17 Jul

Instrucciones para comer los alimentos de La Canasta

Quien haya leído a Julio Cortazar, encontrará un aire de familia en este título y el de algunos de sus cuentos, como “Instrucciones para subir una escalera”, o “Instrucciones para darle cuerda a un reloj” que dice cosas maravillosas como que cuando te regalan un reloj, “No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj”. Si no los leyeron, les recomendamos tomarse un ratito y hacerlo, están en internet.

Entonces, sin pretender emularlo, pero abusando de su inspiración, acá van algunas “Instrucciones para comer los alimentos de La Canasta” con su correspondiente preámbulo.

Cuando te llega una canasta, no te llega un mercado. Te llega la necesidad de pensar qué vas cocinar con todos esos alimentos. Te llega el apremio de la receta rescatada, del cubio arrugado y desafiante que tiene que ser descaradamente desplegado en un puré de color extraño que pinta la paleta de tu plato en violáceos inconcebibles, o que debe ser sutilmente escondido en el fondo de una sopa para que los diferentes comensales vayan acostumbrando el paladar. Te llega la responsabilidad de respetar el ritmo de la cosechas. Naranjas que se amontonan en el fondo de la caja, que reclaman ser consumidas sin espera, porque hay otros 100 bultos más listos para cosechar, esperando quién se las coma, sin conseguirlo. Te llega un caos de mandarinas y limas y limones que tienen exactamente la misma premura de las naranjas. Te llega un pedacito de cada finca, un poco del calor de cada mano que sembró y recogió lo que vas a comer. Te llega la posibilidad de construir el cambio, la satisfacción de la fiesta de la vida en cada plato.

CanastaInstrucciones: hay que tomarse el tiempo para descubrir lo que esconde cada caja. Sacar las cosas una a una, desplegarlas sobre una superficie, y organizarlas. A veces, sobre todo en las primeras recepciones, hay que recurrir a alguien que tenga una pista de qué es lo que trae. Con el tiempo, este ejercicio deja de ser necesario, y las guatilas, balúes, arracachas dejan de ser un misterio de la botánica. Hay que revisar que no haya polizones en la caja, esos animales tercos que insisten en quedarse con su comida, y pasan subrepticiamente todos los controles desde las fincas hasta el armado. Es necesario saber apreciar los alimentos desde otras perspectivas, y sacudirnos del bombardeo de imágenes de la publicidad de la agricultura industrial. Luego, hay que guardarlos, organizados según las lógicas de cada quien, cuidando de envolver bien las hojas, y cocinar de una vez los productos más delicados, como la yuca, que debajo de su apariencia rústica es sensible y delicada. Después, sólo queda entregarse al placer de cocinar, a la alegría de contar con la comida, al deleite de saborearla. Y de saber que detrás de cada uno de estos alimentos, hay alguien trabajando para la vida.

En este enlace encontrarán la receta de sopa de naranjas de la abuela Josefina.


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