14 Feb

Los dilemas de las certificaciones

El tema de las certificaciones es un tema bastante complejo, en especial para iniciativas como La Canasta y otros mercados afines que no funcionamos con las lógicas convencionales comerciales sino que por el contrario escogemos trabajar con campesinos con pequeñas producciones, con diversas personas preparando productos artesanales y en general en pequeña escala.

Desde que comenzó La Canasta y aún ahora, escogemos no exigir certificaciones de ninguna clase a las personas que producen los alimentos que ofrecemos en nuestros mercados, tanto para los productos frescos como para los procesados. Eso no quiere decir que no estemos de acuerdo con muchos de los requisitos que hacen parte de las certificaciones, tanto del tipo de producción como de índole fitosanitarias, sino que para producciones con escalas pequeñas y medianas no es muy viable acceder a estas certificaciones.

Por ejemplo, para recibir una certificación orgánica para los productos frescos que vienen de una finca, es necesario invertir una buena cantidad de dinero, y para recuperar esta sería necesario vender grandes cantidades de productos o subir los precios mucho y así de cierta manera salir de competencia o apuntar únicamente a mercados de nicho para gente con suficientes recursos para poder acceder a estos. Y esto es algo no deseado por nosotros, pues queremos que nuestros productos sean asequibles para la mayoría de personas de la ciudad.

En esta misma lógica, nos encontramos con el tema de los registros fitosanitarios que exige el Invima para los productos transformados. Por convicción, escogimos trabajar con productos artesanales y apoyar pequeños emprendimientos e incluso la transformación y de productos frescos en las mismas fincas para darles mayor valor agregado a los productos y contribuir con estos de mayor manera a la economía familiar. Para este tipo de producciones, es difícil cumplir todos los requerimientos impuestos para recibir las certificaciones y sellos.

La misma lógica de nuestros mercados y la decisión de apoyar producciones artesanales, agroecológicas y campesinas constituye un dilema difícil de resolver pues las certificaciones están pensadas y diseñadas principalmente para producciones grandes y de cierta manera tecnificadas.

Visita del Sistema de Garantías Participativo

Para afrontar este dilema, estamos trabajando desde varios frentes y en cooperación con otros productores y mercados. En términos de las certificaciones del tipo de producción, estamos implementando un Sistema de Garantías Participativo que busca que entre nosotros mismos podamos “certificar” las producciones en las fincas. Por otro lado estamos investigando las posibilidades de obtener registros Invima o por lo menos cumplir con los requisitos más importantes, pero evaluados desde las lógicas de la producción artesanal. Les iremos contando los avances…

Esta semana te invitamos a probar Arvejas en crema de leche


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07 Feb

La red de productores en marcha

Como muchos sabemos, la Asociación Red Agroecológica  Campesina de Subachoque, ARAC, es un excelente ejemplo de asociatividad. Los miembros de ARAC no son solamente un grupo de productores que se juntan para vender sus productos sino que han constituido mucho más que eso. El grupo es cada vez más fuerte y los frutos de esta unión son cada día más evidentes.

Los ejemplos son varios, pero sobre lo que queremos escribir hoy es sobre la iniciativa que se comenzó a gestar hace unos meses cuando un pequeño grupo de algunos de los miembros de ARAC decidió hacer sociedad para sembrar papas nativas en conjunto. Gracias a esta unión, recibimos muchas variedades de papas nativas en las últimas semanas del año pasado. No solo eso sino que también logramos hacer una alianza con el restaurante Brot, a quienes hemos llevado de esas ricas papas para su menú.

Lo interesante de esto es que esa alianza nos llevó a tener que coordinar la producción de papas nativas con las otras fincas que también están sembrando estos tipos de papas para por un lado poder aumentar nuestra oferta, pero por otro lado para que no se traslapen las cantidades y quedemos con más papas que las que podemos comercializar en un determinado momento.

De esta manera, hoy mismo se están reuniendo Pedro y Orlando de ARAC, Jairo de Aguabonita, Rosalba de nuestro equipo de trabajo y Doña Anaís, en la finca de la última en la zona rural de Usme. La razón para esta visita/encuentro es principalmente hacer acuerdos y proyecciones sobre la siembra de papas nativas, entre algunos otros productos que siembran todos en sus respectivas tierras. Desde La Canasta celebramos este tipo de iniciativas de los productores ya que nos ayudan a seguir tejiendo y fortaleciendo esta Red que nos propusimos montar hace ya algunos años.

El tema de la planificación de siembras entre varias fincas es complejo y ya hemos hecho varios intentos por coordinar las siembras dentro de nuestra red, pero no ha sido fácil. No obstante, empezar con solo algunos productos puede simplificar mucho las cosas. El encuentro de hoy es esencial para fortalecer este aspecto de nuestra red.

Con este ejercicio tendremos más herramientas para ser más fuertes como red y también podremos tomar decisiones más acertadas sobre el eventual crecimiento de los volúmenes de alimentos que podemos comercializar desde La Canasta. De esta manera podremos comprometernos con mayores cantidades y constituir alianzas con otros restaurantes y tiendas para eventualmente poder aumentar nuestros volúmenes de distribución y por ende apoyar a más campesinos.

Esta semana les recomendamos una rica Sopa de garbanzos y pasta


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24 Ene

Un sentido homenaje al “profe”

Hoy queremos escribir sobre el profe Ernesto Barón, quien falleció el pasado fin de semana…

Conocimos al profe desde antes que La Canasta fuera una realidad. El profe fue unos de los miembros de ARAC, la Asociación de productores en Subachoque, que nos abrió las puertas de su casa, de su huerta y de su corazón desde que nos conocimos en una de las reuniones de ARAC en La Conejera en La Pradera, cuando empezábamos con las canastas solidarias y asimismo cuando empezaban los asociados de ARAC a formar su organización. Esto fue hace unos 7 años o más y durante todo este tiempo solo tenemos imágenes del profe sonriendo e irradiando tranquilidad.

Como si supiera que íbamos a ir a las reuniones, cada vez que asistíamos a éstas, al final se nos acercaba el profe con algún detalle de su huerta, bien fueran un par de lechugas, unos duraznos, unas ciruelas o cualquier otro detalle para compartir con nosotros. El profe vivía en su finca entre Subachoque y La Pradera en una casa llena de calor humano y vegetal porque tenía una especie de solar una veranera que crecía por gran parte del espacio y nos hacía sentir muy a gusto.

Según entendemos el profe no era profe, pero se ganó ese cariñoso apodo, pues los niños de la vereda iban a su casa frecuentemente y el les ayudaba con las tareas de la escuela. Esto muestra la clase de persona que nos dejó, alguien dispuesto a compartir y ayudar en lo que estuviera a su alcance y alguien que siempre daba un aire de positivismo a cualquier conversación y reunión donde estuviera presente.

El profe tenía una huerta con varios frutales como durazno, ciruela y manzana y nos deleitaba con estas frutas en sus cosechas. También cultivaba hortalizas de distintas clases, tenía panales de abejas y un pequeño invernadero donde hacía lo posible por sacar tomates y otros productos difíciles de cultivar en el frío clima de la zona.

No necesariamente hay una relación directa, pero esta semana nos mandaron unas ricas ciruelas multicolor de la finca de Inés y Gaby que nos recuerdan mucho al profe. Por sus problemas de salud, en los últimos meses no había podido participar mucho en la Asociación y afortunadamente otros compañeros lo ayudaron un poco con su huerta y hace unas semanas todos sus compañeros de la Asociación trasladaron la reunión semanal a su casa para que el pudiera asistir a la que fue su última reunión de ARAC. Nos contaron lo feliz que lo hizo esto y celebramos que su segunda familia hubiera tenido ese bello gesto de solidaridad y cariño con un hombre que creyó en la ARAC desde sus inicios.

¡Gracias profe por todas las enseñanzas!

Esta semana sugerimos esta preparación: Crema de apio con cubio


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20 Dic

Nuestra última entrega de este año

Así como cada año, este no fue la excepción. Muchas personas salen de la ciudad, muchas otras andan con compromisos navideños, pero en general lo que siempre podemos identificar, es que mucha gente deja de pedir canasta para estas fechas. Es por esto y también porque nos merecemos el descanso, que en la última semana y la primera semana de cada año no hacemos entregas de canastas.

En estos días, esto nos da vuelta a la cabeza, pues para muchos negocios, esta es la mejor temporada del año, para La Canasta claramente no lo es. Lo paradójico aquí es que como bien sabemos, los productos no dejan de crecer y madurar, así en la ciudad sean vacaciones, y a los productores les toca usar su ingenio para no perder los alimentos que maduran. En principio debería no ser tan difícil planificar las siembras para no sembrar productos que maduren en este par de semanas, pero con la naturaleza hay muchas variables que no podemos controlar, como las lluvias, el sol, etc., que hacen que los alimentos crezcan más o menos rápido, lo cual hace más compleja esta planificación de siembras.

De cualquier manera, así son las dinámicas de lo que hacemos y cada año aprendemos a planificar y sobrellevar estos periodos de mejor manera. Lo bueno es que aparentemente el tema de los propósitos de nuevo año ha sido fructífero para La Canasta en otros años y si bien enero tiende a ser un mes donde muchos estamos sin plata por los regalos y las vacaciones, los niveles de pedidos no dejan mucho que desear normalmente en ese mes. Esperamos que muchas personas tengan como propósito de nuevo año una alimentación sana, que apoye a pequeños productores y productoras campesinos, que cuide del medio ambiente, que no genere desechos innecesarios por empaques, que esté basada en lógicas de economía social y solidaria y no de acumulación de capital y muchos de los otros beneficios que creemos que tiene el modelo de La Canasta.

2018 trae consigo varios retos para nosotros. 2017 fue un año difícil, en el cual los niveles de ventas de nuestras canastas fueron mucho menos que deseables, en parte por más iniciativas que han surgido que ofrecen productos similares a los nuestros y en parte también porque ha sido un año difícil en general para la economía del país, creemos. De cualquier manera, nuestro propósito para 2018 es que La Canasta crezca mucho y pueda trabajar con más familias campesinas y probar que este es un modelo que tiene más ventajas para todas las personas que participan y no únicamente para algunas, o para unas más que para otras.

¡Por lo pronto les deseamos unas felices fiestas y lo mejor para el año que viene!

Esta semana les sugerimos un Arroz con guiso de calabaza


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13 Dic

La Canasta Participativa

El sábado que pasó tuvimos la Asamblea Anual de La Canasta. Éste, como todos los años, tuvimos un muy grato encuentro entre muchos de los productores y productoras, algunos comensales y el equipo de La Canasta.

Para quienes no saben, La Canasta es una fundación y La Asamblea es uno de los órganos de decisión más importantes de la organización. La Asamblea de La Canasta está compuesta por representantes de cada uno de los grupos de productores, por comensales que estén matriculados o hayan recibido canastas periódicamente en el último año y por los gestores de La Canasta. En esta reunión anual se hace un reporte sobre el año que acaba y se toman decisiones sobre el futuro de la organización. La reunión ha sido siempre un muy bonito encuentro entre todas las partes que hacen parte de esta red y año tras año se fortalece más este espacio, pues las caras son las mismas y las discusiones son cada vez más interesantes.

Algo que nos parece muy gratificante y diciente es que, si bien las decisiones se deben tomar por votación, siempre hemos logrado tomar todas las decisiones por consenso entre todas las partes. Normalmente, el equipo de La Canasta presenta la información necesaria para poder tomar decisiones informadas y luego se generan charlas y discusiones al respecto y al final siempre ha habido consenso y no ha sido necesario votar para decidir.

La Asamblea de este año fue particular, pues siempre se había llevado a cabo en Bogotá, en el centro de acopio de La Canasta, y esta vez decidimos combinarla con una despedida del año y hacerla en Subachoque. Éramos alrededor de 40 personas, todas enfocadas en el mismo tema y se generaron intercambios y discusiones muy interesantes que nos hubieran dado para muchas horas de reunión, pero “desafortunadamente” teníamos un rico almuerzo y música de carranga programadas para la tarde y nos tocó interrumpir las discusiones y deliberaciones para darle paso a un poco de descanso. Las charlas siguieron, pero ya particulares y no entre todas las personas juntas.

Terminó el día y quedamos con mucha alegría de ver como esta red entre el campo y la ciudad está funcionando tan bien y como se han estrechado lazos entre todas las partes que hacemos parte de este sueño que es La Canasta.

Ahora los dejamos con la receta de la deliciosa sopa que preparamos ese día en fogata. Sopa de verduras y cebada


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30 Nov

Viajando a la Colombia rural

Impresiones de la visita de A.R.A.C. a A.P.A.C.R.A. (Asociación de productores Agroecológicos de la cuenca del río Anaime, ubicada en Cajamarca- Tolima). Relato escrito por Alexandra y Andrés, miembros de A.R.A.C. en Subachoque.

Al subirnos al bus que arrancaba desde Subachoque, nuestra vecina de silla anunció que a Cajamarca la llamaban la “Despensa de Colombia”, eso resultaba un pronóstico inquietante para un grupo de productores que estaba viajando 200 kilómetros para reconocer a otros colegas de oficio, quienes habían resuelto hace años asociarse y seguían unidos trabajando después del tiempo.

Acercándonos a nuestro destino, desde la ventana rápidamente nos percatamos que cada centímetro de tierra se aprovecha para sembrar. Nuestra impresión era un paisaje impactante desde el contraste de donde veníamos, no se encontraban extensiones de pastos para vacas o podados jardines destinados a la contemplación y al descanso, a rugidos el paisaje mostraba que la tierra estaba trabajada para producir comida.
Deslumbrados desde los caminos, a lo lejos veíamos cuerdas y cuerdas de cultivos tutoriados como frijol, habichuela,  maracuyá y otras frutas; sorprendidos pensábamos que en nuestra tierra lo único que se cuelga es la arveja(!). Cajamarca es el mayor productor de arracacha y frijol en Colombia, además se encuentran importantes siembras de gulupa y tomate bajo cubierta.

La gran productividad de estos terrenos se debe a los minerales que han arrojado las erupciones del volcán Machín, el cual sigue aún activo. Estos cultivos se dan en laderas con una pendiente hasta del 75%, y al momento de sacar las cosechas, estos retos geográficos se resuelven con mulas y clásicos vehículos Carpaty.

Yolanda, una líder de A.P.R.A.C.A., que honra y rescata con su práctica la tradición de sus ancestros, nos relata que el municipio tiene cerca de 100 años de fundado y este retraso se debe a la resistencia que ofrecieron los indios Pijaos, mientras que sus familias llegaron de Boyacá admirados por la abundancia de agua y la fertilidad de la tierra. La herencia de estas dos fuertes culturas ha permitido que hoy el pueblo de Cajamarca se levantara y dijera no más ante un ambicioso proyecto de minería y al mismo tiempo exista una asociación campesina liderada por mujeres que buscan autonomía siguiendo los parámetros de la agroecología.

 A.P.A.C.R.A. involucra a 50 personas pertenecientes a 13 familias, que han construido su proceso a lo largo de los 12 años que llevan formalmente asociadas, en su búsqueda han encontrado en los productos procesados un renglón de importancia para su economía. Estos productos procesados utilizan de manera importante las materias primas que producen sus huertas. Gracias a la creatividad culinaria de este grupo, han desarrollado originales productos como el manjar de arracacha, galletas de chachafruto y yogurt de zanahoria entre otros.

Regresamos admirados de la Colombia Rural, donde todavía hay muchos campesinos, donde se cultiva en abundancia los alimentos y hay organizaciones sociales trabajando. Un país muy rural que hay que cuidar y apoyar en su labor.

Y como aprendimos allá: Moneditas de plátano guineo


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23 Nov

Todo lo que hay detrás…

Cada semana, los miércoles como hoy, entregamos las canastas que nos pidieron desde la semana anterior. Muy probablemente se podrán imaginar que detrás de los alimentos que llegan cada semana hay muchas manos, historias, personas, lugares y actividades. Una de las razones de ser de La Canasta es precisamente el visibilizar todo lo que hay detrás de un alimento que recibimos en la puerta de nuestra casa. Cuando vamos a un mercado cualquiera, las historias que podremos rescatar de la mayoría de los productos son normalmente las historias e información que hace que el producto se venda mejor.

Claro está que desde La Canasta queremos también que nuestros mercados se vendan mejor, pero esa no es nuestra motivación. Por el contrario, vender los mercados es solo una excusa y un medio para poder acercar al campo a la ciudad, para lograr que quienes vivimos en la ciudad entendamos de mejor manera las lógicas detrás de las decisiones que se toman en las fincas en el día a día. Desde la ciudad es muy habitual ir a un mercado y sentir que las cosas están muy caras por ejemplo, pero cuando entendemos toda la labor que hay detrás de un brócoli por ejemplo, es más fácil comprender que puede que el precio errado no sea el alto sino el bajo.

La semana pasada fuimos a la finca de Alex y entre varias personas alistamos el terreno para sembrar lechugas, espinacas, y calabacines si no nos falla la memoria. Después de arreglar el terreno y abonarlo con minerales y con el compost, sembramos varias plantulitas y las regamos para iniciar su proceso de crecimiento en tierra. Luego deshierbamos otra parcelita para permitir a los cultivos el crecimiento sin mucha competencia de otras matas.

Vivir esta experiencia nos permitió comprender mejor que detrás de los mercados hay mucho trabajo y cariño que les da un toque extra especial a nuestras canastas.

En efecto, detrás de cada canasta, cada semana, está el conocimiento de doña Anaís y su esposo Liborio que han cultivado la tierra desde niños en su tierra natal Usme y Sumapaz. También está la historia de don Pedrito, ahora presidente de ARAC en Subachoque que por problemas de salud ocasionados por sus trabajos previos, decidió para nuestra fortuna volver a cultivar como lo hacían sus ancestros y ahora nos brinda las delicias de su huerta. No podemos olvidar la incansable labor de doña María que desde su huerta en los cerros de Bogotá y con ayuda de don José su esposo, nos llenan las canastas de ricas y frescas lechugas entre otros. Detrás de los calabacines encontramos el empuje de Jairo que desde su finca en Aguabonita y con la invaluable sabiduría de Judith nos llenan las canastas de una variedad increíble de productos. Al saborear los cítricos recordamos la labor de Wilson y Mélida que los recolectan cada semana y los sacan en mula hasta la principal para embarcarlos en algún colectivo que los lleva a Fusa donde los recogemos. Y así podemos seguir llenando páginas y páginas.

Esta semana te invitamos a probar un rico Puré de papa con cubios, ahuyama y zanahoria


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15 Nov

Nuestro fin de semana y el mortiño

Este segundo puente de noviembre fue uno bastante movido y con un par de increíbles experiencias para nosotros. El viernes fuimos invitados a participar en un evento organizado, entre otras, por una comensal de La Canasta, con la participación de doña Anaís y su esposo don Liborio. Y el domingo estuvimos visitando la finca de Alex y su familia en Subachoque con un grupo de personas en un evento organizado por nuestros amigos de Con la cuchara no se juega.

El evento del viernes fue un gran encuentro entre personas y académicos de Bogotá por un lado y campesinos y campesinas habitantes de las zonas rurales de Usme y Sumapaz por el otro lado. Dentro del marco de una beca del Instituto Distrital de Patrimonio llamada “Campos, mercados y cocinas”, nuestros amigos se han investigado sobre 5 productos típicos de la zona rural de Usme y Sumapaz. Basados en exploraciones y entrevistas a pobladores de la zona, organizaron la primera parte de un evento en el cual las personas hicieron memoria sobre las historias, los sabores, las preparaciones y los saberes recibidos de sus ancestros y entre todos cocinamos con productos típicos de la zona, olvidados en muchos casos.

La cocinada trajo increíbles discusiones sobre como cada cual recuerda cada producto y entre todos hicimos un gran almuerzo con papa corneta, cubios, hierbas silvestres, mora silvestre, mortiño y uva caimarona, entre otros. Con la presencia de cocineras, comensales y campesinos y campesinas, pasamos un día lleno de intercambios de saberes y de cooperación, rescatando sabores y prácticas ancestrales. La segunda parte del evento cambiará en su dinámica un poco, pues la batuta de la cocinada pasará de los habitantes de la región a las dos cocineras que crearán, con ayuda de todos los demás, un almuerzo con los mismos ingredientes como base.

Fue ahí que conocimos el mortiño, que Anaís y Liborio cosecharon, como lo hacían sus respectivos padres una vez al año cuando estos frutos silvestres están disponibles. Liborio se trepa a los espinosos árboles como si tuviera 20 años y baja estos ricos frutos que muchos de ustedes recibirán en sus canastas de hoy para que prueben haciendo una mermelada, un rico jugo, o comiendo así no más. Anaís recuerda que de niños comían hasta quedar con la lengua negra como un perro chau chau :).

El domingo, con las memorias del primer evento aún frescas, fuimos con un grupo de personas de Bogotá a conocer un poco más sobre el día a día de Alex en Subachoque. La primera parada fue en el punto de venta de ARAC en la plaza, donde nos contaron sobre ARAC y La Canasta al tiempo que tomábamos un rico refrigerio. De ahí seguimos para la finca de Alex, donde el, doña Paulina y María nos enseñaron a preparar un terreno para sembrarlo e incluso sembramos repollos, brócolis, lechugas y calabacines. Aprendimos a usar el azadón y a abonar con compost y minerales para preparar el suelo. Luego tomamos un rico almuerzo y concluimos la jornada aprendiendo a reconocer qué hierbas arrancar y cuáles son las sembradas para limpiar las camas y retirarle la competencia a los cultivos.

Esta semana, intenten probar el Jugo de mortiño


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27 Sep

Lo que hay detrás de una canasta

Como hemos escrito en varias ocasiones, si bien La Canasta es un mercado que llega a nuestras casas cada semana, consideramos que hemos logrado construir mucho más que un mercado. Detrás de éste hay un grupo de personas que ha recibido los alimentos, y las ha empacado en cada caja con mucho cariño, tomando decisiones dependiendo de las cantidades de cada producto que hayan llegado de las fincas y el estado de éstos.

También están todas las personas que han ido a las fincas a recoger los productos y los han traído a Bogotá. También intervienen todas las manos que han transformado, procesado o empacado los diferentes productos, usando recetas y técnicas diversas, pensando siempre en producir alimentos saludables y ricos para los comensales. Y lógicamente están todas las manos campesinas que han sembrado las semillas o las plántulas en sus fincas, han cuidado los suelos, han regado y cuidado las plantas para cosechar los alimentos.

Detrás de cada canasta hay un mundo entero de relaciones entre personas, animales y la naturaleza, con toda la complejidad que esto conlleva. Se tejen amistades, se perfeccionan técnicas, se comparten saberes, se aprende, se hacen experimentos para mejorar, se ríe, se llora, se pierden cosechas, se alimentan muchas bocas, etc. Día tras día se construye y fortalece esta red a la que pertenecemos y que está enmarcada en lógicas como la agroecología, la economía social y solidaria y el consumo consciente y responsable.

Para no ir muy lejos está don Humberto, quien nos colabora desde su rol como transportador, tanto para traer los productos desde las fincas hasta Bogotá como para distribuirlos a sus casas los miércoles. Don Humberto está con La Canasta desde sus primeras semanas y ha ido ganándose la confianza y el cariño de la mayoría de quienes interactuamos con el día a día. Para ilustrar esto, don Humberto ya no tiene que preocuparse por su alimentación los martes, pues al llegar a La Pradera a recoger los productos que acopian allí los productores de Subachoque, siempre lo reciben con un rico desayunito para hacerle frente al frío de la madrugada en esas tierras. Hacía el medio día va a recoger productos a donde doña María, quien le tiene listo el almuercito para que pueda seguir haciéndole frente al día. Y hasta ahí sabemos, pero no nos extrañaría que en las otras paradas que hace don Humberto por aquí y por allá durante el día, le tengan también cafecito, onces o medias nueves. ¡Y muy merecidas!

Esta historia, es solo una que ilustra las relaciones positivas que se han ido construyendo con la disculpa de distribuir mercados, eso si basados en lógicas que facilitan estas relaciones. ¡Esperamos, con la participación de todas las partes involucradas, seguir construyendo esta red y generando los impactos positivos logrados hasta ahora!

Esta semana, te invitamos a probar unas ricas Croquetas de quinua y plátano


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20 Sep

Los paisajes cambiantes en el campo

La semana pasada estuvimos visitando a don Fabriciano, su hermano y su papá en su bella finca en la Provincia de Marquez, cerca del pueblo de Boyacá en Boyacá. Para llegar allá fuimos por la principal y llegando al Puente de Boyacá nos desviamos y empezamos a internarnos en los bellos campos boyacenses. Tan pronto se abandona la autopista de doble calzada y se reduce la velocidad, se logra disfrutar más de los bonitos paisajes.

Desafortunadamente, hay paisajes que nos son tan bonitos, pues prácticas de agricultura convencional tienden a quemar toda la vida que tienen los suelos para prepararlos. Se aplican productos para “limpiar” y preparar el terreno resultando en lotes erosionados que necesitan ser manejados con agroquímicos para poder producir algo. En fin, no queremos entrar en detalles con respecto a esto, pero es imposible no mencionarlo.

El caso es que si bien hace un par de meses habíamos visitado a don Fabriciano también, los puntos de referencia crecen, se cosechan, se siembran de nuevo y etc. Solamente al llegar a la finca, casi que no reconocemos la entrada, pues la parcela que estaba casi pelada en marzo, que tenía algunas siembras de cebolla, zanahoria y arracacha en abril, estaba ahora llena de matas de maíz rojo, papa, cebolla, zanahoria, ajo, etc. Y definitivamente en fases de maduración distintas.

Seguimos subiendo hacia la casa y los sembrados que la rodeaban que eran arracachas, fríjoles y algunos otros productos, estaban complementados por pepino de guiso, lentejas, maíz y muchas otras matas. Mejor dicho, el paisaje de toda la finca va cambiando permanentemente. Cambiando de tipo de matas, de color, de olor, de altura de densidad, etc. Todo esto gracias a la rotación y complementariedad de cultivos que se maneja en la agroecología.

Entre era y era de maíces se va sembrando papa, lenteja o fríjol, por ejemplo. También es interesante ver cómo ciertos cultivos se dejan secar en la mata para luego si cosecharlos, como las habas que no tienen tanta salida cuando están verdes, entonces don Fabriciano las deja secar completamente en la mata y luego las cosecha y las usa para moler y hacer harinas o simplemente las guarda y reproduce. Labor increíble y muy loable la que tienen ellos como guardianes de semillas. ¡Gracias a ellos por esto!

Para la vuelta decidimos irnos por vías pequeñas y vimos algo que nos llamó mucho la atención al pasar por la zona de Tibaná y alrededores, tierras donde se cultivan muchos frutales como durazno, ciruela, manzana y pera. En los cultivos, los árboles estaban pelados, no tenían ni una hojita… Pues resulta que les echan químicos para que suelten las hojas y toda la energía se concentre en sacar muchos y grandes frutos para maximizar productividad. Y si bien eso también hace que los paisajes cambien, qué pasa con los suelos, las personas que viven por ahí, los comensales y las fuentes de agua, qué efectos tienen estas prácticas, nos preguntamos.

En nuestra visita, nos prepararon un rico Cocido de habas


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