02 Oct

La Canasta y los suelos

Hoy queremos contarles lo que hemos ido aprendiendo acerca de los suelos. Entender que los suelos están vivos y trabajar en función de ese hecho es una de las claves de la agroecología. El modelo de la Revolución Verde considera al suelo como un mero soporte para la producción, al que se le inyectan nutrientes sintéticos para alimentar a las plantas. En la agroecología, el suelo está vivo, y la ebullición de la vida y su equilibrio, es lo que asegura que las plantas obtengan todo el alimento que necesitan, que sean sanas y fuertes, y que no se enfermen ni sean atacadas por insectos y hongos. Esta relación entre la salud de la planta y su fortaleza se denomina “trofobiosis molecular”, por si les interesa buscar más información. Básicamente, es la misma lógica que con los seres humanos, cuando estamos bien alimentados, nos enfermamos menos.

El trabajo en el campo, ahora reforzado por Juan Pedro como contamos la semana pasada, muestra algunas prácticas que hay que modificar y mejorar para asegurar la salud de los suelos. Una de ellas es la aplicación de gallinaza, que si bien puede ser una fuente de abono importante, es necesario compostarla para que sufra las modificaciones que hacen que los nutrientes estén disponibles para las plantas, y evitar así enfermedades como la llegada de hongos, nematodos o gusanos que no permiten a las plantas crecer. Otra práctica a implementar es la de cubrir los suelos, que no deben estar desnudos, porque el sol directo y el agua escurriendo no dejan que los microrganismos se desarrollen plenamente. De hecho, son los microrganismos los que trabajan solidariamente con las raíces y les acercan los nutrientes que están en el suelo. De otra manera, los nutrientes pueden estar ahí, pero la planta no los puede aprovechar.

En estas tierras tropicales es normal que los suelos sean algo ácidos, y que presenten deficiencias de fósforo. Esto es algo que Juan Pedro encontró en varias de las fincas de la Red. Para solucionarlo, una de las ideas que compartió es quemar huesos con cascarilla de arroz. El humo protege desde el aire, y las cenizas se distribuyen en los cultivos y aportan varios elementos, entre ellos el fósforo.

Hay varias formas para promover y ayudar a mantener la vida en el suelo. Por ejemplo, hacer compost con los “desechos” de las plantas y con las cosas que aportan materia orgánica y que van sobrando en la finca; preparar bioles, una especie de caldo donde se hierve estiércol de vaca, melaza y otros componentes, como minerales; preparar bocachi, un compost acelerado que idearon los japoneses; tener lombrices para que produzcan humus. También es necesario promover los sistemas agroforestales, cultivando árboles frutales en las huertas. Cada hoja que cae, cada fruto, va también a alimentar el suelo. Con toda esta comida, sin el ataque despiadado de agrotóxicos y fertilizantes sintéticos, las bacterias, los hongos, los microrganismos, la pequeña fauna benéfica del suelo como las lombrices, se reproducen y hacen que el ciclo de los nutrientes se complete y nos permita tener cultivos sanos y rozagantes que después llegan a nuestras casas con La Canasta!!!

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