13 Sep

“La lucha por la tierra es la defensa de la vida”

Para llegar a la casa de doña Anaís hay que coger un busesito que sube durante casi una hora por las lomas de Ciudad Bolívar. El paisaje cambia poco a poco, la carretera transita por barrios populares, pasa por el botadero de basura de doña Juana (ese lugar incómodo que pocos bogotanos conocemos y todos hemos construido), y luego se transforma en hermosas montañas verdes, llenas de neblina y cultivos de papa. Es increíble notar que dentro de la caótica ciudad de Bogotá sigue existiendo un pequeño espacio para la ruralidad, para el trabajo de los campesinos que entregan su energía vital en cuidar nuestro alimento.

Doña Anaís es una campesina particular. Ella nunca se dejó convencer por la institucionalidad que llegó desde los años 80’s a entregar químicos para ‘mejorar’ la producción de papa. En vez de apoyar la deforestación y los monocultivos, empezó a cuidar los árboles que protegen los nacederos de agua de su territorio y vive comprometida con distintas luchas que buscan el bienestar de la naturaleza. Frente a su casa está la escuela de la vereda Santa Bárbara que da la bienvenida con un mural amarillo que dice “La lucha por la tierra es la defensa de la vida”, una frase que resume el trabajo cotidiano de doña Anaís.

Actualmente su lucha está enfocada en proteger su territorio, que es una fuente de agua fundamental para todos los bogotanos. Hay diversas instituciones que están empezando a organizar actividad turística por los páramos que componen este territorio, y doña Anaís insiste en que el turismo no sólo es nocivo para los campesinos sino que empieza a poner en riesgo los nacimientos de agua que abastecen la ciudad. Todo este trabajo en el que está enfocada doña Anaís en este momento, hace que hoy no sea posible organizar una visita a su finca, como teníamos la intención de proponer para quienes quisieran conocer su trabajo y territorio. Hoy, ella está comprometida con la vida, con cuidar el agua y la naturaleza para que todos nosotros estemos bien. Su lucha por el territorio, aunque en la Bogotá urbana no seamos consciente de ello, es una lucha para mantener nuestro bienestar. Este escrito es un pequeño homenaje a doña Anaís, que aunque hoy no nos puede recibir en su casa, está entregando su trabajo por nuestra agua y nuestra vida.

Por ahora seguimos buscando la manera de organizar salidas a otras fincas de esta Red, y aunque este mes ya no podremos realizar la visita que teníamos en mente, muchas otras cosas bonitas se vienen para recordar que Con la cuchara no se juega.

Esta semana escribe una de nuestras amigas del colectivo Con la cuchara no se juega, que entre otros temas, está cooperando con La Canasta para organizar visitas grupales a diversas fincas de nuestra Red. ¡Muchas gracias!

Para aprovechar las papas que nos manda doña Anaís esta semana: Puré de papa y cubio con kale


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