13 Dic

La Canasta Participativa

El sábado que pasó tuvimos la Asamblea Anual de La Canasta. Éste, como todos los años, tuvimos un muy grato encuentro entre muchos de los productores y productoras, algunos comensales y el equipo de La Canasta.

Para quienes no saben, La Canasta es una fundación y La Asamblea es uno de los órganos de decisión más importantes de la organización. La Asamblea de La Canasta está compuesta por representantes de cada uno de los grupos de productores, por comensales que estén matriculados o hayan recibido canastas periódicamente en el último año y por los gestores de La Canasta. En esta reunión anual se hace un reporte sobre el año que acaba y se toman decisiones sobre el futuro de la organización. La reunión ha sido siempre un muy bonito encuentro entre todas las partes que hacen parte de esta red y año tras año se fortalece más este espacio, pues las caras son las mismas y las discusiones son cada vez más interesantes.

Algo que nos parece muy gratificante y diciente es que, si bien las decisiones se deben tomar por votación, siempre hemos logrado tomar todas las decisiones por consenso entre todas las partes. Normalmente, el equipo de La Canasta presenta la información necesaria para poder tomar decisiones informadas y luego se generan charlas y discusiones al respecto y al final siempre ha habido consenso y no ha sido necesario votar para decidir.

La Asamblea de este año fue particular, pues siempre se había llevado a cabo en Bogotá, en el centro de acopio de La Canasta, y esta vez decidimos combinarla con una despedida del año y hacerla en Subachoque. Éramos alrededor de 40 personas, todas enfocadas en el mismo tema y se generaron intercambios y discusiones muy interesantes que nos hubieran dado para muchas horas de reunión, pero “desafortunadamente” teníamos un rico almuerzo y música de carranga programadas para la tarde y nos tocó interrumpir las discusiones y deliberaciones para darle paso a un poco de descanso. Las charlas siguieron, pero ya particulares y no entre todas las personas juntas.

Terminó el día y quedamos con mucha alegría de ver como esta red entre el campo y la ciudad está funcionando tan bien y como se han estrechado lazos entre todas las partes que hacemos parte de este sueño que es La Canasta.

Ahora los dejamos con la receta de la deliciosa sopa que preparamos ese día en fogata. Sopa de verduras y cebada


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30 Nov

Viajando a la Colombia rural

Impresiones de la visita de A.R.A.C. a A.P.A.C.R.A. (Asociación de productores Agroecológicos de la cuenca del río Anaime, ubicada en Cajamarca- Tolima). Relato escrito por Alexandra y Andrés, miembros de A.R.A.C. en Subachoque.

Al subirnos al bus que arrancaba desde Subachoque, nuestra vecina de silla anunció que a Cajamarca la llamaban la “Despensa de Colombia”, eso resultaba un pronóstico inquietante para un grupo de productores que estaba viajando 200 kilómetros para reconocer a otros colegas de oficio, quienes habían resuelto hace años asociarse y seguían unidos trabajando después del tiempo.

Acercándonos a nuestro destino, desde la ventana rápidamente nos percatamos que cada centímetro de tierra se aprovecha para sembrar. Nuestra impresión era un paisaje impactante desde el contraste de donde veníamos, no se encontraban extensiones de pastos para vacas o podados jardines destinados a la contemplación y al descanso, a rugidos el paisaje mostraba que la tierra estaba trabajada para producir comida.
Deslumbrados desde los caminos, a lo lejos veíamos cuerdas y cuerdas de cultivos tutoriados como frijol, habichuela,  maracuyá y otras frutas; sorprendidos pensábamos que en nuestra tierra lo único que se cuelga es la arveja(!). Cajamarca es el mayor productor de arracacha y frijol en Colombia, además se encuentran importantes siembras de gulupa y tomate bajo cubierta.

La gran productividad de estos terrenos se debe a los minerales que han arrojado las erupciones del volcán Machín, el cual sigue aún activo. Estos cultivos se dan en laderas con una pendiente hasta del 75%, y al momento de sacar las cosechas, estos retos geográficos se resuelven con mulas y clásicos vehículos Carpaty.

Yolanda, una líder de A.P.R.A.C.A., que honra y rescata con su práctica la tradición de sus ancestros, nos relata que el municipio tiene cerca de 100 años de fundado y este retraso se debe a la resistencia que ofrecieron los indios Pijaos, mientras que sus familias llegaron de Boyacá admirados por la abundancia de agua y la fertilidad de la tierra. La herencia de estas dos fuertes culturas ha permitido que hoy el pueblo de Cajamarca se levantara y dijera no más ante un ambicioso proyecto de minería y al mismo tiempo exista una asociación campesina liderada por mujeres que buscan autonomía siguiendo los parámetros de la agroecología.

 A.P.A.C.R.A. involucra a 50 personas pertenecientes a 13 familias, que han construido su proceso a lo largo de los 12 años que llevan formalmente asociadas, en su búsqueda han encontrado en los productos procesados un renglón de importancia para su economía. Estos productos procesados utilizan de manera importante las materias primas que producen sus huertas. Gracias a la creatividad culinaria de este grupo, han desarrollado originales productos como el manjar de arracacha, galletas de chachafruto y yogurt de zanahoria entre otros.

Regresamos admirados de la Colombia Rural, donde todavía hay muchos campesinos, donde se cultiva en abundancia los alimentos y hay organizaciones sociales trabajando. Un país muy rural que hay que cuidar y apoyar en su labor.

Y como aprendimos allá: Moneditas de plátano guineo


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23 Nov

Todo lo que hay detrás…

Cada semana, los miércoles como hoy, entregamos las canastas que nos pidieron desde la semana anterior. Muy probablemente se podrán imaginar que detrás de los alimentos que llegan cada semana hay muchas manos, historias, personas, lugares y actividades. Una de las razones de ser de La Canasta es precisamente el visibilizar todo lo que hay detrás de un alimento que recibimos en la puerta de nuestra casa. Cuando vamos a un mercado cualquiera, las historias que podremos rescatar de la mayoría de los productos son normalmente las historias e información que hace que el producto se venda mejor.

Claro está que desde La Canasta queremos también que nuestros mercados se vendan mejor, pero esa no es nuestra motivación. Por el contrario, vender los mercados es solo una excusa y un medio para poder acercar al campo a la ciudad, para lograr que quienes vivimos en la ciudad entendamos de mejor manera las lógicas detrás de las decisiones que se toman en las fincas en el día a día. Desde la ciudad es muy habitual ir a un mercado y sentir que las cosas están muy caras por ejemplo, pero cuando entendemos toda la labor que hay detrás de un brócoli por ejemplo, es más fácil comprender que puede que el precio errado no sea el alto sino el bajo.

La semana pasada fuimos a la finca de Alex y entre varias personas alistamos el terreno para sembrar lechugas, espinacas, y calabacines si no nos falla la memoria. Después de arreglar el terreno y abonarlo con minerales y con el compost, sembramos varias plantulitas y las regamos para iniciar su proceso de crecimiento en tierra. Luego deshierbamos otra parcelita para permitir a los cultivos el crecimiento sin mucha competencia de otras matas.

Vivir esta experiencia nos permitió comprender mejor que detrás de los mercados hay mucho trabajo y cariño que les da un toque extra especial a nuestras canastas.

En efecto, detrás de cada canasta, cada semana, está el conocimiento de doña Anaís y su esposo Liborio que han cultivado la tierra desde niños en su tierra natal Usme y Sumapaz. También está la historia de don Pedrito, ahora presidente de ARAC en Subachoque que por problemas de salud ocasionados por sus trabajos previos, decidió para nuestra fortuna volver a cultivar como lo hacían sus ancestros y ahora nos brinda las delicias de su huerta. No podemos olvidar la incansable labor de doña María que desde su huerta en los cerros de Bogotá y con ayuda de don José su esposo, nos llenan las canastas de ricas y frescas lechugas entre otros. Detrás de los calabacines encontramos el empuje de Jairo que desde su finca en Aguabonita y con la invaluable sabiduría de Judith nos llenan las canastas de una variedad increíble de productos. Al saborear los cítricos recordamos la labor de Wilson y Mélida que los recolectan cada semana y los sacan en mula hasta la principal para embarcarlos en algún colectivo que los lleva a Fusa donde los recogemos. Y así podemos seguir llenando páginas y páginas.

Esta semana te invitamos a probar un rico Puré de papa con cubios, ahuyama y zanahoria


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15 Nov

Nuestro fin de semana y el mortiño

Este segundo puente de noviembre fue uno bastante movido y con un par de increíbles experiencias para nosotros. El viernes fuimos invitados a participar en un evento organizado, entre otras, por una comensal de La Canasta, con la participación de doña Anaís y su esposo don Liborio. Y el domingo estuvimos visitando la finca de Alex y su familia en Subachoque con un grupo de personas en un evento organizado por nuestros amigos de Con la cuchara no se juega.

El evento del viernes fue un gran encuentro entre personas y académicos de Bogotá por un lado y campesinos y campesinas habitantes de las zonas rurales de Usme y Sumapaz por el otro lado. Dentro del marco de una beca del Instituto Distrital de Patrimonio llamada “Campos, mercados y cocinas”, nuestros amigos se han investigado sobre 5 productos típicos de la zona rural de Usme y Sumapaz. Basados en exploraciones y entrevistas a pobladores de la zona, organizaron la primera parte de un evento en el cual las personas hicieron memoria sobre las historias, los sabores, las preparaciones y los saberes recibidos de sus ancestros y entre todos cocinamos con productos típicos de la zona, olvidados en muchos casos.

La cocinada trajo increíbles discusiones sobre como cada cual recuerda cada producto y entre todos hicimos un gran almuerzo con papa corneta, cubios, hierbas silvestres, mora silvestre, mortiño y uva caimarona, entre otros. Con la presencia de cocineras, comensales y campesinos y campesinas, pasamos un día lleno de intercambios de saberes y de cooperación, rescatando sabores y prácticas ancestrales. La segunda parte del evento cambiará en su dinámica un poco, pues la batuta de la cocinada pasará de los habitantes de la región a las dos cocineras que crearán, con ayuda de todos los demás, un almuerzo con los mismos ingredientes como base.

Fue ahí que conocimos el mortiño, que Anaís y Liborio cosecharon, como lo hacían sus respectivos padres una vez al año cuando estos frutos silvestres están disponibles. Liborio se trepa a los espinosos árboles como si tuviera 20 años y baja estos ricos frutos que muchos de ustedes recibirán en sus canastas de hoy para que prueben haciendo una mermelada, un rico jugo, o comiendo así no más. Anaís recuerda que de niños comían hasta quedar con la lengua negra como un perro chau chau :).

El domingo, con las memorias del primer evento aún frescas, fuimos con un grupo de personas de Bogotá a conocer un poco más sobre el día a día de Alex en Subachoque. La primera parada fue en el punto de venta de ARAC en la plaza, donde nos contaron sobre ARAC y La Canasta al tiempo que tomábamos un rico refrigerio. De ahí seguimos para la finca de Alex, donde el, doña Paulina y María nos enseñaron a preparar un terreno para sembrarlo e incluso sembramos repollos, brócolis, lechugas y calabacines. Aprendimos a usar el azadón y a abonar con compost y minerales para preparar el suelo. Luego tomamos un rico almuerzo y concluimos la jornada aprendiendo a reconocer qué hierbas arrancar y cuáles son las sembradas para limpiar las camas y retirarle la competencia a los cultivos.

Esta semana, intenten probar el Jugo de mortiño


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27 Sep

Lo que hay detrás de una canasta

Como hemos escrito en varias ocasiones, si bien La Canasta es un mercado que llega a nuestras casas cada semana, consideramos que hemos logrado construir mucho más que un mercado. Detrás de éste hay un grupo de personas que ha recibido los alimentos, y las ha empacado en cada caja con mucho cariño, tomando decisiones dependiendo de las cantidades de cada producto que hayan llegado de las fincas y el estado de éstos.

También están todas las personas que han ido a las fincas a recoger los productos y los han traído a Bogotá. También intervienen todas las manos que han transformado, procesado o empacado los diferentes productos, usando recetas y técnicas diversas, pensando siempre en producir alimentos saludables y ricos para los comensales. Y lógicamente están todas las manos campesinas que han sembrado las semillas o las plántulas en sus fincas, han cuidado los suelos, han regado y cuidado las plantas para cosechar los alimentos.

Detrás de cada canasta hay un mundo entero de relaciones entre personas, animales y la naturaleza, con toda la complejidad que esto conlleva. Se tejen amistades, se perfeccionan técnicas, se comparten saberes, se aprende, se hacen experimentos para mejorar, se ríe, se llora, se pierden cosechas, se alimentan muchas bocas, etc. Día tras día se construye y fortalece esta red a la que pertenecemos y que está enmarcada en lógicas como la agroecología, la economía social y solidaria y el consumo consciente y responsable.

Para no ir muy lejos está don Humberto, quien nos colabora desde su rol como transportador, tanto para traer los productos desde las fincas hasta Bogotá como para distribuirlos a sus casas los miércoles. Don Humberto está con La Canasta desde sus primeras semanas y ha ido ganándose la confianza y el cariño de la mayoría de quienes interactuamos con el día a día. Para ilustrar esto, don Humberto ya no tiene que preocuparse por su alimentación los martes, pues al llegar a La Pradera a recoger los productos que acopian allí los productores de Subachoque, siempre lo reciben con un rico desayunito para hacerle frente al frío de la madrugada en esas tierras. Hacía el medio día va a recoger productos a donde doña María, quien le tiene listo el almuercito para que pueda seguir haciéndole frente al día. Y hasta ahí sabemos, pero no nos extrañaría que en las otras paradas que hace don Humberto por aquí y por allá durante el día, le tengan también cafecito, onces o medias nueves. ¡Y muy merecidas!

Esta historia, es solo una que ilustra las relaciones positivas que se han ido construyendo con la disculpa de distribuir mercados, eso si basados en lógicas que facilitan estas relaciones. ¡Esperamos, con la participación de todas las partes involucradas, seguir construyendo esta red y generando los impactos positivos logrados hasta ahora!

Esta semana, te invitamos a probar unas ricas Croquetas de quinua y plátano


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20 Sep

Los paisajes cambiantes en el campo

La semana pasada estuvimos visitando a don Fabriciano, su hermano y su papá en su bella finca en la Provincia de Marquez, cerca del pueblo de Boyacá en Boyacá. Para llegar allá fuimos por la principal y llegando al Puente de Boyacá nos desviamos y empezamos a internarnos en los bellos campos boyacenses. Tan pronto se abandona la autopista de doble calzada y se reduce la velocidad, se logra disfrutar más de los bonitos paisajes.

Desafortunadamente, hay paisajes que nos son tan bonitos, pues prácticas de agricultura convencional tienden a quemar toda la vida que tienen los suelos para prepararlos. Se aplican productos para “limpiar” y preparar el terreno resultando en lotes erosionados que necesitan ser manejados con agroquímicos para poder producir algo. En fin, no queremos entrar en detalles con respecto a esto, pero es imposible no mencionarlo.

El caso es que si bien hace un par de meses habíamos visitado a don Fabriciano también, los puntos de referencia crecen, se cosechan, se siembran de nuevo y etc. Solamente al llegar a la finca, casi que no reconocemos la entrada, pues la parcela que estaba casi pelada en marzo, que tenía algunas siembras de cebolla, zanahoria y arracacha en abril, estaba ahora llena de matas de maíz rojo, papa, cebolla, zanahoria, ajo, etc. Y definitivamente en fases de maduración distintas.

Seguimos subiendo hacia la casa y los sembrados que la rodeaban que eran arracachas, fríjoles y algunos otros productos, estaban complementados por pepino de guiso, lentejas, maíz y muchas otras matas. Mejor dicho, el paisaje de toda la finca va cambiando permanentemente. Cambiando de tipo de matas, de color, de olor, de altura de densidad, etc. Todo esto gracias a la rotación y complementariedad de cultivos que se maneja en la agroecología.

Entre era y era de maíces se va sembrando papa, lenteja o fríjol, por ejemplo. También es interesante ver cómo ciertos cultivos se dejan secar en la mata para luego si cosecharlos, como las habas que no tienen tanta salida cuando están verdes, entonces don Fabriciano las deja secar completamente en la mata y luego las cosecha y las usa para moler y hacer harinas o simplemente las guarda y reproduce. Labor increíble y muy loable la que tienen ellos como guardianes de semillas. ¡Gracias a ellos por esto!

Para la vuelta decidimos irnos por vías pequeñas y vimos algo que nos llamó mucho la atención al pasar por la zona de Tibaná y alrededores, tierras donde se cultivan muchos frutales como durazno, ciruela, manzana y pera. En los cultivos, los árboles estaban pelados, no tenían ni una hojita… Pues resulta que les echan químicos para que suelten las hojas y toda la energía se concentre en sacar muchos y grandes frutos para maximizar productividad. Y si bien eso también hace que los paisajes cambien, qué pasa con los suelos, las personas que viven por ahí, los comensales y las fuentes de agua, qué efectos tienen estas prácticas, nos preguntamos.

En nuestra visita, nos prepararon un rico Cocido de habas


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13 Sep

“La lucha por la tierra es la defensa de la vida”

Para llegar a la casa de doña Anaís hay que coger un busesito que sube durante casi una hora por las lomas de Ciudad Bolívar. El paisaje cambia poco a poco, la carretera transita por barrios populares, pasa por el botadero de basura de doña Juana (ese lugar incómodo que pocos bogotanos conocemos y todos hemos construido), y luego se transforma en hermosas montañas verdes, llenas de neblina y cultivos de papa. Es increíble notar que dentro de la caótica ciudad de Bogotá sigue existiendo un pequeño espacio para la ruralidad, para el trabajo de los campesinos que entregan su energía vital en cuidar nuestro alimento.

Doña Anaís es una campesina particular. Ella nunca se dejó convencer por la institucionalidad que llegó desde los años 80’s a entregar químicos para ‘mejorar’ la producción de papa. En vez de apoyar la deforestación y los monocultivos, empezó a cuidar los árboles que protegen los nacederos de agua de su territorio y vive comprometida con distintas luchas que buscan el bienestar de la naturaleza. Frente a su casa está la escuela de la vereda Santa Bárbara que da la bienvenida con un mural amarillo que dice “La lucha por la tierra es la defensa de la vida”, una frase que resume el trabajo cotidiano de doña Anaís.

Actualmente su lucha está enfocada en proteger su territorio, que es una fuente de agua fundamental para todos los bogotanos. Hay diversas instituciones que están empezando a organizar actividad turística por los páramos que componen este territorio, y doña Anaís insiste en que el turismo no sólo es nocivo para los campesinos sino que empieza a poner en riesgo los nacimientos de agua que abastecen la ciudad. Todo este trabajo en el que está enfocada doña Anaís en este momento, hace que hoy no sea posible organizar una visita a su finca, como teníamos la intención de proponer para quienes quisieran conocer su trabajo y territorio. Hoy, ella está comprometida con la vida, con cuidar el agua y la naturaleza para que todos nosotros estemos bien. Su lucha por el territorio, aunque en la Bogotá urbana no seamos consciente de ello, es una lucha para mantener nuestro bienestar. Este escrito es un pequeño homenaje a doña Anaís, que aunque hoy no nos puede recibir en su casa, está entregando su trabajo por nuestra agua y nuestra vida.

Por ahora seguimos buscando la manera de organizar salidas a otras fincas de esta Red, y aunque este mes ya no podremos realizar la visita que teníamos en mente, muchas otras cosas bonitas se vienen para recordar que Con la cuchara no se juega.

Esta semana escribe una de nuestras amigas del colectivo Con la cuchara no se juega, que entre otros temas, está cooperando con La Canasta para organizar visitas grupales a diversas fincas de nuestra Red. ¡Muchas gracias!

Para aprovechar las papas que nos manda doña Anaís esta semana: Puré de papa y cubio con kale


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30 Ago

La cebada y el trigo Colombianos

Cada vez que se toca el tema de la siembra de cereales con campesinos de tierras altas de la región, la respuesta es similar. La producción de cereales como el trigo y la cebada era muy común hace unas décadas, principalmente en los departamentos de Nariño, Cundinamarca y Boyacá, en tierras entre unos 2,200 y unos 2,800 msnm. En la primera parte de la década de los 90, a raíz de la apertura de la economía nacional, se empezaron a importar cereales de USA, entre otros. Según los campesinos, hubo una campaña bastante agresiva para desprestigiar la calidad de los cereales nacionales, se decía que no eran tan buenos como los importados.

Desde otra perspectiva, los cereales importados venían a precios con los que el mercado local no podía competir, debido a los volúmenes y los subsidios que tenían estos en USA, por ejemplo. Tan pronto se terminó un convenio que existía entre la Federación Nacional de Cerealistas (Fenalce) y la industria maltera, la demanda de los cereales nacionales se vino a pique y asimismo los cultivos.

Jaime, quien ha vuelto a producir cebada y prontamente también trigo, en su finca en Ubaté y quien nos envía la cebada que recibimos esta semana, nos cuenta que es triste ver campos abandonados en la zona que hace algunas décadas estaban dedicados a siembras de cereales. Y las anécdotas de Jaime concuerdan totalmente con las que nos cuentan en Subachoque también, por ejemplo.

Jaime se acuerda que los cultivos de trigo y cebada que tenía su papá en la finca se acabaron por el desprestigio que se les dio a éstos con respecto a los cereales importados y porque las malterías de Bavaria en Tibitó dejaron de comprarles. Más de 20 años después, Jaime comenzó a sembrar cebada de nuevo. Hace dos años retomó estos procesos y hoy en día está muy contento con la decisión y los resultados. La cebada es rústica en su naturaleza y por lo tanto bastante fuerte como cultivo.

Nos cuenta que lo más importante es preparar los suelos muy bien, el los trabaja con humus de lombriz y hace lo posible porque estén libres de malezas y pasto para que la cebada pueda germinar bien. Una vez germina, con buena agua ojalá, es cuestión de esperar unos 4 meses para que esté espigado y se deja secar para cosecharse, luego se pasa por una trilladora para separar los granos y los tallos, que también usa para otros cultivos. Por último se perla el grano en una especie de molino para quitarle la cutícula.

Esperamos que las iniciativas de Jaime, de muchos otros campesinos que están volviendo a sembrar cereales, de molinos tradicionales que están volviendo a utilizarse sean fructíferas y podamos volver a alimentarnos con cereales locales.

Esta semana te invitamos a probar una rica Sopa de cebada con habas, arveja y zanahoria. Desde ahora puedes pedir cebada perlada para tus canastas. Click aquí.


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26 Jul

Cálculo de cantidades de cosecha

Todas las semanas nos comunicamos con cada una de las fincas que hacen parte de esta Red para que las personas cultivando los alimentos nos digan de qué productos y en qué cantidades podremos disponer para armar nuestras canastas. Hace algunos años cuando estábamos empezando con La Canasta, nos quejábamos mucho porque el nivel de incertidumbre en este proceso era muy grande. Nos decían que había 20 libras de papa disponible, por ejemplo, pedíamos las 20 y nos llegaban solo 15 algunas veces y otras nos llamaban el día del empaque para decirnos que les habían salido 25, que si las podíamos usar.

Hoy en día la situación es muy diferente y el nivel de confiabilidad que tenemos con respecto a las cantidades que nos dan es muy alto. Por eso es fácil olvidar que el ejercicio de estimar cantidades de cosecha no es fácil y requiere mucha experiencia y suerte si se quiere. Hay muchas variables que influyen en los volúmenes que se pueden cosechar. Sin entrar mucho en detalles, el clima juega un rol primordial en esto y como bien sabemos, el clima es impredecible y cada vez más con el tema del cambio climático. Si hace sol, si llueve, si cae granizo, etc, los productos maduran o crecen más o menos rápido.

Con la experiencia que tienen los campesinos es que ellos pueden estimar qué y cuánto más o menos se podrá cosechar unos días después, pero para nosotros es un enigma de la naturaleza. Wilson se para en frente del lote donde tiene algunos árboles de mango, y con tan solo verlos se atreve a decir que hay unas 70 libras de mango listo para cosechar. Nosotros hubiésemos estimado entre 10 y 200 libras para no equivocarnos.

Ahora bien, como esto no son cálculos matemáticos, los estimados pueden fallar un poco, como fue el caso esta semana que con el verano que se está viviendo en El Boquerón, los mangos maduraron mucho más rápido de lo que Wilson pensaba. Y como nos explicó el, “usted sabe que cuando un mango se madura, eso es de una que se madura”. Es por esto que muchos de los mangos que llegan hoy en sus canastas están bien maduros y eventualmente sufrieron un poco en los transportes. ¡Les recomendamos usarlos lo más pronto posible! Pues el viernes cuando Wilson nos dijo que había 40 libras de mango disponibles, los mangos no parecía que fueran a madurar tan rápido aparentemente. Nosotros decidimos pedirle 38 libras el sábado y ayer al cosecharlos se dio cuenta que estaban maduros y ya a esas alturas reemplazar 38 libras por otra fruta era muy difícil.

En fin, parte de pertenecer a esta Red de consumo responsable, es asumir solidariamente parte de los riesgos que implica la producción de productos frescos y perecederos y que éstos no recaigan únicamente en los campesinos. La buena noticia es que los mangos están muy bonitos, un poco blanditos, pero en buen estado. De cualquier forma, estamos mandando un poco extra de otros productos que llegaron de más para compensar.

Esta semana, los invitamos a probar un rico Batido de mango con yogurt natural


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19 Jul

Cosechas y temporadas de productos

El tema de las cosechas es algo que los habitantes de lugares con estaciones tienen muy internalizado dentro de su cultura. En lugares tropicales, donde las variaciones en el clima no son tan extremas, el tema de las cosechas es algo un poco más complejo.

Si bien cada planta tiene sus respectivos ritmos, las condiciones climáticas y los suelos en cada lugar tienen también un impacto en los tiempos naturales de los ciclos de cada planta. De esta manera, una yuca por ejemplo, dura 10 meses en algunos sitios y 14 meses en otros. Entre menor altura sobre el nivel del mar, más rápido tienden a madurar los productos. No obstante, ésta no es la única variable que tiene impacto sobre los tiempos y mucho menos sobre las características de los productos. El sol, la lluvia, las temperaturas, los suelos, las otras plantas que estén creciendo alrededor, etc determinan los tiempos de maduración y características de cada producto.

También tenemos diferentes tipos de plantas. Por un lado tenemos los frutos que vienen de árboles, como la mayoría de los cítricos, las manzanas, peras, duraznos, etc que aquí en el trópico tienen 2 cosechas por año típicamente. Una grande y otra en la que no se obtienen cantidades tan grandes de frutos. Dependiendo también del clima en cada una de las etapas de desarrollo de los frutos, la cosecha será más o menos grande y vendrá un poco antes o un poco después. Y cómo mencionamos antes, éstas cosechas llegan a destiempo entre un lugar y otro y es por eso que para los comensales en las grandes ciudades pareciera que siempre hubiera cosecha de naranjas por ejemplo.

Por otro lado tenemos plantas como las moras que dan frutos de manera más constante y toca estarlas podando y alimentando sus suelos permanentemente para que den buenos frutos. También hay plantas que son enredaderas como la curuba, la guatila, el tomate, la granadilla y muchas otras que tienen ciclos, pero que no están tan definidos por las épocas del año como los árboles que mencionamos anteriormente. Estas normalmente dan cierto número de cosechas o de frutos y luego toca reemplazarlas porque bajan mucho la cantidad y calidad de los frutos que dan.

Luego existen las hortalizas que se siembran, crecen, maduran y se cosechan. De este tipo hay algunas como la cebolla, la lechuga y la espinaca por ejemplo que se siembran y cuando alcanzan su madurez, se arrancan de raíz y otras en la que la misma mata puede producir varios frutos como el calabacín o incluso que se cortan y vuelven a crecer como el apio por ejemplo.

Dentro de la producción agroecológica, es clave que en cada finca haya variedad de cultivos y que éstos se roten y complementen unos a otros. Si se tienen en cuenta entonces las múltiples variables presentes en una finca, entenderemos que es la experiencia la que permite que cada vez entendamos mejor el manejo de cada finca y logremos sembrar las cantidades y variedades en los momentos adecuados, para lograr canastas variadas y ricas. Ahora hay cosecha de naranjas donde Wilson en El Boquerón y varias de sus canastas vienen con naranja de ñapa.

Esta semana te invitamos a probar un rico Jugo de carambolo


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