10 Ene

Retomando labores este año

Después de un par de semanas de descanso, retomamos labores en La Canasta para este 2018 con esta primera entrega. Este año promete ser un año de ajustes para La Canasta. El último par de años han sido difíciles y hemos decidido apostarle nuestras energías a unir fuerzas con otros mercados que trabajan bajo lógicas similares a las que tiene La Canasta.

En La Asamblea de La Canasta en diciembre pasado, nos reunimos con representantes de todos los grupos de productores y con algunos comensales que han acompañado nuestro proceso desde hace tiempo, para mirar hacia atrás y plantear nuevas perspectivas para fortalecer este ejercicio. Como ha sido la constante en nuestras asambleas afortunadamente, las opiniones de todos han estado alineadas y hemos podido tomar decisiones para el bien de toda la Red de La Canasta.

De esta manera empezamos este año volviendo realidad nuestra cooperación con Jero el Granjero, un proyecto similar a La Canasta, con quienes hemos trabajado juntos en los últimos años y ahora unimos esfuerzos más formalmente. También arrancamos el año estrechando lazos con otros mercados y proyectos afines y entre muchas otras posibilidades de cooperación que estamos explorando, compartiremos un centro de acopio y nos daremos las manos en temas de logística entre otros.

Poco a poco iremos contándoles más detalles de este nuevo tren en el que nos estamos montando para unir esfuerzos y tener más impactos positivos. A medida que han pasado los años, desde que empezamos con el ejercicio de La Canasta, nos hemos dado cuenta que tanto nosotros como otros proyectos con ideales similares, duplicamos tareas, lo cual constituye una oportunidad para volver más eficientes nuestras iniciativas mediante la cooperación y coordinación de las actividades. Con la Red de Mercados Agroecológicos de Bogotá, entre otras formas, hemos estrechado lazos y hemos podido comprender mejor dónde podemos cooperar para fortalecer nuestros proyectos. Este es el año para empezar a volver una realidad las oportunidades que hemos identificado.

Esperamos que este año venga con mucha energía positiva para estos nuevos procesos que seguramente demandarán energía de nuestra parte. Sabemos que contamos con el apoyo de toda la red de productores y productoras que cultivan los alimentos que trae La Canasta a la ciudad y también sabemos que contamos con el apoyo de muchos de los y las comensales que reciben canastas en sus casas y disfrutan de una alimentación sana, variada y cultivada con amor.

Esta semana les sugerimos preparar una rica Pasta de arroz con verduras y salsa de ostras


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13 Dic

La Canasta Participativa

El sábado que pasó tuvimos la Asamblea Anual de La Canasta. Éste, como todos los años, tuvimos un muy grato encuentro entre muchos de los productores y productoras, algunos comensales y el equipo de La Canasta.

Para quienes no saben, La Canasta es una fundación y La Asamblea es uno de los órganos de decisión más importantes de la organización. La Asamblea de La Canasta está compuesta por representantes de cada uno de los grupos de productores, por comensales que estén matriculados o hayan recibido canastas periódicamente en el último año y por los gestores de La Canasta. En esta reunión anual se hace un reporte sobre el año que acaba y se toman decisiones sobre el futuro de la organización. La reunión ha sido siempre un muy bonito encuentro entre todas las partes que hacen parte de esta red y año tras año se fortalece más este espacio, pues las caras son las mismas y las discusiones son cada vez más interesantes.

Algo que nos parece muy gratificante y diciente es que, si bien las decisiones se deben tomar por votación, siempre hemos logrado tomar todas las decisiones por consenso entre todas las partes. Normalmente, el equipo de La Canasta presenta la información necesaria para poder tomar decisiones informadas y luego se generan charlas y discusiones al respecto y al final siempre ha habido consenso y no ha sido necesario votar para decidir.

La Asamblea de este año fue particular, pues siempre se había llevado a cabo en Bogotá, en el centro de acopio de La Canasta, y esta vez decidimos combinarla con una despedida del año y hacerla en Subachoque. Éramos alrededor de 40 personas, todas enfocadas en el mismo tema y se generaron intercambios y discusiones muy interesantes que nos hubieran dado para muchas horas de reunión, pero “desafortunadamente” teníamos un rico almuerzo y música de carranga programadas para la tarde y nos tocó interrumpir las discusiones y deliberaciones para darle paso a un poco de descanso. Las charlas siguieron, pero ya particulares y no entre todas las personas juntas.

Terminó el día y quedamos con mucha alegría de ver como esta red entre el campo y la ciudad está funcionando tan bien y como se han estrechado lazos entre todas las partes que hacemos parte de este sueño que es La Canasta.

Ahora los dejamos con la receta de la deliciosa sopa que preparamos ese día en fogata. Sopa de verduras y cebada


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08 Dic

La relevancia de la alimentación

Día tras día hacemos esta reflexión que parece muy trivial y lógica, pero en realidad nos parece que actualmente la alimentación ha perdido relevancia, en especial una alimentación que cuide de nuestro cuerpo y también del medio ambiente en el que vivimos. Todos los días, varias veces al día, nos alimentamos, muchas veces, tomando decisiones que no necesariamente son beneficiosas para nuestra salud y para la del planeta. Posiblemente por nuestro agitado día a día, por simple falta de conocimiento o porque las opciones más fáciles son aparentemente las que nos ofrece el mercado en general.

El día de hoy sale al aire una breve charla/entrevista que tuve con dos amigas que tienen una muy bella iniciativa que está directamente relacionada con este tema. Su proyecto se llama Franca Comilona y es una plataforma de Activismo Positivo alrededor de la comida. Fue creado por María Paula, quien trabaja como health coach con niños y familias que quieren adquirir hábitos más saludables con el medio ambiente (www.sanacomilona.com) y por Camila, también health coach y bloguera que tiene una pasión por ayudar a las mujeres en hacer las pases con la comida y con sus platos (www.francamaravilla.com). Ambas, conscientes de la desconexión en la que vivimos la mayoría de personas, al no saber de dónde vienen los alimentos que comemos ni qué tanto nos afectan, han decidido generar conciencia a través de su canal de YouTube llamado Franca Comilona. Juntas exploran el mundo de la comida con un lente activista, y en los diferentes episodios muestran alternativas o soluciones más saludables o más responsables con el mundo en el que vivimos.

Ellas se han esmerado por entender mejor la relación que existe entre nuestra salud y la del planeta, así como las implicaciones internas y externas de nuestras decisiones cotidianas al respecto. Muchas veces somos nosotros mismos quienes no nos permitimos tomar ciertas decisiones por hábitos y creencias infundadas. Pero ¿por dónde empezar? A diario, recibimos todo tipo de información sobre cómo debemos comer, qué hábitos adoptar, y cómo podemos llevar una vida más amigable con el medio ambiente y con nuestros propios cuerpos. Sin embargo, las recomendaciones son muchas y a menudo contradictorias, y terminamos confundidos y sin saber, finalmente, qué hábitos seguir.

Los invitamos a que reflexionemos sobre cómo tomamos nuestras propias decisiones y a que echen un vistazo a sus propuestas de cómo tomar decisiones que tengan impactos positivos en nuestras vidas en vez de dedicarnos a criticar lo que no está bien. ¡Vamos a meterle activismo positivo a nuestras vidas!

Hoy nos comparten esta rica receta: Dip de remolacha y nueces


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23 Nov

Todo lo que hay detrás…

Cada semana, los miércoles como hoy, entregamos las canastas que nos pidieron desde la semana anterior. Muy probablemente se podrán imaginar que detrás de los alimentos que llegan cada semana hay muchas manos, historias, personas, lugares y actividades. Una de las razones de ser de La Canasta es precisamente el visibilizar todo lo que hay detrás de un alimento que recibimos en la puerta de nuestra casa. Cuando vamos a un mercado cualquiera, las historias que podremos rescatar de la mayoría de los productos son normalmente las historias e información que hace que el producto se venda mejor.

Claro está que desde La Canasta queremos también que nuestros mercados se vendan mejor, pero esa no es nuestra motivación. Por el contrario, vender los mercados es solo una excusa y un medio para poder acercar al campo a la ciudad, para lograr que quienes vivimos en la ciudad entendamos de mejor manera las lógicas detrás de las decisiones que se toman en las fincas en el día a día. Desde la ciudad es muy habitual ir a un mercado y sentir que las cosas están muy caras por ejemplo, pero cuando entendemos toda la labor que hay detrás de un brócoli por ejemplo, es más fácil comprender que puede que el precio errado no sea el alto sino el bajo.

La semana pasada fuimos a la finca de Alex y entre varias personas alistamos el terreno para sembrar lechugas, espinacas, y calabacines si no nos falla la memoria. Después de arreglar el terreno y abonarlo con minerales y con el compost, sembramos varias plantulitas y las regamos para iniciar su proceso de crecimiento en tierra. Luego deshierbamos otra parcelita para permitir a los cultivos el crecimiento sin mucha competencia de otras matas.

Vivir esta experiencia nos permitió comprender mejor que detrás de los mercados hay mucho trabajo y cariño que les da un toque extra especial a nuestras canastas.

En efecto, detrás de cada canasta, cada semana, está el conocimiento de doña Anaís y su esposo Liborio que han cultivado la tierra desde niños en su tierra natal Usme y Sumapaz. También está la historia de don Pedrito, ahora presidente de ARAC en Subachoque que por problemas de salud ocasionados por sus trabajos previos, decidió para nuestra fortuna volver a cultivar como lo hacían sus ancestros y ahora nos brinda las delicias de su huerta. No podemos olvidar la incansable labor de doña María que desde su huerta en los cerros de Bogotá y con ayuda de don José su esposo, nos llenan las canastas de ricas y frescas lechugas entre otros. Detrás de los calabacines encontramos el empuje de Jairo que desde su finca en Aguabonita y con la invaluable sabiduría de Judith nos llenan las canastas de una variedad increíble de productos. Al saborear los cítricos recordamos la labor de Wilson y Mélida que los recolectan cada semana y los sacan en mula hasta la principal para embarcarlos en algún colectivo que los lleva a Fusa donde los recogemos. Y así podemos seguir llenando páginas y páginas.

Esta semana te invitamos a probar un rico Puré de papa con cubios, ahuyama y zanahoria


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25 Oct

Las historias de La Canasta

La Canasta es una Red de personas y cada persona es una historia. En este espacio hemos contado las historias de muchas de las personas que hacen parte de esta Red. La historia de hoy llega desde el Caribe, y es la primera entrega de la historia del Ñame.

Hace algunas semanas, se volvió viral en redes sociales un video (ver abajo) de un grupo de youtubers montemarianos que se lanzaron al estrellato para ofrecer un producto tradicional de la costa colombiana: el ñame. La razón por la que se lanzaron a las redes sociales es porque la sobreproducción de ñame de este año, y el poco acceso a redes justas de comercialización, generaron una acumulación de ñame nunca antes vista en los municipios de los Montes de María. Se llegó a hablar de más de 4 mil toneladas de ñame recogido acumulado en las parcelas de las familias campesinas que lo produjeron. Por más ganas de comer mote de queso, una familia no puede consumir 800 bultos de ñame. Quienes tuvieron suerte lograron vender algunos kilos en mercados locales, pero a precios irrisorios que no cubrían casi ni los costos del transporte para llevarlo a los pueblos más cercanos. Algunas familias, pagaron hasta 5 mil pesos por transportar un bulto desde sus parcelas para lograr vender a 7 u 8 mil pesos el mismo bulto en el mercado. En algunos casos el bulto se vendió a 15 mil, pero ese fue el precio más alto que se logró en el mercado local. La sobreproducción tiene mucho que ver con el precio del ñame y esto se debe por supuesto a las prácticas de no regulación de precios en el mercado, sino a la lógica de la oferta y la demanda que hace muy difícil para una familia campesina vivir de la producción agropecuaria. Lo hemos dicho y ejemplificado con diferentes casos, para el campesinado la lógica del mercado neoliberal es una condena a los ciclos de pobreza. El Estado ha intentado, en escenarios políticos y económicos distintos, intervenir en la comercialización de productos del agro para regular precios, ofrecer incentivos y reducir la intermediación, pero estas alternativas, como el extinto Idema, se convirtieron en espacios para la corrupción y el clientelismo y su función original, que era la de regular las condiciones del mercado a favor de pequeños y medianos productores, muy pronto fue distorsionada y generó más problemas. Así, una vez liquidado el Idema en 1997, las federaciones debían asumir esta labor de regulación. Sin embargo, y sin entrar en los detalles de la regulación por gremios y sus bemoles, hubo productos como el ñame que quedaron des agremiados y dependientes del mejor postor. La cantidad de ñame que se produjo en 2017 es responsabilidad en parte de los proyectos que el mismo Gobierno promovió en la región, la pregunta es: ¿Quién puede comprar tanto ñame? O mejor ¿Quién comercializa en mejores condiciones todo ese ñame para que valga la pena el esfuerzo de producirlo, transportarlo y venderlo?

Hace poco, por iniciativa de la Gobernación de Bolívar se organizó un Ñameton en Cartagena y se vendieron más de 70 toneladas de ñame en un día, entonces sí hay consumidores, lo que necesitamos son más espacios de comercio justo, así que ¡Inviten a sus amigos a comprar La Canasta!

Y para disfrutar los productos frescos de esta semana, Sopa de tomate fría

 


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11 Oct

Alimentación sana

Últimamente hay una tendencia bastante grande por la sana alimentación. Desde La Canasta celebramos esta tendencia, pero también queremos poner algunos puntos al respecto sobre la mesa. En general, la alimentación sana es una alimentación balanceada y creemos que ahí está la clave.

En los últimos años se han puesto de moda algunos alimentos específicos, que incluso son llamados “superalimentos”. Dentro de estos, la quinua fue una de las abanderadas. Hace unos 10 años, la quinua era un alimento bastante desconocido en la mayor parte del mundo. Era definitivamente parte de la dieta de pueblos de los Andes entre Bolivia y el sur Colombia principalmente, pero en ciudades como Bogotá no era parte de la dieta “normal” de la mayoría de la gente e incluso era difícil conseguirla en el mercado. En algún momento empezó a popularizarse y a veces es impensable que se pueda tener una alimentación sana sin incluir quinua dentro de su dieta.

Pasó lo mismo con la chía, el açai, el amaranto, el yacón la moringa y el kale, entre otros, todos con propiedades benéficas para nuestra salud. Unos de estos alimentos se han vuelto más populares y otros han incursionado con menos fuerza, pero en todo caso se han vuelto más conocidos que antes. El kale, o col rizada, ha tenido un boom similar al de la quinua y ha traído consigo algunos comportamientos particulares en el mercado.

Hace un par de años, había muy poca producción de kale en nuestra región. De un momento a otro, empezó una demanda desbordada por este “superalimento” y quienes lo sembraron empezaron a cobrar precios ridículos por el. Recordamos hace un par de años que una libra de tallos, un primo hermano del kale, que se produce de manera similar, costaba unos $900 por libra y nuestro amigo el kale se conseguía por unos $18,000 la libra, un desfase algo exagerado… Hoy en día la cosa es distinta y el kale va por unos $3,000 la libra, todavía algo desfasado, pero menos que antes definitivamente.

Nosotros estamos definitivamente de acuerdo con que es bueno comer alimentos con propiedades benéficas, pero tenemos que poner en perspectiva las cosas. Una alimentación a base de “superalimentos” principalmente también requiere el balance de otros alimentos menos superpoderosos, pero que le dan a nuestro cuerpo nutrientes benéficos también.

De cualquier manera, también promovemos que nuestra alimentación sea también sana para el medio ambiente y para las personas que producen nuestros alimentos. Para esto es necesario que haya variedad y que los precios sean justos para todas las partes.

Esta semana, los invitamos a probar una rica Sopa de verduras con quinua


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04 Oct

Acercándonos y cooperando

Este año ha sido un año especial para La Canasta. Comenzando el año, parecía que iba a ser un año de crecimiento, pues el primer par de meses tuvimos una buena cantidad de pedidos. Lamentablemente, parece que fue solo una ilusión, pues por el contrario, ha sido un año bien difícil, en términos de la cantidad de pedidos que hemos tenido. Los meses de vacaciones de mitad de año fueron críticos y pasadas las vacaciones han subido un poco los pedidos, pero todavía no han llegado por lejos a los niveles habituales para La Canasta. La situación parece ser generalizada en el país y eso es de cierta manera ingenua un pequeño alivio, pero sigue siendo complicado.

No obstante, ha sido un año en el cual nos hemos enfocado también en estrechar y fortalecer lazos con varias iniciativas afines. Los niveles de colaboración que hemos alcanzado con varios mercados por ejemplo son muy esperanzadores, pues los logros que se pueden alcanzar trabajando cooperativamente son mucho mayores que cada uno haciendo los mismos esfuerzos por su cuenta. Así, hemos logrado compartir transportes, comunicaciones, diversificar nuestra oferta y también sacar productos abundantes en cosecha que con la coyuntura actual no podríamos sacar y se perderían en las fincas.

Desde el año pasado veníamos pensando en generar este tipo de sinergias, y veníamos abriendo puertas por aquí y por allá con ese mensaje y este año se han materializado muchas colaboraciones fructíferas. Nació la Red de Mercados Agroecológicos de Bogotá – Región, donde hemos podido poner nuestro trabajo y nuestros logros en perspectiva y donde nos hemos dado la mano con otras 8 organizaciones para sacar proyectos adelante y buscar apoyo para seguir avanzando juntos. Hemos estrechado lazos con Jero el Granjero, una iniciativa similar a La Canasta y más o menos “contemporánea”, con quienes hemos querido unir esfuerzos desde nuestros comienzos y ahora estamos dando pasos para compartir procesos, conocimientos y experiencias para poder trabajar de manera más eficiente y tener un mayor impacto.

En los últimos meses hemos comenzado diálogos con otros colectivos como Con la cuchara no se juega y con Savias y Sabias y estamos buscando las mejores maneras para realizar actividades para fortalecer redes de productores en el campo y fomentar el consumo consciente y responsable en la ciudad. Quienes nos siguen en Facebook o Instagram habrán podido ver parte del increíble trabajo que están haciendo en Con la cuchara no se juega para visibilizar La Canasta y sobre todo la labor campesina.

Si los pedidos seguirán de capa caída o subirán no lo podemos decir, pero lo que si podemos asegurar es que estos lazos y redes que estamos tejiendo nos brindarán mayores posibilidades para seguir avanzando por este bello y loable camino que escogimos.

Esta semana, los invitamos a probar un rico Calentado de arroz con repollo y calabaza


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20 Sep

Los paisajes cambiantes en el campo

La semana pasada estuvimos visitando a don Fabriciano, su hermano y su papá en su bella finca en la Provincia de Marquez, cerca del pueblo de Boyacá en Boyacá. Para llegar allá fuimos por la principal y llegando al Puente de Boyacá nos desviamos y empezamos a internarnos en los bellos campos boyacenses. Tan pronto se abandona la autopista de doble calzada y se reduce la velocidad, se logra disfrutar más de los bonitos paisajes.

Desafortunadamente, hay paisajes que nos son tan bonitos, pues prácticas de agricultura convencional tienden a quemar toda la vida que tienen los suelos para prepararlos. Se aplican productos para “limpiar” y preparar el terreno resultando en lotes erosionados que necesitan ser manejados con agroquímicos para poder producir algo. En fin, no queremos entrar en detalles con respecto a esto, pero es imposible no mencionarlo.

El caso es que si bien hace un par de meses habíamos visitado a don Fabriciano también, los puntos de referencia crecen, se cosechan, se siembran de nuevo y etc. Solamente al llegar a la finca, casi que no reconocemos la entrada, pues la parcela que estaba casi pelada en marzo, que tenía algunas siembras de cebolla, zanahoria y arracacha en abril, estaba ahora llena de matas de maíz rojo, papa, cebolla, zanahoria, ajo, etc. Y definitivamente en fases de maduración distintas.

Seguimos subiendo hacia la casa y los sembrados que la rodeaban que eran arracachas, fríjoles y algunos otros productos, estaban complementados por pepino de guiso, lentejas, maíz y muchas otras matas. Mejor dicho, el paisaje de toda la finca va cambiando permanentemente. Cambiando de tipo de matas, de color, de olor, de altura de densidad, etc. Todo esto gracias a la rotación y complementariedad de cultivos que se maneja en la agroecología.

Entre era y era de maíces se va sembrando papa, lenteja o fríjol, por ejemplo. También es interesante ver cómo ciertos cultivos se dejan secar en la mata para luego si cosecharlos, como las habas que no tienen tanta salida cuando están verdes, entonces don Fabriciano las deja secar completamente en la mata y luego las cosecha y las usa para moler y hacer harinas o simplemente las guarda y reproduce. Labor increíble y muy loable la que tienen ellos como guardianes de semillas. ¡Gracias a ellos por esto!

Para la vuelta decidimos irnos por vías pequeñas y vimos algo que nos llamó mucho la atención al pasar por la zona de Tibaná y alrededores, tierras donde se cultivan muchos frutales como durazno, ciruela, manzana y pera. En los cultivos, los árboles estaban pelados, no tenían ni una hojita… Pues resulta que les echan químicos para que suelten las hojas y toda la energía se concentre en sacar muchos y grandes frutos para maximizar productividad. Y si bien eso también hace que los paisajes cambien, qué pasa con los suelos, las personas que viven por ahí, los comensales y las fuentes de agua, qué efectos tienen estas prácticas, nos preguntamos.

En nuestra visita, nos prepararon un rico Cocido de habas


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06 Sep

Cooperación con otras iniciativas

Tal como les hemos contado en diversas ocasiones recientemente, en los últimos meses le hemos apostado a sumar esfuerzos con varias iniciativas con trabajo y principios afines a La Canasta. De esta manera, hemos dado pasos para hacer más eficientes muchos de los procesos que realizamos, por medio de unir esfuerzos con otros que realizan procesos similares, por ejemplo. Previamente les hemos contado sobre la recientemente constituida Red de Mercados Agroecológicos de Bogotá, de donde han surgido muchas sinergias como por ejemplo hacer pedidos en conjunto para bajar costos de transporte, realizar eventos juntos, etc. Un aspecto importante de la colaboración que estamos reforzando es el de podernos apoyar mutuamente con nuestras respectivas redes de productores. Sin ir más lejos, doña Anaís y las otras fincas de nuestra Red ubicadas en la zona rural de Usme, están sacando las deliciosas papas nativas que hemos estado mandando las últimas semanas. Desafortunadamente, las últimas semanas no han brillado por la cantidad de pedidos que hemos recibido, haciendo que no podamos pedir las cantidades que nos ofrecen. Afortunadamente hemos podido ofrecerles estas papas cornetas y bandera a otros mercados para que las ofrezcan a sus comensales también, diversificando ellos su oferta y pidiendo nosotros mayores cantidades a las familias de nuestra Red para que no se pierdan estas ricas papas.

Por otro lado, en los últimos meses conocimos a un colectivo llamado Con la cuchara no se juega. Hemos tenido un par de encuentros y charlas con ellos para ver cómo podemos apoyarnos mutuamente y hace unos días se acercaron a nosotros con varias propuestas para trabajar conjuntamente. Es reconfortante recibir este tipo de propuestas concretas y poder empezar a soñar más en grande.

Por lo pronto empezaremos con una de las tareas que tenemos pendientes hace un tiempo que es la de organizar visitas a fincas de nuestra Red. Estas visitas son espacios increíbles para fortalecer esta Red entre comensales y productores, aprender mutuamente y lograr ponernos en los zapatos de los otros para comprender mejor las necesidades y restricciones de ambas caras de la moneda. Cada vez que hemos visitado alguna finca con más comensales, la satisfacción de todas las partes es muy grande y las ganas de volver son inmensas.

Sin la colaboración ofrecida por ellos, y dados los varios frentes de trabajo que tenemos, seguiríamos postergando estas visitas, así como otras actividades, por falta de tiempo principalmente. Afortunadamente nos darán una mano y les anticipamos que estaremos invitándolos pronto a que nos acompañen a visitar alguna(s) de las familias que producen los alimentos que llevamos a sus casas semana tras semana.

Esta semana, los invitamos a probar un Puré de papa bandera con espinaca y queso


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24 Ago

¿Quién decide qué comemos?

Algunos de los productos que recibimos en las canastas no son necesariamente los que vemos normalmente exhibidos en la mayoría de tiendas de cadena en grandes cantidades. De hecho, no siempre encontraremos productos como guatila, papa bandera, cubio, papayuela, limón mandarino y muchos más. Y de encontrarlos, estarán exhibidos en pequeñas cantidades probablemente. Esto nos hace preguntarnos por las razones para que esto sea así. Siendo por ejemplo la guatila un alimento tan versátil y con tantas propiedades benéficas para la salud, y además siendo un producto que se da con tanta facilidad, ¿cómo puede ser que nuestras dietas no incluyan este producto?

Hay varias respuestas que podrían dar explicación a esta pregunta. Por un lado, nuestra alimentación se ha visto influenciada en gran parte por muchas otras culturas, haciendo que los productos que no son comunes en cocinas de otros lados se vayan dejando de consumir. También podríamos pensar que el hecho que las familias no son tan cohesivas y con tantas tradiciones hoy en día en comparación con las de hace algunos años, nos ha llevado a perder muchas tradiciones y recetas que incluyen estos alimentos nativos por ejemplo. Podría ser por otro lado que es más manejable y eficiente para los mercados tener alimentos “más comunes” dentro de su oferta, así los inventarios y rotación de cada producto serán mayores.

En fin, debe haber muchas explicaciones para este fenómeno, pero desde La Canasta nos parece que el modelo no está necesariamente respondiendo a lo que nos da la tierra, cuándo nos lo da y a quienes están detrás de cada alimento. Por ejemplo, de la gran variedad de plátanos que se dan alrededor de Bogotá, el que más comúnmente se encuentra es el dominico. Pues por economías de escala, es más fácil tener grandes plantaciones de una sola variedad y estandarizar los procesos para reducir costos.

¿Qué pasa entonces con los plátanos popochos, coliceros, cachacos, etc? Lentamente dejamos de consumirlos y nos acostumbramos a utilizar una sola variedad.

No obstante, no deja de extrañarnos el hecho que gran parte de las visitas que se registran en nuestra página web son personas que llegan a ésta buscando “recetas con guatila” por ejemplo. ¿Será que la demanda por estos productos “raros” es más alta que la oferta de los mismos?

En La Canasta, definitivamente seguiremos rescatando estos olores, sabores y texturas en la medida que la tierra nos los sigan dando.

Para quienes reciban productos que no sepan qué son, o qué hacer con ellos, les recomendamos explorar la sección de recetas e historias en nuestra página, allí encontrarán ideas para preparar todos estos productos e historias sobre las particularidades de los alimentos y de quienes los cultivan.

Esta semana, prueben preparar una rica Salsa de yogurt griego y ahuyama


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