31 Oct

Relevo generacional en el campo

Hoy les queremos contarles algunas historias que con seguridad se repiten en otros rincones de Colombia.

Julio y Alexandra, después de trabajar en La Canasta y en el Mercado Orgánico, movidos por una fuerte convicción se fueron a vivir a una finca en Chipaque y se dedicaron a cultivar hortalizas y hierbas y especias para luego deshidratarlas. A pesar de trabajar duro, éste esfuerzo no es suficiente para vivir únicamente del campo y menos empezando. Por esto, Julio decidió volver a trabajar en el equipo de La Canasta por un tiempo para garantizar una entrada fija que les ayude a seguir con su proyecto en la finca.

Víctor y Lorena terminaron recientemente su carrera universitaria de geografía en Bogotá y se mudaron a una finca en Choachí, cerca de donde el padre de Víctor tiene su finca y donde Victor cultivaba papas criollas de vez en cuando. Ellos quieren trabajar la tierra con prácticas agroecológicas y por eso decidieron instalarse allá, pues de otra manera es difícil que otras personas lo hagan así. Ahora cultivan papas nativas, berenjenas, zanahorias y otros productos que muchas veces hemos enviados en las canastas. Ahora también, con el objetivo de diversificar sus actividades para alcanzar mayores ingresos económicos, están realizando talleres dirigidos a personas interesadas en vivir y conocer la producción ecológica y sostenible de alimentos (si deseas más información, pregúntanos).

Sebastián, un joven terminando su carrera de servicio social, comenzó con un cultivo de maracuyá en los llanos orientales, en la finca donde vive su familia. Trabajó duro y sostuvo prácticas agroecológicas en su cultivo. También este maracuyá llegó a muchos comensales de La Canasta. Al graduarse se le presentó una oportunidad laboral en Bogotá e intentó continuar con el cultivo buscando trabajadores para que le ayudaran, pero se dio cuenta que no lo cuidaban como el quería, porque lamentablemente, hoy en día, en el campo es difícil conseguir quien trabaje la tierra y menos aún de forma agroecológica. Desafortunadamente tuvo que acabar con el cultivo hasta que él mismo pueda dedicarse a este.

Estas historias nos han llevado a reflexionar sobre lo valientes y valiosas que son las personas que se quedan en el campo produciendo alimentos en pequeña escala, conservando prácticas agroecológicas antiguas, preservando semillas nativas, también los que han salido de la ciudad para apostarle a un estilo de vida distinto, cercano a la tierra, cuidando los recursos naturales, aplicando la agroecología para la producción de alimentos.

Los jóvenes nacidos en el campo no quieren relevar a sus padres, porque no es fácil vivir del trabajo del campo, requiere esfuerzo, convicción, perseverancia, pero además se requiere tener la capacidad de moverse en el mercado y tocar puertas para comercializar los productos.

Esta semana los invitamos a probar una rica Pasta con salsa roja y verde


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24 Oct

¿Superalimento?

* Es el que se paga a precio justo al campesino.

* El que no contamina el agua y usa agua pura para riego.

* El que en su producción ayuda a mitigar el cambio climático

* El que viene de suelos y paisajes llenos de vida.

* El que promueve lo local y lo nativo

* El que no usa cantidades innecesarios de empaques plásticos.

En varias ocasiones hemos escrito sobre los superalimentos, incluso hace unas semanas hubo un taller en nuestra @CasaAgroecologica sobre el kale, uno de los superalimentos más populares en los últimos años. No obstante, en La Canasta, entendemos los superalimentos como algo mucho más que productos con propiedades nutritivas particulares.

Desde hace unos años se empezó a hablar de superalimentos, especialmente entendiéndolos como alimentos que tienen propiedades especiales que sobresalen en comparación con muchos otros alimentos. Desde La Canasta nos gusta también pensar en que las super-propiedades de los alimentos no están relacionadas únicamente con sus aspectos nutricionales sino que los alimentos también tienen poderes con impactos sociales y ambientales que no debemos menospreciar.

En esa línea de pensamiento nos preguntamos, ¿si un monocultivo de kale o de quinua que es cultivado de manera convencional usando grandes cantidades de insumos químicos, cultivado a grandes distancias de donde es consumido y con prácticas “laborales” injustas sigue siendo más superalimento que una papita nativa cultivada por cualquier campesino en su parcela usando técnicas agroecológicas ancestrales?

Claramente estamos exagerando “un poco” en este ejemplo, pero en realidad la comparación no es muy lejana de la realidad. Con esto queremos simplemente valorar todo lo que hay detrás de cualquier alimento. Frecuentemente pensamos en los alimentos sin tener en cuenta todo lo que hay detrás de ellos. Es fácil que se nos olvide que detrás de ellos hubo alguien (o algo) sembrándolos, cuidándolos y cosechándolos, para luego ser transportados, procesados, almacenados y empacados antes de que lleguen a nosotros. En muchos casos, los alimentos pasan por procesos innecesarios que les restan sus poderes de ser superalimentos.

En La Canasta encuentras una gran variedad de superalimentos, sembrados en tierras sanas, cultivados con amor por manos campesinas de la región, cosechados poco tiempo antes de llegar a tu casa sin cadenas largas de comercialización ni bodegaje innecesario. ¡Esos si son superalimentos!

Esta semana, disfruta una deliciosa Pasta con salsa de brócoli


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17 Oct

Por campesinas y campesinos

Ayer 16 de octubre se celebró el Día Mundial de la Alimentación. Este día conmemora la fecha de creación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en 1945. En 2018, el tema escogido para este día es #HambreCero.

Desde La Canasta queremos invitarlos a reflexionar sobre este tema haciendo hincapié en las personas que hacen posible que haya hambre cero. En el caso de nuestro país, gran parte de la producción de alimentos está a cargo de pequeños y medianos productores campesinos y en el caso de La Canasta, el 100%. Lo irónico de esta situación es que las personas más importantes para la alimentación en nuestro país son las personas que menos privilegios tienen. Por ser precisamente pequeñas producciones, el acceso a los mercados es muy difícil y estos productores dependen de cadenas de intermediarios que definitivamente no velan por sus intereses, sino por el contrario, aprovechan su posición para exprimirlos en la medida de lo posible.

En Colombia podemos decir que somos afortunados, pues mal que bien, las condiciones climáticas y tropicales permiten que en la mayor parte del país se pueda tener acceso a alimentos locales, pero el enfoque de los gobiernos tiende a ser el de buscar aumentar las exportaciones y no el de trabajar por la soberanía alimentaria en el país. Este modelo basado en la exportación deja a muchos de estos pequeños productores por fuera, pues lo volúmenes y requerimientos para acceder a estos mercados son muy difícilmente alcanzables para pequeñas producciones campesinas.

Esta situación se potencia también cuando gracias a los tratados internacionales llegan a nuestro país productos agrícolas importados a precios muy bajos que sacan del mercado las producciones nacionales de pequeños campesinos. Uno de los casos más dicientes es el de la papa, que es producida por familias campesinas en Boyacá, Cundinamarca y Nariño en su gran mayoría. La papa que se produce en países como USA, por ejemplo, en grandes producciones con subsidios, llega a nuestro país a precios por debajo de los costos locales de producción. Y ni hablar de las papas procesadas en alimentos como papa congelada para freír, que hacen que el consumo local baje por estar en desigualdad de condiciones al competir.

En últimas, la reflexión e invitación que queremos dejar hoy sobre sus mesas es que debemos seguir consumiendo, y más aún, alimentándonos con productos locales para apoyar a las familias campesinas de nuestro país y trabajar por nuestra soberanía alimentaria. De esta manera nos unimos a la campaña de #HambreCero de la FAO.

Esta semana, deléitense con una deliciosa Crema de habas


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10 Oct

Compromisos y confianza

Desde La Canasta hemos hecho siempre lo posible por ser lo más transparentes que hemos podido ser, tanto hacia las personas produciendo los alimentos en las fincas como hacia los comensales que reciben las canastas cada semana. Incluso más que únicamente transparentes, hemos hecho nuestro mejor esfuerzo por ser realistas y no comprometernos a cosas que no podemos cumplir.

En este sector es muy común que encontremos quienes que por satisfacer los deseos de sus clientes, compran productos sin estar seguros del origen de estos. También es común que compradores lleguen a donde los productores a pintarles escenarios de ventas maravillosos para que siembren más y en el momento de la cosecha, el compromiso de compra se desvanezca. De hecho, al comenzar con La Canasta sufrimos mucho para que los productores nos creyeran, pues están acostumbrados a este tipo de relaciones y fue hasta demostrarles con hechos que nos dieron su confianza, que creemos no haber quebrantado.

Don Jorge, Andres y Luis en una visita a la finca de Andres

Siempre es difícil estimar los niveles de ventas o de crecimiento que se van a tener y nosotros hemos optado por ser bastante conservadores al respecto para no hacer que los productores corran riesgos de sobreproducción por escenarios que les planteemos nosotros. Por el contrario, en los casos en que en las fincas hay sobreproducción de algún producto, hacemos lo posible por usar éste, o estos alimentos en nuestras canastas para disminuir las posibles pérdidas y desperdicios, que son el pan de cada día de los campesinos.

Nuestro trabajo va más allá de ser simples comercializadores de alimentos, hacemos un puente entre productores y comensales y facilitamos relaciones solidarias entre ambas partes.

De esta manera, entre otras iniciativas, fomentamos que los productores tengan otras salidas para sus productos, en otras palabras, que diversifiquen sus clientes para que si nosotros o alguno les queda mal, no tengan todos sus huevitos en un mismo costal.

Esta semana tenemos la fortuna de poderles enviar en sus canastas unas deliciosas arvejas dulces que vienen de la zona rural de Usme, donde doña Anaís y sus vecinos sembraron una gran cantidad de éstas por iniciativa de una institución que les prometió venderlas en supermercados de cadena a muy buenos precios. Pues infortunadamente, gran parte de la cosecha sigue en las fincas y se va a perder pues los compradores los dejaron con los crespos hechos. Doña Anaís nos llamó el viernes y nos ofreció la arveja a un precio que nos permitiera incluirla en algunas canastas y que les permitiera a ellos no perder la cosecha. Si bien ellos no recibirán el precio al que esperaban vender, por lo menos no habrá desperdicio y recibirán un pago seguro por parte de su cosecha, lo cual es definitivamente un gana-gana, pues algunos de nosotros recibiremos estas ricas arvejas que se pueden comer incluso con vainas y todo.

Esta semana te invitamos a probar un delicioso Batido de mora, banano y tomate de árbol


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22 Ago

Los alimentos nativos

En el territorio Muisca prehispánico, los tubérculos eran fundamentales en la dieta de esta sociedad agrícola, ya que constituían el cultivo de mayor tradición. Gonzalo Jiménez de Quesada, conquistador del Nuevo Reino de Granada, en un documento escrito a mediados del siglo XVI, se refería a los tubérculos en la siguiente cita: “tenían (los Muisca) nabos que llaman «cubios», que echan en sus guisados y les es de gran mantenimiento, su fruto es amarillo muy lustroso, largo de cinco a seis dedos, delgado en gran parte, y bastante grueso a la punta. El gusto algo acre sin fastidio” (Restrepo, 2006).

Investigaciones arqueológicas han identificado los alimentos que se consumían en esa época, los ullucos o chuguas, las ibias, la arracacha, la yuca, la achira y la papa que era el tubérculo de más alto consumo. En cuanto a los cereales estaba el maíz considerado la base del sustento indígena y fechado para el año 1610 a de C. y como fuente de proteína vegetal la quinua, cuyos restos de polen se registraron en las excavaciones arqueológicas para la Sabana.

Igualmente sembraban ahuyama y calabaza; frutas como la curuba, la granadilla, el mamey, la guayaba, la uchuva, la chirimoya, la papaya, el aguacate y la piña. La sal, usada para sazonar era también un valioso producto de intercambio. Otros condimentos que usaban eran el ají, las guascas y el achiote que servía también de colorante. Sus bebidas eran en la chicha hecha de maíz, piña o yuca, y aguas de frutas. Otros alimentos que también fueron consumidos de forma importante en la zona andina son el yacón y el baluy.

Hoy día, la papa sigue siendo uno de los productos alimenticios más consumidos en Colombia, según el DANE. Sin embargo, el cultivo y consumo se concentra en 4 variedades (pastusa, sabanera, R-12 y la criolla), a pesar de que existen alrededor de 80 variedades contando sólo las identificadas en los departamentos de Cundinamarca, Boyacá y Nariño, cuyas semillas vienen siendo protegidas desde la época prehispánica

En nuestra red contamos con cuatro productores de papas nativas que con mucho esfuerzo y arte han protegido estas semillas ancestrales o se han conectado con las redes de guardianes de semillas para conseguirlas, incluso sacrificando la venta para conservar y producir más semillas, ellos están ubicados en los municipios de Usme, Silvania, El Rosal y Subachoque. Se acerca una buena cosecha de papas nativas que estarán llegando en sus Canastas, disfrútenlas y ayúdennos a promover su consumo entre otros comensales.

Esta semana los invitamos a probar un rica Papa panadera, receta de Nicolás 🙂


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01 Ago

El Guacamoyo y Don Fabriciano

Hace algunos meses fuimos a hacer una de nuestras visitas periódicas a donde don Fabriciano, en una vereda cercana al municipio de Boyacá, en Boyacá, en la Provincia de Márquez. Don Fabriciano y su familia han vivido en la misma vereda toda la vida y basta tan solo caminar con el por los caminos, carreteras y entre los potreros y bosques para darse cuenta de esto, pues al toparse con cualquier persona, todos se saludan, incluso muchos como familiares, hola tío, hola primo, etc.

En esta visita, don Fabriciano, guardián de semillas, nos mostró algunas de las variedades de granos que tiene, nos explicó cómo guarda las semillas y recorrimos su huerta y las de otros vecinos y familiares de dónde nos llegan varios de los productos de La Canasta. Don Fabriciano comparte siempre todo su conocimiento durante las visitas y fuera de ellas.

En las últimas semanas ha llegado en las canastas un producto no tan común para muchos, el guacamoyo. Esta semana llega a quienes pidieron el combo verde, pero en otras ocasiones lo hemos enviado dentro de las canastas o en otros combos. El guacamoyo es una hojita un poco alargada que sale de los tallos que son unas especies de bejucos. Este producto viene de la finca de Jairo y Judith en cercanías de Silvania. Durante una visita con varios productores de La Canasta a la finca de don Fabriciano, el le regaló un piecito de esta mata a Jairo, quien lo sembró en su finca y se ha dado muy bien. Jairo y Judith nos lo han ofrecido para las canastas en los últimos meses.

Y volviendo a nuestra última visita, ya al final de la visita, después de recorrer los cultivos, almorzar, ver los granos, íbamos saliendo de la casa y vimos la mata de guacamoyo entre la casa y la huerta, casi como entrada a la huerta. Es una mata más o menos rastrera, parecida a la ahuyama y a la calabaza que van extendiéndose por el suelo y va echando raíces a su paso. Según don Fabriciano, es una mata que le gusta mucho el agua y en efecto, en el casode su finca, las aguas que salen de la zona de postcosecha va a dar al guacamoyo y está muy crecido.

Consultando a don Fabriciano por las propiedades y usos del guacamoyo, nos contó que anteriormente era una mata que se encontraba por todos lados, pero hoy en día casi nadie la cultiva. Tiene un alto contenido de hierro y se puede usar en sopas o en ensaladas, pero también se puede licuar en agua hervida la noche anterior y tomar en ayunas para combatir la anemia. Se puede usar de manera más o menos similar a como se usa la espinaca, tanto cruda como cocinada.

Dentro de su labor de custodio de semillas, don Fabriciano se esmera por compartir semillas, matas y conocimiento a otros para que los alimentos se cultiven más, pero también para que se consuman más, pues si no se usan, no hay incentivo para propagarlos.

Esta semana pruebas ¡Yacón y carambolo!, la combinación perfecta


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25 Jul

Varias razones para comer más pepino

El pepino cohombro (Cucumis sativus), de la familia de las cucurbitáceas, la misma del calabacín, la sandía, el melón, la calabaza, es originario de la India y su llegada a Europa fue debido a los romanos y los árabes. Hay informes de su cultivo en Francia (siglo IX) e Inglaterra (siglo XIV). En América, fue introducido por los colonos europeos. Se cultiva en primavera y verano en países con estaciones, en nuestro país se da mejor en climas templados. Es una hortaliza que exige mucho trabajo en el cultivo. Pide buenos nutrientes, suelos drenados, buena materia orgánica, crece como una enredadera entonces debe ponerse sobre tutores para que se oriente hacia arriba, su flor debe ser polinizada, una buena cobertura en el suelo para que no crezca hierba a su alrededor. Con todos estos cuidados, obtenemos después de 4 meses desde la germinación de la planta, un delicioso y saludable alimento.

El pepino tiene muchas propiedades. Lo primero que hay que decir sobre él, es que contiene mucha agua, lo que hace que sea un alimento bajo en calorías y por ende un buen hidratante de la piel y en general del organismo. Cien gramos de pepino, crudo y sin pelar, tienen entre 12 y 15 calorías, ya que su ingrediente principal es agua, alrededor de 95% del total. Los pepinos son buena fuente de fibra y vitamina A si los consumimos con cáscara, por esto y su alto contenido de agua, previenen y tratan el estreñimiento. Es bueno para el corazón por su contenido de potasio (que no es muy alto), apenas suficiente para tener un efecto vasodilatador y controlar la presión arterial,  hace que los huesos sean más fuertes por su contenido de vitamina K, que a su vez aumenta la absorción de calcio. También tiene vitamina C, carotenoides, ácido fólico, vitamina B1, biotina, cobre, triterpenoides, flavonoides y lignanos, nutrientes que tienen efectos antiinflamatorios y antioxidantes, razón por la cual ayuda a prevenir el cáncer especialmente de mama, ovario, útero, próstata y páncreas. Es un diurético natural, por eso no debemos consumirlo en exceso. También previene enfermedades neurológicas por su contenido de magnesio, es ideal para los diabéticos, pues tiene un índice glucémico muy bajo, es decir, su ingesta no provoca picos de glucosa en la sangre, que sobrecargan el páncreas. Y lo más interesante: el pepino tiene una hormona requerida por las células beta del páncreas para sintetizar la insulina. Ayuda a bajar de peso, por su bajo contenido de calorías.  Es muy frecuente usarlo para preparar ensaladas, en tiras o en encurtidos como aperitivo o elaborar rellenos. También se pueden preparar sopas calientes o frías, purés y salteados. Es el ingrediente estrella de los llamados “zumos desintoxicantes” o “batidos verdes” y del “agua de pepino”, bebidas refrescantes que ayudan a eliminar las toxinas del cuerpo.

Y para empezar con nuevas preparaciones con este delicioso producto, Gazpacho de tomate y pepino


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18 Jul

El día a día del trabajo en el campo

Cuando consumimos alimentos agroecológicos que provienen de pequeños productores, como los de nuestra red, debemos saber que detrás de ellos hay muchos detalles e historias que los hace distintos a un producto fresco de supermercado. Cuando se cultiva respetando la biodiversidad, en algunos casos conservando los recursos naturales, la exigencia de trabajo es muy alta. Cuando se inicia un cultivo o huerto agroecológico, el trabajo se centra en la domesticación del terreno, librándolo de pastos y exceso de hierbas, la adecuación de una infraestructura para la producción y almacenamiento de abonos y en el transcurso de mínimo 2 años lograr un suelo nutrido y sano. Algunos alimentos nativos no requieren mucho trabajo. Porque se han adaptado o se adaptan fácil a las condiciones de suelos ecológicos. Pero en el caso de ciertas hortalizas, se requiere más esfuerzo. Por ejemplo intensificar las actividades de desyerbe, la aplicación de abonos, el riego. El trabajo en un huerto es constante, arduo, de compromiso y dedicación. Normalmente los cultivos agroecológicos son pequeños, pero diversos. Se puede contar con más de 20 variedades, entre hortalizas, frutales y hierbas condimentarias o medicinales. Cada producto tiene su manejo particular. Por ejemplo, el puerro. Se demora 4 meses en estar listo para cosecha, sin contar el proceso de germinación. Desde la siembra a la cosecha, se debe desyerbar por lo menos cada 20 días, obviamente dependiendo del clima o del uso de cubrimientos, se debe aporcar (colocar tierra en la raíz) para mejorar su crecimiento aplicar abono cada mes. Pero, tengamos en cuenta que se tienen 15 camas de puerro en diferentes etapas de crecimiento y que además, hay otros productos como lechugas, cebollas, coles, mora, cítricos, plátanos, yuca, bananos y hierbas aromáticas, condimentarias y medicinales. Tener un cultivo agroecológico de 5.000 m2, implica un trabajo de tiempo completo de 2 personas al mes, aproximadamente. Para que un cultivo agroecológico empiece a tener una buena producción tarda en promedio 2 años, tiempo durante el cual se trabaja el suelo, se descubren cuáles son los productos que crecen mejor, se busca un equilibrio entre las diferentes variedades y las plagas que llegan. De ahí en adelante, hay un ciclo que se repite. Preparación de suelos y abonos, siembra de plantas, desyerbe, aplicación de abonos, podas, colgar plantas que crecen como enredaderas, platear (limpiar el área del suelo alrededor del tallo, esto se realiza especialmente en frutales), aporcar, poner riego, control de plagas, cosecha y postcosecha. Así, resulta un trabajo muy gratificante, que produce comida propia, pero que exige dedicación y amor por la labor. Por todo lo anterior, sabemos que el trabajo del campo es digno y merece un pago justo. Cada vez más personas deberían quedarse o llegar al campo para producir más y mejores alimentos.

Esta semana, les recomendamos un Arroz mejorado con quinua y amaranto


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13 Jul

Agroecología y diversidad

La Canasta surge como una manera para acercar al campo y a la ciudad y estos textos pretenden servir como un instrumento para acompañar los productos que vienen del campo y enmarcarlos en historias que nos parecen relevantes para darle a los alimentos un contexto. Esta labor no es sencilla, pues es difícil saber qué contar y cómo contarlo pues sobra decir que hay muchas historias que pueden ser interesantes, pero no siempre es fácil plasmarlas en un espacio escrito de este tipo.

De cualquier manera, cada semana nos esmeramos por compartir con ustedes historias que traigan un poco de campo a la ciudad. Esta vez queremos compartir aprendizajes que hemos tenido durante nuestras recurrentes visitas a las fincas sobre la diversidad que representa la agroecología.

Empecemos por decir que cada finca es universo en si misma, en especial las fincas agroecológicas, puesto que la diversidad que encontramos en ellas es muy grande. Dentro de nuestra red hay fincas de clima caliente como la de Wilson y Mélida en el Boquerón, o las de don Jorge, don Álvaro y sus vecinos en Vianí, de clima templado como las de Jairo y Judith en Silvania, la de Giovanna y Javier en La Vega, la de don Fabriciano en Boyacá y de clima frío que son muchas en Subachoque y Usme por no seguir con el listado.

Cada lugar tiene sus características, en unas se tienen suelos sin mucho pasto, en otras hay pastos fuertes como el quicuyo por ejemplo, en unas se sufre por insectos, en otras por pájaros, por gusanos, por falta de agua, por exceso de esta. Cada finca es única y es necesario conocer sus suelos y sembrar aquellos productos que mejor se adapten a estos y a sus condiciones climáticas. Y así como las fincas, los suelos, los animales, etc. son particulares para cada lugar, también lo son los productos que podemos sembrar. Las papas son más rudas, algunos cereales y granos también, mientras que muchas hortalizas son más delicadas y toca cuidarlas más después de la siembra. Hay productos que le dan nitrógeno la tierra, otros que lo toman, hay productos de ciclo corto, otros de ciclo largo, hay arbustos, árboles, enredaderas, hay plantas de las cuales nos comemos la raíz, de otras las hojas, de otras los frutos.

Y para darle un poquitín mas de complejidad a esto, entramos las personas que cultivamos la tierra y nuestras prioridades e intereses particulares. Todo este mundo que se conforma en esta red que constituye La Canasta es muy diverso, pero lo bonito al respecto es que hay unos principios básicos que nos hacen a todos confluir en el alimento, en especial en el alimento agroecológico, enmarcado en principios de solidaridad y de respeto por las personas y por nuestro entorno natural.

¡Ahora si disfrutemos de cada alimento que nos llega hoy!

Esta semana, prueba una rica Pasta en salsa de lentejas


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