30 Ago

La cebada y el trigo Colombianos

Cada vez que se toca el tema de la siembra de cereales con campesinos de tierras altas de la región, la respuesta es similar. La producción de cereales como el trigo y la cebada era muy común hace unas décadas, principalmente en los departamentos de Nariño, Cundinamarca y Boyacá, en tierras entre unos 2,200 y unos 2,800 msnm. En la primera parte de la década de los 90, a raíz de la apertura de la economía nacional, se empezaron a importar cereales de USA, entre otros. Según los campesinos, hubo una campaña bastante agresiva para desprestigiar la calidad de los cereales nacionales, se decía que no eran tan buenos como los importados.

Desde otra perspectiva, los cereales importados venían a precios con los que el mercado local no podía competir, debido a los volúmenes y los subsidios que tenían estos en USA, por ejemplo. Tan pronto se terminó un convenio que existía entre la Federación Nacional de Cerealistas (Fenalce) y la industria maltera, la demanda de los cereales nacionales se vino a pique y asimismo los cultivos.

Jaime, quien ha vuelto a producir cebada y prontamente también trigo, en su finca en Ubaté y quien nos envía la cebada que recibimos esta semana, nos cuenta que es triste ver campos abandonados en la zona que hace algunas décadas estaban dedicados a siembras de cereales. Y las anécdotas de Jaime concuerdan totalmente con las que nos cuentan en Subachoque también, por ejemplo.

Jaime se acuerda que los cultivos de trigo y cebada que tenía su papá en la finca se acabaron por el desprestigio que se les dio a éstos con respecto a los cereales importados y porque las malterías de Bavaria en Tibitó dejaron de comprarles. Más de 20 años después, Jaime comenzó a sembrar cebada de nuevo. Hace dos años retomó estos procesos y hoy en día está muy contento con la decisión y los resultados. La cebada es rústica en su naturaleza y por lo tanto bastante fuerte como cultivo.

Nos cuenta que lo más importante es preparar los suelos muy bien, el los trabaja con humus de lombriz y hace lo posible porque estén libres de malezas y pasto para que la cebada pueda germinar bien. Una vez germina, con buena agua ojalá, es cuestión de esperar unos 4 meses para que esté espigado y se deja secar para cosecharse, luego se pasa por una trilladora para separar los granos y los tallos, que también usa para otros cultivos. Por último se perla el grano en una especie de molino para quitarle la cutícula.

Esperamos que las iniciativas de Jaime, de muchos otros campesinos que están volviendo a sembrar cereales, de molinos tradicionales que están volviendo a utilizarse sean fructíferas y podamos volver a alimentarnos con cereales locales.

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