28 Nov

El poder del consumidor

Por más de 60 años se ha impuesto un modelo global de producción y comercialización de productos agropecuarios inequitativo, ineficiente y de alto costo social y ambiental. Este modelo ha derivado condiciones desfavorables de acceso al mercado para los pequeños productores. La no internalización de los costos y beneficios ambientales y sociales en los modelos económicos, es decir en los precios de los productos, genera pasivos para toda la sociedad, que se manifiestan en la degradación de suelos, intervención de ecosistemas estratégicos, bajos salarios y condiciones laborales deficientes para los campesinos, contaminación de fuentes hídricas y emisiones de gases de efecto invernadero, problemas de salud asociados con la alta carga de tóxicos de los alimentos, pérdida de semillas y conocimientos y desplazamiento de población rural a la ciudad.  ¿Quién asume ese costo? ¡Todos nosotros!

Ante este escenario de fracaso evidente del sistema agroalimentario global (Colombia no es la excepción), ¿podrían la agricultura ecológica y la agroecología ayudar a impulsar un crecimiento verde? La respuesta es un sí rotundo. El planeta entero se enfrenta hoy al gran reto de la sostenibilidad. En los próximos 40 años, los seres humanos tendrán que producir más alimentos de lo que hicieron en los 10.000 años anteriores juntos (The Economist). Esto nos da una idea de lo central que es la producción de alimentos en el impulso de la economía.  En el Foro Económico Mundial de 2017, se habló de un escenario llamado “sostenibilidad abierta” donde se incentiva un consumo responsable y abierto de alimentos, que sea más eficiente en términos de los recursos naturales que se utilizan, que provea dietas más sanas y donde las cadenas de valor reconozcan los servicios y costos ambientales y sociales asociados a la producción y cadenas de suministro de los alimentos que llegan al plato. Siendo Colombia un país rico en recursos naturales, puede convertirse en protagonista y jugador central de una economía enfocada hacia la sostenibilidad en torno al ciclo agroalimentario, lo que podríamos llamar Alimentación Sostenible.

Los movimientos globales basados en las preferencias del consumidor han logrado modificar esta tendencia. El poder del consumidor, cada vez más informado y consciente, es el que impulsa a los gobiernos y empresas a cambiar comportamientos. Si se promoviera la distribución eficiente de los recursos y trabajara a favor de la sostenibilidad y el bienestar se lograría tener efectos que repercutirían en toda la economía y perdurarían en el tiempo.

Con el modelo de La Canasta contribuimos para resolver este reto con las siguientes propuestas: priorizando el fortalecimiento de la economía rural agrícola; incentivando la agricultura campesina, familiar y comunitaria aumentando la participación de pequeños agricultores y evitando su desplazamiento; promoviendo alternativas de trabajo para incrementar los ingresos rurales; favoreciendo un mayor consumo de alimentos agroecológicos; permitiendo el acceso a la tierra; garantizando la sostenibilidad de los recursos; impulsando circuitos cortos de comercialización.

Esta semana, te invitamos a probar un rico Pasaboca de guatila


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