09 Dic

¿Quemado o una buena receta?

Esta semana nos inspiramos y se nos dio por hacer crítica de cine. Nos gusta el cine que trata sobre comida, o cuyas historias tienen como protagonista la comida. Hemos visto “julie and julia” como 20 veces, y hasta se nos ha ocurrido proponernos cocinar todo un recetario, empezando por el de la canasta, como hizo la protagonista con las recetas de julia child. Vimos “estomágo”, una película brasilera que le pone el toque crudo del cine latinoamericano al asunto. Disfrutamos con “vatel” y las comidas del siglo xvii en la corte francesa. ¿ya vieron “un toque de canela? Un viaje entre estambul y grecia que es una maravilla. ¡y “como agua para chocolate”! Maravillosa. En fin, por suerte la lista es larga. Esta semana estuvo en cartelera una película titulada “burnt”BURNT, queuna buena receta pelicula quién sabe por qué, tradujeron como “una buena receta”, con una dosis bien baja de imaginación para nombrarla en castellano. Sin ánimos de arruinarles la ida al cine, podemos contar que se trata de un chef que después de arruinar su carrera, decide volver con toda. En la concepción hollywoodense, que probablemente refleje algo de la realidad, volver con toda es obtener varias estrellas michelin en un restaurante super exclusivo. En esos super exclusivos lugares, parece, cocinar es una de las tareas más estresantes del mundo. Los platos se lanzan sin piedad, la comida se tira si se pasa 1 segundo de cocción, la gente corre como loca de lado a lado, el chef grita sin cesar. La historia transcurre, y no vamos a contar más, pero la película nos hizo pensar. ¿es así que se prepara una buena comida? ¿qué se premia como calidad en esos casos? ¿dónde queda el cariño al preparar los alimentos, el alimentar el alma junto con el cuerpo, el disfrute de cocinar, de probar recetas, de aprender siempre? Sin mencionar el tamaño de los platos, claramente hay que cenar antes de ir para no quedarse con hambre.

Otro elemento interesante son las cocinas que se vuelven especies de laboratorios super modernos, con aparatos rarísimos, en las que las sartenes “están pasadas de moda” como dice la protagonista en un momento. No tenemos nada en contra de la experimentación y la innovación, pero tampoco exageremos, que nada más rico que una olla de barro para hacer el arroz.

Parece que cierta lógica de la industria, modernizante, se cuela también en estos espacios, así como se ha colado, o más bien impuesto, en la producción de alimentos. La naturaleza como una fábrica automatizada. La cocina como una fábrica automatizada. De eso no pueden salir si no comensales autómatas. En fin, volviendo a la crítica cinematográfica, a pesar de las imágenes muy buenas de la comida, de la gran producción y toda la parafernalia, la historia de la película no se teje alrededor del poder maravilloso de la comida, el protagonista se podría haber dedicado a cualquier otra cosa, la comida no protagoniza, no se huele, no se hace agua la boca. Al menos en nuestra humilde opinión.

Y para endulzar las pelis y los jugos, un consejo para hacer Jugos de fruta con yacón


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