24 Jun

Las canastas tras bambalinas

Esta semana escribe Adriana. ¡Muchas gracias Adriana!

Soy consumidora de la Canasta y el sábado pasado me encontré con Daniel mientras se dedicaba al “armado virtual” de nuestras canastas de la siguiente semana. Este armado consiste en una serie de actividades en donde consumidor@s, productor@s y el equipo de la Canasta confluyen, sin verse ni encontrarse, en el complicado escenario de una hoja de excelArmado virtual. Cuando nos vimos, Daniel ya había arrancando temprano con las primeras actividades de esta cadena: el registro de pedidos recibidos por diferentes medios y de la oferta de productos y cantidades.

Hasta ahí nada sorprende, dirán ustedes. Lo que sigue también lo habrán anticipado: se definen los productos y las cantidades que van en cada uno de los tipos de canastas, de manera que se ajusten a su precio y tamaño y a la oferta de esa semana. Pero es precisamente en esos pasos en donde se materializa parte de la diferencia que hace a la Canasta lo que es. Un proceso que en lugar de ser azaroso, o frío y calculado, se asume con cuidadosa consideración con tod@s los miembr@s de la red. Un delicado maniobrar para que las canastas cumplan con los principios que las fundamentan:  el comercio justo y solidario y el consumo consciente y responsable.

Así, se brega para que los pedidos sean lo más equitativos posible con l@s productor@s y se correspondan con situaciones particulares de grupos y familias: que no se pida más a un@s que a otr@s, que quienes están empezando a producir no se queden con su oferta completa, que el valor de los pedidos valga la pena el trabajo, por nombrar solo algunos. Por otra parte, se busca balancear estos aspectos con la futura experiencia de l@s consumidor@s y sus expectativas: que las canastas contengan lo que corresponde a su tipo aún cuando a veces la oferta de, por ejemplo, verduras esté escasa; que la combinación de productos tenga sentido para poder cocinar, que los combos no hagan que lleguen kilos de acelga a una sola familia que combinó el combo de verduras con el de la finca, que las cantidades sean suficientes pero no demasiado costosas, que no lleguen demasiados productos “difíciles” en un sola canasta o productos demasiado similares (con Daniel tuvimos el dilema de la ahuyama y la calabaza, por ejemplo), que las frutas sirvan para comer y para hacer jugo, o que no se repita tanto lo que se ha enviado en semanas anteriores. Además se piensa en quienes los días martes se encargarán del armado “en la práctica”: que ajustar las cantidades de un producto a su costo y practicidad no compliquen o demoren el proceso de armar.

En fin, la lista de consideraciones es larga y aquí solo cabe un pequeño panorama. Implica calcular, revisar, conocer de productos y cantidades, de cocina y de sabores, y sobretodo, pensar en otr@s. Por eso, si al recibir sus canastas esta semana se encuentran con un producto poco apetecido, recuerden que su presencia no es fortuita: es el resultado de consideraciones y negociaciones en las que al menos dos cabezas y dos pares de ojos han estado imaginando unas canastas “para tod@s”.

Esta semana, un buen consejo para Conservar frescas las lechugas


¿Quieres saber más sobre La Canasta?

¡Haz click aquí!


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *