29 Ago

Menos cosas, más felicidad, más consumo consciente

El consumo, materializado en la compra y venta de productos y servicios, es la fuerza que mueve la economía global. Es, por tanto, una prioridad de los gobiernos y de las grandes empresas incentivar ese consumo. Incluso si quieres tener acceso a servicios educativos y de salud de calidad debes pagar, es decir, hasta los derechos humanos se han convertido en un bien de consumo más. La economía gira entorno a trabajar para tener dinero para poder consumir. Si somos conscientes de esta realidad y queremos cambiar nuestro modo de consumir, podemos hacerlo.

Está demostrado que tener cosas no nos da felicidad, podemos tener muchas cosas pero cada vez menos tiempo para aquello que realmente nos hace felices. Por el contrario las cosas sencillas de la vida como compartir con seres queridos, tener contacto con la naturaleza y hacer cosas que ayuden a construir un mundo mejor, pueden traer felicidad a nuestras vidas. Así que consumir de forma consciente es un grano de arena más que aporta a un mundo mejor, ya que implica la consideración del impacto que el propio consumo tiene sobre la naturaleza y los demás seres con los que se convive en el planeta. Un consumidor consciente no es indiferente al hecho que su consumo puede contribuir a agotar los recursos del medio ambiente y llevarlo a su destrucción.

La Canasta ha podido construir una red de consumo consciente en torno al alimento de origen agroecológico, y ésta es una de las principales razones por la que el contenido de las canastas es sorpresa, pues es la forma de garantizar que los productos que se cultivan puedan ser comprados y llegar a los hogares de los comensales, compartiendo el riesgo y apoyando al pequeño productor. Y como somos una red, estamos interconectados, comprar y pagar un precio justo es lo mejor que podemos hacer para incentivar a quienes trabajan para ofrecernos alimentos de calidad. Si somos consumidores conscientes no sólo el precio debe mover nuestra intención de compra, ya que se encuentran precios locamente baratos en el supermercado que en realidad no son justos, es decir, alguien tuvo que pagar por eso, a veces con su propia vida y dignidad, para encontrarlo en el mercado a un precio que no es el que realmente vale. No es cuestión de  comparar los precios de un productor industrial con los de una producción artesanal o familiar, es tener consciencia que cuando compras algo estás pagando por el mundo que quieres. Por eso un consumidor consciente, en la medida de lo posible, busca productos sanos y ecológicos, se responsabiliza por los desechos que acumula, protege a los animales, construye con materiales saludables y de bajo impacto, no utiliza productos que hayan significado sufrimiento en los animales o contaminen el medio ambiente, apoya productos locales.

¡Gracias por consumir consciente y responsablemente con La Canasta!

Esta semana, prueba un rico Tabule andino


¿Quieres saber más sobre La Canasta?

¡Haz click aquí!


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *