19 Feb

Fabriciano y el futuro de sus labores

Ya en algunas ocasiones previas les hemos hablado de don Fabriciano y algunas de las actividades a las que se dedica. Para retomar un poco, don Fabriciano lleva toda su vida trabajando la tierra desde su lugar de origen, el municipio de Boyacá en Boyacá. En su finca, que es al oriente del Puente de Boyacá de clima entre frío y templado, Don Fabriciano no sólo cultiva algunos de los productos que nos llegan hoy, como la papa y la remolacha, sino que también tiene una labor muy importante, que es la de ser custodio o guardián de semillas.

La Canasta 2012-04-21-035Además de estas actividades, don Fabriciano es muy activo en el tema de las demandas contra las leyes de semillas y se la pasa aquí en Bogotá yendo a donde los abogados, dando charlas, etc, sin por esto descuidar su labor en el campo. Allí lo ayuda su hermano, quien está más o menos a cargo de los cultivos mientras que don Fabriciano está aquí en Bogotá trayendo productos, yendo a reuniones o compartiendo con su familia que vive aquí en Bogotá. Pasa media semana allá, pero cuando se ve corto de tiempo y con mucho trabajo en la finca, convoca a sus amigos y vecinos y juntos lo ayudan con sus labores.

El sábado, hablando con don Fabri, nos contó que una de sus principales preocupaciones es el futuro de su labor. En específico la parte de las semillas, pues él guarda en este momento más de 200 variedades de semillas en extinción, que tiene que estar sembrando, cosechando, comiendo y sacando nuevas semillas. Y estas no son tareas menores si se tiene en cuenta que es difícil que la gente consuma ciertos productos, y si estos no son consumidos, pues el ciclo en algún momento se acabará, pues para él no será rentable seguir cultivando ciertos productos.

Pero su preocupación no es tanto por ese lado, sino más bien porque sus trillizas adolescentes no quieren saber nada del campo! Y esto le trae a él la preocupación de quién se encargará de sus semillas cuando su cuerpo ya no dé para todo esto. Ha ido indagando por varios lados y ha ido regalando e intercambiando semillas con la esperanza de que otros las reproduzcan y cuiden. Pero él no ve tan claro el panorama por ese frente.

En parte, don Fabriciano es consciente de la ardua labor que esto implica y la dificultad que conlleva encontrar otras personas que quieran cargar ese bulto y en parte se da cuenta de lo complicado que es que los productos no dejen de ser consumidos para poderlos reproducir más.

Desde La Canasta apoyamos la labor de don Fabriciano, nos quitamos el sombrero y le agradecemos que lo haga y nos deje por lo menos saber sobre las preocupaciones que lo acogen. Nosotros rodamos la bola y esperamos que don Fabriciano y otros trabajando en esto puedan dejar su legado en buenas manos.

Esta semana compartimos la receta de Casquitos de papa dorados


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