27 May

Doña Oliva Bonilla

La Canasta 2012 - Karen 111Justo enfrente del bachillerato del colegio del corregimiento de La Pradera vive y trabaja doña Oliva Bonilla. De mirada gentil y una sonrisa un poco tímida, Oliva siempre se levanta primero que el sol para ordeñar las vacas, darle de comer a los marranos y tener listo el desayuno para su esposo Marco Aurelio y dos de sus tres hijos, que viven en las casas contiguas a la suya. Luego de atender a sus seres queridos, doña Oliva se ocupa de su otra pasión: la huerta de su casa en la que trabaja todos los días. Oliva y otras 21 familias, hacen parte de la ARAC, asociación que hace parte de la Red de La Canasta. La historia de Oliva es la historia del campesino colombiano. Ella y su familia, con mucho esfuerzo, han logrado mantenerse del trabajo agrícola que implica muchas apuestas y muchos aprendizajes:

“Yo nací cerca de La Pradera, en la casa de mis padres que queda por la vía a Guamal. Ahí crecí con mis hermanos como hasta que yo cumplí los quince años; yo recuerdo que estudiábamos acá en la escuela del corregimiento y todos los días nos tocaba levantarnos como a las cuatro de la mañana para ordeñar las vacas y luego bajarnos con la yegua que cargaba las cantinas para vender la leche cerca de la escuela, antes que pasara el camión que se las llevaba.” Después de vivir en casa de sus padres conoce a su esposo y conforma su hogar, con él y sus hijos han trabajado en el campo, durante un tiempo cultivaron de manera convencional hasta que los precios y los intermediarios los hicieron desistir: “Un día mi esposo decidió comprar unos bultos de semilla de papa que para sacar unas ochenta cargas, porque por esos días el precio estaba bueno; entonces se arriesgó y  pidió  un   préstamo al   banco para  contratar  obreros, comprar fertilizantes y abono. Pero vea como es la vida, cuando esa papa dio, y salió bien bonita, el precio había bajado a menos de la mitad y en Bogotá no nos dieron nada por la cosecha. Nos tocó vender la tierra para evitar que el banco se quedara con la casa y con todo, porque esos intereses no tienen piedad de nadie.” Después de este tropiezo, Oliva y Marco Aurelio decidieron empezar a apostarle a la agricultura orgánica y tienen en la huerta algunos productos para el consumo de la familia, para vender en la plaza del pueblo los sábados y para enviar a Bogotá a la Red de La Canasta, siembran perejil, yacón, cebolla larga, uchuvas y repollos en el jardín de la casa que pudieron comprar unos años después. Un tiempo después adquirió unas cuantas gallinas y conejos para vender los huevos, el abono y tener alimentos frescos para la familia.

“Yo empecé a sembrar porque quería tener mi mente ocupada, y como era tan poquito lo que cosechaba, pues no tenía necesidad de usar químicos ni pesticidas. Fue hace como tres años que conocí a la asociación ARAC que comencé a vender mis productos para que las personas de la ciudad puedan comer cosas buenas, no esas verduras de almacén que son más apariencia que lo que en verdad ayudan”. Además de dedicarse a la siembra, hace unos años Oliva se capacitó en la preparación de yogures y a esto dedica la mayor parte de su día, siempre está ocupada, siempre activa, pero como ella misma dice… “Eso sacamos tiempo de donde no hay”.

Para acompañar esta historia les proponemos un rico y digestivo PURÉ DE MANZANA


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One thought on “Doña Oliva Bonilla

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