25 Sep

Los campesinos

A todas las situaciones en la vida hay que verles el lado bueno, y en el caso del paro agrario lo bueno fue la visibilidad que se le dio a la situación de los campesinos en Colombia. A estas personas, que se encargan desde hace décadas de producir nuestra comida, les ha tocado soportar todas las injusticias y problemas juntos. Se ven obligados a participar de una cadena productiva en la que son los menos beneficiados, muchos viven en lugares apartados o simplemente de muy difícil acceso por las grandes deficiencias de infraestructura en el país, le deben vender su producción a intermediarios que imponen precios que no cubren los costos de producción e incluso regalar o dejar perder las cosechas pues los costos superan los ingresos. Es una realidad que en este país se pierden toneladas de comida en las regiones porque simplemente es más barato hacerlo que tomarse el trabajo de tratar de venderlas.

Campesino de Pivijay MagdalenaEn estos días conocimos el caso de un campesino de Pivijay Magdalena, que cultiva ajonjolí. Él trabaja junto con otros 6 compañeros una parcela prestada en la finca de un ganadero de la zona. La producción de ajonjolí les da dos cosechas al año y la recolección es un proceso cuidadoso y demorado de sacudir las plantas hasta llenar varios sacos; la producción se paga a 90.000 pesos el quintal, es decir 50 Kilos aproximadamente. El señor, muy mayor, transporta en un burrito su carga para venderla y repartir su ganancia con sus 6 compañeros. En esta cosecha lograron sacar 50 quintales, lo que implica un ingreso de 750 mil pesos por persona por 4 meses de trabajo.

Como ésta conocemos otras historias y nos parece que si bien el paro agrario dio un espacio para visibilizar al campesino, es tiempo que conozcamos más a fondo estas historias para solidarizarnos con ellos, pero con conocimiento de causa.

Si bien es hora de que se pongan en la agenda del gobierno y las empresas las condiciones de producción y comercialización de los pequeños productores y que se definan políticas claras para apoyarlos, también es hora que como consumidores hagamos un compromiso con consciencia y de largo plazo para apoyarlos. Es necesario que en el ejercicio cotidiano de comer, tomemos decisiones que impliquen un compromiso por un cambio, por la producción local y que no todo se quede en la euforia de las marchas iniciales. Sabemos por ejemplo que en Chaparral Tolima hay algunos campesinos inconformes y preocupados pues sienten que sus peticiones no fueron atendidas. Podemos solidarizarnos con ellos y pensar en la importancia de su rol en la conservación de la diversidad cultural del país. Los proyectos de los gobiernos sobre industrialización del campo se hacen muchas veces sin pensar en las consecuencias culturales que estos implican y éstas muchas veces no son buenas. Lo explica muy bien Brigite Baptiste en la página de Noticias del Instituto Humboldt este lunes 23 de Septiembre ¡los invitamos a leerlo!

www.humboldt.org.co/iavh/component/k2/item/1412-pacto-

Esta semana compartimos una rica y sencilla receta para hacer con bananos verde: Cayeye


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