10 Jun

El Dilema de la Guayaba

Mientras el equipo de La Canasta desempaca las guayabas que llegaron de la finca de don Jorge Méndez en Vianí, cada uno tiene algún recuerdo sobre la guayaba. Incluso, cada vez que nos hemos atrevido a incluirlas en las canastas, no sobran los comentarios de las personas que las reciben y nos cuentan cómo ese dulce olor y sabor les recuerda algún momento en tierra caliente.

Rosalba comenta que se acuerda de las caminatas para ir a su colegio por los caminos veredales, en los cuales siempre había guayabas para comer. No había caído la última fruta del árbol, cuando empezaba ya a florecer por otro lado para prepararse para sacar los nuevos frutos. En realidad, hay dos cosechas en el año, pero casi que se traslapan, en especial porque casi nadie coge las guayabas para venderlas.

Hay varias razones por las que la guayaba y otras muchas frutas no se recogen. Por un lado, cuando hay cosecha de algún fruto, los precios bajan de una manera ridícula y no vale la pena hacer el esfuerzo de recoger la fruta para recibir muy poco dinero a cambio. En especial si no se tienen sino algunos árboles en la finca. Aquellos que tienen cultivos de guayaba, por ejemplo, son quienes pueden sacar cantidades suficientes para poder negociar los precios un poco o ayudarse con las economías de escala.

Y esto es cierto para muchas de las frutas criollas que crecen naturalmente en varios lugares. El mango, los cítricos, la guanábana, el mamoncillo, etc. tienen realidades similares. Pero la guayaba tiene otra característica que nos hace difícil incluirla con más regularidad en las canastas. Es una fruta muy delicada y sufre mucho con el transporte.

Al igual que con los bananos, se debe cosechar antes de que madure del todo y enviarla así a Bogotá para que no se dañe tanto. El problema es que con el frío de Bogotá no madura como lo haría en su lugar de origen. Otra vez, si se trabaja con monocultivos, se pueden “tecnificar” mucho mejor los procesos para tener empaques idóneos y transportes exclusivos para minimizar el sufrimiento de las frutas.

Las damnificadas

Las damnificadas

Esta semana hicimos el intento de incluir las deliciosas guayabas de don Jorge y de 40 libras que nos había ofrecido, sólo pudo cosechar unas 20 y de esas sólo unas 13 libras llegaron en buen estado y las estamos mandando a 13 afortunados en bolsitas de papel para que se maltraten lo mínimo posible. A quienes las reciban, disfrútenlas mucho y cuéntennos si las tomaron en jugo o si se las comieron a mordiscos. Y un cordial saludo a los gusanitos que le dan el nivel de proteína a esta rica fruta.

Y quien tenga ideas o soluciones para estos dilemas con las muchas frutas tropicales que tenemos en Colombia, que las comparta y nos ayude a aprender para poder traer mucha más fruta con La Canasta.

Esta semana, receta de Sopa de Rábano con Calabacín.

La Canasta 2015-06-10 043


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One thought on “El Dilema de la Guayaba

  1. Señores de La Canasta.

    Muchas gracias por la cajita… apenas hoy al desayuno lei “El Dilema de la Guayaba” y créanme que me conmovió un montón, sobre todo con lo del cordial saludo a los gusanillos, porque en mi infancia también estuve montada en palos de guayaba.

    Por ahora lo único que se me ocurre para el consumo de la guayaba es algo que hacíamos en Inglaterra pero con fresas.

    En unas granjas productoras de fresas lo que hacen es abrir la granja a las personas de los lugares aledaños, entonces es el plan de ir a coger fresas, hay una inducción, y le dan a uno una canastilla para que la llene de fresas y a la salida la pesa y paga lo que se va a llevar. También podíamos comer fresas mientras cogíamos pero eran tantas que igual pagábamos por llevar para la casa.

    Pero al pagar las fresas uno paga por el plan de cogerlas, no sólo por las fresas como tal. Así mismo hay una tienda de souvenirs en la que venden cositas y recuerdos de la finca… todo relacionado con fresas, mermeladas, en el caso de la guayaba se imaginan? Dulces… bocadillo… jugo… y lo que sea que se pueda hacer con la guayaba… hasta muebles de palos de guayabas! Qué se yo…

    En Colombia la legislación es un limitante, teniendo en cuenta que la ARL de un empleado sube de nivel cuando tiene que realizar trabajo a más de un metro de altura. Sin embargo como esto es un intercambio comercial en el cual se está vendiendo la subida al palo de guayabas, se puede vender como un deporte extremo… (jajaja suena chistoso) verificar que todos tengan EPS y que firmen una cláusula de liberación de responsabilidad al dueño de la finca en caso tal que algún muchachito se caiga de un árbol. Es algo que consultaría con abogados comerciales, pero debe existir la manera de hacerlo lo más seguro posible para el dueño de la finca y el visitante.

    En conclusión, con este modelo de recolección de guayabas se generan varios impactos:

    1. Acercar la población de la ciudad a la naturaleza y dejarles experimentar lo que muchos de nosotros ya vivimos a través de un palo de guayabas. El olor, la textura, el color, los gusanillos…

    2. Se ahorra transporte.

    3. Se ahorra en tiempos y esfuerzos de recolección.

    4. Es posible que se puedan emplear algunos campesinos de la zona para que asesoren en la cogida de las guayabas. Y así disminuir el riesgo de los visitantes y generar un vínculo con el campesino…

    5. Se puede generar otro mini mercado en la finca, para que vendan sus productos de guayaba… todo lo que mencioné anteriormente.

    Deben haber más pero me acabo de levantar y solo se me ocurre esto por ahora… Espero que les pueda servir la idea y si lo hacen me dicen porfa… seré de las primeras en ir… y llevar más gente.

    Un abrazo y gracias por todo lo que hacen.

    Saludos a Don Jorge… qué cuando va a invitar?

    Aleja 🙂

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