28 Ago

Crónica de un desastre anunciado

El paro agrario no debiera ser una sorpresa para nadie. El campesinado colombiano y sus organizaciones vienen manifestando desde hace tiempo las dificultades que encuentran para que su forma de vida y producción sea viable. Hace unos días veíamos un artículo en la prensa nacional, que anunciaba la construcción de “la nevera más grande de Colombia”, un sistema de refrigeración con capacidad de almacenar 8200 toneladas de alimentos en Funza. Esa estructura busca facilitar el almacenamiento de alimentos importados y para la exportación, y hace parte de las adecuaciones de infraestructura que se derivan de las firmas de los diferentes Tratados de Libre Comercio. En ese momento nos preguntamos qué rol juegan los campesinos y campesinas que producen alimentos a pequeña escala en este sistema agroalimentario reflejado en la súper nevera. La respuesta es: ninguno, excepto la incorporación de algunos de ellos como mano de obra barata. Y la respuesta es también: el paro.

El campesinado ha sido históricamente menospreciado, asimilado al atraso por la lógica modernizadora que desprecia lo local, lo artesanal, lo diverso, lo que desafía las lógicas despóticas y deshumanizadoras del mercado. El progreso es entonces sinónimo de economía de escala, uniforme, eficiente solo en términos de la reducida visión economicista, funcional a los grupos concentrados de poder. A pesar de que está comprobado que las pequeñas producciones diversificadas y agroecológicas son más productivas, en el sentido de que producen más comida, en menos espacio y con menos gasto energético, a la vez que conservan y recuperan el agua, los suelos y la biodiversidad, el modelo de la agricultura “moderna y eficiente” sigue siendo una agricultura sin agricultores, con tecnologías destructivas, con uso de agroquímicos y enormes gastos energéticos, pensada para la exportación. Por eso las producciones beneficiadas por el modelo de desarrollo actual son aquellas en las que los campesinos caben solo como mano de obra barata para la producción de commodities de exportación.

¿Alguien pensaba que el campesinado iba a aceptar sin más este lugar asignado en el modelo de desarrollo?

Hoy queremos dar espacio a un campesino de Boyacá, que pidió no ser identificado, porque la represión vivida en el paro de estos días le hace temer represalias. Le preguntamos acerca de las razones del paro, y le ofrecimos este espacio para expresarse. Esto fue lo que nos dijo: “La movilización se hace debido a las pérdidas del sector agrario, que se basan en varias cosas: los bajos precios de lo que producimos. El litro de leche nos lo pagan a 400 pesos. Eso se acompaña de las importaciones, y los TLCs firmados por los gobiernos. Los costos de los insumos son muy altos, estamos en desventaja, es una competencia desleal frente a los países con subsidios. Los créditos tienen intereses muy altos. Boyacá es minifundista, aquí los campesinos somos propietarios de fincas que no alcanzan a la Unidad Agrícola Familiar. Muchos de nosotros estamos perdiendo la tierra, que es rematada por las entidades financieras porque no podemos pagar. Estamos perdiendo la tierra y el trabajo acumulado en ellas. Los jóvenes se van en un éxodo masivo a las grandes ciudades por falta de oportunidades. En estos días hemos sufrido mucho por el abuso de las autoridades. El ESMAD nos ha atacado con gases, bolillo, bala, puntapié. No han tenido en cuenta ni a las mujeres ni a los niños. Han entrado en las casas cerca de la carretera, han roto vidrios, puertas, han maltratado a la gente. La marcha ha sido pacífica hasta que los desmanes empezaron por parte del ESMAD y la policía. Llegan de a 15 o 20 motos, y llegan directamente disparándole y pegándole a la gente. Tenemos bastantes heridos y casos de violencia. Nosotros seguimos con el paro pacíficamente. Agradecemos a todas las personas que se han solidarizado con los campesinos, y las invitamos a que sigan acompañando”.

Desde La Canasta nos solidarizamos con el paro, a pesar de que no compartimos todas las reivindicaciones, ya que algunas apuntan a perpetuar el modelo de la agricultura basada en insumos químicos, y otras no tuvieron suficiente fuerza, como las relacionadas con el problema de las semillas. Nuestra forma de hacerlo es nuestro trabajo cotidiano, creando formas diferentes de sembrar, producir, comercializar y consumir los alimentos.

Esta semana armamos nuestra canasta, pero eso no significa que no estemos de acuerdo con la necesidad y el derecho a manifestarse, y con la legitimidad de los reclamos. Uno de los campesinos de Boyacá nos dijo “No nos dejen solos en estos momentos”. A todos los campesinos y campesinas en paro, nuestro reconocimiento y solidaridad, no están solos.

Azadón

Y para quienes se preguntan ¿por qué hubo canastas esta semana, dada la actual situación de paro agrario?, hagan click en el enlace para leer al respecto.


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