22 Ene

Economía: las malas y las buenas noticias

Arrancamos el 2014 con algunas informaciones inquietantes. Esta semana los medios de comunicación difundieron un informe de una prestigiosa ONG que indica que casi la mitad de la riqueza en el mundo está concentrada en el 1 % de la población. Como si este dato no bastara para que nos preguntemos qué clase de sociedad y de mundo se crea con esos niveles de concentración, y por ende, de desigualdad, nos grafican con más cifras: la mitad más pobre del mundo suma la riqueza de las 85 personas más ricas. Para completar el panorama preocupante, por decir lo menos, la OIT informa sus proyecciones para el 2014 y nos dice que el desempleo va a seguir aumentando, y que no hay perspectivas de reversión de esta tendencia por ahora, en el modelo económico imperante.

Esto quiere decir que la brecha seguirá profundizándose y extendiéndose. Claramente estas son las malas noticias. Pero entonces ¿cuáles son las buenas? se preguntarán. No tenemos la seguridad de que sean lo suficientemente buenas como para contrarrestar la desazón que producen las cifras de arriba, pero al menos nos mantienen la esperanza. Y es que otras economías proliferan en el mundo, generalmente al calor de las necesidades más básicas y sentidas, pero que también se van proyectando a planos más amplios que la solución de la necesidad cotidiana. Muchas veces funcionan a la escala micro territorial, se basan en redes de confianza y solidaridad, ponen patas para arriba las presunciones (que no son más que eso) de la economía clásica, fundada en el llamado homo economicus que es un agente racional que sólo piensa en términos de maximización de beneficios, cueste lo que cueste y caiga quien caiga.

Una de nuestras reuniones con consumidores que participan activamente en la red.

Una de nuestras reuniones con consumidores que participan activamente en la red.

Aparece entonces una economía que ya no es la de la escasez de recursos, sino de la prodigalidad de la naturaleza, del cuidado de los demás, el dar que vuelve multiplicado, la re significación de las necesidades, entre muchas otras cosas que surgen al sacudirnos de los esquemas reduccionistas hegemónicos. ¿Les suena familiar? ¡Claro que sí! Esta canasta que están recibiendo hoy representa un ejemplo, pequeño pero ejemplo al fin, de esas experiencias que buscan generar otras formas de hacer economía. Ese compromiso de parte de ustedes de recibir la canasta cerrada, de apoyar a productoras y productores campesinos aceptando la fijación de precios, la estabilidad de éstos, el esfuerzo de inventarse recetas cada semana con productos que no hubieran elegido en la tienda, pero que reciben con gusto porque es lo que la tierra trabajada por las familias campesinas da, todas esas son las buenas noticias. Pueden no ser suficientes, pero definitivamente son necesarias.

Esperemos entonces que en el transcurso del año sigamos consolidando este ejercicio, y sigamos experimentando con las formas de hacer economía social y solidaria en nuestra cotidianeidad.

Un par de preparaciones con cubios


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