12 Nov

Ser o no Ser… competitivo?

Estos tiempos en los que vivimos están marcados por un espíritu de época cuestionable, por decir lo menos. Una lógica económica voraz, que no se detiene ante nada, marca el ritmo en el que se mueve gran parte del mundo. La lógica de la acumulación constante y siempre creciente, que se supone puede –y debe- ser ilimitada impone las reglas del juego. En ese contexto, cualquier iniciativa que implique un ejercicio económico debe ser “competitiva”. El tema es que el significado de eso no está tan claro.

Se nos dice por un lado que ser competitivo es sobre todo ser capaz de tener mercancías más baratas que los demás oferentes. Sería, para el caso de La Canasta por ejemplo, ser capaz de competir en términos de precios con los alimentos importados, o con los que se venden en los mercados mayoristas. Si bien el precio no es el único determinante de la elección de las personas que consumen, si nos atenemos a la lógica del mercado, es un elemento muy importante. El tema es que tampoco queda tan claro cuál es la lógica del mercado. Pueden decir que es la lógica que establece el juego de la oferta y la demanda. Pero entonces nos preguntamos ¿Qué pasa con los alimentos cuya producción es subsidiada por un Estado, o sea que su costo de venta está por debajo del costo de producción, y que además entra al país sin pagar aranceles? ¿Eso es ser competitivo? ¿Qué pasa cuando quien subvenciona el producto es precisamente quien lo produce, y lo tiene que vender por debajo de su costo de producción a costa de perpetuar una situación de pobreza en el campo? ¿Esa es la dinámica que hay que imponer para ser competitivos? ¿Y qué pasa cuando el acceso a la tierra está restringido a unas pocas manos, quiénes pueden ser competitivos en ese contexto? ¿O cuándo se es competitivo a costa de la destrucción de la naturaleza?

El análisis de estas situaciones, que son las que nos encontramos cotidianamente cuando trabajamos en temas agroalimentarios, es el que nos ha llevado a no hablar de competitividad, y a pensar en otras formas de entender el ejercicio económico. Esto no quiere decir que no tengamos que ser sostenibles como proceso. Pero sostenible es algo muy diferente a competitivo. Implica la sostenibilidad económica, pero también la ambiental, social, cultural, y política del proceso. En esta construcción de la sostenibilidad del proceso se requiere de muchas personas reflexionando y actuando. Como ustedes, que son parte de La Canasta. Por eso, esperamos que todas las personas que hacen parte de La Canasta participen cada vez más activamente. En diciembre tendremos nuestra asamblea y contamos con que quienes ya tienen esa participación activa nos puedan acompañar, para discutir y desentrañar estos temas, y encontrarle la comba al palo, como dicen por ahí.

Sugerencia para los calabacines y ahuyama de esta semana: la receta de Diana de Canelones rellenos de ahuyama con salsa de calabacines


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