15 Abr

Las Plantaciones, Los Latifundios y El Destino: Homenaje a Eduardo Galeano

Eduardo GaleanoEsta semana falleció el periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano. Nos dejó un legado de historias, reales y ficticias, que recogen mucho de lo que somos en tanto que latinoamericanos. En su libro, un clásico, “Las venas abiertas de América Latina” recorrió la historia de nuestro continente desde la experiencia de los oprimidos. Uno de los temas que abordó en ese recorrido es el de las plantaciones, una estructura de tenencia y explotación de la tierra y el trabajo que marcan nuestro pasado y nuestro presente. Compartimos hoy un extracto de este libro protagonizado por el azúcar, y las múltiples consecuencias de su llegada a estas tierras.

“La búsqueda del oro y de la plata fue, sin duda, el motor central de la conquista. Pero en su segundo viaje, Cristóbal Colón trajo las primeras raíces de caña de azúcar, desde las islas Canarias, y las plantó en las tierras que hoy ocupa la República Dominicana. Una vez sembradas, dieron rápidos retoños, para gran regocijo del almirante. El azúcar, que se cultivaba en pequeña escala en Sicilia y en las islas Madeira y Cabo Verde y se compraba, a precios altos, en Oriente, era un artículo tan codiciado por los europeos que hasta en los ajuares de las reinas llegó a figurar como parte de la dote. Se vendía en las farmacias, se lo pesaba por gramos. Durante poco menos de tres siglos a partir del descubrimiento de América, no hubo, para el comercio de Europa, producto agrícola más importante que el azúcar cultivado en estas tierras. Se alzaron los cañaverales en el litoral húmedo y caliente del nordeste de Brasil y, posteriormente, también las islas del Caribe –Barbados, Jamaica, Haití y la Dominicana, Guadalupe, Cuba, Puerto Rico– y Veracruz y la costa peruana resultaron sucesivos escenarios propicios para la explotación, en gran escala, del «oro blanco». Inmensas legiones de esclavos vinieron de África para proporcionar, al rey azúcar, la fuerza de trabajo numerosa y gratuita que exigía: combustible humano para quemar. Las tierras fueron devastadas por esta planta egoísta que invadió el Nuevo Mundo arrasando los bosques, malgastando la fertilidad natural y extinguiendo el humus acumulado por los suelos. El largo ciclo del azúcar dio origen, en América Latina, a prosperidades tan mortales como las que engendraron, en Potosí, Ouro Preto, Zacatecas y Guanajuato, los furores de la plata y el oro; al mismo tiempo, impulsó con fuerza decisiva, directa e indirectamente, el desarrollo industrial de Holanda, Francia, Inglaterra y Estados Unidos.”

Podemos agregar a lo escrito por Galeano, que el azúcar blanca, refinada, es frecuentemente desaconsejada debido a sus consecuencias dañinas para la salud. Pero la caña nos da también la panela, y si es producida por pequeñas producciones campesinas agroecológicas, es una forma de reescribir la historia de la caña de azúcar en América.

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