10 May

Los dilemas de las arepas

Esta semana queremos aprovechar este espacio para contarles que uno de los productos que tenemos la costumbre de ofrecerles estará ausente de nuestra canasta semanal, por lo menos por un tiempo. Se trata de las arepas con las que Ana nos ha deleitado desde hace tiempo, que dejaremos de ofrecer desde la próxima semana. La razón de que las arepas no sigan llegando es que Ana y Mario decidieron comenzar con otro emprendimiento que les demanda mucho tiempo, paralelo a sus labores en la finca, por lo que no pueden seguir comprometiéndose con la elaboración de las arepas.

Es un cambio que genera muchas reflexiones. En comunicaciones anteriores les contamos acerca del proceso artesanal de este tipo de productos. Incluso quienes estuvimos en una de las visitas a las fincas hicimos todo el proceso, y vimos cuánto tiempo y trabajo requieren: desde hervir el maíz, procesarlo en el molino, amasarlo, darle forma, y asarlas en el asador con carbón.

Una de las cosas que pone en evidencia este cambio, es que los productos artesanales muchas veces no generan ingresos suficientes o representativos para quienes los elaboran. La relación tiempo/esfuerzo/ingresos puede no ser proporcional. Y si lo fuera, se transformaría en un producto comparativamente tan caro que no sería posible comercializarlo. Y el conflicto no es del precio que tendría el producto artesanal, sino de los precios “irreales” que tienen los productos convencionales. Tenemos indicios de que esto tiene que ver con la reducción y externalización de costos de la producción de tipo masiva, que se abarata no sólo por la producción en masa y mecanizada, sino también porque no contempla en el precio final los verdaderos costos que implica su producción (precio justo de sus materias primas, pago justo a quien trabaja, incluso los impactos ambientales que no se contabilizan y se externalizan).

Otro elemento que se evidencia es la necesidad de pluriactividad en las personas dedicadas a las labores del campo para completar sus ingresos. Suele suceder que personas que tienen la intención de cultivar y dedicarse a esta actividad de producir comida, deben emplearse en otras actividades, o en otros sectores para poder contar con ingresos suficientes, que no se consiguen con la producción de alimentos. Así, vemos cómo campesinos con un gran conocimiento y disposición para este tipo de labores, dedican una buena parte de su tiempo a actividades como celaduría, o jornales en la construcción, entre otros, donde esos conocimientos no pueden ser aprovechados.

Estas reflexiones dan cuenta de problemas estructurales en el campo, frente a los que iniciativas de pequeña y mediana escala como La Canasta no tienen, en este momento, capacidad de injerencia.

En todo caso, esperamos que las actividades de Ana y Mario vayan viento en popa. Y que pronto encontremos un productor/a de arepas que nos deleite nuevamente con este elemento esencial de nuestras dietas en Colombia, y que logremos que la labor artesanal sea una opción viable para quienes producen los alimentos.

Esta semana una opción diferente para comer papayuela: Jugo de papayuela


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