18 Dic

¡¡Y se acaba el 2013!!

El año se va acabando y queremos compartir con ustedes nuestra satisfacción por haber continuado la construcción de nuestra red, a pesar de todas las dificultades, y con el apoyo de todas las personas que cada semana producen, transportan, preparan y consumen los alimentos agroecológicos que tenemos el privilegio de tener en nuestras mesas.

No podemos evitar hacer un balance de lo que ha implicado para nuestro proceso este año que casi se termina. Podemos alegrarnos por el hecho de que la red creció y se fortaleció: muchas personas empezaron a recibir La Canasta en sus casas, aumentó el número de consumidores y consumidoras, y así las personas que producen los alimentos se motivaron aún más para seguir cultivando los alimentos agroecológicos. El proceso de experimentación en las fincas se fue afianzando, y así Jairo y Judith descubrieron la forma de contrarrestar el ataque de insectos al cultivo de cebollas; Ana y Mario encontraron la fórmula para que sus gallinas criollas y felices se encontraran tan a gusto que pusieran sus huevos con cada vez más entusiasmo; el grupo de Subachoque siguió experimentando las mil y una formas de sacar papa agroecológica en un municipio papero convencional, en medio de un ecosistema muy desequilibrado y afectado; el grupo de Vianí se lanzó a la producción de tomate, y no desfalleció ni con los hongos ni con la helada; Wilson descubrió con un vecino las bondades de la pepa de un árbol de su región, en el Boquerón, como forma de controlar los insectos; William empezó a mandar los frutos de su trabajo en Chaparral; Anaís y su grupo, Agrosuc, de Sumapaz, Ciudad Bolívar y Usme empezaron a deleitarnos con sus fresas y con la maravilla de papa pepina que producen; la huerta de María y José siguió creciendo en las faldas de Monserrate; don Fabriciano de Boyacá nos deleitó en las últimas semanas con sus papas y zanahorias; entre mil cosas más que sucedieron este año en la red.

Tuvimos dos encuentros maravillosos entre quienes producen y quienes consumen en las fincas de Silvania, en agosto y noviembre. Vivimos el paro agrario, nos solidarizamos con el campesinado colombiano y su fuerza nos dio ánimos para seguir trabajando por la construcción de alternativas reales y sostenibles en el ciclo agroalimentario. Este fin de año muchas personas se solidarizaron y donaron una Canasta a las familias menos favorecidas de Bella Flor.

En fin, fueron tantas cosas que no caben en este espacio. Fue un año de trabajo duro para todas las personas de la red, de mucho compromiso de las personas que reciben La Canasta en sus hogares, de crecimiento gradual pero seguro, de muchos aprendizajes y de afianzamiento de confianzas y solidaridades. Y a pesar de que a veces el panorama general no parece tan alentador, La Canasta con todo lo que implica y las personas que la hacen posible, da la fuerza para que sigamos demostrando que otra forma de hacer y ser es posible.

¡Nos encontramos el próximo año!

Y nos despedimos con un delicioso yacón que encuentran esta semana en sus canastas. Es un tubérculo andino, con mil propiedades medicinales. Se come como una fruta ¡No lo vayan a cocinar! Simplemente se pela, y listo. Para que empiecen el 2014 con energía y salud.

Yacon


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