28 Nov

Las semillas

Las semillas son la base de la agricultura. Eso seguramente no es novedad para nadie. Pero si les contamos que una planta de lechuga o de acelga se demora más o menos unos 16 meses en dar sus semillas (en menos de 2 meses ya está lista para ser cosechada para consumo), seguramente se sorprendan tanto como nosotros cuando lo supimos a través de doña Isabel, una guardiana de semillas de Engativá. Eso significa que quienes producen sus semillas cuidan las plantas durante más de un año para recogerlas. Además, es necesario saber conservarlas para que no pierdan su poder de germinación. Para hacerlo existen muchas técnicas: Hay quienes las guardan en frascos de vidrio con una bolita de ceniza y greda, que asegura que no se humedezcan y les salgan hongos; en el campo todavía se pueden ver las mazorcas colgadas sobre las cocinas de leña, en los zarzos, donde reciben el humo que asegura que no sean atacadas por bichos que se las puedan comer y hay quienes las guardan en costales con hojas de eucalipto, u otras plantas aromáticas, que las protegen y conservan. El conocimiento y el trabajo de campesinos y campesinas han permitido que las semillas se conserven y reproduzcan.

Sin embargo, hoy la amenaza a las semillas es más poderosa que un hongo de humedad o un gorgojo entrometido. De hecho, la legislación colombiana apunta cada vez más a penalizar la reproducción, conservación e intercambio de semillas por parte de las familias campesinas. Según la nueva normatividad, sólo estarían autorizadas para este tipo de acciones empresas especializadas que cuenten con la certificación correspondiente. Así, la resolución 970 del 2010 del ICA, que exige utilizar sólo semillas certificadas y registradas, penaliza el uso de las semillas nativas y criollas que campesinos y campesinas vienen usando tradicionalmente. La ley 1032 del 2006, penaliza con cárcel a quien siembre semillas que no estén autorizadas, o que sean “similarmente confundibles” con una semilla protegida legalmente. La ley 1518 de 2012 que aprueba el Convenio UPOV, protege la propiedad de las variedades “descubiertas o puestas a punto” por un obtentor, algo bastante cercano a una patente, aunque no sea lo mismo. Y para finalizar, el decreto 4525 de 2005 sobre bioseguridad, permite la liberación de semillas transgénicas.

Esta lista de leyes puede parecer aburrida, pero es lo que nos está regulando en estos momentos. Hoy precisamente, uno de los productores de la red intercambió 8 variedades de cubios y 5 variedades de papa con otro productor. De esa manera, se aumenta la diversidad en las fincas, tenemos diferentes cultivos resistentes a diferentes cosas, nos preparamos para los embates del cambio climático, y nuestros platos se hacen más ricos en sabores, colores, texturas y nutrición. Pero por las dudas mejor no ponemos sus nombres…

En nuestra página www.la-canasta.org encuentran el Manifiesto por las semillas libres, una iniciativa del Grupo Semillas que se opone a este tipo de legislación. ¡Los invitamos a que lo lean y lo firmen en el enlace que hay en nuestra página!

Además queremos recordarles la invitación al día de campo el sábado 8 de diciembre en Subachoque, para que compartamos y nos conozcamos.

En la sección de recetas de nuestra página encontrarán la receta de la exquisita torta de espinacas que hace la abuela de Daniel.


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3 thoughts on “Las semillas

  1. Pingback: Información sobre el tema de las semillas | LaCanasta

  2. Por este medio como ciudadana y madre de dos pequeños, agradezco a Dios que ustedes tengan esta iniciativa y este aporte para nuestro país. Quiero poner de presente el grave peligro del uso de semillas alteradas genéticamente, esto no es bueno para la salud, en esta medida no es de entender cómo se pone a nivel legal varias camisas de fuerza obligando a usar semillas que les digo, pueden alterar la fisiología humana y tener muchas otras consecuencias peores. Apoyo y pido se continue con la recolección de semillas nuestras, naturales, que nada de semillas que nos regalan de países más poderosos, genera beneficios de salud. Gracias.

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