13 Jul

Agroecología y diversidad

La Canasta surge como una manera para acercar al campo y a la ciudad y estos textos pretenden servir como un instrumento para acompañar los productos que vienen del campo y enmarcarlos en historias que nos parecen relevantes para darle a los alimentos un contexto. Esta labor no es sencilla, pues es difícil saber qué contar y cómo contarlo pues sobra decir que hay muchas historias que pueden ser interesantes, pero no siempre es fácil plasmarlas en un espacio escrito de este tipo.

De cualquier manera, cada semana nos esmeramos por compartir con ustedes historias que traigan un poco de campo a la ciudad. Esta vez queremos compartir aprendizajes que hemos tenido durante nuestras recurrentes visitas a las fincas sobre la diversidad que representa la agroecología.

Empecemos por decir que cada finca es universo en si misma, en especial las fincas agroecológicas, puesto que la diversidad que encontramos en ellas es muy grande. Dentro de nuestra red hay fincas de clima caliente como la de Wilson y Mélida en el Boquerón, o las de don Jorge, don Álvaro y sus vecinos en Vianí, de clima templado como las de Jairo y Judith en Silvania, la de Giovanna y Javier en La Vega, la de don Fabriciano en Boyacá y de clima frío que son muchas en Subachoque y Usme por no seguir con el listado.

Cada lugar tiene sus características, en unas se tienen suelos sin mucho pasto, en otras hay pastos fuertes como el quicuyo por ejemplo, en unas se sufre por insectos, en otras por pájaros, por gusanos, por falta de agua, por exceso de esta. Cada finca es única y es necesario conocer sus suelos y sembrar aquellos productos que mejor se adapten a estos y a sus condiciones climáticas. Y así como las fincas, los suelos, los animales, etc. son particulares para cada lugar, también lo son los productos que podemos sembrar. Las papas son más rudas, algunos cereales y granos también, mientras que muchas hortalizas son más delicadas y toca cuidarlas más después de la siembra. Hay productos que le dan nitrógeno la tierra, otros que lo toman, hay productos de ciclo corto, otros de ciclo largo, hay arbustos, árboles, enredaderas, hay plantas de las cuales nos comemos la raíz, de otras las hojas, de otras los frutos.

Y para darle un poquitín mas de complejidad a esto, entramos las personas que cultivamos la tierra y nuestras prioridades e intereses particulares. Todo este mundo que se conforma en esta red que constituye La Canasta es muy diverso, pero lo bonito al respecto es que hay unos principios básicos que nos hacen a todos confluir en el alimento, en especial en el alimento agroecológico, enmarcado en principios de solidaridad y de respeto por las personas y por nuestro entorno natural.

¡Ahora si disfrutemos de cada alimento que nos llega hoy!

Esta semana, prueba una rica Pasta en salsa de lentejas


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06 Jun

Agricultura ecológica y medio ambiente

Ayer se celebró el día mundial del medio ambiente, por eso hemos querido aprovechar el momento para recordar lo que aporta la agricultura ecológica en el cuidado del medio ambiente. La emisión de gases de combustibles fósiles y otros (Gases de efecto invernadero GEI), provoca un calentamiento global de la superficie de la tierra que altera los ciclos naturales de energía, produciéndose graves impactos ambientales. La agricultura convencional aporta el 20% del total de GEI liberados al ambiente a nivel mundial y además tiene una menor captación de carbono que un sistema de producción agroecológica, cuyos beneficios son:

  • Favorece la preservación de la biodiversidad de microorganismos, plantas y animales.
  • Mejora la fertilidad del suelo, haciendo que diversas combinaciones de plantas y animales optimicen los ciclos de los nutrientes y la energía,  reduciendo así el uso de energía y recursos y asegurando un flujo eficiente de la misma.
  • Cuida y preserva el agua para que se conserve en el tiempo y permanezca limpia.
  • Emplea métodos de producción que reestablecen los mecanismos homeostáticos del ecosistema, por ejemplo, se cuidan los insectos polinizadores y algunos otros animales como ranas, mariposas y diversas aves, que a su vez controlan insectos, o se utilizan plantas o microorganismos como controladores biológicos.
  • Hace reciclaje de materia orgánica y también de nutrientes, especialmente por la elaboración de abonos verdes con insumos naturales, labranza mínima, rotación de cultivos, entre otros.
  • Fomenta la producción local de alimentos, con lo cual tiene impacto socioeconómico en los productores y ambiental al no transportar alimentos a grandes distancias.
  • Reduce los costos y aumenta la eficiencia y la viabilidad económica de los pequeños y medianos agricultores, fomentando así un sistema agrícola potencialmente resiliente y diverso, buscando un equilibrio también entre productividad del ecosistema y sostenibilidad económica.

Por lo tanto, apoyar la agricultura ecológica y de cercanía es una forma de contribuir al cuidado del medio ambiente. De este modo, sabemos con certeza cuál es la procedencia de nuestros alimentos, nos aseguramos de que ningún ecosistema haya sido degradado para su obtención y así también estamos contribuyendo a la mitigación del cambio climático.

Esta semana, prueba una rica Sopa de cebolla cabezona


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23 May

¿Qué comemos hoy?

Hay algo claro, si nos gusta la buena vida, nos gusta la buena comida. Si en algo tenemos que invertir tiempo y dinero en la vida es en una buena alimentación, recuperar costumbres gastronómicas alrededor de la cocina, disfrutar con las sensaciones de olores, sabores y colores que hay alrededor del alimento, compartir en familia, disfrutar el momento de llevarnos a la boca algo recién preparado, agradecer por tener ese alimento que viene de manos que trabajan con amor, en nuestra mesa.

Con esto queremos decirles, que la buena alimentación no es sólo una suma y resta de nutrientes, es un acto social que afecta positivamente muchas familias del campo, afianza relaciones personales y construye cultura. Nuestra civilización comenzó hace miles de años con la domesticación de las plantas y el fuego para preparar los alimentos. Es decir, la alimentación es lo más cotidiano que tenemos, tan vital como el aire que respiramos.

La vida moderna con su afán ha facilitado que la industria de alimentos nos haya llenado de comidas ultraprocesadas para hacer de la alimentación un acto rápido y superfluo de la vida, generando una falsa tranquilidad en la adición de nutrientes de origen químico. Así, hemos llegado hoy al punto que la gente que vive en el campo no produce su propia comida y en cambio compra en el supermercado, no se cocina en casa sino en restaurantes y sitios de comida rápida en el peor de los casos, poco nos alimentamos con comida fresca y en cambio preferimos la conveniencia de alimentos llenos de calorías vacías listos para consumir. Pero, todavía hay mucho por hacer. Desde La Canasta promovemos que nuestra red de productores produzca su propia comida, en otras palabras fomentamos la soberanía alimentaria. No hay nada más delicioso que cosechar algo fresco de la huerta y comerlo al instante. Esta es la experiencia que queremos reproducir al llevar a tu casa un producto cosechado hace uno o dos días normalmente y que además tiene una historia detrás, buena calidad, sabores profundos, colores vivos y que está lleno de salud y buena energía.

Conociendo esto, ¿cómo organizamos nuestro menú diario? Pensemos en ponerle verdura a todo, experimentemos con nuevas formas de preparación, arriesguémonos a probar de todo. Por ejemplo, se pueden preparar los huevos del desayuno con verduras, saltear verduras y mezclarlas con el arroz de todos los días, hacer moldes al horno con vegetales semejando una lasaña, picar verduras y hacer salsas para untar y picar, apanarlas, hacer chips, si se come carne, mezclar verduras en su preparación. En lugar de salsa boloñesa con carne hacerla con quinua. Comer fruta con el desayuno y en un refrigerio. Tener siempre en la alacena cereales enteros, frutos secos, conservas hechas con ingredientes agroecológicos, nada o poca azúcar, mejor panela o miel, aceites prensados en frío o ghee.

Esta semana, los invitamos a probar un rico Ceviche de yacón o guatila


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16 May

¿Por qué la alimentación saludable no es una prioridad para muchos?

Cada vez que vemos de cerca cómo las costumbres de consumo de las personas se mueven entre objetos de tecnología, ropa de marca, viajes, licores de marca, comida ultraprocesada, obsequios valiosos, juguetes y regalos para los niños, un buen colegio, vehículos, entre otros, nos preguntamos ¿por qué la alimentación saludable no es valorada como una prioridad? ¿Por qué los menús infantiles ofrecen la comida menos saludable? ¿Por qué no invertimos en la buena alimentación, como la base de nuestra salud?

Lo último que consideramos cuando consumimos es un estilo de vida sostenible y saludable. El mercado de consumo va acompañado de producción de basura constante, de desperdicio, de comida chatarra, de contaminación ambiental. De nuevo nos preguntamos ¿por qué no somos consumidores conscientes?

Te invitamos a reflexionar sobre esto y comunicarlo entre las personas más cercanas a ti, teniendo en cuenta que el consumidor consciente de alimentos:

–   Valora la producción agroecológica u orgánica de alimentos, por ser una forma sostenible de generar trabajo digno en el campo, de pagar un precio justo al productor, de producir alimentos limpios de tóxicos, de mejorar la calidad del aire, el agua y los suelos.

–   Entiende que el precio que se paga por un producto agroecológico valora el trabajo y el tiempo del productor durante el cultivo, cuidado, cosecha, post cosecha y/o procesamiento de alimentos, y que llega al cliente final con poco impacto al medio ambiente.

–   Sabe que un alimento agrícola convencional es en general barato en el mercado porque no se le paga un precio justo al productor y que los grandes comercializadores se quedan con los mayores márgenes al movilizar grandes volúmenes.

–   No negocia el precio del producto por su calidad e impacto sobre la naturaleza y los productores.

–   Comprende que los costos de producir un alimento contaminando el suelo, el agua y el aire los está asumiendo indirectamente el sistema de salud y el medio ambiente, los productores y otros. Pero, nadie en particular está asumiendo este costo. Si éste se incorporara en el valor del producto, sería más costoso un producto convencional que uno agroecológico. Es decir, que el consumidor consciente sabe que está pagando por un alimento que lo mantendrá sano a él, a su familia y al planeta. Es una prioridad en sus valores de consumo.

ALGUNAS SUGERENCIAS PARA UNA ALIMENTACIÓN SALUDABLE

Tips básicos para que nos alimentemos bien:

1.  Todos en la familia debemos comer frutas y verduras agroecológicas todos los días, los niños siguen las costumbres de sus padres.

2.  No a los ultraprocesados: cereales, jugos, harinas fortificadas, dulces, frituras empacadas, etc. Debemos preferir alimentos integrales y completos.

3.  Comamos en casa o alimentos preparados en casa.


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07 Mar

Compartiendo

Los últimos meses han estado caracterizados por varios esfuerzos de nuestra parte por cooperar con otros y compartir en el mejor sentido de la palabra. Por un lado hemos avanzado mucho en nuestro trabajo en la Red de Mercados Agroecológicos de Bogotá Región, donde hemos trabajado en varios temas, dentro de los cuales cabe resaltar el Sistema Participativo de Garantías que diseñamos y estamos implementando actualmente. Este sistema nos permite hacer visitas periódicas a las fincas de todos los productores de nuestros mercados, para poder asegurar que las prácticas que se están implementando están basadas en la agroecología como hemos acordado previamente. Con esta y otras iniciativas en las que estamos trabajando juntos, damos pasos adelante en la cooperación entre los varios mercados que conformamos esta red.

Por otro lado, las noticias son buenas en cuanto a nuestro nuevo centro de operaciones. En estos días estaremos mudándonos a una casa que compartiremos con otros mercados amigos de La Canasta, específicamente Jero el Granjero, Sembrando Confianza y Semilla Andina. Esperamos que compartir este espacio físico nos ayude a estrechar lazos y seguir en nuestros procesos de apoyo mutuo para fortalecernos todos. Esperamos poder invitarlos prontamente a que conozcan nuestra nueva sede y también esperamos poder organizar eventos y encuentros entre productores y comensales para dinamizar más esta red.

Desde esta nueva sede seguiremos funcionando de la misma manera que cada uno de ustedes conoce y a medida que haya cambios que impacten los procesos a los que ustedes están acostumbrados, les iremos informando.

La semana pasada tuvimos también una visita coordinada por la fundación FUCAI, de un grupo de promotores indígenas de la Amazonía Colombiana, Brasilera y Peruana. Nuestros visitantes han trabajado últimamente en siembras de diversas variedades de productos en sus comunidades y los directivos de FUCAI nos pidieron que les compartiéramos nuestra experiencia de comercialización. Unos de los puntos que resaltamos fue el tema de la asociatividad y por eso fuimos con ellos a conocer la experiencia asociativa de ARAC en Subachoque, quienes compartieron también sus experiencias. El cierre del día fue en Subachoque y hubo un intercambio de experiencias e invitaciones de todas las partes a mantener los vínculos establecidos y reafirmarlos cuando haya oportunidades para esto.

Por lo pronto, solamente podemos decir que estas iniciativas de compartir generosamente nos han dado muy buenos resultados y sentimos que nuestros lazos son cada vez mas fuertes, cosa que estamos seguros que nos servirá en el futuro lejano y no tan lejano.

El fin de semana hicimos una rica Sopa de cebada con verduras en leña


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28 Feb

La alimentación es una prioridad

Esta semana queremos presentarles una nueva finca que hace parte de nuestra Red Agroeocológica La Canasta. A continuación una presentación de su proyecto y sus valores de trabajo y vida.

Este proyecto de producir y comercializar alimentos orgánicos empezó cuando mi esposo y yo sentimos la necesidad de sembrar y cosechar nuestra propia comida, para asegurarnos de conocer su procedencia, no aplicar tóxicos en su producción y que estuviera regada con agua limpia, pues esperábamos nuestro primer hijo. Y así mismo, queríamos contribuir con la conservación del medio ambiente. Eso, hace 9 años.

Todos los fines de semana viajábamos a la finca de los padres de mi esposo, y nuestra pequeña huerta crecía poco a poco. Nuestros hijos, que rápidamente fueron 2, la pasaban muy felices untándose de tierra, gateando, caminando en el prado, en contacto con animales del campo. Con el tiempo nos dimos cuenta, que no queríamos estar en la ciudad y nos propusimos tener una vida coherente con nuestros principios. Es así como hace 6 años vivimos en una finca en La Vega – Cundinamarca, hacemos parte de la red de productores agroecológicos de Jero El Granjero y La Canasta. Y hoy día, también hacemos parte de la Red de Reservas Naturales de la sociedad civil.

La buena alimentación es vital y por ende una prioridad, es un acto social y cultural. Comer con otros nos permite conversar, recordar, tomar decisiones, que bueno que en estos momentos podamos utilizar alimentos frescos, orgánicos y locales. A través de la alimentación nuestro organismo recibe lo más esencial para mantener la vida y la salud. Debemos apropiar muchas costumbres entorno a la alimentación para ponerla como una meta: las prácticas agroecológicas, la permacultura, las culinarias, cocinar en casa, el retorno al uso de alimentos nativos, el consumo responsable.

Debemos prepararnos para el mundo que enfrentaremos en los próximos 100 años, con mayor esperanza de vida, escasez de recursos naturales, enfermedades crónicas y degenerativas. No podemos simplemente dejarnos llevar por el mercado y el consumismo, y seguir alimentando generaciones enfermas. Si no hacemos un alto y frenamos el consumo de ultraprocesados, harinas refinadas, azúcares refinados, comida chatarra, si no respiramos aire puro, vamos a seguir alimentando no nuestro cuerpo sino los bolsillos de las grandes industrias farmacéuticas.

En resumen, comer orgánico es vivir bien. Esta premisa, debe agrupar cada vez a más consumidores, que deben exigir comida limpia y sana. A medida que sean más los consumidores, habrá mayor oferta y los precios van a poder ser accesibles para todos. Ojalá en el futuro podamos ir a las plazas de mercado con la tranquilidad de que encontraremos alimentos agroecológicos y que vamos a conocer su procedencia.

Esta semana te recomendamos un rico Jugo de tomate de árbol con mora


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21 Feb

Agricultura urbana y campesina

En los últimos años, la agricultura urbana y los jardines en todas sus formas han tenido un auge en nuestra ciudad. Hoy en día hay muchos muros verdes, plantas sembradas en botellas PET, en llantas, etc, huertos comunitarios, terrazas, patios y balcones con frutas y hortalizas sembradas e incluso encontramos por aquí y por allá pequeñas huertas, árboles nativos o jardines sembrados por ciudadanos en parques, andenes y separadores de la ciudad.

Este reverdecimiento de la ciudad es celebrado por nosotros y apoyamos estos esfuerzos de la manera que nos sea posible. Varias organizaciones amigas tienen proyectos de esta índole y en la medida que podamos articular procesos con ellas, lo haremos.

No obstante, La Canasta optó desde un principio por apoyar a pequeños productores campesinos principalmente. En este orden de ideas, y como posiblemente lo saben, todos los productos que distribuimos en nuestras canastas vienen de este tipo de producciones. Esta decisión es muy consciente, pues son estas personas quienes tienen más difícil acceso al mercado de la ciudad, precisamente por los volúmenes de producción que pueden manejar y por las distancias y tiempos para traer sus cosechas a la ciudad.

Muchas de las personas que cultivan para La Canasta no cuentan con grandes extensiones de tierra, sino más bien con pequeños lotes en donde tienen sus huertas y/o sus gallinas. Para alguien que solo puede cosechar un par de canastillas de productos cada semana, pensar en acceder al mercado de la ciudad es imposible y por lo tanto, la motivación para cultivar, o seguir cultivando es muy baja, pues la comercialización es el cuello de botella, y es ahí donde La Canasta entra en juego y cobra relevancia.

De cualquier manera, el reverdecimiento de la ciudad y las iniciativas que fomenten la agricultura y jardinería urbanas son afines a nosotros y por eso queremos resaltar un hermoso trabajo de un amigo nuestro. Manuel, artista y co-fundador del restaurante Mini Mal, ha estado sembrando pasto en el Parkway de una manera muy particular en las últimas semanas. El año pasado hubo una iniciativa ciudadana para reverdecer esta avenida, donde nosotros participamos para recaudar fondos y sembrar pasto en las zonas en las que el pasto no ha sobrevivido por diversas razones. La iniciativa de Manuel ha consistido, en vez de sembrar grandes áreas, en trasplantar “hilos de pasto” en forma de hoja en las zonas más peladas. El resultado es un bello dibujo en pasto sobre un fondo de tierra, que llama mucho la atención cuando se ve de cerca. Una transeúnte lo llamó “Hojas de hierba” y los invitamos a darse una caminadita por esta bella avenida y admirar este trabajo. Manuel dice: “Si necesitas sembrar, hay lugares que necesitan ser sembrados. La ciudad tal vez sea un terreno árido pero puede convertirse en uno fértil.”

Esta semana les recomendamos una rica Crema de coliflor con puerro


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14 Feb

Los dilemas de las certificaciones

El tema de las certificaciones es un tema bastante complejo, en especial para iniciativas como La Canasta y otros mercados afines que no funcionamos con las lógicas convencionales comerciales sino que por el contrario escogemos trabajar con campesinos con pequeñas producciones, con diversas personas preparando productos artesanales y en general en pequeña escala.

Desde que comenzó La Canasta y aún ahora, escogemos no exigir certificaciones de ninguna clase a las personas que producen los alimentos que ofrecemos en nuestros mercados, tanto para los productos frescos como para los procesados. Eso no quiere decir que no estemos de acuerdo con muchos de los requisitos que hacen parte de las certificaciones, tanto del tipo de producción como de índole fitosanitarias, sino que para producciones con escalas pequeñas y medianas no es muy viable acceder a estas certificaciones.

Por ejemplo, para recibir una certificación orgánica para los productos frescos que vienen de una finca, es necesario invertir una buena cantidad de dinero, y para recuperar esta sería necesario vender grandes cantidades de productos o subir los precios mucho y así de cierta manera salir de competencia o apuntar únicamente a mercados de nicho para gente con suficientes recursos para poder acceder a estos. Y esto es algo no deseado por nosotros, pues queremos que nuestros productos sean asequibles para la mayoría de personas de la ciudad.

En esta misma lógica, nos encontramos con el tema de los registros fitosanitarios que exige el Invima para los productos transformados. Por convicción, escogimos trabajar con productos artesanales y apoyar pequeños emprendimientos e incluso la transformación y de productos frescos en las mismas fincas para darles mayor valor agregado a los productos y contribuir con estos de mayor manera a la economía familiar. Para este tipo de producciones, es difícil cumplir todos los requerimientos impuestos para recibir las certificaciones y sellos.

La misma lógica de nuestros mercados y la decisión de apoyar producciones artesanales, agroecológicas y campesinas constituye un dilema difícil de resolver pues las certificaciones están pensadas y diseñadas principalmente para producciones grandes y de cierta manera tecnificadas.

Visita del Sistema de Garantías Participativo

Para afrontar este dilema, estamos trabajando desde varios frentes y en cooperación con otros productores y mercados. En términos de las certificaciones del tipo de producción, estamos implementando un Sistema de Garantías Participativo que busca que entre nosotros mismos podamos “certificar” las producciones en las fincas. Por otro lado estamos investigando las posibilidades de obtener registros Invima o por lo menos cumplir con los requisitos más importantes, pero evaluados desde las lógicas de la producción artesanal. Les iremos contando los avances…

Esta semana te invitamos a probar Arvejas en crema de leche


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31 Ene

Decisiones de compra y su impacto

En nuestro día a día, tomamos muchas decisiones que tienen impactos que no tendemos a imaginarnos. Con una de nuestras actividades cotidianas más normales, alimentarnos, hay muchos caminos que podemos tomar y cada uno de estos tiene una serie de implicaciones, tanto para nosotros mismos como para otras personas y para nuestro planeta.

Con nuestras decisiones de compra, apoyamos cadenas de producción de gran o pequeña escala, nacionales o internacionales, agroecológicas o convencionales, etc. Dependiendo de qué productos escojamos, dónde los compremos, qué precio paguemos por ellos, qué exigencias o requerimientos pongamos a los productos en términos de calidad, cantidad y tamaño por ejemplo, estamos fortaleciendo a toda la cadena de suministro que está detrás de los productos que elijamos comprar para alimentarnos.

En La Canasta siempre hemos sostenido que comprando los mercados que ofrecemos, estamos elevando una voz que elige sistemas de producción de alimentos basados en la conservación de la naturaleza y en el respeto por las personas que hacen parte de la cadena de producción. Con una de nuestras acciones más cotidianas, comer, tenemos un poder muy grande. Cada quien toma las decisiones que considera más acordes a su estilo de vida, a sus costumbres, a sus gustos y a sus deseos. Lo que es claro es que estas decisiones tienen impactos más allá que en si mismo.

Por ejemplo se puede escoger entre comprar productos que han sido producidos localmente y que contribuyen a la economía local o escoger aquellos que han viajado grandes distancias generando más huella de carbono y contribuyen a economías ajenas a nosotros.

Un claro ejemplo de esto es el ajo que normalmente consumimos y que compramos en la mayoría de supermercados. Ese ajo blanquito que viene en una mallita es un ajo importado de China, a diferencia de nuestros ajos moraditos criollos que son en efecto un poco más difíciles de pelar pero que están mas frescos, que saben delicioso y que fueron cultivados cerca de nosotros y por ende contribuyen a la economía de campesinos locales.

También podemos elegir entre productos que han pasado por varios intermediarios antes de llegar a las góndolas de los supermercados, dejando únicamente alrededor de un 30% a los campesinos que cultivaron los productos o incluso ni siquiera eso, pues los campesinos deben emplearse en grandes cultivos que son quienes tienen mayor poder de negociación y por ende mayor acceso a los mercados.

En vez, podemos elegir cadenas cortas de suministro, donde se compra directamente a los campesinos y se vende directamente al consumidor final y que dejan entre el 50% y el 80% del valor a los campesinos.

Los ejemplos son muchos, pero lo importante es que asumamos esa responsabilidad y que tomemos decisiones que vayan en línea con nuestros valores.

Esta semana les recomendamos una receta de Dulce de mamoncillo


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17 Ene

La Canasta y sus participantes

Desde que La Canasta fue concebida hace ya casi 6 años, ésta se planteó como una Red de Confianza entre personas produciendo y personas consumiendo alimentos agroecológicos. Esta frase, en la práctica, es lo que mantiene viva esta iniciativa. Es gracias a las personas que participan en La Canasta que seguimos luchando por acercar al campo y a la ciudad, o mejor dicho, a las personas del campo con sus cultivos y a las personas en la ciudad con su demanda por alimentos “buenos”.

En varias ocasiones hemos enfatizado que La Canasta no es un mercado, sino mucho más que eso, es entre otras, una propuesta para brindar relaciones más justas entre las personas que participan en este ciclo agroalimentario y entre estas y el planeta.

En nuestro día a día es muy fácil entender a nuestro mundo como el único y es difícil abstraernos y ver que nuestro mundo es solamente un pequeñísimo componente de los muchísimos mundos que hay. De esta manera, con La Canasta hacemos lo posible por acercar mundos, o por lo menos visibilizarlos, específicamente el mundo de los comensales en la ciudad y de los productores en el campo. Semana a semana contamos historias como esta, en las cuales intentamos explicar qué es lo que hacemos, cómo lo hacemos y por qué lo hacemos de esta manera. En otras palabras, procuramos que los comensales que reciben los alimentos en la ciudad, sepan de dónde vienen estos alimentos, quién los cultivó, de qué manera y por qué así y no de otra manera. Recíprocamente, transmitimos la retroalimentación y los deseos de los comensales a las familias que cultivan los productos para que ellos puedan también perfilar sus producciones hacia donde los comensales en la ciudad las demandan.

Este es un gran reto, pero cada vez que percibimos manifestaciones de que esto se logra, la satisfacción es inmensa, no solo para nosotros sino también para quienes disfrutan los alimentos o para quienes logran producir lo que los comensales quieren recibir. Cada encuentro que organizamos entre productores y comensales, bien sea en la forma de una reunión en la ciudad o en el campo, o durante alguna visita a las fincas, es un momento en el que se percibe que quienes participan respiran felicidad.

Claramente no pretendemos responder directamente a todos los deseos de todas las partes, porque ya aprendimos que esto es imposible, pero creemos que hasta el momento hemos logrado que las familias campesinas que producen los alimentos se sientan orgullosas de su trabajo y bien remuneradas para poder continuar en este y que las familias que reciben las canastas puedan alimentarse bien con productos frescos y producidos con amor.

Esta semana les sugerimos un rico Batido de mango, mora y fresa


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