17 May

¿La tierra para quién?

En estas últimas semanas estamos asistiendo a un momento clave del proceso de construcción de paz: el proceso de reforma legislativa para concretar lo que se acordó. Una de esas reformas de gran relevancia, por estar en el corazón de las causas del conflicto armado en Colombia, es la relacionada con la tierra. Si bien en el acuerdo de paz no se habla de reforma agraria, sí se habla de reforma rural integral, y el punto 1 explicita las acciones a tomar en ese sentido. Vemos con preocupación la dirección que están tomando estas reformas, al menos en las discusiones iniciales de los proyectos de ley. Pareciera que en vez de avanzar hacia una distribución más justa de la tierra y un acceso a ésta por parte del campesinado, se estuvieran desmontando los mecanismos ya existentes para eso. Quienes analizan estos temas han puesto especial énfasis en el cambio propuesto por el gobierno a las UAF, que lee Unidad Agrícola Familiar. La UAF básicamente establece la cantidad de tierra que requiere una familia campesina para vivir con dignidad, y varía de región en región, según la vocación del suelo, las condiciones agrológicas, las infraestructuras disponibles, entre otras cosas. Se utiliza como medida de adjudicación de tierras baldías.

Por ejemplo, una de las propuestas que se presentaron es cambiar la UAF de adjudicación por la UAF predial. Esta última se calcula predio por predio en términos de un proyecto productivo, mientras que la UAF de adjudicación se calcula por zona relativamente homogénea, y se incluyen más factores: ambientales, agrológicos, infraestructura, estructura ecológica principal, sistemas productivos. Es un abordaje más integral, en una lógica territorial, que relaciona las condiciones biofísicas con las soioeconómicas, y que puede dar por resultado en general unidades de adjudicación más grandes (esto es, se entrega más tierra propiedad del Estado al campesinado considerado sujeto de reforma agraria). La UAF predial funcionaría en una lógica de focalización a través de un proyecto productivo, en la que prima la variable económica por encima de las demás, perdiendo integralidad, y abriendo la puerta para que el campesinado obtenga menos tierra. Pero es no es todo. Se incorporaría una figura, la “Unidad de producción rural” que permitiría que además de entregarse una UAF, unidad pensada para evitar la concentración de tierra, ya que no puede ser adjudicada más de una, se entregara en uso (no en propiedad) más tierra si se justifica por el proyecto productivo. No especifica ni cuánta tierra ni cuánto tiempo, y cambia el destinatario, que ya no sería el campesinado como sujeto de reforma agraria, sino un “beneficiario”, lo que abre la puerta al acceso a los baldíos de la nación por otros distintos al campesinado. Desde varios sectores se ha denunciado que esta reforma propiciaría la concentración de tierras y la apropiación de tierras baldías.

Entonces, vemos con preocupación que la tierra sigue siendo uno de los objetos de disputa de los grupos de poder, y que los cambios legislativos propuestos por el momento no parecen aportar realmente a la construcción de paz.

Esta semana te invitamos  probar una rica receta de Arroz con repollo


¿Quieres saber más sobre La Canasta?

¡Haz click aquí!


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *