25 Oct

Las historias de La Canasta

La Canasta es una Red de personas y cada persona es una historia. En este espacio hemos contado las historias de muchas de las personas que hacen parte de esta Red. La historia de hoy llega desde el Caribe, y es la primera entrega de la historia del Ñame.

Hace algunas semanas, se volvió viral en redes sociales un video (ver abajo) de un grupo de youtubers montemarianos que se lanzaron al estrellato para ofrecer un producto tradicional de la costa colombiana: el ñame. La razón por la que se lanzaron a las redes sociales es porque la sobreproducción de ñame de este año, y el poco acceso a redes justas de comercialización, generaron una acumulación de ñame nunca antes vista en los municipios de los Montes de María. Se llegó a hablar de más de 4 mil toneladas de ñame recogido acumulado en las parcelas de las familias campesinas que lo produjeron. Por más ganas de comer mote de queso, una familia no puede consumir 800 bultos de ñame. Quienes tuvieron suerte lograron vender algunos kilos en mercados locales, pero a precios irrisorios que no cubrían casi ni los costos del transporte para llevarlo a los pueblos más cercanos. Algunas familias, pagaron hasta 5 mil pesos por transportar un bulto desde sus parcelas para lograr vender a 7 u 8 mil pesos el mismo bulto en el mercado. En algunos casos el bulto se vendió a 15 mil, pero ese fue el precio más alto que se logró en el mercado local. La sobreproducción tiene mucho que ver con el precio del ñame y esto se debe por supuesto a las prácticas de no regulación de precios en el mercado, sino a la lógica de la oferta y la demanda que hace muy difícil para una familia campesina vivir de la producción agropecuaria. Lo hemos dicho y ejemplificado con diferentes casos, para el campesinado la lógica del mercado neoliberal es una condena a los ciclos de pobreza. El Estado ha intentado, en escenarios políticos y económicos distintos, intervenir en la comercialización de productos del agro para regular precios, ofrecer incentivos y reducir la intermediación, pero estas alternativas, como el extinto Idema, se convirtieron en espacios para la corrupción y el clientelismo y su función original, que era la de regular las condiciones del mercado a favor de pequeños y medianos productores, muy pronto fue distorsionada y generó más problemas. Así, una vez liquidado el Idema en 1997, las federaciones debían asumir esta labor de regulación. Sin embargo, y sin entrar en los detalles de la regulación por gremios y sus bemoles, hubo productos como el ñame que quedaron des agremiados y dependientes del mejor postor. La cantidad de ñame que se produjo en 2017 es responsabilidad en parte de los proyectos que el mismo Gobierno promovió en la región, la pregunta es: ¿Quién puede comprar tanto ñame? O mejor ¿Quién comercializa en mejores condiciones todo ese ñame para que valga la pena el esfuerzo de producirlo, transportarlo y venderlo?

Hace poco, por iniciativa de la Gobernación de Bolívar se organizó un Ñameton en Cartagena y se vendieron más de 70 toneladas de ñame en un día, entonces sí hay consumidores, lo que necesitamos son más espacios de comercio justo, así que ¡Inviten a sus amigos a comprar La Canasta!

Y para disfrutar los productos frescos de esta semana, Sopa de tomate fría

 


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11 Oct

Alimentación sana

Últimamente hay una tendencia bastante grande por la sana alimentación. Desde La Canasta celebramos esta tendencia, pero también queremos poner algunos puntos al respecto sobre la mesa. En general, la alimentación sana es una alimentación balanceada y creemos que ahí está la clave.

En los últimos años se han puesto de moda algunos alimentos específicos, que incluso son llamados “superalimentos”. Dentro de estos, la quinua fue una de las abanderadas. Hace unos 10 años, la quinua era un alimento bastante desconocido en la mayor parte del mundo. Era definitivamente parte de la dieta de pueblos de los Andes entre Bolivia y el sur Colombia principalmente, pero en ciudades como Bogotá no era parte de la dieta “normal” de la mayoría de la gente e incluso era difícil conseguirla en el mercado. En algún momento empezó a popularizarse y a veces es impensable que se pueda tener una alimentación sana sin incluir quinua dentro de su dieta.

Pasó lo mismo con la chía, el açai, el amaranto, el yacón la moringa y el kale, entre otros, todos con propiedades benéficas para nuestra salud. Unos de estos alimentos se han vuelto más populares y otros han incursionado con menos fuerza, pero en todo caso se han vuelto más conocidos que antes. El kale, o col rizada, ha tenido un boom similar al de la quinua y ha traído consigo algunos comportamientos particulares en el mercado.

Hace un par de años, había muy poca producción de kale en nuestra región. De un momento a otro, empezó una demanda desbordada por este “superalimento” y quienes lo sembraron empezaron a cobrar precios ridículos por el. Recordamos hace un par de años que una libra de tallos, un primo hermano del kale, que se produce de manera similar, costaba unos $900 por libra y nuestro amigo el kale se conseguía por unos $18,000 la libra, un desfase algo exagerado… Hoy en día la cosa es distinta y el kale va por unos $3,000 la libra, todavía algo desfasado, pero menos que antes definitivamente.

Nosotros estamos definitivamente de acuerdo con que es bueno comer alimentos con propiedades benéficas, pero tenemos que poner en perspectiva las cosas. Una alimentación a base de “superalimentos” principalmente también requiere el balance de otros alimentos menos superpoderosos, pero que le dan a nuestro cuerpo nutrientes benéficos también.

De cualquier manera, también promovemos que nuestra alimentación sea también sana para el medio ambiente y para las personas que producen nuestros alimentos. Para esto es necesario que haya variedad y que los precios sean justos para todas las partes.

Esta semana, los invitamos a probar una rica Sopa de verduras con quinua


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04 Oct

Acercándonos y cooperando

Este año ha sido un año especial para La Canasta. Comenzando el año, parecía que iba a ser un año de crecimiento, pues el primer par de meses tuvimos una buena cantidad de pedidos. Lamentablemente, parece que fue solo una ilusión, pues por el contrario, ha sido un año bien difícil, en términos de la cantidad de pedidos que hemos tenido. Los meses de vacaciones de mitad de año fueron críticos y pasadas las vacaciones han subido un poco los pedidos, pero todavía no han llegado por lejos a los niveles habituales para La Canasta. La situación parece ser generalizada en el país y eso es de cierta manera ingenua un pequeño alivio, pero sigue siendo complicado.

No obstante, ha sido un año en el cual nos hemos enfocado también en estrechar y fortalecer lazos con varias iniciativas afines. Los niveles de colaboración que hemos alcanzado con varios mercados por ejemplo son muy esperanzadores, pues los logros que se pueden alcanzar trabajando cooperativamente son mucho mayores que cada uno haciendo los mismos esfuerzos por su cuenta. Así, hemos logrado compartir transportes, comunicaciones, diversificar nuestra oferta y también sacar productos abundantes en cosecha que con la coyuntura actual no podríamos sacar y se perderían en las fincas.

Desde el año pasado veníamos pensando en generar este tipo de sinergias, y veníamos abriendo puertas por aquí y por allá con ese mensaje y este año se han materializado muchas colaboraciones fructíferas. Nació la Red de Mercados Agroecológicos de Bogotá – Región, donde hemos podido poner nuestro trabajo y nuestros logros en perspectiva y donde nos hemos dado la mano con otras 8 organizaciones para sacar proyectos adelante y buscar apoyo para seguir avanzando juntos. Hemos estrechado lazos con Jero el Granjero, una iniciativa similar a La Canasta y más o menos “contemporánea”, con quienes hemos querido unir esfuerzos desde nuestros comienzos y ahora estamos dando pasos para compartir procesos, conocimientos y experiencias para poder trabajar de manera más eficiente y tener un mayor impacto.

En los últimos meses hemos comenzado diálogos con otros colectivos como Con la cuchara no se juega y con Savias y Sabias y estamos buscando las mejores maneras para realizar actividades para fortalecer redes de productores en el campo y fomentar el consumo consciente y responsable en la ciudad. Quienes nos siguen en Facebook o Instagram habrán podido ver parte del increíble trabajo que están haciendo en Con la cuchara no se juega para visibilizar La Canasta y sobre todo la labor campesina.

Si los pedidos seguirán de capa caída o subirán no lo podemos decir, pero lo que si podemos asegurar es que estos lazos y redes que estamos tejiendo nos brindarán mayores posibilidades para seguir avanzando por este bello y loable camino que escogimos.

Esta semana, los invitamos a probar un rico Calentado de arroz con repollo y calabaza


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20 Sep

Los paisajes cambiantes en el campo

La semana pasada estuvimos visitando a don Fabriciano, su hermano y su papá en su bella finca en la Provincia de Marquez, cerca del pueblo de Boyacá en Boyacá. Para llegar allá fuimos por la principal y llegando al Puente de Boyacá nos desviamos y empezamos a internarnos en los bellos campos boyacenses. Tan pronto se abandona la autopista de doble calzada y se reduce la velocidad, se logra disfrutar más de los bonitos paisajes.

Desafortunadamente, hay paisajes que nos son tan bonitos, pues prácticas de agricultura convencional tienden a quemar toda la vida que tienen los suelos para prepararlos. Se aplican productos para “limpiar” y preparar el terreno resultando en lotes erosionados que necesitan ser manejados con agroquímicos para poder producir algo. En fin, no queremos entrar en detalles con respecto a esto, pero es imposible no mencionarlo.

El caso es que si bien hace un par de meses habíamos visitado a don Fabriciano también, los puntos de referencia crecen, se cosechan, se siembran de nuevo y etc. Solamente al llegar a la finca, casi que no reconocemos la entrada, pues la parcela que estaba casi pelada en marzo, que tenía algunas siembras de cebolla, zanahoria y arracacha en abril, estaba ahora llena de matas de maíz rojo, papa, cebolla, zanahoria, ajo, etc. Y definitivamente en fases de maduración distintas.

Seguimos subiendo hacia la casa y los sembrados que la rodeaban que eran arracachas, fríjoles y algunos otros productos, estaban complementados por pepino de guiso, lentejas, maíz y muchas otras matas. Mejor dicho, el paisaje de toda la finca va cambiando permanentemente. Cambiando de tipo de matas, de color, de olor, de altura de densidad, etc. Todo esto gracias a la rotación y complementariedad de cultivos que se maneja en la agroecología.

Entre era y era de maíces se va sembrando papa, lenteja o fríjol, por ejemplo. También es interesante ver cómo ciertos cultivos se dejan secar en la mata para luego si cosecharlos, como las habas que no tienen tanta salida cuando están verdes, entonces don Fabriciano las deja secar completamente en la mata y luego las cosecha y las usa para moler y hacer harinas o simplemente las guarda y reproduce. Labor increíble y muy loable la que tienen ellos como guardianes de semillas. ¡Gracias a ellos por esto!

Para la vuelta decidimos irnos por vías pequeñas y vimos algo que nos llamó mucho la atención al pasar por la zona de Tibaná y alrededores, tierras donde se cultivan muchos frutales como durazno, ciruela, manzana y pera. En los cultivos, los árboles estaban pelados, no tenían ni una hojita… Pues resulta que les echan químicos para que suelten las hojas y toda la energía se concentre en sacar muchos y grandes frutos para maximizar productividad. Y si bien eso también hace que los paisajes cambien, qué pasa con los suelos, las personas que viven por ahí, los comensales y las fuentes de agua, qué efectos tienen estas prácticas, nos preguntamos.

En nuestra visita, nos prepararon un rico Cocido de habas


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06 Sep

Cooperación con otras iniciativas

Tal como les hemos contado en diversas ocasiones recientemente, en los últimos meses le hemos apostado a sumar esfuerzos con varias iniciativas con trabajo y principios afines a La Canasta. De esta manera, hemos dado pasos para hacer más eficientes muchos de los procesos que realizamos, por medio de unir esfuerzos con otros que realizan procesos similares, por ejemplo. Previamente les hemos contado sobre la recientemente constituida Red de Mercados Agroecológicos de Bogotá, de donde han surgido muchas sinergias como por ejemplo hacer pedidos en conjunto para bajar costos de transporte, realizar eventos juntos, etc. Un aspecto importante de la colaboración que estamos reforzando es el de podernos apoyar mutuamente con nuestras respectivas redes de productores. Sin ir más lejos, doña Anaís y las otras fincas de nuestra Red ubicadas en la zona rural de Usme, están sacando las deliciosas papas nativas que hemos estado mandando las últimas semanas. Desafortunadamente, las últimas semanas no han brillado por la cantidad de pedidos que hemos recibido, haciendo que no podamos pedir las cantidades que nos ofrecen. Afortunadamente hemos podido ofrecerles estas papas cornetas y bandera a otros mercados para que las ofrezcan a sus comensales también, diversificando ellos su oferta y pidiendo nosotros mayores cantidades a las familias de nuestra Red para que no se pierdan estas ricas papas.

Por otro lado, en los últimos meses conocimos a un colectivo llamado Con la cuchara no se juega. Hemos tenido un par de encuentros y charlas con ellos para ver cómo podemos apoyarnos mutuamente y hace unos días se acercaron a nosotros con varias propuestas para trabajar conjuntamente. Es reconfortante recibir este tipo de propuestas concretas y poder empezar a soñar más en grande.

Por lo pronto empezaremos con una de las tareas que tenemos pendientes hace un tiempo que es la de organizar visitas a fincas de nuestra Red. Estas visitas son espacios increíbles para fortalecer esta Red entre comensales y productores, aprender mutuamente y lograr ponernos en los zapatos de los otros para comprender mejor las necesidades y restricciones de ambas caras de la moneda. Cada vez que hemos visitado alguna finca con más comensales, la satisfacción de todas las partes es muy grande y las ganas de volver son inmensas.

Sin la colaboración ofrecida por ellos, y dados los varios frentes de trabajo que tenemos, seguiríamos postergando estas visitas, así como otras actividades, por falta de tiempo principalmente. Afortunadamente nos darán una mano y les anticipamos que estaremos invitándolos pronto a que nos acompañen a visitar alguna(s) de las familias que producen los alimentos que llevamos a sus casas semana tras semana.

Esta semana, los invitamos a probar un Puré de papa bandera con espinaca y queso


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24 Ago

¿Quién decide qué comemos?

Algunos de los productos que recibimos en las canastas no son necesariamente los que vemos normalmente exhibidos en la mayoría de tiendas de cadena en grandes cantidades. De hecho, no siempre encontraremos productos como guatila, papa bandera, cubio, papayuela, limón mandarino y muchos más. Y de encontrarlos, estarán exhibidos en pequeñas cantidades probablemente. Esto nos hace preguntarnos por las razones para que esto sea así. Siendo por ejemplo la guatila un alimento tan versátil y con tantas propiedades benéficas para la salud, y además siendo un producto que se da con tanta facilidad, ¿cómo puede ser que nuestras dietas no incluyan este producto?

Hay varias respuestas que podrían dar explicación a esta pregunta. Por un lado, nuestra alimentación se ha visto influenciada en gran parte por muchas otras culturas, haciendo que los productos que no son comunes en cocinas de otros lados se vayan dejando de consumir. También podríamos pensar que el hecho que las familias no son tan cohesivas y con tantas tradiciones hoy en día en comparación con las de hace algunos años, nos ha llevado a perder muchas tradiciones y recetas que incluyen estos alimentos nativos por ejemplo. Podría ser por otro lado que es más manejable y eficiente para los mercados tener alimentos “más comunes” dentro de su oferta, así los inventarios y rotación de cada producto serán mayores.

En fin, debe haber muchas explicaciones para este fenómeno, pero desde La Canasta nos parece que el modelo no está necesariamente respondiendo a lo que nos da la tierra, cuándo nos lo da y a quienes están detrás de cada alimento. Por ejemplo, de la gran variedad de plátanos que se dan alrededor de Bogotá, el que más comúnmente se encuentra es el dominico. Pues por economías de escala, es más fácil tener grandes plantaciones de una sola variedad y estandarizar los procesos para reducir costos.

¿Qué pasa entonces con los plátanos popochos, coliceros, cachacos, etc? Lentamente dejamos de consumirlos y nos acostumbramos a utilizar una sola variedad.

No obstante, no deja de extrañarnos el hecho que gran parte de las visitas que se registran en nuestra página web son personas que llegan a ésta buscando “recetas con guatila” por ejemplo. ¿Será que la demanda por estos productos “raros” es más alta que la oferta de los mismos?

En La Canasta, definitivamente seguiremos rescatando estos olores, sabores y texturas en la medida que la tierra nos los sigan dando.

Para quienes reciban productos que no sepan qué son, o qué hacer con ellos, les recomendamos explorar la sección de recetas e historias en nuestra página, allí encontrarán ideas para preparar todos estos productos e historias sobre las particularidades de los alimentos y de quienes los cultivan.

Esta semana, prueben preparar una rica Salsa de yogurt griego y ahuyama


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09 Ago

Las vacaciones para La Canasta

Las épocas de vacaciones, tanto a fin de año, como en Semana Santa, receso en octubre y más aún a mitad de año, son periodos duros para La Canasta. Si bien la gente no deja de comer, si se alteran las rutinas en los hogares, muchas personas viajan y en general se modifican los hábitos alimenticios en los hogares. O al menos eso creemos, porque generalmente desde La Canasta sentimos bajas considerables en los pedidos durante estos periodos. También creemos que en muchos casos hay personas que interrumpen sus pedidos por algunas semanas y luego se les olvida retomarlos.

El modelo de La Canasta está basado en un Red conformada por productores y productoras en el campo y comensales en la ciudad, que hacemos compromisos de producción y consumo, respectivamente. En la medida que la cantidad de comensales se mantenga y eventualmente crezca moderadamente, podemos mantener nuestro compromiso de compra a las fincas e incluso hacer nuevos compromisos. Claro está que esto no es una ecuación matemática y cada semana varían quienes piden, llegan nuevas personas a la Red y otras salen por diversos motivos.

Siendo fieles a nuestros principios, los esfuerzos que hacemos para buscar nuevos comensales están limitados, pues queremos que la labor de facilitación que realiza el equipo de La Canasta sea lo más eficiente posible en términos de costos, para lograr dirigir la mayor parte de los ingresos por ventas de canastas directamente a las personas produciendo los alimentos. Analizando nuestros balances e incluso comparando nuestro modelo con otras iniciativas similares, podemos estar contentos que este objetivo se está cumpliendo a cabalidad.

Para lograr esto, los márgenes que maneja La Canasta son mínimos, y es ahí donde empieza nuestra Red a tener relevancia. Cada cual desde su rol, campesinos y campesinas en las fincas cultivando alimentos diversos y de buena calidad, el equipo de La Canasta trabajando de manera eficiente y buscando balances entre todas las partes y los comensales probando nuevas preparaciones, compartiéndolas y usando el poder del voz a voz para que nuestros mensajes lleguen a muchos otros potenciales comensales, entre otras maneras de apoyar esta Red.

Todas las personas que participamos en este ciclo agroalimentario sostenible podemos involucrarnos más o menos, dependiendo de nuestras posibilidades, pero lo importante es que nos apropiemos e identifiquemos con éste modelo. Las canastas deben ser cada vez de mejor calidad, tener mayor variedad y responder más a los deseos y necesidades de los comensales, y la demanda por estas debe ser cada vez mayor para traer mayores volúmenes de las fincas y eventualmente incluir nuevas familias campesinas. Con solo estar leyendo estas líneas, estamos despertando ideas para participar más activamente en la red, probablemente. ¡Por lo pronto, bienvenido el fin de las vacaciones de mitad de año!

Ya para celebrar, una rica idea para un Jugo de tomate de árbol con naranja


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12 Jul

Los precios solidarios de La Canasta

Uno de los temas de mayor sensibilidad dentro de nuestro trabajo es el de los precios que se pagan por los productos a las personas que los cultivan en el campo. Uno de los tres pilares de La Canasta es La Economía Social y Solidaria, lo cual entre otras cosas y en pocas palabras quiere decir que en nuestra red se compran los productos a precios justos para quienes los cultivan y también se venden éstos a precios igualmente justos a los comensales. En la práctica, por un lado, alrededor de un 70% del precio que recibimos por la venta de las canastas va directamente a pagar a los campesinos por sus productos, y por otro lado, los precios de los productos no están regidos por las leyes de la oferta y la demanda y del mercado, sino que se fijan en común acuerdo con los productores.

Los precios de los productos se fijan de acuerdo a los costos de producción, asegurando que éstos permitan que las personas que cultivan los productos puedan vivir en condiciones de vida digna, gracias a su labor campesina. El acuerdo es que cada vez que las condiciones cambian (por ejemplo cada año con la inflación), se revisan los precios y se establecen los incrementos o rebajas a éstos. Este proceso se realiza siempre en común acuerdo y con la participación de productores, comensales y el equipo de La Canasta en nuestra Asamblea anual Desde hace unos meses, cuando fijamos los precios para este año, quedó en el tintero la idea de unificar los precios pagados por cada producto a todas las fincas. Hasta ahora, cada finca maneja un listado de precios específico y si bien las variaciones de éstos no eran grandes entre finca y finca, si había ciertos productos que se pagaban diferente. Rosalba, la persona de nuestro equipo encargada de las relaciones con las fincas, en conversaciones con la mayoría de las personas en las fincas, propuso unificar los precios de cada producto para todas las fincas.

De esta manera, el sábado pasado nos reunimos con representantes de todos los grupos de productores para discutir sobre ésto y sobre temas de planificación de siembras. En consenso total decidimos revisar y unificar los precios de todos los productos. Entre las personas reunidas, en especial los productores, decidimos bajar ciertos precios para ser aún más competitivos con nuestras canastas. Los cambios no fueron radicales, pero eventualmente verán más productos que lo acostumbrado en sus canastas en las próximas semanas. La apuesta es incrementar las ventas para sacar más volúmenes.

Paradójicamente, en una visita a la plaza de Paloquemao este fin de semana nos sorprendió que los precios de muchos de los productos estaban bastante altos allá, incluso por encima de los precios de La Canasta, lo que no es lo habitual. Las ventajas de los precios fijos y de la economía solidaria para los comensales…

Esta semana, sugerimos una rica preparación: Casquitos de papa criolla dorados


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05 Jul

El tamaño es lo de menos

En el mercado convencional se habla constantemente sobre el tamaño “parejo” de los productos. Esto quiere decir que cada uno de los alimentos debe tener un tamaño “normal” para poder ser vendido a cierto precio. Si es más grande o más pequeño que el tamaño “parejo”, se paga a un precio diferente o no es aceptado en ciertos mercados.

Afortunadamente existe mercado para los tamaños no parejos, claro está con precios menores normalmente. De esta manera, las grandes superficies y supermercados de cadena pueden exhibir en sus estantes los productos parejos y los mercados que venden a menores precios, ofrecerán a sus clientes los productos de tamaños disparejos.

De cualquier manera, esto genera desperdicios innecesarios y además, como hemos discutido en varias ocasiones, quien tiene que absorber estas exigencias finalmente termina siendo la persona que cultivó los alimentos, estando ésta en una situación de desventaja competitiva.

Por otro lado, existe la creencia que los productos orgánicos tienen que ser más pequeños que los convencionales. Si bien el tamaño “parejo” de los convencionales tiende a ser más grande, pues se utilizan procesos precisamente para que los productos sean más grandes, pesen más y duren menos en fase de producción, esto no quiere decir que si el producto es grande, entonces tiene químicos. El tamaño que alcanzan los diferentes productos tiene que ver en gran parte con los nutrientes que tengan los suelos donde crecen los alimentos, con la cantidad de lluvia o de sol que reciban los productos en sus diferentes fases de crecimiento y maduración.

Cada producto tiene un punto de maduración ideal, en el cual debe ser cosechado para que no esté ni muy maduro o pasado ni muy verde o falto de madurez. Este punto es clave para que el producto tenga mejor sabor y para aprovechar sus nutrientes más eficientemente. Ahora bien, un producto puede alcanzar este grado de madurez en tamaños diferentes dependiendo de las condiciones climáticas, los abonos o nutrientes que tenga el suelo. De esta manera podemos recibir zanahorias de más de una libra como muchas de las que recibimos hoy o zanahorias de algunos gramos como hemos recibido en otras ocasiones.

Claro está que si las zanahorias nos salen miniatura o gigantes en una cosecha, debemos ver cómo balanceamos nuestros suelos mejor para que el crecimiento sea más “parejo” en próximas cosechas, pues si bien no es un requerimiento o una causal de rechazo de un productos, si es deseable que el tamaño extremo ni para un lado ni para el otro. Eso si con una premisa que es que las consideraciones de tamaño o forma de los alimentos no debe ser causal de desperdicio ni de aprovechamiento de para hacer pagos menores, pues en últimas son alimentos con propiedades similares y esto es lo más importante.

Esta semana los invitamos a probar una rica Ensalada de zanahoria y remolacha


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28 Jun

El Capital Social de ARAC

Semana tras semana, cada martes en la tarde/noche, comienzan a llegar las y los asociados de ARAC al restaurante La Conejera, en el margen del poblado de La Pradera. Pero no llegan solo los asociados y asociadas, también llegan estudiantes, profesores, personas con proyectos relacionados y muchas más personas que buscan conocer la magnífica experiencia de esta Asociación.

Ayer, como todos los martes, se reunieron y nosotros los acompañamos para la primera parte de su reunión. El primer turno fue para un joven francés que ha estado visitando y trabajando con los asociados en sus fincas en diversos aspectos. Luego siguió el colectivo Con La Cuchara No Se Juega que presentó su proyecto para abrir puertas de cooperación con ARAC. A estos los siguieron un grupo de profesores de la Uniminuto, que han acompañado el proceso de ARAC desde hace varios años y presentaron varios temas también.

Uno de los temas que nos llamaron la atención fue cuando se empezó a discutir sobre un video que van a ayudar a producir la personas de Uniminto sobre la experiencia de ARAC. De esta discusión salió un tema muy interesante sobre el enfoque principal del video.

En un principio se pensó en hacer el video enfocado en el aspecto de la agroecología y aspectos relativamente técnicos sobre la producción agroecológica. Tan pronto se planteó esto, algunos de los asociados cuestionaron ese enfoque y argumentaron que el aspecto más diferenciador de ARAC no es la agroecología, que si bien es una de las razones de ser de la Asociación, no es la única. De ahí salió una nueva propuesta que es enfocar el video en el tema asociativo de ARAC.

Como organización hermana de ARAC, pensamos que sus logros desde la perspectiva de la asociatividad son realmente un diferencial de ellos y una de sus caras más bellas. Después de alrededor de 6 años de trabajo y reuniones periódicas, es claro que el capital social que han construido las personas que hacen parte de ARAC, es sin duda uno de sus mayores logros.

A primera vista se podría decir que en ARAC se reúnen todas las semanas para agregar la oferta de todas sus fincas, como un ejercicio netamente comercial, pero en la realidad, este es un proceso que realizan únicamente después de haber discutido una variedad de temas no despreciable. Al pensar en ARAC, pensamos más en una gran familia que en una mera agremiación de productores agroecológicos. Su Asociación está basada en las personas que la componen, con un eje central que es la agroecología, pero su gran fortaleza es en efecto la cohesión que los constituye y les facilita todos los proyectos que emprenden. ¡Que sigan así por muchos años más y nosotros con ellos!

Esta semana, déjate tentar con una Mermelada de ruibarbo


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