Rompiendo paradigmas finca verde Pazyflora | La Canasta - Mercados Agroecológicos a Domicilio en Bogotá

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Javier y Giovana vivieron siempre en medio de la ciudad, aunque, como muchos de nosotros, criados en estrecha relación con el campo. Él economista y ella médico, decidieron hace 8 años ir a vivir al campo, luego de unos años en la Amazonía donde se conocieron y de vivir en Bogotá, donde iniciaron la crianza de su primer hijo.
Con la venta de un pequeño apartamento en Chapinero, compraron una finca de 8 hectáreas en La Vega, Cundinamarca, que llamaron Pazyflora, nombre que hace honor a un lugar alinderado por quebradas de aguas transparentes y bosques de niebla con enorme diversidad de flora y fauna nativa.

Estos neo-campesinos, como ellos se autodenominan, nos enseñan que es posible vivir en el campo y producir en armonía con la naturaleza. “El campo no da descanso, es físicamente demandante, pero enormemente gratificante. No hay nada mejor que comerse lo que uno mismo ha cultivado de manera agroecológica”, dicen, mientras recorren senderos que atraviesan las más de cinco hectáreas de bosque que cuidan y enriquecen con dedicación.

Las otras tres hectáreas son suficientes para mantener 3 vacas, 6 ovejas, 20 gallinas, pollos y una huerta que les ofrece alimentos e ingresos con la venta de productos a La Canasta. Sus dos hijos, Manuel y Salomón, son educados en Pazyflora y seguramente harán parte de una nueva generación de pobladores rurales, de nuevos campesinos que habrán labrado la tierra desde pequeños.

En La Canasta recogemos semanalmente la cosecha de hortalizas de Pazyflora y alrededor de 40 fincas más, sin costo de transporte para el productor y pagando con un precio justo y sin demora. Eso hace posible que muchas familias campesinas se mantengan en el campo y lo cultiven sanamente y brindarle apoyo a gente como Javier y Giovana que buscan revalorar la cultura agrícola de manera responsable, saludable y equitativa.
En La Canasta, nos hemos propuesto, con todas las dificultades que esto implica, romper paradigmas de mercado y de vida, en un sector donde regularmente el que lleva la peor parte es el productor, que termina sometiéndose a las reglas desiguales e injustas del mercado, en especial si es pequeño y tiene poco poder de negociación. No todos tenemos la posibilidad de ser productores como Javier y Giovana, pero sí podemos decidir qué tipo manos producen nuestros alimentos.