20 Abr

Visita a Don Fabriciano

La semana pasada fuimos a visitar a Don Fabriciano y su familia en la Provincia de Márquez, cercana al municipio de Boyacá en el departamento Boyacá. Desde el Puente de Boyacá tomamos una carretera destapada que sube la montaña y luego baja por una media hora hasta llegar a su finca, incrustada en bellas montañas y con vista al pueblo de Boyacá y su imponente iglesia.

Una vez llegamos nos recibió su hermano y poco después llegó Don Fabriciano y comenzaron a mostrarnos sus cultivos de papa, cebolla, zanahoria, ajo, arvejas, habas, lentejas, maíz, arracacha, manzana, durazno, pera y demás. Fabriciano, oriundo de esas tierras es guardián de semillas y no sólo las guarda, regala e intercambia, sino que también las siembra y reproduce para mantener las muchas variedades de, por ejemplo maíz, con vida bajo la amenaza de los transgénicos y del mercado que solo demanda pocas variedades.

fabri

Caminando por esas bellas montañas veíamos varias casas hechas de barro, la mayoría abandonadas. Muchos de los habitantes originales de esas tierras se han ido a las ciudades y han dejado sus tierras para venir a emplearse en las ciudades. Esto, entre otros efectos ha generado que no se encuentre mano de obra en el campo, ¡triste realidad! Don Fabriciano recurre a familiares y a otros vecinos, la mayoría de edades avanzadas, para poder mantener los cultivos de su finca y enviarnos los alimentos para las canastas.

Este tema del escaso relevo generacional en el campo es una realidad que se afronta en varios lugares del país y es una amenaza a la transferencia de saberes ancestrales en el campo. Nuestra visita, en compañía de un agroecólogo amigo fue muy interesante, pues los saberes técnicos y ancestrales de ambas partes se complementaban maravillosamente. Las charlas durante todo el día estaban llenas de aprendizajes mutuos y de intercambios de perspectivas.

fabri-zona

La mayoría de las técnicas que utiliza don Fabriciano en su finca e incluso gran parte de los alimentos y preparaciones del día a día son aprendidas de sus padres, abuelos y vecinos y aplicadas de maneras “rudimentarias”, locales y económicas, sin depender de muchos insumos o materiales que tengan que traer de lejos. Estos saberes le dan una riqueza incomparable y contribuyen a su soberanía alimentaria. Lamentablemente, en muchos casos, en estas generaciones no hay quien reciba, aplique y retransmita muchos de estos saberes en el campo. Esperamos que iniciativas como La Canasta que quieren reivindicar la labor y vida campesinas sirvan para motivar a las nuevas generaciones a mantener vivas las tradiciones, saberes y productos autóctonos de nuestras regiones.

Esta semana, los invitamos aprobar esta rica receta: Repollo morado y verde agridulce


¿Quieres saber más sobre La Canasta?

¡Haz click aquí!


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *