20 Sep

Los paisajes cambiantes en el campo

La semana pasada estuvimos visitando a don Fabriciano, su hermano y su papá en su bella finca en la Provincia de Marquez, cerca del pueblo de Boyacá en Boyacá. Para llegar allá fuimos por la principal y llegando al Puente de Boyacá nos desviamos y empezamos a internarnos en los bellos campos boyacenses. Tan pronto se abandona la autopista de doble calzada y se reduce la velocidad, se logra disfrutar más de los bonitos paisajes.

Desafortunadamente, hay paisajes que nos son tan bonitos, pues prácticas de agricultura convencional tienden a quemar toda la vida que tienen los suelos para prepararlos. Se aplican productos para “limpiar” y preparar el terreno resultando en lotes erosionados que necesitan ser manejados con agroquímicos para poder producir algo. En fin, no queremos entrar en detalles con respecto a esto, pero es imposible no mencionarlo.

El caso es que si bien hace un par de meses habíamos visitado a don Fabriciano también, los puntos de referencia crecen, se cosechan, se siembran de nuevo y etc. Solamente al llegar a la finca, casi que no reconocemos la entrada, pues la parcela que estaba casi pelada en marzo, que tenía algunas siembras de cebolla, zanahoria y arracacha en abril, estaba ahora llena de matas de maíz rojo, papa, cebolla, zanahoria, ajo, etc. Y definitivamente en fases de maduración distintas.

Seguimos subiendo hacia la casa y los sembrados que la rodeaban que eran arracachas, fríjoles y algunos otros productos, estaban complementados por pepino de guiso, lentejas, maíz y muchas otras matas. Mejor dicho, el paisaje de toda la finca va cambiando permanentemente. Cambiando de tipo de matas, de color, de olor, de altura de densidad, etc. Todo esto gracias a la rotación y complementariedad de cultivos que se maneja en la agroecología.

Entre era y era de maíces se va sembrando papa, lenteja o fríjol, por ejemplo. También es interesante ver cómo ciertos cultivos se dejan secar en la mata para luego si cosecharlos, como las habas que no tienen tanta salida cuando están verdes, entonces don Fabriciano las deja secar completamente en la mata y luego las cosecha y las usa para moler y hacer harinas o simplemente las guarda y reproduce. Labor increíble y muy loable la que tienen ellos como guardianes de semillas. ¡Gracias a ellos por esto!

Para la vuelta decidimos irnos por vías pequeñas y vimos algo que nos llamó mucho la atención al pasar por la zona de Tibaná y alrededores, tierras donde se cultivan muchos frutales como durazno, ciruela, manzana y pera. En los cultivos, los árboles estaban pelados, no tenían ni una hojita… Pues resulta que les echan químicos para que suelten las hojas y toda la energía se concentre en sacar muchos y grandes frutos para maximizar productividad. Y si bien eso también hace que los paisajes cambien, qué pasa con los suelos, las personas que viven por ahí, los comensales y las fuentes de agua, qué efectos tienen estas prácticas, nos preguntamos.

En nuestra visita, nos prepararon un rico Cocido de habas


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