20 Sep

Los paisajes cambiantes en el campo

La semana pasada estuvimos visitando a don Fabriciano, su hermano y su papá en su bella finca en la Provincia de Marquez, cerca del pueblo de Boyacá en Boyacá. Para llegar allá fuimos por la principal y llegando al Puente de Boyacá nos desviamos y empezamos a internarnos en los bellos campos boyacenses. Tan pronto se abandona la autopista de doble calzada y se reduce la velocidad, se logra disfrutar más de los bonitos paisajes.

Desafortunadamente, hay paisajes que nos son tan bonitos, pues prácticas de agricultura convencional tienden a quemar toda la vida que tienen los suelos para prepararlos. Se aplican productos para “limpiar” y preparar el terreno resultando en lotes erosionados que necesitan ser manejados con agroquímicos para poder producir algo. En fin, no queremos entrar en detalles con respecto a esto, pero es imposible no mencionarlo.

El caso es que si bien hace un par de meses habíamos visitado a don Fabriciano también, los puntos de referencia crecen, se cosechan, se siembran de nuevo y etc. Solamente al llegar a la finca, casi que no reconocemos la entrada, pues la parcela que estaba casi pelada en marzo, que tenía algunas siembras de cebolla, zanahoria y arracacha en abril, estaba ahora llena de matas de maíz rojo, papa, cebolla, zanahoria, ajo, etc. Y definitivamente en fases de maduración distintas.

Seguimos subiendo hacia la casa y los sembrados que la rodeaban que eran arracachas, fríjoles y algunos otros productos, estaban complementados por pepino de guiso, lentejas, maíz y muchas otras matas. Mejor dicho, el paisaje de toda la finca va cambiando permanentemente. Cambiando de tipo de matas, de color, de olor, de altura de densidad, etc. Todo esto gracias a la rotación y complementariedad de cultivos que se maneja en la agroecología.

Entre era y era de maíces se va sembrando papa, lenteja o fríjol, por ejemplo. También es interesante ver cómo ciertos cultivos se dejan secar en la mata para luego si cosecharlos, como las habas que no tienen tanta salida cuando están verdes, entonces don Fabriciano las deja secar completamente en la mata y luego las cosecha y las usa para moler y hacer harinas o simplemente las guarda y reproduce. Labor increíble y muy loable la que tienen ellos como guardianes de semillas. ¡Gracias a ellos por esto!

Para la vuelta decidimos irnos por vías pequeñas y vimos algo que nos llamó mucho la atención al pasar por la zona de Tibaná y alrededores, tierras donde se cultivan muchos frutales como durazno, ciruela, manzana y pera. En los cultivos, los árboles estaban pelados, no tenían ni una hojita… Pues resulta que les echan químicos para que suelten las hojas y toda la energía se concentre en sacar muchos y grandes frutos para maximizar productividad. Y si bien eso también hace que los paisajes cambien, qué pasa con los suelos, las personas que viven por ahí, los comensales y las fuentes de agua, qué efectos tienen estas prácticas, nos preguntamos.

En nuestra visita, nos prepararon un rico Cocido de habas


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06 Sep

Cooperación con otras iniciativas

Tal como les hemos contado en diversas ocasiones recientemente, en los últimos meses le hemos apostado a sumar esfuerzos con varias iniciativas con trabajo y principios afines a La Canasta. De esta manera, hemos dado pasos para hacer más eficientes muchos de los procesos que realizamos, por medio de unir esfuerzos con otros que realizan procesos similares, por ejemplo. Previamente les hemos contado sobre la recientemente constituida Red de Mercados Agroecológicos de Bogotá, de donde han surgido muchas sinergias como por ejemplo hacer pedidos en conjunto para bajar costos de transporte, realizar eventos juntos, etc. Un aspecto importante de la colaboración que estamos reforzando es el de podernos apoyar mutuamente con nuestras respectivas redes de productores. Sin ir más lejos, doña Anaís y las otras fincas de nuestra Red ubicadas en la zona rural de Usme, están sacando las deliciosas papas nativas que hemos estado mandando las últimas semanas. Desafortunadamente, las últimas semanas no han brillado por la cantidad de pedidos que hemos recibido, haciendo que no podamos pedir las cantidades que nos ofrecen. Afortunadamente hemos podido ofrecerles estas papas cornetas y bandera a otros mercados para que las ofrezcan a sus comensales también, diversificando ellos su oferta y pidiendo nosotros mayores cantidades a las familias de nuestra Red para que no se pierdan estas ricas papas.

Por otro lado, en los últimos meses conocimos a un colectivo llamado Con la cuchara no se juega. Hemos tenido un par de encuentros y charlas con ellos para ver cómo podemos apoyarnos mutuamente y hace unos días se acercaron a nosotros con varias propuestas para trabajar conjuntamente. Es reconfortante recibir este tipo de propuestas concretas y poder empezar a soñar más en grande.

Por lo pronto empezaremos con una de las tareas que tenemos pendientes hace un tiempo que es la de organizar visitas a fincas de nuestra Red. Estas visitas son espacios increíbles para fortalecer esta Red entre comensales y productores, aprender mutuamente y lograr ponernos en los zapatos de los otros para comprender mejor las necesidades y restricciones de ambas caras de la moneda. Cada vez que hemos visitado alguna finca con más comensales, la satisfacción de todas las partes es muy grande y las ganas de volver son inmensas.

Sin la colaboración ofrecida por ellos, y dados los varios frentes de trabajo que tenemos, seguiríamos postergando estas visitas, así como otras actividades, por falta de tiempo principalmente. Afortunadamente nos darán una mano y les anticipamos que estaremos invitándolos pronto a que nos acompañen a visitar alguna(s) de las familias que producen los alimentos que llevamos a sus casas semana tras semana.

Esta semana, los invitamos a probar un Puré de papa bandera con espinaca y queso


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24 Ago

¿Quién decide qué comemos?

Algunos de los productos que recibimos en las canastas no son necesariamente los que vemos normalmente exhibidos en la mayoría de tiendas de cadena en grandes cantidades. De hecho, no siempre encontraremos productos como guatila, papa bandera, cubio, papayuela, limón mandarino y muchos más. Y de encontrarlos, estarán exhibidos en pequeñas cantidades probablemente. Esto nos hace preguntarnos por las razones para que esto sea así. Siendo por ejemplo la guatila un alimento tan versátil y con tantas propiedades benéficas para la salud, y además siendo un producto que se da con tanta facilidad, ¿cómo puede ser que nuestras dietas no incluyan este producto?

Hay varias respuestas que podrían dar explicación a esta pregunta. Por un lado, nuestra alimentación se ha visto influenciada en gran parte por muchas otras culturas, haciendo que los productos que no son comunes en cocinas de otros lados se vayan dejando de consumir. También podríamos pensar que el hecho que las familias no son tan cohesivas y con tantas tradiciones hoy en día en comparación con las de hace algunos años, nos ha llevado a perder muchas tradiciones y recetas que incluyen estos alimentos nativos por ejemplo. Podría ser por otro lado que es más manejable y eficiente para los mercados tener alimentos “más comunes” dentro de su oferta, así los inventarios y rotación de cada producto serán mayores.

En fin, debe haber muchas explicaciones para este fenómeno, pero desde La Canasta nos parece que el modelo no está necesariamente respondiendo a lo que nos da la tierra, cuándo nos lo da y a quienes están detrás de cada alimento. Por ejemplo, de la gran variedad de plátanos que se dan alrededor de Bogotá, el que más comúnmente se encuentra es el dominico. Pues por economías de escala, es más fácil tener grandes plantaciones de una sola variedad y estandarizar los procesos para reducir costos.

¿Qué pasa entonces con los plátanos popochos, coliceros, cachacos, etc? Lentamente dejamos de consumirlos y nos acostumbramos a utilizar una sola variedad.

No obstante, no deja de extrañarnos el hecho que gran parte de las visitas que se registran en nuestra página web son personas que llegan a ésta buscando “recetas con guatila” por ejemplo. ¿Será que la demanda por estos productos “raros” es más alta que la oferta de los mismos?

En La Canasta, definitivamente seguiremos rescatando estos olores, sabores y texturas en la medida que la tierra nos los sigan dando.

Para quienes reciban productos que no sepan qué son, o qué hacer con ellos, les recomendamos explorar la sección de recetas e historias en nuestra página, allí encontrarán ideas para preparar todos estos productos e historias sobre las particularidades de los alimentos y de quienes los cultivan.

Esta semana, prueben preparar una rica Salsa de yogurt griego y ahuyama


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09 Ago

Las vacaciones para La Canasta

Las épocas de vacaciones, tanto a fin de año, como en Semana Santa, receso en octubre y más aún a mitad de año, son periodos duros para La Canasta. Si bien la gente no deja de comer, si se alteran las rutinas en los hogares, muchas personas viajan y en general se modifican los hábitos alimenticios en los hogares. O al menos eso creemos, porque generalmente desde La Canasta sentimos bajas considerables en los pedidos durante estos periodos. También creemos que en muchos casos hay personas que interrumpen sus pedidos por algunas semanas y luego se les olvida retomarlos.

El modelo de La Canasta está basado en un Red conformada por productores y productoras en el campo y comensales en la ciudad, que hacemos compromisos de producción y consumo, respectivamente. En la medida que la cantidad de comensales se mantenga y eventualmente crezca moderadamente, podemos mantener nuestro compromiso de compra a las fincas e incluso hacer nuevos compromisos. Claro está que esto no es una ecuación matemática y cada semana varían quienes piden, llegan nuevas personas a la Red y otras salen por diversos motivos.

Siendo fieles a nuestros principios, los esfuerzos que hacemos para buscar nuevos comensales están limitados, pues queremos que la labor de facilitación que realiza el equipo de La Canasta sea lo más eficiente posible en términos de costos, para lograr dirigir la mayor parte de los ingresos por ventas de canastas directamente a las personas produciendo los alimentos. Analizando nuestros balances e incluso comparando nuestro modelo con otras iniciativas similares, podemos estar contentos que este objetivo se está cumpliendo a cabalidad.

Para lograr esto, los márgenes que maneja La Canasta son mínimos, y es ahí donde empieza nuestra Red a tener relevancia. Cada cual desde su rol, campesinos y campesinas en las fincas cultivando alimentos diversos y de buena calidad, el equipo de La Canasta trabajando de manera eficiente y buscando balances entre todas las partes y los comensales probando nuevas preparaciones, compartiéndolas y usando el poder del voz a voz para que nuestros mensajes lleguen a muchos otros potenciales comensales, entre otras maneras de apoyar esta Red.

Todas las personas que participamos en este ciclo agroalimentario sostenible podemos involucrarnos más o menos, dependiendo de nuestras posibilidades, pero lo importante es que nos apropiemos e identifiquemos con éste modelo. Las canastas deben ser cada vez de mejor calidad, tener mayor variedad y responder más a los deseos y necesidades de los comensales, y la demanda por estas debe ser cada vez mayor para traer mayores volúmenes de las fincas y eventualmente incluir nuevas familias campesinas. Con solo estar leyendo estas líneas, estamos despertando ideas para participar más activamente en la red, probablemente. ¡Por lo pronto, bienvenido el fin de las vacaciones de mitad de año!

Ya para celebrar, una rica idea para un Jugo de tomate de árbol con naranja


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12 Jul

Los precios solidarios de La Canasta

Uno de los temas de mayor sensibilidad dentro de nuestro trabajo es el de los precios que se pagan por los productos a las personas que los cultivan en el campo. Uno de los tres pilares de La Canasta es La Economía Social y Solidaria, lo cual entre otras cosas y en pocas palabras quiere decir que en nuestra red se compran los productos a precios justos para quienes los cultivan y también se venden éstos a precios igualmente justos a los comensales. En la práctica, por un lado, alrededor de un 70% del precio que recibimos por la venta de las canastas va directamente a pagar a los campesinos por sus productos, y por otro lado, los precios de los productos no están regidos por las leyes de la oferta y la demanda y del mercado, sino que se fijan en común acuerdo con los productores.

Los precios de los productos se fijan de acuerdo a los costos de producción, asegurando que éstos permitan que las personas que cultivan los productos puedan vivir en condiciones de vida digna, gracias a su labor campesina. El acuerdo es que cada vez que las condiciones cambian (por ejemplo cada año con la inflación), se revisan los precios y se establecen los incrementos o rebajas a éstos. Este proceso se realiza siempre en común acuerdo y con la participación de productores, comensales y el equipo de La Canasta en nuestra Asamblea anual Desde hace unos meses, cuando fijamos los precios para este año, quedó en el tintero la idea de unificar los precios pagados por cada producto a todas las fincas. Hasta ahora, cada finca maneja un listado de precios específico y si bien las variaciones de éstos no eran grandes entre finca y finca, si había ciertos productos que se pagaban diferente. Rosalba, la persona de nuestro equipo encargada de las relaciones con las fincas, en conversaciones con la mayoría de las personas en las fincas, propuso unificar los precios de cada producto para todas las fincas.

De esta manera, el sábado pasado nos reunimos con representantes de todos los grupos de productores para discutir sobre ésto y sobre temas de planificación de siembras. En consenso total decidimos revisar y unificar los precios de todos los productos. Entre las personas reunidas, en especial los productores, decidimos bajar ciertos precios para ser aún más competitivos con nuestras canastas. Los cambios no fueron radicales, pero eventualmente verán más productos que lo acostumbrado en sus canastas en las próximas semanas. La apuesta es incrementar las ventas para sacar más volúmenes.

Paradójicamente, en una visita a la plaza de Paloquemao este fin de semana nos sorprendió que los precios de muchos de los productos estaban bastante altos allá, incluso por encima de los precios de La Canasta, lo que no es lo habitual. Las ventajas de los precios fijos y de la economía solidaria para los comensales…

Esta semana, sugerimos una rica preparación: Casquitos de papa criolla dorados


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05 Jul

El tamaño es lo de menos

En el mercado convencional se habla constantemente sobre el tamaño “parejo” de los productos. Esto quiere decir que cada uno de los alimentos debe tener un tamaño “normal” para poder ser vendido a cierto precio. Si es más grande o más pequeño que el tamaño “parejo”, se paga a un precio diferente o no es aceptado en ciertos mercados.

Afortunadamente existe mercado para los tamaños no parejos, claro está con precios menores normalmente. De esta manera, las grandes superficies y supermercados de cadena pueden exhibir en sus estantes los productos parejos y los mercados que venden a menores precios, ofrecerán a sus clientes los productos de tamaños disparejos.

De cualquier manera, esto genera desperdicios innecesarios y además, como hemos discutido en varias ocasiones, quien tiene que absorber estas exigencias finalmente termina siendo la persona que cultivó los alimentos, estando ésta en una situación de desventaja competitiva.

Por otro lado, existe la creencia que los productos orgánicos tienen que ser más pequeños que los convencionales. Si bien el tamaño “parejo” de los convencionales tiende a ser más grande, pues se utilizan procesos precisamente para que los productos sean más grandes, pesen más y duren menos en fase de producción, esto no quiere decir que si el producto es grande, entonces tiene químicos. El tamaño que alcanzan los diferentes productos tiene que ver en gran parte con los nutrientes que tengan los suelos donde crecen los alimentos, con la cantidad de lluvia o de sol que reciban los productos en sus diferentes fases de crecimiento y maduración.

Cada producto tiene un punto de maduración ideal, en el cual debe ser cosechado para que no esté ni muy maduro o pasado ni muy verde o falto de madurez. Este punto es clave para que el producto tenga mejor sabor y para aprovechar sus nutrientes más eficientemente. Ahora bien, un producto puede alcanzar este grado de madurez en tamaños diferentes dependiendo de las condiciones climáticas, los abonos o nutrientes que tenga el suelo. De esta manera podemos recibir zanahorias de más de una libra como muchas de las que recibimos hoy o zanahorias de algunos gramos como hemos recibido en otras ocasiones.

Claro está que si las zanahorias nos salen miniatura o gigantes en una cosecha, debemos ver cómo balanceamos nuestros suelos mejor para que el crecimiento sea más “parejo” en próximas cosechas, pues si bien no es un requerimiento o una causal de rechazo de un productos, si es deseable que el tamaño extremo ni para un lado ni para el otro. Eso si con una premisa que es que las consideraciones de tamaño o forma de los alimentos no debe ser causal de desperdicio ni de aprovechamiento de para hacer pagos menores, pues en últimas son alimentos con propiedades similares y esto es lo más importante.

Esta semana los invitamos a probar una rica Ensalada de zanahoria y remolacha


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28 Jun

El Capital Social de ARAC

Semana tras semana, cada martes en la tarde/noche, comienzan a llegar las y los asociados de ARAC al restaurante La Conejera, en el margen del poblado de La Pradera. Pero no llegan solo los asociados y asociadas, también llegan estudiantes, profesores, personas con proyectos relacionados y muchas más personas que buscan conocer la magnífica experiencia de esta Asociación.

Ayer, como todos los martes, se reunieron y nosotros los acompañamos para la primera parte de su reunión. El primer turno fue para un joven francés que ha estado visitando y trabajando con los asociados en sus fincas en diversos aspectos. Luego siguió el colectivo Con La Cuchara No Se Juega que presentó su proyecto para abrir puertas de cooperación con ARAC. A estos los siguieron un grupo de profesores de la Uniminuto, que han acompañado el proceso de ARAC desde hace varios años y presentaron varios temas también.

Uno de los temas que nos llamaron la atención fue cuando se empezó a discutir sobre un video que van a ayudar a producir la personas de Uniminto sobre la experiencia de ARAC. De esta discusión salió un tema muy interesante sobre el enfoque principal del video.

En un principio se pensó en hacer el video enfocado en el aspecto de la agroecología y aspectos relativamente técnicos sobre la producción agroecológica. Tan pronto se planteó esto, algunos de los asociados cuestionaron ese enfoque y argumentaron que el aspecto más diferenciador de ARAC no es la agroecología, que si bien es una de las razones de ser de la Asociación, no es la única. De ahí salió una nueva propuesta que es enfocar el video en el tema asociativo de ARAC.

Como organización hermana de ARAC, pensamos que sus logros desde la perspectiva de la asociatividad son realmente un diferencial de ellos y una de sus caras más bellas. Después de alrededor de 6 años de trabajo y reuniones periódicas, es claro que el capital social que han construido las personas que hacen parte de ARAC, es sin duda uno de sus mayores logros.

A primera vista se podría decir que en ARAC se reúnen todas las semanas para agregar la oferta de todas sus fincas, como un ejercicio netamente comercial, pero en la realidad, este es un proceso que realizan únicamente después de haber discutido una variedad de temas no despreciable. Al pensar en ARAC, pensamos más en una gran familia que en una mera agremiación de productores agroecológicos. Su Asociación está basada en las personas que la componen, con un eje central que es la agroecología, pero su gran fortaleza es en efecto la cohesión que los constituye y les facilita todos los proyectos que emprenden. ¡Que sigan así por muchos años más y nosotros con ellos!

Esta semana, déjate tentar con una Mermelada de ruibarbo


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14 Jun

La satisfacción de trabajar colectivamente

Si recibieron canasta la semana pasada o si nos siguen en Facebook o Instagram, posiblemente sepan que el sábado pasado tuvimos el muy esperado Lanzamiento de nuestra nueva Red de Mercados Agroecológicos de Bogotá-Región. Fue un evento que preparamos durante varios meses y para el que fuimos trabajando poco a poco entre todas las iniciativas que componemos esta Red.

Una de las razones para establecer esta Red fue el objetivo de sumar esfuerzos y tener mayor incidencia y alcance entre todas las iniciativas, en vez de seguir como veníamos, donde cada una hacía grandes esfuerzos para lograr llegar al mayor número de personas posible. Muchas de las personas involucradas hemos venido remando contra la corriente desde hace varios años y si bien hay muchas satisfacciones, los logros tienden a ser más bien pequeños comparados con los esfuerzos invertidos.

En este caso, desde la perspectiva de La Canasta, y posiblemente de las personas que lideran los otros mercados o iniciativas, consideramos que con esfuerzos mucho menores a los habituales logramos tener un alcance grandioso. Cuando estábamos organizando el evento, y teniendo en cuenta experiencias anteriores, por momentos creímos que éste iba a ser un buen espacio para juntarnos los allegados a los mercados, las personas que hacen ya parte de cada una de las redes y un par de visitantes más. Pero para nuestra sorpresa llegó el sábado en la tarde y empezaron a llegar visitantes. Muchas de las actividades que teníamos pensadas se diluyeron, porque la asistencia nos desbordó a organizadores y al mismo espacio físico que se quedó pequeño para recibir cómodamente a tantos visitantes. ¡Qué alegría!

Los resultados excedieron nuestras expectativas. Esto nos da mucha energía y nos impulsa a fortalecer estos vínculos para entendernos como aliados más que como competidores, un punto que no nos cansaremos de remarcar.

Para quienes hayan podido ir al evento, esperamos que hayan conocido a algunos de los productores que estaban representando a La Canasta y a otros mercados. Tuvimos la fortuna de contar con la compañía de doña Anaís y doña Alejandrina de Usme, de don Pedro y don Orlando de Subachoque, de Jairo de Aguabonita, de don Jorge de Vianí, entre otras muchas personas allegadas a La Canasta. Fueron ellos quienes nos representaron en nuestro stand, pues con la gran acogida del evento, nos tocó dejarlo solo para colaborar en la zona del mercado de productos de todas las iniciativas. Y en últimas, ¿quiénes pueden representar mejor a La Canasta que las propias personas que cultivan los alimentos que enviamos a sus casas cada semana?

Por lo pronto seguiremos trabajando en los otros proyectos comunes de esta gran Red. Seguiremos reportándoles sobre los avances de nuestro Sistema Participativo de Garantías, que es uno de sus grandes apuestas a corto plazo.

Esta semana, un fresca idea: Yogurt natural con miel y frutas


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17 May

¿La tierra para quién?

En estas últimas semanas estamos asistiendo a un momento clave del proceso de construcción de paz: el proceso de reforma legislativa para concretar lo que se acordó. Una de esas reformas de gran relevancia, por estar en el corazón de las causas del conflicto armado en Colombia, es la relacionada con la tierra. Si bien en el acuerdo de paz no se habla de reforma agraria, sí se habla de reforma rural integral, y el punto 1 explicita las acciones a tomar en ese sentido. Vemos con preocupación la dirección que están tomando estas reformas, al menos en las discusiones iniciales de los proyectos de ley. Pareciera que en vez de avanzar hacia una distribución más justa de la tierra y un acceso a ésta por parte del campesinado, se estuvieran desmontando los mecanismos ya existentes para eso. Quienes analizan estos temas han puesto especial énfasis en el cambio propuesto por el gobierno a las UAF, que lee Unidad Agrícola Familiar. La UAF básicamente establece la cantidad de tierra que requiere una familia campesina para vivir con dignidad, y varía de región en región, según la vocación del suelo, las condiciones agrológicas, las infraestructuras disponibles, entre otras cosas. Se utiliza como medida de adjudicación de tierras baldías.

Por ejemplo, una de las propuestas que se presentaron es cambiar la UAF de adjudicación por la UAF predial. Esta última se calcula predio por predio en términos de un proyecto productivo, mientras que la UAF de adjudicación se calcula por zona relativamente homogénea, y se incluyen más factores: ambientales, agrológicos, infraestructura, estructura ecológica principal, sistemas productivos. Es un abordaje más integral, en una lógica territorial, que relaciona las condiciones biofísicas con las soioeconómicas, y que puede dar por resultado en general unidades de adjudicación más grandes (esto es, se entrega más tierra propiedad del Estado al campesinado considerado sujeto de reforma agraria). La UAF predial funcionaría en una lógica de focalización a través de un proyecto productivo, en la que prima la variable económica por encima de las demás, perdiendo integralidad, y abriendo la puerta para que el campesinado obtenga menos tierra. Pero es no es todo. Se incorporaría una figura, la “Unidad de producción rural” que permitiría que además de entregarse una UAF, unidad pensada para evitar la concentración de tierra, ya que no puede ser adjudicada más de una, se entregara en uso (no en propiedad) más tierra si se justifica por el proyecto productivo. No especifica ni cuánta tierra ni cuánto tiempo, y cambia el destinatario, que ya no sería el campesinado como sujeto de reforma agraria, sino un “beneficiario”, lo que abre la puerta al acceso a los baldíos de la nación por otros distintos al campesinado. Desde varios sectores se ha denunciado que esta reforma propiciaría la concentración de tierras y la apropiación de tierras baldías.

Entonces, vemos con preocupación que la tierra sigue siendo uno de los objetos de disputa de los grupos de poder, y que los cambios legislativos propuestos por el momento no parecen aportar realmente a la construcción de paz.

Esta semana te invitamos  probar una rica receta de Arroz con repollo


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10 May

Los dilemas de las arepas

Esta semana queremos aprovechar este espacio para contarles que uno de los productos que tenemos la costumbre de ofrecerles estará ausente de nuestra canasta semanal, por lo menos por un tiempo. Se trata de las arepas con las que Ana nos ha deleitado desde hace tiempo, que dejaremos de ofrecer desde la próxima semana. La razón de que las arepas no sigan llegando es que Ana y Mario decidieron comenzar con otro emprendimiento que les demanda mucho tiempo, paralelo a sus labores en la finca, por lo que no pueden seguir comprometiéndose con la elaboración de las arepas.

Es un cambio que genera muchas reflexiones. En comunicaciones anteriores les contamos acerca del proceso artesanal de este tipo de productos. Incluso quienes estuvimos en una de las visitas a las fincas hicimos todo el proceso, y vimos cuánto tiempo y trabajo requieren: desde hervir el maíz, procesarlo en el molino, amasarlo, darle forma, y asarlas en el asador con carbón.

Una de las cosas que pone en evidencia este cambio, es que los productos artesanales muchas veces no generan ingresos suficientes o representativos para quienes los elaboran. La relación tiempo/esfuerzo/ingresos puede no ser proporcional. Y si lo fuera, se transformaría en un producto comparativamente tan caro que no sería posible comercializarlo. Y el conflicto no es del precio que tendría el producto artesanal, sino de los precios “irreales” que tienen los productos convencionales. Tenemos indicios de que esto tiene que ver con la reducción y externalización de costos de la producción de tipo masiva, que se abarata no sólo por la producción en masa y mecanizada, sino también porque no contempla en el precio final los verdaderos costos que implica su producción (precio justo de sus materias primas, pago justo a quien trabaja, incluso los impactos ambientales que no se contabilizan y se externalizan).

Otro elemento que se evidencia es la necesidad de pluriactividad en las personas dedicadas a las labores del campo para completar sus ingresos. Suele suceder que personas que tienen la intención de cultivar y dedicarse a esta actividad de producir comida, deben emplearse en otras actividades, o en otros sectores para poder contar con ingresos suficientes, que no se consiguen con la producción de alimentos. Así, vemos cómo campesinos con un gran conocimiento y disposición para este tipo de labores, dedican una buena parte de su tiempo a actividades como celaduría, o jornales en la construcción, entre otros, donde esos conocimientos no pueden ser aprovechados.

Estas reflexiones dan cuenta de problemas estructurales en el campo, frente a los que iniciativas de pequeña y mediana escala como La Canasta no tienen, en este momento, capacidad de injerencia.

En todo caso, esperamos que las actividades de Ana y Mario vayan viento en popa. Y que pronto encontremos un productor/a de arepas que nos deleite nuevamente con este elemento esencial de nuestras dietas en Colombia, y que logremos que la labor artesanal sea una opción viable para quienes producen los alimentos.

Esta semana una opción diferente para comer papayuela: Jugo de papayuela


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