiar, es tener consciencia que cuando compras algo estás pagando por el mundo que quieres. Por eso un consumidor consciente, en la medida de lo posible, busca productos sanos y ecológicos, se responsabiliza por los desechos que acumula, protege a los animales, construye con materiales saludables y de bajo impacto, no utiliza productos que hayan significado sufrimiento en los animales o contaminen el medio ambiente, apoya productos locales.

¡Gracias por consumir consciente y responsablemente con La Canasta!

Esta semana, prueba un rico Tabule andino


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22 Ago

Los alimentos nativos

En el territorio Muisca prehispánico, los tubérculos eran fundamentales en la dieta de esta sociedad agrícola, ya que constituían el cultivo de mayor tradición. Gonzalo Jiménez de Quesada, conquistador del Nuevo Reino de Granada, en un documento escrito a mediados del siglo XVI, se refería a los tubérculos en la siguiente cita: “tenían (los Muisca) nabos que llaman «cubios», que echan en sus guisados y les es de gran mantenimiento, su fruto es amarillo muy lustroso, largo de cinco a seis dedos, delgado en gran parte, y bastante grueso a la punta. El gusto algo acre sin fastidio” (Restrepo, 2006).

Investigaciones arqueológicas han identificado los alimentos que se consumían en esa época, los ullucos o chuguas, las ibias, la arracacha, la yuca, la achira y la papa que era el tubérculo de más alto consumo. En cuanto a los cereales estaba el maíz considerado la base del sustento indígena y fechado para el año 1610 a de C. y como fuente de proteína vegetal la quinua, cuyos restos de polen se registraron en las excavaciones arqueológicas para la Sabana.

Igualmente sembraban ahuyama y calabaza; frutas como la curuba, la granadilla, el mamey, la guayaba, la uchuva, la chirimoya, la papaya, el aguacate y la piña. La sal, usada para sazonar era también un valioso producto de intercambio. Otros condimentos que usaban eran el ají, las guascas y el achiote que servía también de colorante. Sus bebidas eran en la chicha hecha de maíz, piña o yuca, y aguas de frutas. Otros alimentos que también fueron consumidos de forma importante en la zona andina son el yacón y el baluy.

Hoy día, la papa sigue siendo uno de los productos alimenticios más consumidos en Colombia, según el DANE. Sin embargo, el cultivo y consumo se concentra en 4 variedades (pastusa, sabanera, R-12 y la criolla), a pesar de que existen alrededor de 80 variedades contando sólo las identificadas en los departamentos de Cundinamarca, Boyacá y Nariño, cuyas semillas vienen siendo protegidas desde la época prehispánica

En nuestra red contamos con cuatro productores de papas nativas que con mucho esfuerzo y arte han protegido estas semillas ancestrales o se han conectado con las redes de guardianes de semillas para conseguirlas, incluso sacrificando la venta para conservar y producir más semillas, ellos están ubicados en los municipios de Usme, Silvania, El Rosal y Subachoque. Se acerca una buena cosecha de papas nativas que estarán llegando en sus Canastas, disfrútenlas y ayúdennos a promover su consumo entre otros comensales.

Esta semana los invitamos a probar un rica Papa panadera, receta de Nicolás 🙂


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15 Ago

¿Estas haciendo algo para mejorar el mundo?

Esperamos que cada vez sean más las respuestas positivas, pues en la actualidad los impactos negativos de la economía de capital son el pan de cada día. Con la revolución industrial nos alejamos como especie de la naturaleza. Bajo el concepto medieval de la naturaleza inagotable, hemos extraído, agotado, acabado y extinguido lo que más hemos podido para crear un mundo de consumo desmesurado que mantiene la economía global.

Este camino ha llevado a tener impactos positivos en la sociedad, se han tenido grandes logros tecnológicos y científicos como las vacunas, la alta tecnología en salud, las comunicaciones y muchos más. No obstante, este modelo también ha fomentado la creación de grandes empresas muy lucrativas que hoy dominan el mundo, pero, en muchos casos, a costa de la explotación del medio ambiente, de la enfermedad y el sufrimiento, como Monsanto. Esta empresa fue condenada el viernes pasado a indemnizar a un jardinero estadounidense quien desarrolló un linfoma terminal por el uso de su herbicida estrella el Round Up, cuyo componente principal es el glifosato. Sí, el mismo que se usa en las fumigaciones aéreas de los cultivos de coca. De hecho el uso de Round Up y otras marcas es muy común en el campo y en los jardines de nuestras fincas y casas. Es de venta libre, nadie lo regula.

Esto demuestra, lo que todos sabemos, que el mundo se maneja con lógicas de acumulación de capital, sin ética, sin entender los valores reales de las cosas, sin importar las dinámicas de la naturaleza. Lo que importa es hacer más y más dinero. Así hemos llegado a un punto crítico, donde existen grandes empresas que promueven sustancias tóxicas para los humanos, básicamente porque es lucrativo. Es el caso del uso de agroquímicos en el campo, entre otros. El periódico El País de España, que relata sobre el caso en mención, dice que Monsanto tenía sospechas desde los años 80 que esta sustancia podía ser cancerígena y de todas formas, ocultó la información. Ver aquí para otro artículo sobre el tema en el Espectador

Este caso nos ha hecho reflexionar mucho y es bueno que como consumidores comencemos a cuestionarnos más y a tener más consciencia e información sobre lo que compramos, pues no es justo que estemos a merced de la gran industria que sin valores éticos nos vende alimentos sin poner toda la información de su contenido en las etiquetas por ejemplo. Resulta que como consumidores tenemos el poder. Tenemos que exigir inocuidad en los productos que consumimos, saber que podemos darle un vuelco a la economía de consumo que ha generado una inequidad y unas brechas socioeconómicas tan grandes. Nosotros desde La Canasta le apostamos a mejorar al mundo impulsando una economía solidaria, a mejorar la calidad de vida de los pequeños productores, que con su trabajo y cuidado del medio ambiente nos permiten llevar alimentos libres de tóxicos a nuestros hogares.

Esta semana, un Batido verde para detoxificar


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08 Ago

Cocinando con La Canasta

Cada semana llega a nuestra casa La Canasta. Al recibirla, toca pensar en cómo almacenar los alimentos recibidos. Hay algunos que deben ir a la nevera para que se conserven mejor, otros deben quedarse afuera para que terminen de madurar o incluso ser envueltos en papel periódico para ayudarles a su proceso de maduración. Otros deben ser alistados para guardarse en recipientes que los mantengan en buen estado. Lo cierto es que La Canasta nos da la oportunidad de pensar un rato en nuestros alimentos y en nuestra alimentación.

A medida que transcurre la semana debemos ir pensando en qué cocinar, dependiendo de nuestros antojos y de la durabilidad de un producto u el otro. Es aquí dónde nuestra imaginación y creatividad en la cocina toman alas. También, para los momentos de poca inspiración, podemos consultar las recetas e ideas de preparaciones que hemos publicado semana a semana en la página de La Canasta.

A lo largo de los años en que hemos estado recibiendo La Canasta, hemos aprendido infinidad de recetas y preparaciones, hemos aprendido a comer y disfrutar productos desconocidos anteriormente y productos que no eran nuestros favoritos. Es aquí dónde las diversas preparaciones dan riqueza a nuestro día a día. En todo caso, lo que siempre debemos tener en mente son las implicaciones que tiene esta manera de consumir, cocinar y comer en otras personas en la cadena. Gracias a que nosotros estamos acogiéndonos a los productos que hay en cosecha, varios productores y productoras campesinas pueden tener una mayor previsibilidad de ingresos para sus hogares y se generan menos desperdicios en general.

La Canasta no es solamente un mercado, como siempre lo hemos dicho, es mucho más que eso. Es una oportunidad para darle más tiempo e importancia a nuestra alimentación, pero no solo desde el punto de vista de nuestra salud sino también teniendo en cuenta todo el ciclo agroalimentario en el que está inmerso, desde la semilla hasta el plato en nuestra mesa. Es esto precisamente lo que hace que La Canasta sea un modelo agroalimentario sostenible.

Pero volviendo a la cocina, como mencionamos antes, es importante ir observando los alimentos y no dejar que se dañen.

Las hojas y productos como la yuca, la mora y la fresa los que más delicados son. Si no pensamos cocinarlos en los primeros días, es recomendable que los guardemos correctamente para que no se dañen. Las hojas podemos arreglarlas y guardarlas en recipientes que ayuden a que no se deshidraten, las moras y las fresas se pueden congelar para que no les salgan hongos, la yuca se puede pelar y cocinar y guardar en un recipiente o en bolsas ziplock en el congelador para ser preparada fácilmente en otra ocasión.

Esta semana te recomendamos que prepares un delicioso Balú dorado


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01 Ago

El Guacamoyo y Don Fabriciano

Hace algunos meses fuimos a hacer una de nuestras visitas periódicas a donde don Fabriciano, en una vereda cercana al municipio de Boyacá, en Boyacá, en la Provincia de Márquez. Don Fabriciano y su familia han vivido en la misma vereda toda la vida y basta tan solo caminar con el por los caminos, carreteras y entre los potreros y bosques para darse cuenta de esto, pues al toparse con cualquier persona, todos se saludan, incluso muchos como familiares, hola tío, hola primo, etc.

En esta visita, don Fabriciano, guardián de semillas, nos mostró algunas de las variedades de granos que tiene, nos explicó cómo guarda las semillas y recorrimos su huerta y las de otros vecinos y familiares de dónde nos llegan varios de los productos de La Canasta. Don Fabriciano comparte siempre todo su conocimiento durante las visitas y fuera de ellas.

En las últimas semanas ha llegado en las canastas un producto no tan común para muchos, el guacamoyo. Esta semana llega a quienes pidieron el combo verde, pero en otras ocasiones lo hemos enviado dentro de las canastas o en otros combos. El guacamoyo es una hojita un poco alargada que sale de los tallos que son unas especies de bejucos. Este producto viene de la finca de Jairo y Judith en cercanías de Silvania. Durante una visita con varios productores de La Canasta a la finca de don Fabriciano, el le regaló un piecito de esta mata a Jairo, quien lo sembró en su finca y se ha dado muy bien. Jairo y Judith nos lo han ofrecido para las canastas en los últimos meses.

Y volviendo a nuestra última visita, ya al final de la visita, después de recorrer los cultivos, almorzar, ver los granos, íbamos saliendo de la casa y vimos la mata de guacamoyo entre la casa y la huerta, casi como entrada a la huerta. Es una mata más o menos rastrera, parecida a la ahuyama y a la calabaza que van extendiéndose por el suelo y va echando raíces a su paso. Según don Fabriciano, es una mata que le gusta mucho el agua y en efecto, en el casode su finca, las aguas que salen de la zona de postcosecha va a dar al guacamoyo y está muy crecido.

Consultando a don Fabriciano por las propiedades y usos del guacamoyo, nos contó que anteriormente era una mata que se encontraba por todos lados, pero hoy en día casi nadie la cultiva. Tiene un alto contenido de hierro y se puede usar en sopas o en ensaladas, pero también se puede licuar en agua hervida la noche anterior y tomar en ayunas para combatir la anemia. Se puede usar de manera más o menos similar a como se usa la espinaca, tanto cruda como cocinada.

Dentro de su labor de custodio de semillas, don Fabriciano se esmera por compartir semillas, matas y conocimiento a otros para que los alimentos se cultiven más, pero también para que se consuman más, pues si no se usan, no hay incentivo para propagarlos.

Esta semana pruebas ¡Yacón y carambolo!, la combinación perfecta


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25 Jul

Varias razones para comer más pepino

El pepino cohombro (Cucumis sativus), de la familia de las cucurbitáceas, la misma del calabacín, la sandía, el melón, la calabaza, es originario de la India y su llegada a Europa fue debido a los romanos y los árabes. Hay informes de su cultivo en Francia (siglo IX) e Inglaterra (siglo XIV). En América, fue introducido por los colonos europeos. Se cultiva en primavera y verano en países con estaciones, en nuestro país se da mejor en climas templados. Es una hortaliza que exige mucho trabajo en el cultivo. Pide buenos nutrientes, suelos drenados, buena materia orgánica, crece como una enredadera entonces debe ponerse sobre tutores para que se oriente hacia arriba, su flor debe ser polinizada, una buena cobertura en el suelo para que no crezca hierba a su alrededor. Con todos estos cuidados, obtenemos después de 4 meses desde la germinación de la planta, un delicioso y saludable alimento.

El pepino tiene muchas propiedades. Lo primero que hay que decir sobre él, es que contiene mucha agua, lo que hace que sea un alimento bajo en calorías y por ende un buen hidratante de la piel y en general del organismo. Cien gramos de pepino, crudo y sin pelar, tienen entre 12 y 15 calorías, ya que su ingrediente principal es agua, alrededor de 95% del total. Los pepinos son buena fuente de fibra y vitamina A si los consumimos con cáscara, por esto y su alto contenido de agua, previenen y tratan el estreñimiento. Es bueno para el corazón por su contenido de potasio (que no es muy alto), apenas suficiente para tener un efecto vasodilatador y controlar la presión arterial,  hace que los huesos sean más fuertes por su contenido de vitamina K, que a su vez aumenta la absorción de calcio. También tiene vitamina C, carotenoides, ácido fólico, vitamina B1, biotina, cobre, triterpenoides, flavonoides y lignanos, nutrientes que tienen efectos antiinflamatorios y antioxidantes, razón por la cual ayuda a prevenir el cáncer especialmente de mama, ovario, útero, próstata y páncreas. Es un diurético natural, por eso no debemos consumirlo en exceso. También previene enfermedades neurológicas por su contenido de magnesio, es ideal para los diabéticos, pues tiene un índice glucémico muy bajo, es decir, su ingesta no provoca picos de glucosa en la sangre, que sobrecargan el páncreas. Y lo más interesante: el pepino tiene una hormona requerida por las células beta del páncreas para sintetizar la insulina. Ayuda a bajar de peso, por su bajo contenido de calorías.  Es muy frecuente usarlo para preparar ensaladas, en tiras o en encurtidos como aperitivo o elaborar rellenos. También se pueden preparar sopas calientes o frías, purés y salteados. Es el ingrediente estrella de los llamados “zumos desintoxicantes” o “batidos verdes” y del “agua de pepino”, bebidas refrescantes que ayudan a eliminar las toxinas del cuerpo.

Y para empezar con nuevas preparaciones con este delicioso producto, Gazpacho de tomate y pepino


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