09 Nov

Elogio a la dificultad

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Deshierbando entre varios para ayudar a Maribel en su huerta

En “Elogio a la dificultad” Estanislao Zuleta reflexiona sobre nuestras formas de desear y la tendencia a valorar la facilidad por sobre la dificultad, o más bien el facilismo por encima del esfuerzo, en una idealización de una vida desprovista de lucha, de problemas, de desafíos. Podríamos decir que La Canasta ha sido, para quienes hacemos parte de ella, un ejercicio de elogio a la dificultad: para quienes están en el campo, la renuncia a las falsas soluciones de los paquetes tecnológicos que dicen ahorrar trabajo y acabar con el hambre en el mundo, y en su lugar apelar a la curiosidad, a la experimentación, a la memoria de una agricultura sin agrotóxicos, sin “herbicidas totales” que matan todo lo que tocan. Recurrir a la paciencia de deshierbar a mano, con azadón, con el ingenio de combinar cultivos para generar sinergias en las fincas. Para quienes están en el día a día de la organización, ha sido renunciar a la lógica predominante del negocio con sus recetas conocidas, para inventarse cosas nuevas, experimentarlas y corregirlas. Ponerse en la tarea de probar que la economía solidaria es posible, y que definitivamente es LA opción. Para quienes están en la ciudad, optar por aceptar comer lo que la tierra da, lo que las manos campesinas han producido esa semana, lo que quienes arman La Canasta combinan y que llega cada semana a desafiarnos en la cocina. Recibir la ñapa de los polizones que se cuelan entre las hojas, de la tierrita que protege la papa, y decir no a las verduras impolutas de brillantes colores del supermercado.

Y es un proceso hermoso, interesante, desafiante… y difícil. Esta semana queremos proponerles que busquemos hacer este ejercicio un poco más fácil. Sin mucho complique, sin toneladas de esfuerzos, con un poquito de pragmatismo. Que ya hemos elogiado lo suficiente a la dificultad, y hasta Estanislao estaría de acuerdo en que nos merecemos una dosis de facilidad.

La cuestión es la siguiente: necesitamos más comensales para que el ejercicio tenga el impacto que queremos en el campo. En vez de inventarnos una campaña de mercadeo, que no sabemos hacer y que nos costaría algo de dinero que preferimos se invierta en algo más productivo, les proponemos lo siguiente: que cada comensal, o grupo familiar o pareja o como sea que comparta La Canasta cada quien, convenza a alguien de unirse a la red. Facilito: con poco esfuerzo, porque de verdad, La Canasta como proceso “se vende sola”. Así, podemos tener un crecimiento exponencial en el número de comensales que se reflejará en más incidencia en el campo. Ahí están las fincas, ahí están las manos campesinas con ganas de producir más comida, ahí está la red ya montada, la logística aceitada, no es más que un empujoncito. Ahí está también la página web y las redes sociales (@lacanastaorg) para comunicarse y compartir ideas. ¿Cómo la ven?

Esta semana, la receta de una de nuestras abuelas de Dulce de brevas


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