23 Nov

Cocina y literatura

Escritores en cubiertos

Foto tomada de caracol.com.co

Alguna vez aprovechamos este espacio para hablar de cine y comida. Hoy, en medio de una avalancha de malas noticias de estas tierras y de otras latitudes, necesitamos un respiro. Necesitamos una bocanada de aire puro, y una cucharada de algo delicioso, que nos permita reconciliarnos con el mundo. Por eso, le pedimos prestado a Tina Alarcón unos fragmentos de su libro “Escritores en cubiertos” (un libro de 2003, publicado por Editorial Aguilar). El libro recorre las vidas y obras de diferentes escritores y escritoras, y recupera las comidas y recetas que aparecen ahí. El capítulo 4 (pg 59-64) está dedicado a Tomás Carrasquilla, escritor antioqueño de fines de siglo XIX y principios del XX. En la página 61 dice: “[…] orgulloso de las razas ancestrales, retoma voces aborígenes provenientes del quechua que se hablaba desde la Argentina hasta Cali, palabras que están enclavadas, aún hoy, en el diario vivir de Colombia: achira, callama, cóndor, chirimoya, chócolo, chumbe, mate, papa. El escritor paisa recurre igualmente al arahuaco (arawak) y al caribe, que también tienen que ver con nuestro actual vocabulario: ají, batea, cacique, canoa, caribe, ceiba, cocuyo, chicha, guacamaya, guanábana, macana, maíz, naguas, papaya, sabana, tabaco y yuca. Carrasquilla recoge en sus escritos voces legendarias que se oyeron en el país de los aztecas y que llegaron hasta nosotros, palabras de la cotidianeidad, como arepa y totuma. Del imperio azteca, del náhuatl, recibimos voces que se hicieron al mundo y siguen un recorrido que ya suma siglos de siglos. El náhuatl es el idioma que se hablaba en los alrededores de México. De allí vienen tomate, aguacate, chocolate, cacao, nopal, petaca, petate y zapote”

Y no podemos dejar de poner un extracto de la misma obra de Carrasquilla, citado en la página 62, de su obra Titanes “Quién se la ha, a la vez, con el almíbar para los merengues y con el melote que ha de acompañar a los buñuelos, con el picadillo de mondongo y callo para la sopa dominical del pobre y con el de gallina y cordón para el ajiaco de regodeo. Petrona, con el genio de la ubicuidad, está junto a los ollones de tamales y junto a las bateas de pandequeso; junto a la que bate claras y al molinillo que agita el lago yemoso que ha de cuajar en bizcochuelos; en el horno, para puntos; en la pica de papa y mafafa, para graduar la revoltura; en la mesa las últimas panelas, para indicar el corte”

Unos merengues de estos que evoca Carrasquilla  pueden ser una buena idea para deleitarnos un rato.

Merengues (receta del mismo libro, página 63)


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