19 Sep

Derecho humano a la alimentación y nutrición adecuadas

Todos los seres humanos tenemos derecho a una buena alimentación. Según la FIAN (fundación internacional que defiende el derecho a la alimentación) la alimentación y la nutrición son partes de un proceso complejo que involucra varios eslabones: la producción y recolección de alimentos; el intercambio de alimentos (mediado por relaciones de mercado o dentro de redes sociales); la transformación de los alimentos (dentro del hogar, en las comunidades, en las industrias); el consumo; el aprovechamiento biológico de los alimentos (nutrición); las dimensiones simbólicas, culturales y espirituales de los modos de alimentarse; y la transformación de esos alimentos/nutrientes en la energía, fuerza, pensamiento y demás elementos que se requieren para vivir sana y dignamente, y así dar comienzo al proceso de nuevo. En ese sentido, las violaciones del derecho pueden darse en cualquiera de estos niveles y no sólo cuando una persona no tiene acceso a comida. Por lo tanto, asumimos que la alimentación es un derecho de los pueblos, íntimamente ligado a sus culturas y tradiciones, que hace parte de sus construcciones y proyectos de vida digna en libertad y paz. (FIAN Colombia, 2018).

Desde La Canasta nos identificamos con estos principios y consideramos que la buena alimentación no es sólo una suma y resta de nutrientes y calorías. Es un acto biológico, cultural y social que encadena diferentes etapas, desde la producción de alimentos hasta el acceso a ellos.

Cuando nos alimentamos logramos una conexión íntima con la naturaleza pues las sustancias que vienen de ella son transformadas en energía en nuestro cuerpo pero a la vez nos conectamos con costumbres, sensaciones y afectos. De hecho, construimos todo tipo de relaciones humanas alrededor de una mesa.

La Canasta está presente, facilita y fomenta la participación de todas las personas involucradas en todo el ciclo del alimento agroecológico, desde el azadón hasta el tenedor. Por eso nuestra labor va más allá del simple hecho de comercializar alimentos saludables, lo que hacemos es visibilizar la importancia del pequeño productor en la cadena, minimizamos los desperdicios de comida, apoyamos la transformación de alimentos de forma natural, el intercambio de saberes entre productores, promovemos el consumo consciente y mejoramos el acceso de alimentos sanos, agroecológicos y locales en Bogotá.

Ustedes como comensales de La Canasta ocupan un eslabón muy importante en esta cadena y gracias a su apoyo podemos materializar nuestra razón de ser. ¡Defendamos juntos el derecho a la alimentación y nutrición adecuadas!

Esta semana los invitamos a probar nuestra Ensalada poderosa


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12 Sep

¿Qué pasa con las abejas?

El 9% de las especies de abejas están en vías de extinción. Lo que está pasando con las abejas es el resultado del daño ambiental ocasionado por la humanidad a los ecosistemas terrestres. Debemos reconocer que es un problema ocasionado por la civilización humana con acciones como: la pérdida de los hábitats de las abejas con la tala de bosques, el cambio climático acelerado, la emanación de sustancias tóxicas al ambiente como plaguicidas e insecticidas usados en la agricultura convencional.

La disminución de la población de abejas a nivel mundial tiene efectos en la reducción de la polinización y por ende en la reproducción de las plantas, es decir, menos alimentos para animales y seres humanos. Este problema, nos permite entender muy bien cómo nuestra gran casa que es el planeta tierra es un gran ser viviente o un gran ecosistema en el que cada ser vivo cumple una función y pertenece a una red de interacciones, intercambios, entradas y salidas, un gran sistema que busca una homeostasis constante.

Lo que el ser humano, como especie, ha ocasionado es un desequilibrio permanente de ese gran sistema, como si nos hubiéramos apropiado literalmente de la instrucción bíblica de que dominamos sobre las demás especies. Muchos sabemos que lo anterior no es cierto, es un hecho que somos parte del todo y el todo es parte de nosotros y por lo tanto todas nuestras acciones tienen consecuencias sobre otro ser humano, animal, planta o recurso natural y queda demostrado con el caso de las abejas. La extinción de un ser tan pequeño como la abeja, puede afectar gravemente nuestra supervivencia. Pero, como nunca es tarde para empezar y contrarrestar el efecto negativo de nuestras acciones, estas son algunas cosas que podemos hacer:

–          Dejar de usar productos que contaminen el medio ambiente, sobre todo pesticidas, plaguicidas e insecticidas químicos, y en su reemplazo usar productos naturales con el mismo efecto.

–          Apoyar más la agricultura ecológica, tanto a nivel particular como por parte de los gobiernos. Esto quiere decir que como comensal de La Canasta estás ayudando a salvar abejas. Si consumimos miel, debemos asegurarnos que sea de producción ecológica.

–          Sembrar plantas en jardines, públicos y privados, parques, fincas que sean de los tipos que atraen a las abejas. Pueden ser ornamentales, aromáticas, hortalizas o frutas.

–          Apoyar asociaciones y organizaciones que tengan proyectos de protección de estos polinizadores.

–          Construir colmenas en las ciudades o en el campo para ayudarlas.

Esta semana te recomendamos una rica Tortilla con vegetales


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05 Sep

Los superalimentos y la alimentación

Superalimentos, esta palabra tan pronunciada últimamente en la onda de la buena alimentación, utilizada con muchos sentidos y propósitos, es un término que nosotros hemos utilizado para promover el consumo de alimentos que nos ayudan a tener una mejor nutrición.

Este término lo empiezan a usar muchas empresas de productos saludables como una estrategia de mercadeo desde que la FAO promueve la quinua como alimento de alto valor nutritivo en el año 2013 y las legumbres en el año 2016. No obstante, la información que genera el mercadeo no es, en términos generales, la más precisa ni objetiva. Podríamos decir que cualquier alimento puede ser un superalimento, si cuenta con buenos nutrientes, especialmente si son plantas que provienen de suelos agroecológicos y diversos, si no son sometidos a procesos industriales que modifiquen sus propiedades naturales o no son elaborados a partir de la síntesis química de sustancias como ciertas bebidas, es decir, entre más naturales y frescos mejor.

En últimas, una buena alimentación es un adecuado y balanceado aporte de nutrientes: proteínas vegetales o animales, grasas no saturadas, carbohidratos complejos (granos y cereales enteros), vitaminas y minerales. En este sentido, es importante el retorno a lo natural y el privilegio a alimentos sostenibles, nativos, locales y ecológicos. Pero, alimentarse no es sólo una suma y resta de calorías, es también un acto cultural. La domesticación de los alimentos inició una era nueva en la humanidad, es la combinación de sensaciones, de olores, colores y sabores que trae el alimento, es compartir un buen momento con otros, es experimentar con la alquimia de la cocina, es mezclar y activar canales en nuestro cuerpo con lo salado, ácido, amargo y dulce, es sentirnos parte de la naturaleza. En este sentido, la alimentación también debe ser un acto de consumo consciente, a través del cual se mueva la economía local, se exija una mejor calidad de alimentos, información de los contenidos precisos de los mismos, se conozca cómo seleccionar los buenos alimentos, se promueva el valor del alimento entre nuestra red de familiares y conocidos.

Durante este mes, La Canasta en alianza con los 3 proyectos (Jero El Granjero, Sembrando Confianza y Semilla Andina) con los que compartimos actualmente la Casa Agroecológica, nuestro actual centro de operaciones, realizará un ciclo de talleres llamado ¨Alimentación Consciente¨, para compartir ideas y conocimientos sobre los temas tratados en este texto. El 10 de septiembre el tema será: ¿Por qué comer agroecológico, sano y local?; el 22 de septiembre: Kale, superalimento. Clase demostrativa de cocina; el 27 de septiembre: Comida creativa para pequeños y grandes y el 6 de octubre cierra el ciclo: Siembra en casa tus hortalizas, aromáticas y condimentarias. Si quieres recibir más información nos puedes escribir al correo.

Esta semana te invitamos a probar un rico Batido de banano y chachafruto


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29 Ago

Menos cosas, más felicidad, más consumo consciente

El consumo, materializado en la compra y venta de productos y servicios, es la fuerza que mueve la economía global. Es, por tanto, una prioridad de los gobiernos y de las grandes empresas incentivar ese consumo. Incluso si quieres tener acceso a servicios educativos y de salud de calidad debes pagar, es decir, hasta los derechos humanos se han convertido en un bien de consumo más. La economía gira entorno a trabajar para tener dinero para poder consumir. Si somos conscientes de esta realidad y queremos cambiar nuestro modo de consumir, podemos hacerlo.

Está demostrado que tener cosas no nos da felicidad, podemos tener muchas cosas pero cada vez menos tiempo para aquello que realmente nos hace felices. Por el contrario las cosas sencillas de la vida como compartir con seres queridos, tener contacto con la naturaleza y hacer cosas que ayuden a construir un mundo mejor, pueden traer felicidad a nuestras vidas. Así que consumir de forma consciente es un grano de arena más que aporta a un mundo mejor, ya que implica la consideración del impacto que el propio consumo tiene sobre la naturaleza y los demás seres con los que se convive en el planeta. Un consumidor consciente no es indiferente al hecho que su consumo puede contribuir a agotar los recursos del medio ambiente y llevarlo a su destrucción.

La Canasta ha podido construir una red de consumo consciente en torno al alimento de origen agroecológico, y ésta es una de las principales razones por la que el contenido de las canastas es sorpresa, pues es la forma de garantizar que los productos que se cultivan puedan ser comprados y llegar a los hogares de los comensales, compartiendo el riesgo y apoyando al pequeño productor. Y como somos una red, estamos interconectados, comprar y pagar un precio justo es lo mejor que podemos hacer para incentivar a quienes trabajan para ofrecernos alimentos de calidad. Si somos consumidores conscientes no sólo el precio debe mover nuestra intención de compra, ya que se encuentran precios locamente baratos en el supermercado que en realidad no son justos, es decir, alguien tuvo que pagar por eso, a veces con su propia vida y dignidad, para encontrarlo en el mercado a un precio que no es el que realmente vale. No es cuestión de  comparar los precios de un productor industrial con los de una producción artesanal o familiar, es tener consciencia que cuando compras algo estás pagando por el mundo que quieres. Por eso un consumidor consciente, en la medida de lo posible, busca productos sanos y ecológicos, se responsabiliza por los desechos que acumula, protege a los animales, construye con materiales saludables y de bajo impacto, no utiliza productos que hayan significado sufrimiento en los animales o contaminen el medio ambiente, apoya productos locales.

¡Gracias por consumir consciente y responsablemente con La Canasta!

Esta semana, prueba un rico Tabule andino


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22 Ago

Los alimentos nativos

En el territorio Muisca prehispánico, los tubérculos eran fundamentales en la dieta de esta sociedad agrícola, ya que constituían el cultivo de mayor tradición. Gonzalo Jiménez de Quesada, conquistador del Nuevo Reino de Granada, en un documento escrito a mediados del siglo XVI, se refería a los tubérculos en la siguiente cita: “tenían (los Muisca) nabos que llaman «cubios», que echan en sus guisados y les es de gran mantenimiento, su fruto es amarillo muy lustroso, largo de cinco a seis dedos, delgado en gran parte, y bastante grueso a la punta. El gusto algo acre sin fastidio” (Restrepo, 2006).

Investigaciones arqueológicas han identificado los alimentos que se consumían en esa época, los ullucos o chuguas, las ibias, la arracacha, la yuca, la achira y la papa que era el tubérculo de más alto consumo. En cuanto a los cereales estaba el maíz considerado la base del sustento indígena y fechado para el año 1610 a de C. y como fuente de proteína vegetal la quinua, cuyos restos de polen se registraron en las excavaciones arqueológicas para la Sabana.

Igualmente sembraban ahuyama y calabaza; frutas como la curuba, la granadilla, el mamey, la guayaba, la uchuva, la chirimoya, la papaya, el aguacate y la piña. La sal, usada para sazonar era también un valioso producto de intercambio. Otros condimentos que usaban eran el ají, las guascas y el achiote que servía también de colorante. Sus bebidas eran en la chicha hecha de maíz, piña o yuca, y aguas de frutas. Otros alimentos que también fueron consumidos de forma importante en la zona andina son el yacón y el baluy.

Hoy día, la papa sigue siendo uno de los productos alimenticios más consumidos en Colombia, según el DANE. Sin embargo, el cultivo y consumo se concentra en 4 variedades (pastusa, sabanera, R-12 y la criolla), a pesar de que existen alrededor de 80 variedades contando sólo las identificadas en los departamentos de Cundinamarca, Boyacá y Nariño, cuyas semillas vienen siendo protegidas desde la época prehispánica

En nuestra red contamos con cuatro productores de papas nativas que con mucho esfuerzo y arte han protegido estas semillas ancestrales o se han conectado con las redes de guardianes de semillas para conseguirlas, incluso sacrificando la venta para conservar y producir más semillas, ellos están ubicados en los municipios de Usme, Silvania, El Rosal y Subachoque. Se acerca una buena cosecha de papas nativas que estarán llegando en sus Canastas, disfrútenlas y ayúdennos a promover su consumo entre otros comensales.

Esta semana los invitamos a probar un rica Papa panadera, receta de Nicolás 🙂


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15 Ago

¿Estas haciendo algo para mejorar el mundo?

Esperamos que cada vez sean más las respuestas positivas, pues en la actualidad los impactos negativos de la economía de capital son el pan de cada día. Con la revolución industrial nos alejamos como especie de la naturaleza. Bajo el concepto medieval de la naturaleza inagotable, hemos extraído, agotado, acabado y extinguido lo que más hemos podido para crear un mundo de consumo desmesurado que mantiene la economía global.

Este camino ha llevado a tener impactos positivos en la sociedad, se han tenido grandes logros tecnológicos y científicos como las vacunas, la alta tecnología en salud, las comunicaciones y muchos más. No obstante, este modelo también ha fomentado la creación de grandes empresas muy lucrativas que hoy dominan el mundo, pero, en muchos casos, a costa de la explotación del medio ambiente, de la enfermedad y el sufrimiento, como Monsanto. Esta empresa fue condenada el viernes pasado a indemnizar a un jardinero estadounidense quien desarrolló un linfoma terminal por el uso de su herbicida estrella el Round Up, cuyo componente principal es el glifosato. Sí, el mismo que se usa en las fumigaciones aéreas de los cultivos de coca. De hecho el uso de Round Up y otras marcas es muy común en el campo y en los jardines de nuestras fincas y casas. Es de venta libre, nadie lo regula.

Esto demuestra, lo que todos sabemos, que el mundo se maneja con lógicas de acumulación de capital, sin ética, sin entender los valores reales de las cosas, sin importar las dinámicas de la naturaleza. Lo que importa es hacer más y más dinero. Así hemos llegado a un punto crítico, donde existen grandes empresas que promueven sustancias tóxicas para los humanos, básicamente porque es lucrativo. Es el caso del uso de agroquímicos en el campo, entre otros. El periódico El País de España, que relata sobre el caso en mención, dice que Monsanto tenía sospechas desde los años 80 que esta sustancia podía ser cancerígena y de todas formas, ocultó la información. Ver aquí para otro artículo sobre el tema en el Espectador

Este caso nos ha hecho reflexionar mucho y es bueno que como consumidores comencemos a cuestionarnos más y a tener más consciencia e información sobre lo que compramos, pues no es justo que estemos a merced de la gran industria que sin valores éticos nos vende alimentos sin poner toda la información de su contenido en las etiquetas por ejemplo. Resulta que como consumidores tenemos el poder. Tenemos que exigir inocuidad en los productos que consumimos, saber que podemos darle un vuelco a la economía de consumo que ha generado una inequidad y unas brechas socioeconómicas tan grandes. Nosotros desde La Canasta le apostamos a mejorar al mundo impulsando una economía solidaria, a mejorar la calidad de vida de los pequeños productores, que con su trabajo y cuidado del medio ambiente nos permiten llevar alimentos libres de tóxicos a nuestros hogares.

Esta semana, un Batido verde para detoxificar


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01 Ago

El Guacamoyo y Don Fabriciano

Hace algunos meses fuimos a hacer una de nuestras visitas periódicas a donde don Fabriciano, en una vereda cercana al municipio de Boyacá, en Boyacá, en la Provincia de Márquez. Don Fabriciano y su familia han vivido en la misma vereda toda la vida y basta tan solo caminar con el por los caminos, carreteras y entre los potreros y bosques para darse cuenta de esto, pues al toparse con cualquier persona, todos se saludan, incluso muchos como familiares, hola tío, hola primo, etc.

En esta visita, don Fabriciano, guardián de semillas, nos mostró algunas de las variedades de granos que tiene, nos explicó cómo guarda las semillas y recorrimos su huerta y las de otros vecinos y familiares de dónde nos llegan varios de los productos de La Canasta. Don Fabriciano comparte siempre todo su conocimiento durante las visitas y fuera de ellas.

En las últimas semanas ha llegado en las canastas un producto no tan común para muchos, el guacamoyo. Esta semana llega a quienes pidieron el combo verde, pero en otras ocasiones lo hemos enviado dentro de las canastas o en otros combos. El guacamoyo es una hojita un poco alargada que sale de los tallos que son unas especies de bejucos. Este producto viene de la finca de Jairo y Judith en cercanías de Silvania. Durante una visita con varios productores de La Canasta a la finca de don Fabriciano, el le regaló un piecito de esta mata a Jairo, quien lo sembró en su finca y se ha dado muy bien. Jairo y Judith nos lo han ofrecido para las canastas en los últimos meses.

Y volviendo a nuestra última visita, ya al final de la visita, después de recorrer los cultivos, almorzar, ver los granos, íbamos saliendo de la casa y vimos la mata de guacamoyo entre la casa y la huerta, casi como entrada a la huerta. Es una mata más o menos rastrera, parecida a la ahuyama y a la calabaza que van extendiéndose por el suelo y va echando raíces a su paso. Según don Fabriciano, es una mata que le gusta mucho el agua y en efecto, en el casode su finca, las aguas que salen de la zona de postcosecha va a dar al guacamoyo y está muy crecido.

Consultando a don Fabriciano por las propiedades y usos del guacamoyo, nos contó que anteriormente era una mata que se encontraba por todos lados, pero hoy en día casi nadie la cultiva. Tiene un alto contenido de hierro y se puede usar en sopas o en ensaladas, pero también se puede licuar en agua hervida la noche anterior y tomar en ayunas para combatir la anemia. Se puede usar de manera más o menos similar a como se usa la espinaca, tanto cruda como cocinada.

Dentro de su labor de custodio de semillas, don Fabriciano se esmera por compartir semillas, matas y conocimiento a otros para que los alimentos se cultiven más, pero también para que se consuman más, pues si no se usan, no hay incentivo para propagarlos.

Esta semana pruebas ¡Yacón y carambolo!, la combinación perfecta


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18 Jul

El día a día del trabajo en el campo

Cuando consumimos alimentos agroecológicos que provienen de pequeños productores, como los de nuestra red, debemos saber que detrás de ellos hay muchos detalles e historias que los hace distintos a un producto fresco de supermercado. Cuando se cultiva respetando la biodiversidad, en algunos casos conservando los recursos naturales, la exigencia de trabajo es muy alta. Cuando se inicia un cultivo o huerto agroecológico, el trabajo se centra en la domesticación del terreno, librándolo de pastos y exceso de hierbas, la adecuación de una infraestructura para la producción y almacenamiento de abonos y en el transcurso de mínimo 2 años lograr un suelo nutrido y sano. Algunos alimentos nativos no requieren mucho trabajo. Porque se han adaptado o se adaptan fácil a las condiciones de suelos ecológicos. Pero en el caso de ciertas hortalizas, se requiere más esfuerzo. Por ejemplo intensificar las actividades de desyerbe, la aplicación de abonos, el riego. El trabajo en un huerto es constante, arduo, de compromiso y dedicación. Normalmente los cultivos agroecológicos son pequeños, pero diversos. Se puede contar con más de 20 variedades, entre hortalizas, frutales y hierbas condimentarias o medicinales. Cada producto tiene su manejo particular. Por ejemplo, el puerro. Se demora 4 meses en estar listo para cosecha, sin contar el proceso de germinación. Desde la siembra a la cosecha, se debe desyerbar por lo menos cada 20 días, obviamente dependiendo del clima o del uso de cubrimientos, se debe aporcar (colocar tierra en la raíz) para mejorar su crecimiento aplicar abono cada mes. Pero, tengamos en cuenta que se tienen 15 camas de puerro en diferentes etapas de crecimiento y que además, hay otros productos como lechugas, cebollas, coles, mora, cítricos, plátanos, yuca, bananos y hierbas aromáticas, condimentarias y medicinales. Tener un cultivo agroecológico de 5.000 m2, implica un trabajo de tiempo completo de 2 personas al mes, aproximadamente. Para que un cultivo agroecológico empiece a tener una buena producción tarda en promedio 2 años, tiempo durante el cual se trabaja el suelo, se descubren cuáles son los productos que crecen mejor, se busca un equilibrio entre las diferentes variedades y las plagas que llegan. De ahí en adelante, hay un ciclo que se repite. Preparación de suelos y abonos, siembra de plantas, desyerbe, aplicación de abonos, podas, colgar plantas que crecen como enredaderas, platear (limpiar el área del suelo alrededor del tallo, esto se realiza especialmente en frutales), aporcar, poner riego, control de plagas, cosecha y postcosecha. Así, resulta un trabajo muy gratificante, que produce comida propia, pero que exige dedicación y amor por la labor. Por todo lo anterior, sabemos que el trabajo del campo es digno y merece un pago justo. Cada vez más personas deberían quedarse o llegar al campo para producir más y mejores alimentos.

Esta semana, les recomendamos un Arroz mejorado con quinua y amaranto


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13 Jul

Agroecología y diversidad

La Canasta surge como una manera para acercar al campo y a la ciudad y estos textos pretenden servir como un instrumento para acompañar los productos que vienen del campo y enmarcarlos en historias que nos parecen relevantes para darle a los alimentos un contexto. Esta labor no es sencilla, pues es difícil saber qué contar y cómo contarlo pues sobra decir que hay muchas historias que pueden ser interesantes, pero no siempre es fácil plasmarlas en un espacio escrito de este tipo.

De cualquier manera, cada semana nos esmeramos por compartir con ustedes historias que traigan un poco de campo a la ciudad. Esta vez queremos compartir aprendizajes que hemos tenido durante nuestras recurrentes visitas a las fincas sobre la diversidad que representa la agroecología.

Empecemos por decir que cada finca es universo en si misma, en especial las fincas agroecológicas, puesto que la diversidad que encontramos en ellas es muy grande. Dentro de nuestra red hay fincas de clima caliente como la de Wilson y Mélida en el Boquerón, o las de don Jorge, don Álvaro y sus vecinos en Vianí, de clima templado como las de Jairo y Judith en Silvania, la de Giovanna y Javier en La Vega, la de don Fabriciano en Boyacá y de clima frío que son muchas en Subachoque y Usme por no seguir con el listado.

Cada lugar tiene sus características, en unas se tienen suelos sin mucho pasto, en otras hay pastos fuertes como el quicuyo por ejemplo, en unas se sufre por insectos, en otras por pájaros, por gusanos, por falta de agua, por exceso de esta. Cada finca es única y es necesario conocer sus suelos y sembrar aquellos productos que mejor se adapten a estos y a sus condiciones climáticas. Y así como las fincas, los suelos, los animales, etc. son particulares para cada lugar, también lo son los productos que podemos sembrar. Las papas son más rudas, algunos cereales y granos también, mientras que muchas hortalizas son más delicadas y toca cuidarlas más después de la siembra. Hay productos que le dan nitrógeno la tierra, otros que lo toman, hay productos de ciclo corto, otros de ciclo largo, hay arbustos, árboles, enredaderas, hay plantas de las cuales nos comemos la raíz, de otras las hojas, de otras los frutos.

Y para darle un poquitín mas de complejidad a esto, entramos las personas que cultivamos la tierra y nuestras prioridades e intereses particulares. Todo este mundo que se conforma en esta red que constituye La Canasta es muy diverso, pero lo bonito al respecto es que hay unos principios básicos que nos hacen a todos confluir en el alimento, en especial en el alimento agroecológico, enmarcado en principios de solidaridad y de respeto por las personas y por nuestro entorno natural.

¡Ahora si disfrutemos de cada alimento que nos llega hoy!

Esta semana, prueba una rica Pasta en salsa de lentejas


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06 Jun

Agricultura ecológica y medio ambiente

Ayer se celebró el día mundial del medio ambiente, por eso hemos querido aprovechar el momento para recordar lo que aporta la agricultura ecológica en el cuidado del medio ambiente. La emisión de gases de combustibles fósiles y otros (Gases de efecto invernadero GEI), provoca un calentamiento global de la superficie de la tierra que altera los ciclos naturales de energía, produciéndose graves impactos ambientales. La agricultura convencional aporta el 20% del total de GEI liberados al ambiente a nivel mundial y además tiene una menor captación de carbono que un sistema de producción agroecológica, cuyos beneficios son:

  • Favorece la preservación de la biodiversidad de microorganismos, plantas y animales.
  • Mejora la fertilidad del suelo, haciendo que diversas combinaciones de plantas y animales optimicen los ciclos de los nutrientes y la energía,  reduciendo así el uso de energía y recursos y asegurando un flujo eficiente de la misma.
  • Cuida y preserva el agua para que se conserve en el tiempo y permanezca limpia.
  • Emplea métodos de producción que reestablecen los mecanismos homeostáticos del ecosistema, por ejemplo, se cuidan los insectos polinizadores y algunos otros animales como ranas, mariposas y diversas aves, que a su vez controlan insectos, o se utilizan plantas o microorganismos como controladores biológicos.
  • Hace reciclaje de materia orgánica y también de nutrientes, especialmente por la elaboración de abonos verdes con insumos naturales, labranza mínima, rotación de cultivos, entre otros.
  • Fomenta la producción local de alimentos, con lo cual tiene impacto socioeconómico en los productores y ambiental al no transportar alimentos a grandes distancias.
  • Reduce los costos y aumenta la eficiencia y la viabilidad económica de los pequeños y medianos agricultores, fomentando así un sistema agrícola potencialmente resiliente y diverso, buscando un equilibrio también entre productividad del ecosistema y sostenibilidad económica.

Por lo tanto, apoyar la agricultura ecológica y de cercanía es una forma de contribuir al cuidado del medio ambiente. De este modo, sabemos con certeza cuál es la procedencia de nuestros alimentos, nos aseguramos de que ningún ecosistema haya sido degradado para su obtención y así también estamos contribuyendo a la mitigación del cambio climático.

Esta semana, prueba una rica Sopa de cebolla cabezona


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