19 Dic

Gracias por ser nuestro apoyo

Las palabras sobran cuando tenemos una inmensa gratitud, pero hoy queremos tomarnos el tiempo de expresar lo que sentimos. Hace 7 años, La Canasta se comprometió a acercar el campo a la ciudad siendo sostenible, incluyente, solidaria, aportando con acciones a una positiva transformación social y ambiental del campo,  generando posibilidades para el buen vivir. No ha sido un camino fácil pero somos perseverantes. Y por eso hemos logrado que los sueños que teníamos se hicieran realidad.

Por eso, estamos agradecidos por contar con una red sólida de productores a quienes hemos apoyado continuamente en su ardua labor de producir alimentos agroecológicos, basados en los principios de economía solidaria, a quienes hemos comprado durante este año más de 40 toneladas de productos y apoyado e incentivado a preservar y cultivar semillas nativas.

Estamos también agradecidos con nuestro equipo de trabajo por ser incondicionales, dedicados, por aportar con sus ideas y estar siempre ahí cuando los necesitamos.

Estamos agradecidos con todos los comensales que han hecho posible la materialización de este sueño, apostándole a una alimentación consciente y a estar conectados con la fuente de su comida. Han sido más de 3000 hogares en Bogotá los que han recibido alimentos agroecológicos, saludables y nativos, y  participado en este modelo agroalimentario sostenible. Juntos podemos seguir transformando el mundo como una gran comunidad comprometida con el cuidado y conservación de los recursos naturales; con la disminución de la huella de carbono; con una cadena corta de transporte y comercialización de alimentos donde hay cero desperdicios; con la compra de alimentos frescos, producidos por familias campesinas de la región; con la solidaridad y la alimentación consciente.

Mientras continuemos produciendo y llevando a los hogares estos alimentos, y podamos tener buena comida en la mesa, mientras veamos correr el agua limpia que riega las huertas, los montes puedan seguir haciendo sombra, evitemos el uso desmesurado de agroquímicos y sigamos sin contaminar el planeta con plásticos, así mismo perdurará el beneficio recibido de este ciclo agroalimentario.

El próximo año continuaremos con nuestra labor, los agricultores seguirán produciendo y esperamos seguir contando con tu apoyo. Te deseamos una Feliz Navidad y un bonito 2019.

Esta semana te invitamos a probar esta increíble receta: Zanahorias y rábanos al horno


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12 Dic

Las historias detrás del alimento

La alimentación es un derecho imprescindible y vital. Y, a pesar de esto, nos encontramos en un escenario mundial donde prevalece la inequidad, con presencia de obesidad y hambre al mismo tiempo, en un mismo territorio. Donde el productor es sólo el primer eslabón de una gran cadena que no lo retribuye de manera justa por su trabajo. Por eso, la misión de La Canasta se centra en el ciclo agroalimentario para que la agroecología sea una forma de vivir bien, fortaleciendo las capacidades técnicas y productivas de los agricultores que hacen parte de nuestra red, facilitando el acceso al mercado de sus productos y garantizando que reciban un pago justo: más del 60% del valor final que pagan los comensales. También trabajamos en el cuidado de la biodiversidad, la integralidad del ciclo del alimento, disminuyendo las distancias entre productores y consumidores, comunicando las historias detrás del alimento, promoviendo el consumo consciente, mejorando el acceso de alimentos agroecológicos en la ciudad y promoviendo la salud.

Así las cosas, somos un gran canasto que reúne a los diferentes actores del ciclo agroalimentario a través de relaciones de confianza, de amistad, de intercambios comerciales y de conocimientos. En este contexto, la alimentación se vuelve una experiencia que nos permite aprender cosas nuevas, vivir bien y hacer parte de una comunidad.

Son 7 años en los que hemos trabajado en el engranaje de un ciclo agroalimentario ecológico y logrado construir una red de productores, formada hoy día por más de 30 fincas ubicadas en Cundinamarca en su gran mayoría. Hemos generado espacios para compartir saberes entre fincas y, a partir de su propia iniciativa, en cooperación con la Red de Mercados Agroecológicos de Bogotá, se empezó a gestar el Sistema Participativo de Garantías (SPG) para generar confianza en toda la cadena y apoyar los procesos productivos de cada finca.

Son muchas las historias para contar y los lazos que hemos ayudado a tejer, y seguimos creyendo y trabajando en equipo para cumplir nuestra misión.  Tener una conexión a algo es parte de la naturaleza humana, así que uno de nuestros propósitos es promover esa conexión entre todos los actores del ciclo agroalimentario. Queremos que cada vez se sumen más personas y que las que ya hacemos parte, encontremos en las experiencias e historias detrás del alimento una excusa para encontrarnos, compartir conocimientos, generar posibilidades de vivir bien y hacer comunidad.

Lo más bonito de esto, es que quien pertenece a esta red, desde productores hasta comensales, se ha mantenido en ella compartiendo principios de vida similares. Y todavía nos queda mucho más por hacer.

Esta semana, los invitamos a probar una rica Ensalada de espinacas


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28 Nov

El poder del consumidor

Por más de 60 años se ha impuesto un modelo global de producción y comercialización de productos agropecuarios inequitativo, ineficiente y de alto costo social y ambiental. Este modelo ha derivado condiciones desfavorables de acceso al mercado para los pequeños productores. La no internalización de los costos y beneficios ambientales y sociales en los modelos económicos, es decir en los precios de los productos, genera pasivos para toda la sociedad, que se manifiestan en la degradación de suelos, intervención de ecosistemas estratégicos, bajos salarios y condiciones laborales deficientes para los campesinos, contaminación de fuentes hídricas y emisiones de gases de efecto invernadero, problemas de salud asociados con la alta carga de tóxicos de los alimentos, pérdida de semillas y conocimientos y desplazamiento de población rural a la ciudad.  ¿Quién asume ese costo? ¡Todos nosotros!

Ante este escenario de fracaso evidente del sistema agroalimentario global (Colombia no es la excepción), ¿podrían la agricultura ecológica y la agroecología ayudar a impulsar un crecimiento verde? La respuesta es un sí rotundo. El planeta entero se enfrenta hoy al gran reto de la sostenibilidad. En los próximos 40 años, los seres humanos tendrán que producir más alimentos de lo que hicieron en los 10.000 años anteriores juntos (The Economist). Esto nos da una idea de lo central que es la producción de alimentos en el impulso de la economía.  En el Foro Económico Mundial de 2017, se habló de un escenario llamado “sostenibilidad abierta” donde se incentiva un consumo responsable y abierto de alimentos, que sea más eficiente en términos de los recursos naturales que se utilizan, que provea dietas más sanas y donde las cadenas de valor reconozcan los servicios y costos ambientales y sociales asociados a la producción y cadenas de suministro de los alimentos que llegan al plato. Siendo Colombia un país rico en recursos naturales, puede convertirse en protagonista y jugador central de una economía enfocada hacia la sostenibilidad en torno al ciclo agroalimentario, lo que podríamos llamar Alimentación Sostenible.

Los movimientos globales basados en las preferencias del consumidor han logrado modificar esta tendencia. El poder del consumidor, cada vez más informado y consciente, es el que impulsa a los gobiernos y empresas a cambiar comportamientos. Si se promoviera la distribución eficiente de los recursos y trabajara a favor de la sostenibilidad y el bienestar se lograría tener efectos que repercutirían en toda la economía y perdurarían en el tiempo.

Con el modelo de La Canasta contribuimos para resolver este reto con las siguientes propuestas: priorizando el fortalecimiento de la economía rural agrícola; incentivando la agricultura campesina, familiar y comunitaria aumentando la participación de pequeños agricultores y evitando su desplazamiento; promoviendo alternativas de trabajo para incrementar los ingresos rurales; favoreciendo un mayor consumo de alimentos agroecológicos; permitiendo el acceso a la tierra; garantizando la sostenibilidad de los recursos; impulsando circuitos cortos de comercialización.

Esta semana, te invitamos a probar un rico Pasaboca de guatila


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14 Nov

Nuestra alimentación y su impacto

Desde hace casi siete años, semana tras semana, excluyendo tres semanas cada año (en Navidad, Fin de Año y Semana Santa), desde La Canasta hemos pedido, recibido y empacado una increíble variedad de alimentos agroecológicos para hacerlos llegar a las casas de un gran número de comensales en Bogotá. Mirándolo en el tiempo, es mucho, y eso nos alegra. No obstante, el día a día nos hace perder perspectiva y nos enfocamos principalmente en los afanes propios del momento.

Afortunadamente, siempre hay externalidades que nos hacen salir de ese día a día y pensar en lo que hacemos. Frecuentemente nos reunimos con estudiantes, otras organizaciones y potenciales comensales que nos preguntan por diferentes aspectos de La Canasta y nos hacen recordar las razones por las que hacemos lo que hacemos y de la manera que lo hacemos, que definitivamente no es la manera convencional.

Como lo hemos repetido en varias ocasiones, La Canasta NO es un mercado, es mucho más que eso. Nuestro “negocio” sería más fácil si nos dedicáramos únicamente a comprar productos al mejor precio que pudiésemos negociar de cualquier productor y los vendiéramos, pero dado que no somos solo un mercado, sino que nuestra razón de ser es acercar el campo a la ciudad con una relación solidaria entre ambos, lo hacemos de la manera “difícil”. Facilitamos una relación lo más directa y justa posible entre familias campesinas cultivando de manera agroecológica y comensales en la ciudad. Y esto con todas sus implicaciones de la manera más coherente posible.

Yendo más allá, si bien La Canasta se materializa en una caja con alimentos, lo que viene en esta caja no es únicamente una combinación de frutas, verduras y alimentos procesados, sino que éstos alimentos traen consigo historias, dedicación, amor y respeto por la tierra y sus habitantes, tanto humanos como animales y es la materialización de una red de confianza unida por personas en el campo y la ciudad con visiones y perspectivas afines sobre el alimento y lo que hay detrás de éste. No es el fruto de una larga cadena impersonal y cargada de desbalances sino es un corto ciclo agroalimentario donde tanto productores como comensales hacemos parte del mismo sistema e interactuamos solidariamente unos con otros alrededor del alimento.

Con esto queremos invitarlos a ustedes, que están recibiendo su canasta el día de hoy a ver detrás de los ricos productos que reciben y darse cuenta que ésta decisión de participar en La Canasta recibiendo un mercado tiene un impacto muy grande en las personas cultivando en las fincas y en el cuidado del medio ambiente con las prácticas sostenibles que usamos. Con una de nuestras actividades más cotidianas, comer, estamos eligiendo un sistema agroalimentario más solidario y respetuoso con las personas y con el planeta. ¡Contémoselo a más personas y agrandemos el gran impacto que ya tenemos!

Esta semana, les recomendamos probar el delicioso Plátano maduro melado


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31 Oct

Relevo generacional en el campo

Hoy les queremos contarles algunas historias que con seguridad se repiten en otros rincones de Colombia.

Julio y Alexandra, después de trabajar en La Canasta y en el Mercado Orgánico, movidos por una fuerte convicción se fueron a vivir a una finca en Chipaque y se dedicaron a cultivar hortalizas y hierbas y especias para luego deshidratarlas. A pesar de trabajar duro, éste esfuerzo no es suficiente para vivir únicamente del campo y menos empezando. Por esto, Julio decidió volver a trabajar en el equipo de La Canasta por un tiempo para garantizar una entrada fija que les ayude a seguir con su proyecto en la finca.

Víctor y Lorena terminaron recientemente su carrera universitaria de geografía en Bogotá y se mudaron a una finca en Choachí, cerca de donde el padre de Víctor tiene su finca y donde Victor cultivaba papas criollas de vez en cuando. Ellos quieren trabajar la tierra con prácticas agroecológicas y por eso decidieron instalarse allá, pues de otra manera es difícil que otras personas lo hagan así. Ahora cultivan papas nativas, berenjenas, zanahorias y otros productos que muchas veces hemos enviados en las canastas. Ahora también, con el objetivo de diversificar sus actividades para alcanzar mayores ingresos económicos, están realizando talleres dirigidos a personas interesadas en vivir y conocer la producción ecológica y sostenible de alimentos (si deseas más información, pregúntanos).

Sebastián, un joven terminando su carrera de servicio social, comenzó con un cultivo de maracuyá en los llanos orientales, en la finca donde vive su familia. Trabajó duro y sostuvo prácticas agroecológicas en su cultivo. También este maracuyá llegó a muchos comensales de La Canasta. Al graduarse se le presentó una oportunidad laboral en Bogotá e intentó continuar con el cultivo buscando trabajadores para que le ayudaran, pero se dio cuenta que no lo cuidaban como el quería, porque lamentablemente, hoy en día, en el campo es difícil conseguir quien trabaje la tierra y menos aún de forma agroecológica. Desafortunadamente tuvo que acabar con el cultivo hasta que él mismo pueda dedicarse a este.

Estas historias nos han llevado a reflexionar sobre lo valientes y valiosas que son las personas que se quedan en el campo produciendo alimentos en pequeña escala, conservando prácticas agroecológicas antiguas, preservando semillas nativas, también los que han salido de la ciudad para apostarle a un estilo de vida distinto, cercano a la tierra, cuidando los recursos naturales, aplicando la agroecología para la producción de alimentos.

Los jóvenes nacidos en el campo no quieren relevar a sus padres, porque no es fácil vivir del trabajo del campo, requiere esfuerzo, convicción, perseverancia, pero además se requiere tener la capacidad de moverse en el mercado y tocar puertas para comercializar los productos.

Esta semana los invitamos a probar una rica Pasta con salsa roja y verde


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24 Oct

¿Superalimento?

* Es el que se paga a precio justo al campesino.

* El que no contamina el agua y usa agua pura para riego.

* El que en su producción ayuda a mitigar el cambio climático

* El que viene de suelos y paisajes llenos de vida.

* El que promueve lo local y lo nativo

* El que no usa cantidades innecesarios de empaques plásticos.

En varias ocasiones hemos escrito sobre los superalimentos, incluso hace unas semanas hubo un taller en nuestra @CasaAgroecologica sobre el kale, uno de los superalimentos más populares en los últimos años. No obstante, en La Canasta, entendemos los superalimentos como algo mucho más que productos con propiedades nutritivas particulares.

Desde hace unos años se empezó a hablar de superalimentos, especialmente entendiéndolos como alimentos que tienen propiedades especiales que sobresalen en comparación con muchos otros alimentos. Desde La Canasta nos gusta también pensar en que las super-propiedades de los alimentos no están relacionadas únicamente con sus aspectos nutricionales sino que los alimentos también tienen poderes con impactos sociales y ambientales que no debemos menospreciar.

En esa línea de pensamiento nos preguntamos, ¿si un monocultivo de kale o de quinua que es cultivado de manera convencional usando grandes cantidades de insumos químicos, cultivado a grandes distancias de donde es consumido y con prácticas “laborales” injustas sigue siendo más superalimento que una papita nativa cultivada por cualquier campesino en su parcela usando técnicas agroecológicas ancestrales?

Claramente estamos exagerando “un poco” en este ejemplo, pero en realidad la comparación no es muy lejana de la realidad. Con esto queremos simplemente valorar todo lo que hay detrás de cualquier alimento. Frecuentemente pensamos en los alimentos sin tener en cuenta todo lo que hay detrás de ellos. Es fácil que se nos olvide que detrás de ellos hubo alguien (o algo) sembrándolos, cuidándolos y cosechándolos, para luego ser transportados, procesados, almacenados y empacados antes de que lleguen a nosotros. En muchos casos, los alimentos pasan por procesos innecesarios que les restan sus poderes de ser superalimentos.

En La Canasta encuentras una gran variedad de superalimentos, sembrados en tierras sanas, cultivados con amor por manos campesinas de la región, cosechados poco tiempo antes de llegar a tu casa sin cadenas largas de comercialización ni bodegaje innecesario. ¡Esos si son superalimentos!

Esta semana, disfruta una deliciosa Pasta con salsa de brócoli


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17 Oct

Por campesinas y campesinos

Ayer 16 de octubre se celebró el Día Mundial de la Alimentación. Este día conmemora la fecha de creación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en 1945. En 2018, el tema escogido para este día es #HambreCero.

Desde La Canasta queremos invitarlos a reflexionar sobre este tema haciendo hincapié en las personas que hacen posible que haya hambre cero. En el caso de nuestro país, gran parte de la producción de alimentos está a cargo de pequeños y medianos productores campesinos y en el caso de La Canasta, el 100%. Lo irónico de esta situación es que las personas más importantes para la alimentación en nuestro país son las personas que menos privilegios tienen. Por ser precisamente pequeñas producciones, el acceso a los mercados es muy difícil y estos productores dependen de cadenas de intermediarios que definitivamente no velan por sus intereses, sino por el contrario, aprovechan su posición para exprimirlos en la medida de lo posible.

En Colombia podemos decir que somos afortunados, pues mal que bien, las condiciones climáticas y tropicales permiten que en la mayor parte del país se pueda tener acceso a alimentos locales, pero el enfoque de los gobiernos tiende a ser el de buscar aumentar las exportaciones y no el de trabajar por la soberanía alimentaria en el país. Este modelo basado en la exportación deja a muchos de estos pequeños productores por fuera, pues lo volúmenes y requerimientos para acceder a estos mercados son muy difícilmente alcanzables para pequeñas producciones campesinas.

Esta situación se potencia también cuando gracias a los tratados internacionales llegan a nuestro país productos agrícolas importados a precios muy bajos que sacan del mercado las producciones nacionales de pequeños campesinos. Uno de los casos más dicientes es el de la papa, que es producida por familias campesinas en Boyacá, Cundinamarca y Nariño en su gran mayoría. La papa que se produce en países como USA, por ejemplo, en grandes producciones con subsidios, llega a nuestro país a precios por debajo de los costos locales de producción. Y ni hablar de las papas procesadas en alimentos como papa congelada para freír, que hacen que el consumo local baje por estar en desigualdad de condiciones al competir.

En últimas, la reflexión e invitación que queremos dejar hoy sobre sus mesas es que debemos seguir consumiendo, y más aún, alimentándonos con productos locales para apoyar a las familias campesinas de nuestro país y trabajar por nuestra soberanía alimentaria. De esta manera nos unimos a la campaña de #HambreCero de la FAO.

Esta semana, deléitense con una deliciosa Crema de habas


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10 Oct

Compromisos y confianza

Desde La Canasta hemos hecho siempre lo posible por ser lo más transparentes que hemos podido ser, tanto hacia las personas produciendo los alimentos en las fincas como hacia los comensales que reciben las canastas cada semana. Incluso más que únicamente transparentes, hemos hecho nuestro mejor esfuerzo por ser realistas y no comprometernos a cosas que no podemos cumplir.

En este sector es muy común que encontremos quienes que por satisfacer los deseos de sus clientes, compran productos sin estar seguros del origen de estos. También es común que compradores lleguen a donde los productores a pintarles escenarios de ventas maravillosos para que siembren más y en el momento de la cosecha, el compromiso de compra se desvanezca. De hecho, al comenzar con La Canasta sufrimos mucho para que los productores nos creyeran, pues están acostumbrados a este tipo de relaciones y fue hasta demostrarles con hechos que nos dieron su confianza, que creemos no haber quebrantado.

Don Jorge, Andres y Luis en una visita a la finca de Andres

Siempre es difícil estimar los niveles de ventas o de crecimiento que se van a tener y nosotros hemos optado por ser bastante conservadores al respecto para no hacer que los productores corran riesgos de sobreproducción por escenarios que les planteemos nosotros. Por el contrario, en los casos en que en las fincas hay sobreproducción de algún producto, hacemos lo posible por usar éste, o estos alimentos en nuestras canastas para disminuir las posibles pérdidas y desperdicios, que son el pan de cada día de los campesinos.

Nuestro trabajo va más allá de ser simples comercializadores de alimentos, hacemos un puente entre productores y comensales y facilitamos relaciones solidarias entre ambas partes.

De esta manera, entre otras iniciativas, fomentamos que los productores tengan otras salidas para sus productos, en otras palabras, que diversifiquen sus clientes para que si nosotros o alguno les queda mal, no tengan todos sus huevitos en un mismo costal.

Esta semana tenemos la fortuna de poderles enviar en sus canastas unas deliciosas arvejas dulces que vienen de la zona rural de Usme, donde doña Anaís y sus vecinos sembraron una gran cantidad de éstas por iniciativa de una institución que les prometió venderlas en supermercados de cadena a muy buenos precios. Pues infortunadamente, gran parte de la cosecha sigue en las fincas y se va a perder pues los compradores los dejaron con los crespos hechos. Doña Anaís nos llamó el viernes y nos ofreció la arveja a un precio que nos permitiera incluirla en algunas canastas y que les permitiera a ellos no perder la cosecha. Si bien ellos no recibirán el precio al que esperaban vender, por lo menos no habrá desperdicio y recibirán un pago seguro por parte de su cosecha, lo cual es definitivamente un gana-gana, pues algunos de nosotros recibiremos estas ricas arvejas que se pueden comer incluso con vainas y todo.

Esta semana te invitamos a probar un delicioso Batido de mora, banano y tomate de árbol


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26 Sep

Nuestras decisiones y su impacto

En nuestro día a día nos vemos enfrentados a un sinnúmero de decisiones que tienen impactos positivos o negativos, incluso yendo más allá de las decisiones cotidianas, también hay decisiones que podemos tomar sobre nuestro estilo de vida, o sobre nuestra alimentación más específicamente.

Podemos pensar por ejemplo que sólo por el hecho de comer frutas y verduras estamos teniendo una alimentación más sana o que tener una dieta vegetariana va a tener menos impactos en el medio ambiente. Si bien estas afirmaciones pueden ser ciertas, también debemos pensar que hay muchas variables que no podemos despreciar. Si queremos ir más allá, debemos indagar también sobre los métodos de producción y tomar decisiones que tengan el impacto que deseemos.

La agricultura convencional tiene efectos que también debemos tener en cuenta en nuestras decisiones. Los grandes monocultivos fomentan en parte la deforestación, emiten gases de efecto invernadero y no pagan precios justos a los productores, por mencionar algunos puntos.

Algunas de las razones más comunes para una dieta vegetariana por ejemplo, son contar con un mejor estado de salud, cuidar el medio ambiente, proteger la vida de los animales, promover la no violencia o ayudar a que haya menos producción de comida para animales y más para humanos. Si bien dejar de comer proteína de origen animal puede ayudar a alcanzar estos objetivos, una dieta vegetariana basada en alimentos ultraprocesados, harinas refinadas, alimentos con elevados niveles de azúcar o vegetales provenientes de largas cadenas de comercialización o de producción industrial con uso elevado de químicos, no es necesariamente el camino a seguir.

El sistema actual de producción y distribución de alimentos afecta de forma negativa al medio ambiente sin importar qué tipo de productos se consuman más. Por ejemplo, el consumo del aguacate está creciendo en todo el mundo, pero ¿qué va a pasar cuando esta tendencia cambie al aguacate por otro producto? Pues la demanda bajará y las tierras que fueron ocupadas para satisfacer la demanda momentánea y que probablemente fueron sometidas a un proceso de deforestación quedarán desperdiciadas e inevitablemente habrá aguacates que se pudran antes de siquiera poder llegar a los mercados.

En conclusión, comas lo que comas, seas vegetariano o carnívoro, eres parte de un sistema de producción y consumo que está matando al planeta en el que vivimos. Nuestras decisiones de consumo tienen un impacto mucho más grande de lo que creemos. Debemos ser conscientes y saber que tenemos un considerable poder en nuestras manos y una enorme responsabilidad sobre lo que consumimos, así generaremos un impacto grande en la manera de producir los alimentos.

Esta semana, te invitamos a probar una Pasta con ahuyama al horno


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19 Sep

Derecho humano a la alimentación y nutrición adecuadas

Todos los seres humanos tenemos derecho a una buena alimentación. Según la FIAN (fundación internacional que defiende el derecho a la alimentación) la alimentación y la nutrición son partes de un proceso complejo que involucra varios eslabones: la producción y recolección de alimentos; el intercambio de alimentos (mediado por relaciones de mercado o dentro de redes sociales); la transformación de los alimentos (dentro del hogar, en las comunidades, en las industrias); el consumo; el aprovechamiento biológico de los alimentos (nutrición); las dimensiones simbólicas, culturales y espirituales de los modos de alimentarse; y la transformación de esos alimentos/nutrientes en la energía, fuerza, pensamiento y demás elementos que se requieren para vivir sana y dignamente, y así dar comienzo al proceso de nuevo. En ese sentido, las violaciones del derecho pueden darse en cualquiera de estos niveles y no sólo cuando una persona no tiene acceso a comida. Por lo tanto, asumimos que la alimentación es un derecho de los pueblos, íntimamente ligado a sus culturas y tradiciones, que hace parte de sus construcciones y proyectos de vida digna en libertad y paz. (FIAN Colombia, 2018).

Desde La Canasta nos identificamos con estos principios y consideramos que la buena alimentación no es sólo una suma y resta de nutrientes y calorías. Es un acto biológico, cultural y social que encadena diferentes etapas, desde la producción de alimentos hasta el acceso a ellos.

Cuando nos alimentamos logramos una conexión íntima con la naturaleza pues las sustancias que vienen de ella son transformadas en energía en nuestro cuerpo pero a la vez nos conectamos con costumbres, sensaciones y afectos. De hecho, construimos todo tipo de relaciones humanas alrededor de una mesa.

La Canasta está presente, facilita y fomenta la participación de todas las personas involucradas en todo el ciclo del alimento agroecológico, desde el azadón hasta el tenedor. Por eso nuestra labor va más allá del simple hecho de comercializar alimentos saludables, lo que hacemos es visibilizar la importancia del pequeño productor en la cadena, minimizamos los desperdicios de comida, apoyamos la transformación de alimentos de forma natural, el intercambio de saberes entre productores, promovemos el consumo consciente y mejoramos el acceso de alimentos sanos, agroecológicos y locales en Bogotá.

Ustedes como comensales de La Canasta ocupan un eslabón muy importante en esta cadena y gracias a su apoyo podemos materializar nuestra razón de ser. ¡Defendamos juntos el derecho a la alimentación y nutrición adecuadas!

Esta semana los invitamos a probar nuestra Ensalada poderosa


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