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“La semana pasada se publicó el estudio ‘The Dirty Dozen’, un informe anual que desde hace 15 años elabora Enviromental Working Group (EWG), quien analiza los residuos que contienen los alimentos frescos cuando llegan al mercado. Según su estudio, más del 90% de las muestras de fresas, espinacas, manzanas o duraznos que se comercializan en Estados Unidos contienen dos o más tipos de plaguicidas. Hasta 22 tipos de pesticidas en una sola fresa o 18 en una muestra de kale.

El último informe de la EFSA (Agencia de Seguridad Alimentaria de la Unión Europea) sobre el contenido de residuos en alimentos señala que el 96,2% de las muestras analizadas (81.482) contenían plaguicidas (hasta 791 diferentes), pero todos ellos dentro de los límites permitidos por la legislación comunitaria.
La OMS recuerda que algunos de los plaguicidas pueden permanecer durante años en el suelo y el agua y su uso en agricultura se ha prohibido en varios países, pero algunos de ellos se continúan utilizando en Colombia, donde el control a los niveles de plaguicidas y metales pesados en alimentos es prácticamente nulo.

Ante estos informes uno acaba por preguntarse: ¿Corremos algún riesgo al consumir alimentos con agroquímicos?
La respuesta de la mayoría de los informes sería: “Ningún riesgo””, los niveles de plaguicidas, pesticidas, fungicidas entran dentro de los límites de tolerancia que marca la legislación en Europa y Estados Unidos. Pero desde La Canasta nos preguntamos, ¿de verdad la ingesta diaria de productos químicos diseñados para matar a otros seres vivos no tiene efecto sobre nuestro organismo? ¿Tan diferente es la bioquímica de los demás organismos del planeta comparada con la de los humanos?

Y surge el dilema: ¿Es más saludable optar por la agricultura ecológica? La mayoría de los informes dirían: No, al menos, no hay pruebas científicas que avalen que sea más saludable que la convencional. Y sería cierto si solo se valorasen las propiedades nutritivas. Pero además hay que valorar esos 22 plaguicidas que podemos encontrarnos en una sola fresa y su supuesta inocuidad, así como la contaminación de suelos, aire y acuíferos, la extinción de especies, la calidad de vida de las personas en el campo y tantas cosas que nos hacen defender un modelo más sostenible para un mundo mejor para todos.”