22 Oct

Diversidad divino tesoro

Como les hemos contado, en estos meses hemos podido recorrer el Caribe Colombiano y nos hemos encontrado con gente maravillosa: Betty y su familia, además de los 31 productores de Asocampa que nos mandan arroz desde San Bernardo del Viento; Carmen y Felipe que nos mandaron frijolitos cuarentanos de los Montes de María; Remberto y el grupo de guardianes de semillas de la RECAR del Resguardo Senú en Córdoba; y muchas familias más a quienes no nos alcanzará la vida para agradecerles por su trabajo y esfuerzo por mantener y promover la diversidad de alimentos y semillas del país. Y es que en este recorrido hemos aprendido mucho sobre la diversidad conociendo variedades de maíces, fríjoles, arroces, ñames, yucas, frutas y miles de productos más.

Mazorca con diversidad

Una de las mazorcas que recibimos de Jairo y Judith esta semana

Este país es realmente privilegiado y deberíamos empezar a celebrarlo. En la visita a Remberto, líder de la RECAR en San Andrés de Sotavento, conocimos siete variedades de maíces que, por lo menos nosotros, no habíamos visto antes: un maíz morado con el que hacen mazamorras dulces deliciosas, un maíz azulito que utilizan para hacer bollos, maíz criollo blanco, rojo, cariaco, gallito y uno lindísimo que se llama huevito y es amarillo con punticos de color azul y morado. Según datos de la RECAR, el maíz huevito estaba prácticamente perdido en la década de los 90, pero esta organización, con el apoyo del proyecto de semillas de Swissaid, lograron que un grupo de indígenas se pusiera en la tarea de sembrar, conservar y compartir esta y otras variedades de semillas de maíz y hoy en día, si bien no hay cantidades, sigue existiendo. Una batalla ganada en contra de la unificación de la alimentación que parece ser una de las banderas de la globalización.

Diversidad divino tesoro, pues así como es importante que se conserven la diversidad de especies de árboles, animales y lenguas, es indispensable que se conserven las semillas y alimentos para recordar que en el mundo existen miles de culturas y tradiciones, y que muchas de ellas se expresan en platos y preparaciones diferentes y deliciosas. Que delicia poder sorprenderse en la cocina de cada región aprendiendo una receta diferente con maíz, con papa o fríjol. Que rico que no todos comamos lo mismo. ¡En la diversidad está el placer y la riqueza!, el problema es que apenas nos estamos dando cuenta. Esta semana, un buen amigo que está trabajando también en el Caribe descubrió que el fríjol arrocito o diablito como le dicen en los Montes de María, es el mismo fríjol japonés que se vende carísimo en ciertos mercados y restaurantes del mundo con algún nombre complicado de escribir. Resulta que indagando sobre el tema, este amigo descubrió que un japonés se llevó el fríjol desde acá, desarrolló un producto gourmet y ahora nos lo venden como algo muy exótico y exquisito para mercados muy limitados. Las familias campesinas de la región de origen del dichoso frijolito lo dejaron de sembrar por la falta de mercado y porque prefieren otras variedades en sus ollas. Así es la vida de las semillas, lo importante es conservarlas, sembrarlas y no dejar de disfrutarlas.

Esta semana los invitamos a probar una receta de Ensalada de zanahoria


¿Quieres saber más sobre La Canasta?

¡Haz click aquí!


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *