18 Feb

Los pequeños productores agrícolas – Artículo de José Leibovich

Artículo de opinión publicado por José Leibovich en el diario El Espectador el 17 de febrero de 2013

“En asuntos de política agrícola más vale saber de economía y política que del noble oficio de la siembra y el ordeño”. Frase original del Bachiller Cleofás Pérez.

En pleno siglo XXI, Colombia tiene una agricultura muy heterogénea en cuanto a variedad de productos, regiones, tecnología, uso de capital y tamaño de las explotaciones. Con la mejor información disponible –el país pide a gritos un censo agropecuario que no se hace desde hace 40 años–, que trata de aproximar la situación real, se ha verificado que el valor monetario bruto de la producción por unidad de tierra cultivada es superior en promedio para los pequeños productores, los cuales son muchísimos más respecto de los grandes, que son pocos. Ese resultado no está controlado por el tipo de producto, región, tecnología, uso de capital u otras variables; por eso en cultivos muy intensivos en capital y organización, es previsible que la productividad sea mayor en grandes explotaciones.

Pero el resultado que llama la atención, manda el siguiente mensaje: Esos pequeños productores cuentan con tan poca tierra que con su trabajo y el de su familia tratan de sacar el mayor provecho para generar un ingreso suficiente. Sin embargo, la gran mayoría de ellos vive en la pobreza.

El mercado no ha resuelto esta situación ni la va a resolver porque hay fallas estructurales que requieren intervención del Estado. Una primera falla a corregir es que los pequeños puedan acceder a mayor tierra. El Estado cuenta con tierras de extinción de dominio o tierras baldías que puede titular o entregar en usufructo. También se podrían cobrar impuestos prediales altos a las tierras improductivas con vocación agrícola –como se hace con los lotes de engorde en las ciudades– para dinamizar el mercado de tierras. También podría establecerse en la ley el derecho real de superficie (que está contemplado en el actual proyecto de ley de tierras y desarrollo rural), para permitir arrendamientos de largo plazo y que las mejoras pertenezcan al superficiario, lo cual también dinamizaría el mercado de tierras hacia una mayor producción.

Si bien lo anterior es necesario, no es suficiente. Los pequeños productores requieren de asistencia técnica y acceso a financiamiento. Un pequeño productor no alcanza a pagar los costos de la asistencia técnica y por el contrario ésta genera externalidades positivas entre los productores. En cuanto al financiamiento, muchísimos productores no se financian y si lo hacen es a costos exageradamente elevados con el agiotista del pueblo.

Los pequeños productores también requieren educarse y capacitarse mejor. Esto aplica sobre todo para los jóvenes, la generación de relevo, que tendrá que enfrentar los retos del cambio climático y los nuevos escenarios de comercio, incluidos los TLC, en donde se abren enormes posibilidades de exportación de frutas y hortalizas.

Finalmente, pero no menos importante, los pequeños productores requieren asociarse entre sí y con grandes productores y/o comercializadores, de tal manera que logren garantizar volúmenes de producción regulares y economías de escala en la adquisición de insumos y en la comercialización de su producción ojalá con mayor valor agregado. Es menester también mejorar el estado de las vías secundarias y terciarias para reducir costos en la producción y la comercialización.

Para todas las tareas anteriores se requiere de voluntad política y una institucionalidad pública nacional y territorial que coordine el conjunto de acciones de tal manera que pasemos en el mediano plazo de millares de pequeños productores agrícolas pauperizados a una clase media rural conformada por ciudadanos prósperos.

José Leibovich.

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